logotipo

img_google
- Quique Porcar Garrett -
Aristócrata Indio convertido al Jainismo carnívoro y feroz. De estirpe anglosajona, destacó desde niño en la cria de flamencos paticortos haciendose muy famoso en bautizos y pasos a nivel. Ya de mayor se ganaba el jornal como sonámbulo en campos de golf, trabajo que le causó terribles dolores de cabeza.
Decidió entonces hacer carrera de periodista, y desde ese momento, junto con su amada Aga, no han parado de patearse medio mundo subidos a su burra famélica, hasta que esta se enamoró de un vendedor de naranjas de carretera y les abandonó justo a mitad de camino. Justo en el medio. En el oriente medio.

Atharva-Veda Syndicate
 
Lo que más me gusta de India
Hola seres pululantes,
yo también sigo pululando por el mundo, como todos.
Hace últimamente un tiempo de perros, hay una niebla espesa matutina en Delhi que, unida al frío y la polución, no me recuerda para nada a una playa en las Maldivas.
Este fin de semana nos vamos a Mumbai (nuevo nombre de Bombay), a pasar la Nochebuena y todo eso. Me encanta. Nunca me hubiera imagindo poder decidir, con dos días de antelación, que me iría a Mumbai a pasar las Navidades. Vuelo barato, casa de español, cena casera.
A pesar del tono que suelo utilizar en muchas ocasiones, a modo de arma arrojadiza contra los indios, he de decir que cuando pienso en mi vida aquí, estoy vivendo como un maldito sahib británico del siglo XIX. En casa no me preocupo de nada, pues tengo un buen hombre que me cuida con sopa caliente, nevera llena y ropa limpia. En el trabajo tengo todo el tiempo disponible que yo quiera, y me gusta lo que hago. Viajar, para qué contaros...
Y lo que más me gusta de India, es un país donde no existe la palabra NO.
Esto puede ser frustante a veces, pues se pueden crear falsas esperanzas cuando algo es realmente imposible.
Nadie te dirá nunca que no, a no ser que estemos hablando de dinero, pecados y sacrilegios o de hijas. Puedes ir a un restaurante y pedir lenguas de colibrí con miel de romero de las montañas de Puzol, y el camarero, estupefacto, te dirá que sí, y te sacará lo que quiera. Por ello digo que muchas veces se crean falsas esperanzas.
Puedes llamar a cualquier sitio, solicitar información, y pedir que te vuelvan a llamar dentro de media hora. Te dirán que sin lugar a duda,que no te preocupes... No llaman nunca, pero no te dirán que no harán algo.
No obstante, no hay que amilanarse nunca ante un NO. No significa nada.
Ayer llamé a una agencia de viajes buscando billetes para el sur de la India (estado de Kerala). Me dijeron que los vuelos en las fechas que yo quería estaban llenos. Tranquilamente, y conocedor de cómo se las gastan aquí, le pedí que hiciera lo que pudiera, que me volviera a llamar al rato. Como no, a las dos horas me llamó confirmando las plazas.
En Bangalore, fuimos a una ventanilla de la estación de trenes para comprar billetes a Hampi. Nos dijeron que no quedaban plazas. Rápidamente, me dispuse a pensar como un indio: si en este sitio me han dicho que no, voy a probar en otra ventanilla. Con claro desprecio hacia los sistemas de reservas informatizados y centralizados indios, fuimos a la ventanilla siguiente y, efectivamente, nos dieron los billetes que queríamos.
Es un concepto del NO que me fascina, pues como muchos sabéis, soy de naturaleza testaruda y siempre me quiero salir con la mía, por lo que estoy como pez en el agua.
Y, como colofón, uno puede adoptar ese concepto del NO como suyo propio, incluso superando a los propios indios. Empiezo a ser un especialista en ignorar a vigilantes de ruinas, carteles de prohibición, camareros pesados... Cuando hago algo que no les gusta y me lo niegan, interpreto su NO, y les contesto con otro NO, mientras hago las fotos que quiero, voy donde me place y me siento donde me apetece. Cuanto más hago lo que me sale de los huevos, más me integro en la cultura india.
Renovarse o morir.
 
