Nothing left to say
Podemos considerar que ya se ha acabado, ¿no? De una vez por todas.
Quién nos iba a decir que iba a ser yo quien daría ese paso. La que nunca da un paso en uno u otro sentido finalmente le ha echado un par de huevos a la situación. ¿Sorprendido? No me extraña, yo también lo estoy.
Pero uno de los dos tenía que hacerlo, la situación parecía una sitcom de nosotros mismos, una película insoportablemente ñoña en la que los dos amigos acaban juntos, se separan, siguen tan superamigos y al final se dan cuenta de que están hechos el uno para el otro...
Cariño, esto no es el cine y nos ha faltado la última parte.
El final feliz.
Casi hace cuatro años que me dejaste plantada en una rotonda, con dos libros debajo del brazo, tu regalo de cumpleaños (gracias, por cierto, creo que no te las di en su momento) y el estómago en un puño. No me dolió lo suficiente para llorar. No me afectó lo suficiente para desaparecer de tu vida. No pilló desprevenida lo suficiente como para sentirme culpable ni me heló el alma lo suficiente como para culparte de todo.
Así que rotos mis esquemas por primera vez, sorprendida por mi falta de sentimiento, decidí romper la regla y que por una vez, tras una relación (ya que fue rara desde el principio me cuesta aplicarle ese término), quedara un cariño.
Considerémoslo mi primer error. O mi primer paso en falso.
Fuiste tú el que desapareciste. Durante una breve temporada. Hasta que otra, esa sí, te rompió el corazón.
Y decidí sacarte de casa, llevarte a beber cerveza hasta perder el sentido y, al contrario de lo que realmente sucedió, marcarnos un tango por los viejos tiempos, de esos que al día siguiente nos hacen desayunar juntos.
Pero no. Tu alma destrozada por la pena no te dejaba ver más allá de tu jersey de cuello alto.
Y así llevamos casi cinco putos años. Hablando por teléfono contándonos la vida, haciendo estúpidas referencias al pasado y yo, yo tirando piedras más allá de la línea que no se debe cruzar y tú recogiendo algunas, dejando caer algunas otras pero nunca devolviéndolas a mi terreno.
Y ya me he cansado.
No puedo
Quizá tenga razón esa amiga mía que dice que me he enamorado de ti cuando no debía hacerlo. A destiempo. Tarde. Muy muy tarde.
No lo sé. Realmente no sé el sentimiento que me provocas.
Pero hasta que lo descubra...
...no tengo nada más que decir.
Quién nos iba a decir que iba a ser yo quien daría ese paso. La que nunca da un paso en uno u otro sentido finalmente le ha echado un par de huevos a la situación. ¿Sorprendido? No me extraña, yo también lo estoy.
Pero uno de los dos tenía que hacerlo, la situación parecía una sitcom de nosotros mismos, una película insoportablemente ñoña en la que los dos amigos acaban juntos, se separan, siguen tan superamigos y al final se dan cuenta de que están hechos el uno para el otro...
Cariño, esto no es el cine y nos ha faltado la última parte.
El final feliz.
Casi hace cuatro años que me dejaste plantada en una rotonda, con dos libros debajo del brazo, tu regalo de cumpleaños (gracias, por cierto, creo que no te las di en su momento) y el estómago en un puño. No me dolió lo suficiente para llorar. No me afectó lo suficiente para desaparecer de tu vida. No pilló desprevenida lo suficiente como para sentirme culpable ni me heló el alma lo suficiente como para culparte de todo.
Así que rotos mis esquemas por primera vez, sorprendida por mi falta de sentimiento, decidí romper la regla y que por una vez, tras una relación (ya que fue rara desde el principio me cuesta aplicarle ese término), quedara un cariño.
Considerémoslo mi primer error. O mi primer paso en falso.
Fuiste tú el que desapareciste. Durante una breve temporada. Hasta que otra, esa sí, te rompió el corazón.
Y decidí sacarte de casa, llevarte a beber cerveza hasta perder el sentido y, al contrario de lo que realmente sucedió, marcarnos un tango por los viejos tiempos, de esos que al día siguiente nos hacen desayunar juntos.
Pero no. Tu alma destrozada por la pena no te dejaba ver más allá de tu jersey de cuello alto.
Y así llevamos casi cinco putos años. Hablando por teléfono contándonos la vida, haciendo estúpidas referencias al pasado y yo, yo tirando piedras más allá de la línea que no se debe cruzar y tú recogiendo algunas, dejando caer algunas otras pero nunca devolviéndolas a mi terreno.
Y ya me he cansado.
No puedo
Quizá tenga razón esa amiga mía que dice que me he enamorado de ti cuando no debía hacerlo. A destiempo. Tarde. Muy muy tarde.
No lo sé. Realmente no sé el sentimiento que me provocas.
Pero hasta que lo descubra...
...no tengo nada más que decir.
Comentario:
No sabes cuanto entiendo tus palabras...
Un beso
Un beso





