The bad one
¿Sabes? Me estoy empezando a cansar de tanta tontería. De que me hagas parecer imbecil cada vez que te veo, de que me busques para luego no darme nada, que me mientas, que me ocultes cosas que quieres contarme...
No te tengo miedo, no me ha hecho cambiar de opinión lo que ahora sé de tu pasado. O tu presente. No me importa. No puedo dejar de sonreir cada vez que me llega un recuerdo y no me importan tus compromisos y tus creencias. Puedes tener lo que quieras, puedes estar más casado de lo que he estado yo en la vida. No me asusta porque sé lo que quieres.
Sé que lo piensas, a veces, cuando la cerveza ha hecho su trabajo y ella pasa a un segundo plano. Puede que sea la perfecta madre para tus hijos, puede que sea una perfecta esposa que te planchará las camisas y te acompañará a la calle Génova cuando tengas necesidad de reafirmarte en lo que piensas que crees.
Y sabes que yo no haré nada de eso. Soy todo lo contrario a lo que buscas pero soy lo que quieres.
Y esperas que sea la persona responsable, que pare la situación y te frene. Quieres que aparte la cara cuando estás dispuesto a besarme y que suelte tu mano cuando la agarras, quieres que evite la situación, que me suba al taxi sin decirte que me acompañes, que te rechace. Quieres que te odie por lo que eres porque así será más facil. Por eso me lo has contado. Porque eres un maldito cobarde. Porque no quieres perder lo que tienes y no puedes evitar sentir lo que sientes. Al fin y al cabo soy yo la que tiene la última palabra y eso te libra de toda responsabilidad.
Pues no es tan fácil. Deberías haberlo pensado antes de empezar a jugar conmigo. El jueves fue el último día que estoy dispuesta a hacerlo. La próxima vez vale más que no te acerques porque tu estrategia se ha ido a la mierda. Tienes razón, soy demasiado buena para entender lo que haces, nunca lo comprenderé. Pero no soy la Virgen María. Cuando algo me interesa estoy dispuesta a ser todo lo mala que sea necesario. Y tú me interesas. Con tu mala vida y tus problemas. Quien sabe. Quizá sea una de esas estúpidas que intentan cambiar a los hombres o simplemente creo que aún así mereces la pena.
Y te sientes culpable por muchas cosas y tienes conciencia y te confiesas con la única que sabes que tratará de buscar la última pizca de humanidad que pueda quedarte. Y ni siquiera soy tu amiga. Solo estoy ahí, siendo una mezcla de realidad y ficción que viene a visitarte para que lamas tus heridas y olvides tus pecados, para desahogarte cuando la culpa te presiona en las sienes y crees que no puedes seguir con ello. Por eso me buscaste el jueves y te confesaste. Como en una mala película de Bruce Willis.
¿Acaso esperabas otro tipo de reacción? Quizá esperabas que después de eso te diera la espalda y te dijera adios. Pero no. Te encontraste una sonrisa y un perdón.
Y me mirabas y me agarrabas y colocabas mi pelo y jugabas conmigo una y otra vez viendo hasta dónde era capaz de aguantar. Pusiste mi moral y mi paciencia al límite. Insinuabas y decías con la seguridad de que yo no iba a hacer nada. Escudado en el alcohol y en mis principios. Alguien como yo nunca besaría a alguien como tú. Mientras yo estoy ahí para perdonarte. Eternamente. Cargando tus culpas en mi moral, apresándolas y odiándome a mi misma por quererte. Por permitirte ser quien eres. Por olvidarme de todo eso cada vez que me miras a los ojos...
Procura ser más prudente porque yo ya no puedo más. Y la próxima vez que compartamos cubatas y cervezas no seré tan condescendiente y la próxima vez que me pidas un beso no voy a negartelo
No te tengo miedo, no me ha hecho cambiar de opinión lo que ahora sé de tu pasado. O tu presente. No me importa. No puedo dejar de sonreir cada vez que me llega un recuerdo y no me importan tus compromisos y tus creencias. Puedes tener lo que quieras, puedes estar más casado de lo que he estado yo en la vida. No me asusta porque sé lo que quieres.