Fotos
Hola!!
Hoy es mi cumpleaños, acepto felicitaciones.
Por fin he publicado algunas fotos más en el álbum (a vuestra derecha), en la carpeta de Pushkar. Es el pueblo de Rajastán donde se hizo la feria de camellos. Veréis una foto de la llanura donde se hizo la feria, unas fotos del lago sagrado (no os perdáis el atardecer), y una foto del vencedor del concurso de bigotudos.
Por cierto, ¿alguien vio, hace ya un par de semanas, una noticia en el telediario de TVE sobre India y el Foro de Inversiones que preparamos desde la Embajada? Porque estuve durante dos días con el equipo de televisión acompañándoles por Delhi para que tomaran imágenes de lo que querían. Estuvo muy bien, la verdad, aunque fue difícil hacer lo que querían, pues buscaban imágenes sobre una zona de India que diera la sensación de limpio, con tiendas occidentales, gente comprando... Esta es la sensación que queremos transmitir al empresario español para que se anime a invertir en India
Bueno, si alguien lo vio, yo estaba al lado de la cámara en todo momento, haciendo de comisario político...
Salud
 
Sorprendente Delhi
Buenas a todos,
este sábado he estado viajando en el tiempo. En serio, sin salir de Delhi, he hecho un viaje al año 1475, por poner una fecha aproximada de lo que fue el destino de mi visita sabática.
Existe un lugar en Delhi, llamado Nizzamudin, donde se concentra la mayoría de la población musulmana de la capital.
Es un barrio bastante pobre, y uno siente que entra en él cuando ve las cabras mordisqueando alegremente restos de basura, los trabajadores forjando el metal con herramientas salidas de un despacho de consultas médicas de la Inquisición, y cuando los hombres visten blancas túnicas y los típicos birretes musulmanes, y lo que parecen mujeres se deslizan por las calles como fantasmas, con todo el cuerpo tapadito de la coronilla a los pies. Triste.
Enormes montañas de basura por doquier, cientos de niños correteando entre las multitudes, de repente, unas antiguas tumbas que sirven de apoya-bicicletas (pero que no conviene pisar)... esto es Nizzamudin, y más.
La casas no deben haber cambiado mucho en los últimos siglos; con sus puertas abiertas de par en par, no está claro el límite de la calle y de la casa, la vida transcurre en la calle, donde la gente camina, haraganea y trabaja, y donde se improvisan partidos de cricket entre los niños, que no tienen en consideración a los demás seres humanos.
Existen las ruinas de unos antiguos palacios y de un gran depósito de agua, parecido a un aljibe, pero lo más increíble es la tumba de un antiguo santo varón de Delhi, que desde su muerte hace triquicientos años, tiene una lugar de descanso eterno particular en el sitio más increíble de la ciudad.
Para acceder a la tumba, que está en medio de un ovillo de callejuelas, hay que quitarse los zapatos, que se dejan a cargo del correspondiente guarda-zapatos (me pregunto si habrá un sindicato de guarda-zapatos, un convenio...), pues es un lugar sagrado. Hay unas tres o cuatro entradas al recinto, y tras recorrer unos serpenteantes y estrechos pasadizos repletos de vendedores de ofrendas, con el suelo recubierto de mármol, se llega a una plaza, en la que se alza una especie de mausoleo de estilo musulmán, tumba del santo en cuestión.
El lugar transpira magia e historia por todos los lados, estar ahí es como trasladarse a un cuento de Las mil y una noches, sólo que en su versión pobre. El lugar está lleno de mendigos, fieles haciendo sus plegarias y rezando, santones, y grupos de hombres y mujeres sentados, por separado, leyendo el Corán, meditando, conversando....
El mármol, a pesar de no estar especialmente limpio, crea un ambiente muy hermoso, y da la sensación de estar en otro mundo.
Sólo los hombres tienen acceso al pequeño mausoleo, en el que apenas cabe la tumba del santo y una fila de fieles que deambulan a su alrededor, ofreciendo telas, perfumes, incienso y pétalos de flores como ofrenda. Un auténtico espectáculo, y por sólo 2 rupias (el precio del guarda-zapatos)
Quien venga a verme, será llevado a este lugar, y de paso podrá visitar Lodi Gardens, unos preciosos jardines cercanos a Nizzamudin, muy bien cuidados, con tumbas impresionantes de los sultanes del siglo XVI, bastante parecidas al Taj Mahal (otra tumba, como sabéis), pero más pequeñas y más deterioradas.
Os espero.
Namaste...
 
Felicitaciones
Namasté salaam,
es viernes, este fin de semana no tenemos pensado hacer gran cosa, nos quedaremos en Delhi para ir a un par de mercados y visitar el barrio musulmán, que me han dicho que es muy interesante.
Tras más de dos meses en India, se puede decir que estoy plenamente inmerso en esta cultura, aunque aún no dejo de alucinar y, en más de una ocasión, perder los nervios. Uno nunca se acaba de acostumbrar a los enormes contrastes de este país, donde se puede ir a cenar a un hotel de 5 estrellas con un coro de bellezas rusas cantando en directo para los comensales, y toparte con el camarero más estúpido e incompetente de este brazo de la galaxia (me pasó anoche).
Y empiezo a llevar mejor lo de ser un extraterrestre entre indios. La semana pasada, en Karnataka, nos hicieron decenas de fotografías, nos abordaron cientos de individuos para saber de dónde éramos, qué hacíamos en India... Los niños flipan cuando te ven, pues muchos de ellos no han visto en directo a un europeo en su vida, sobre todo los que vienen de aldeas recónditas (los niños, no los europeos).
En total, además, firmaría unos diez autógrafos (con nombres falsos, como Adolfo Hitler, Magallanes, Ringo Starr...). Y se quedan tan contentos...

Otra cosa que me enfada es el poco respeto que suele haber en este país por el prójimo. Como ya os he contado, las castas aún están enormemente arraigadas, y esto es una de las principales causas de las desigualdades y del lento pogreso del país. Las élites viven como auténticos reyes, mientras que los demás, literalmente reptan entre la mierda, ante la indiferencia de la clase privilegiada.

Bueno, a lo que iba:
FELICIDADES A MI MUJERCITA, HOY ES SU CUMPLEAÑOS.

AGNIESZKA, TE QUIERO MUCHO, EN DIEZ DÍAS ESTARÁS AQUÍ, NO ME LO PUEDO CREER. CZAS UCIEKA. JA PIERDZIELE.
KOCHAM CIE. BRAKUJE MI CIEBIE BARDZO.

Aprovecho para felicitar al artista de este blog, THRASHTO EL INFECCIOSO, pues es también su cumpleaños próximamente (hoy o mañana, nunca me acuerdo).
Hasta pronto.

 
Hampi
De todos los lugares que he visto en el bello y rural estado de Karnataka, sin duda alguna destaca Hampi, pueblo del cual os hablaré a continuación.
Cogimos un tren nocturno en tercera clase el martes por la noche, lo que te da derecho a litera, mantas, sábanas limpias y lavabos decentes para estándares indios (por debajo queda la categoría de sleepers, con derecho a litera, y por último los vagones de asientos...)
y nos plantamos en Hampi el miércoles por la mañana. Una horda de rickshaw-drivers se nos echaron encima para llevarnos a la zona turística, de la cual yo no sabía mucho, y en media hora llegamos al lugar en cuestión, un lugar realmente único.
El emplazamiento de Hampi, nombre actual de Vijaynagar, el antiguo reino hindú de la zona, se halla en medio de una gran extensión de campos de plátaneros y arrozales, salpicado por enormes túmulos de rocas rojizas de gran tamaño, que confieren al lugar un aspecto jurásico.
Durante centurias, desde el siglo VIII hasta el XVI más o menos, distintas dinastías indias de reyes hindúes y musulmanes (no confundir indio con hindú, este primero es un término geográfico, el segundo es religioso), construyeron magníficos complejos arquitectónicos que nada tienen que envidiar a Luxor, Roma o Andorra.
Fueron unos reinos tremendamente ricos, que desde tiempos inmemoriales vivían del comercio con otras civilizaciones (fenicios, griegos, romanos, chinos...) y que llegaron a desarrollarse cultural y artísticamente tanto como política y socialmente.
Tras las guerras del siglo XVI, entre la dinastía Vijaynagar y una coalición de sultanes, la capital cayó en desgracia y el centro de poder se desplazó a Mysore, ciudad musulmana cercana que eclipsó a Vijaynagar, la cual quedó arrasada y abandonada durante siglos.
La fortuna quiso que, a pesar de los saqueos, quedaran en pie los magníficos monumentos que hoy tanto nos asombran.
Repartidos alrededor del pueblecillo de Hampi, que no contará con más de 1000 habitantes, quedan restos en distintos estados de conservación de impresionantes estatuas, templos, torres y edificios reales, además de establos para los elefantes reales, los baños de la reina, aljibes, avenidas...
Pero bueno, basta de historia, eso se puede ver en:
Turismo en Hampi
Hampi en la Wikipedia