Sé que lo piensas, a veces, cuando la cerveza ha hecho su trabajo y ella pasa a un segundo plano. Puede que sea la perfecta madre para tus hijos, puede que sea una perfecta esposa que te planchará las camisas y te acompañará a la calle Génova cuando tengas necesidad de reafirmarte en lo que piensas que crees.
Y sabes que yo no haré nada de eso. Soy todo lo contrario a lo que buscas pero soy lo que quieres.
Y esperas que sea la persona responsable, que pare la situación y te frene. Quieres que aparte la cara cuando estás dispuesto a besarme y que suelte tu mano cuando la agarras, quieres que evite la situación, que me suba al taxi sin decirte que me acompañes, que te rechace. Quieres que te odie por lo que eres porque así será más facil. Por eso me lo has contado. Porque eres un maldito cobarde. Porque no quieres perder lo que tienes y no puedes evitar sentir lo que sientes. Al fin y al cabo soy yo la que tiene la última palabra y eso te libra de toda responsabilidad.
Pues no es tan fácil. Deberías haberlo pensado antes de empezar a jugar conmigo. El jueves fue el último día que estoy dispuesta a hacerlo. La próxima vez vale más que no te acerques porque tu estrategia se ha ido a la mierda. Tienes razón, soy demasiado buena para entender lo que haces, nunca lo comprenderé. Pero no soy la Virgen María. Cuando algo me interesa estoy dispuesta a ser todo lo mala que sea necesario. Y tú me interesas. Con tu mala vida y tus problemas. Quien sabe. Quizá sea una de esas estúpidas que intentan cambiar a los hombres o simplemente creo que aún así mereces la pena.
Y te sientes culpable por muchas cosas y tienes conciencia y te confiesas con la única que sabes que tratará de buscar la última pizca de humanidad que pueda quedarte. Y ni siquiera soy tu amiga. Solo estoy ahí, siendo una mezcla de realidad y ficción que viene a visitarte para que lamas tus heridas y olvides tus pecados, para desahogarte cuando la culpa te presiona en las sienes y crees que no puedes seguir con ello. Por eso me buscaste el jueves y te confesaste. Como en una mala película de Bruce Willis.
¿Acaso esperabas otro tipo de reacción? Quizá esperabas que después de eso te diera la espalda y te dijera adios. Pero no. Te encontraste una sonrisa y un perdón.
Y me mirabas y me agarrabas y colocabas mi pelo y jugabas conmigo una y otra vez viendo hasta dónde era capaz de aguantar. Pusiste mi moral y mi paciencia al límite. Insinuabas y decías con la seguridad de que yo no iba a hacer nada. Escudado en el alcohol y en mis principios. Alguien como yo nunca besaría a alguien como tú. Mientras yo estoy ahí para perdonarte. Eternamente. Cargando tus culpas en mi moral, apresándolas y odiándome a mi misma por quererte. Por permitirte ser quien eres. Por olvidarme de todo eso cada vez que me miras a los ojos...
Procura ser más prudente porque yo ya no puedo más. Y la próxima vez que compartamos cubatas y cervezas no seré tan condescendiente y la próxima vez que me pidas un beso no voy a negartelo
Comentario:
Has vuelto más guerrera que nunca!, me alegra de verte por aquí porque me gusta mucho leerte, y aunque lo que escribes me llega dentro siento decirte que esta vez no estoy de acuerdo: tú responsable de qué?, tú sintiéndote culpable por..?
Entiendo que te sientas parte de un juego sucio, pero es SU juego sucio.
Sólo tú sabes lo que necesitas para ser feliz, nosotros sólo podemos acompañarte en el camino y cruzar los dedos...
Muak!
Entiendo que te sientas parte de un juego sucio, pero es SU juego sucio.
Sólo tú sabes lo que necesitas para ser feliz, nosotros sólo podemos acompañarte en el camino y cruzar los dedos...
Muak!
Comentario:
Me pareces una gran escritora. Si me aceptas un consejo, te diré que la que tiene responsabilidades no eres tú, y nadie puede esperar que asumas unas responsabilidades que no son tuyas.
Por cierto, lo del carmín en el espejo es algo que yo tb siempre he querido hacer.
Por cierto, lo del carmín en el espejo es algo que yo tb siempre he querido hacer.