Lo que realmente puede valer la pena que os cuente es qué siente uno al estar ahí.
Como sucede en tantas ocasiones, la gente del campo acaba utilizando las ruinas de tales lugares como establos, casas o canteras. En el caso de Hampi, el pueblecillo ha crecido literalmente entre uno del conjuntos arquitectónicos principales, alrededor del enorme templo de Virupaksha, y a lo largo de una extensa calle que era un célebre mercado de artículos de lujo, con columnas adinteladas que hoy sirven de casa a los hampicenses. Esto realmente me impactó, pues la población se ha fundido literalmente con las ruinas y es algo realmente digno de ver.
Gracias al turismo, abundante pero no masivo, Hampi ha florecido, y al igual que os narré cuando visité Shimla, los indios han sabido amoldarse a las necesidades turísticas y han surgido numerosos restaurantes, albergues y tiendas muy cuidadas y limpias, que hacen muy agradable la estancia en el lugar.
Lo mejor para desplazarse por Hampi es alquilar una bicicleta o una moto, o como hicimos nosotros, un rickshaw, que te lleva a los lugares más importantes y te cuentan un par de cosillas sobre lo que uno está viendo.
Recuerdo ahora gratos momentos sentado junto a las ruinas de unos baños reales, entre unas palmeras, a la sombra de una columna de más de mil años de antigüedad...
De todo lo que vi, destacaría un templo que visitamos el jueves, el más famoso de todos y fantásticamente conservado, llamado Vitthala, en el que el guía local (que cuestan un par de euros y te explican muchas cosas) nos mostró cómo las columnas del templo eran literalmente instrumentos musicales de percusión. En total, había más de 130 columnas, que sonaban con notas distintas al golpearlas con un pedazo de metal, y según el guía, eran capaces de hacer himnos y canciones con todas las columnas sonando a la vez. Impresionante.
Hay un río que pasa cerca, donde los hampicenses pescan con redes en unas barcas redondas hechas de juncos y brea, totalmente indiferentes pero compenetrados con el mágico entorno. Tras el río, una colina esconde uno de los mejores templos, que literalmente se encuentra fundido con la selva, pues tras sus murallas sólo hay que verde intenso. Esto, al contemplarlo al atardecer, da ganas de creer en Shiva y en la reencarnación.
Nos fuimos de allí el jueves por la tarde, realmente impresionados por la belleza de Hampi, la historia, el ambiente y los ridículos precios que uno paga por buenos alimentos y duras camas donde reposar los molidos fémures, peronés y cadenas de huesecillos.
Corto y cambio.
 
Karnataka
Hola amig@s:
Tras una prolongada ausencia, que espero hayáis notado y sentido, retomo mi bitácora desde estas latitudes para contar lo vivido en esta semana de vacaciones que me he pasado por Karnataka, uno de los estados del sur de India.
El lunes tomamos un vuelo yo y cuatro compañeros y nos fuimos a Bangalore, la capital del estado, y capital además del desarrollo tecnológico y aeronaútico de la India. Ja.
Bangalore no ofrece nada interesante al viajero, ni siquiera se asemeja a lo que intenta ser, la Sillicon Valley india, ya que es una ciudad contaminada, que se ha quedado pequeña para su creciente población (tuvo que absorber 2 millones de inmigrantes en pocos años, debido a su rápido crecimiento en los 80), pero que cuenta con numerosas empresas internacionales implantadas y luminosos centros comerciales situados en mares de herrumbre, polvo y caos, además de alguna parque más o menos cuidado y un palacete del presente maharaja.
Lo interesante de ir a Bangalore es que uno se puede desplazar a interesantes puntos del estado desde allí, con distancias comprendidas entre 9 horas de traqueteante tren nocturno hasta 3-4 horas en autobús, en las cuales se recorren entre 70 y 150 km.
Karnataka se halla en la parte sur del sub-continente, y tiene tanto costa, como extensas llanuras y montañas. Viajar por el estado es una maravilla, la exuberancia de sus campos envuelve al viajero y le invita a relajarse en cualquier lugar donde no haya un pueblo, pues la pobreza es igual de dura que en cualquier otro lugar de India, y la suciedad y la miseria existen alí donde hay personas.
El paisaje predominante se presenta inundado por mares de verdes plataneros y un cielo azul claro, con un brillante e inclemente sol que ilumina los campos de un modo especial. Palmeras datileras rematan la obra de arte paisajística, y le dan al ambiente un toque tropical que se extiende hasta las costas del Mar Arábigo, que baña el estado. Existen innumerables lagos y marismas en la zona que permiten que el sol no abrase la región y que sea tan fértil y rica en verdores, admás de ofrecer una gran variedad de aves acuáticas que se ven por donde mires.
Hemos viajado en tren, en autobús y en coche, pero el medio de locomoción más habitual es el carro tirado por dos bueyes, cargados con productos del campo o con trabajadores que se desplazan con solemne tranquilidad por los caminos y las carreteras de la zona.
Los sitios visitados han sido muchos, volví anoche domingo, agotado por lo que ha sido una semana espectacular viendo templos, pueblos y palacios.
Mañana os hablo de Hampi, el lugar más interesante e increíble que he visto por ahora en India.
¡Salud!
 
La moto
Hola a todos.
Como muchos sabéis, tengo una moto para moverme por la ciudad. Es cómodo y no tan peligroso como en principio puede parecer: es una vieja scooter que no pasa de 50 km/h y que ha pasado por mil manos hasta llegar a mí.
La aparco en el patio de mi casa normalmente, que se cierra por la noche, aunque a veces la dejo enfrente, entre los coches aparcados. Esto es algo que nunca más voy a hacer, tras el quijotesco suceso acaecido en estas tierras de sopor, indolencia y absurdo desasosiego.
El jueves de la semana desapareció mi montura. Sin dejar rastro ni huella, sin previo aviso, bajé de casa por la mañana y no estaba donde la había dejado, ni por ningún lado. Mi decepción fue enorme, ya que aunque no pagué nada por ella (herencia de otros becarios), su desaparición suponía inversión extra de tiempo, dinero y esfuerzo en buscar una nueva.
El robo me extrañó, pues a pesar de que no tenía ni candado y aquí te abren las cerraduras en un santiamén, mi casa está dentro de un bloque y sólo hay una salida, donde hay apostado siempre un guardia, atento y al acecho en todo momento, excepto cuando duerme. Le comenté a Shaym, mi escudero, la desaparición del rocín, y me dijo que vuesa merced no se preocupase, que seguro que era una de las fechorías de la bruja que vive en la puerta de al lado, que con los anteriores becarios ya había entrado en lid y les había amargado la existencia. De hecho, la moto estaba justo al lado de su puerta cuando desapareció. La idea era que hubiera llamado a la policía y ésta se hubiera llevado el vehículo a algún depósito.
El propietario de mi casa, un noble sikh que vive en el piso de bajo, coincidió con Shaym en reconocer la bellaquería de la vecina, aunque al preguntar a los guardias de la entrada, nadie dijo haber visto nada, y menos una grua llevándose una moto.
Al día siguiente Shaym y yo nos dirigimos a una de las oficinas de la policía, a desfacer el entuerto. Quijote y Sancho contra los molinos de viento burocráticos indios.
La primera comisaría a la que fuímos era un pequeño edificio rodeado por innumerables motos polvorientas, y realmente uno percibía la impronta colonial en el lugar, ya que estoy convencido que desde que los ingleses se fueron, nadie ha tocado nada en ese lugar, me atrevo a decir que hasta los archivos están intactos. Unos policías iban de arriba a abajo, se gritaban, mientras otros ni se inmutaban y se dedicaban a hurgarse los dientes o atusarse los bigotes.
Nos dijeron que nuestra moto no estaba ahí, que teníamos que ir a otro distrito.
La siguiente comisaria era peor, estaba daba hasta asco, el suelo estaba húmedo, olía a orín por todos los lados, y la suciedad impregnaba todo el mobiliario. Me alegré de saber que tampoco estaba allí.
Acabamos en una tercera comisaría, ésta más grande y un poco mejor organizada, y aquí jugaron con nosotros enviándonos de despacho en despacho hasta que acabamos en una oscura habitación, con un par de mesas y cuatro jergones, sentados esperando a que el policía que nos ayudaría acabase su té. Tras sorber ruidosamente hasta la última gota del contenido de una taza inmunda, nos dijo que el ordenador diría dónde estaba la moto, si es que estaba. Se fue.
Volvió a los 10 minutos, y nos dijo que el ordenador diría dónde estaba la moto, si es que estaba. Se volvió a ir.
Regresó al cabo de 5 minutos, y nos dijo que el ordenador diría dónde estaba la moto, si es que estaba. Por tercera vez nos dejó en la penumbra.
Al rato, cansado ya de contar las moscas y de observar un ratón centinela que correteaba por la sala, me levanté y me dispuse a marcharme y dejar de perder el tiempo en ese antro, y justo en ese momento, entró el policía, y me dio en un tono muy neutral que la moto estaba allí. De hecho, salí de la habitación y el gendarme me señaló hacia un lado, y a escasos 4 metros de mí, estaba mi motito, triste y sola, pero entera. Proferí una sonora carcajada de alivio e incredulidad, y le estreché fuertemente la mano al desconcertado policía que, sin arquear ni una ceja, se despidió y volvió al cuarto a beber más té.
Pero de nuevo, el destino aún me reservaba una mala pasada, había cantado victoria muy pronto.
Por un lado, los papeles de la moto están a nombre de un tal Hare Pathaky, dios sabe quién es, por lo que cómo demostraba yo que la moto era mía. Y segundo, había que escribir un papel que se tenía que cuñar en la primera comisaría que habíamos visitado, para validar la retirada de la moto. Dejé estas tareas a Shaym, junto con 500 rupias que no he vuelto a ver, y mi vida prosiguió hasta esta mañana.
Hoy he ido con Shaym y con el papel ya cuñado a retirar la moto. Hemos pasado de nuevo por tres despachos más, hemos tenido que ir a fotocopiar los documentos, y de nuevo me veía enfrentándome a nuevos molinos de viento, esta vez en forma de policía cabrón esperando un soborno, pues os recuerdo que mi nombre no es Hare Pathaky, legítimo propietario de la moto.
Al final, he obtenido el permiso y he podido arrancar la moto, y justo cuando me iba, un señor se ha nos puesto a gritar como un loco. Quería dinero por la gasolina de la grúa. Me he cabreado, le he gritado más, le he dicho que me negaba en redondo a darle una sóla rupia, que qué se creía... Al final le he dado cien rupias (dos euros) y me he largado de allí con mi moto.
Pero, oh destino traicionero, una última jugarreta de Vishnú se ha cernido sobre mí. La moto, como no, tiene roto un piloto (además de un piloto asqueado, yo) y hace un ruido muy raro que antes de pasar por las manos de la policía india no estaba. No obstante, me puedo dar con un canto en los dientes.

Agradeceré comentarios de apoyo psicológico e insultos prácticos para mi vecina, la artífice de tamaño desaguisado.