logotipo

img_google
- Quique Porcar Garrett -
Aristócrata Indio convertido al Jainismo carnívoro y feroz. De estirpe anglosajona, destacó desde niño en la cria de flamencos paticortos haciendose muy famoso en bautizos y pasos a nivel. Ya de mayor se ganaba el jornal como sonámbulo en campos de golf, trabajo que le causó terribles dolores de cabeza.
Decidió entonces hacer carrera de periodista, y desde ese momento, junto con su amada Aga, no han parado de patearse medio mundo subidos a su burra famélica, hasta que esta se enamoró de un vendedor de naranjas de carretera y les abandonó justo a mitad de camino. Justo en el medio. En el oriente medio.

Atharva-Veda Syndicate
 
Retomo la bitácora
Hola a todos,
siento no escribir apenas nada últimamente, pero lo cierto es que ando bastante ocupado y ya me toca escribir bastante por motivos profesionales...
La semana pasada estuve en Calcuta, fui a cubrir la Feria del Libro, de la que acabo de terminar mi crónica, la cual no sé si algún día verá la luz.
La ciudad me pareció muy interesante, pero desde luego, lo que más me impactó fue el Hospital de Teresa de Calcuta, lugar a donde la gente se acerca litaralmente a morir.
El albergue, en medio de la ciudad, lo llevan unas cuantas monjas con el apoyo de voluntarios temporales, que poco más pueden hacer que ofrecer agua y un poco de trato humano alos moribundos, que yacen en camastros en las salas del edificio.
Afuera, unas veinte personas esperaban a que otros murieran para ocupar su sitio.
Luego vi el templo de Kali, donde se celebran sacrificios de cabaras para tener el poder del dios, y me di un paseo por las calles de la ntigua capital del Imperio Británico, cuyo esplendor de sus edificios se difumina entre la basura, los desconchados y la mugre acumulada durante décadas.

Desde mi viaje a Calcuta, o Kolkata, como se llama ahora, llevo dándole vueltas al mismo tema, el de la pobreza, y cada vez veo más claro lo que los seres humanos somos: unos auténticos cabrones.
He conocido a mucha gente de Europa que ha venido aquí y han dicho lo mismo, que si después de ver esto, uno ya no se siente tan culpable como miembro de un país occidental y presuntamente explotador, pues son los propios indios los que permiten que les pase esto. En cierto modo es verdad, hoy mismo Shaym me ha pedido 600 rupias, unos 12 euros, para que le hicieran una ecografía a la mujer de su hijo, que está preñada. Por un lado he sentido un impulso de dárselas, pues son 12 euros de nada, pero luego, sabiendo cómo se las gasta este tío, me lo he pensado dos veces. Lo triste es que en este país no existe una atención sanitaria pública, y luego van diciendo que dentro de nada serán la tercera potencia mundial, tras China y EEUU.
Bueno, al final, salomónicamente, he decidido que se las prestaría, y se las descontaría semanalmente de su sueldo.
¿Qué os parece? ¿Qué habríais hecho vosotros?
 
¡Qué país...!
Namaste everybody,
Retomo la comunicación desde Delhi para proseguir con las crónicas indianas que espero disfrutéis.
Sé que no he acabado ni el relato del viaje a Kerala, y apenas he hablado de Bundi, donde estuve el fin de semana pasado.
Pero es que al final me canso de tanto describir lugares y gentes, y además se me amontona la faena, este fin de semana nos vamos a Orchha, un pueblo a 8 horas en tren (nocturno, gracias a Shiva) de Delhi, donde hay unos bellos templos de la Edad Media india.
Así que, resumiendo, os cuento lo último que vi en Kerala: playas exóticas, pueblos apartados del turismo habitados por un reducto de pescadores musulmanes, con los que vivimos hermosos momentos navegando con ellos en sus pequeños "kattamaram" (de aquí viene la palabra catamarán), un impresionante palacio del siglo XVIII tallado en madera y lleno de riquezas que fue habitado sólo una año y abandonado, y participamos en unos ritos de un grupo de peregrinos de Sri Lanka, adoradores del dios Ayappa, que en manadas acuden al templo de su dios cada año para hacer sus ofrendas. Vamos, que lo normal.
En Bundi tuvimos la oportunidad de ver un hermoso pueblo en Rajastan, con su típico palacio-fortaleza (foto disponible, si Thrashtho procede), sus casas de dos pisos "encaladas" de azul, sus calles llenas de porquería y de cochinillos correteando por doquier... El fin de semana que fuimos se celebraba un festival de cometas, y en todas las azoteas había gente volando cometas caseras de papel. Como no, éramos la atracción principale de la ciudad, y de hecho nos invitaron a subir a una azotea con una familia, nos invitaron a té, nos pidieron que bailáramos danzas españolas... Muy bueno.

Podeis ver las fotos con mas detalle en "Fotos de Bundi"

El lunes estuve ejerciendo mis labores de periodista en la Feria Auto Expo de Delhi, dedicada al automóvil. Todo muy indio, lleno de empresarios, stands llenos de cochazos, música estridente, multitudes ingentes de indios flipando con todo... De hecho, nunca había visto una colade gente esperando a entrar en un autobús, para VER el interiro del autobús, que no era nada del otro mundo. la gente se fotografiaba delante, subían, reclinaban los asientos, jugaban con el reposabrazos, etc. Pobrecillos, nunca han visto autobuses limpios.

Ayer cené en una especie de restaurante de la universidad. Es la MEJOR comida india que he probado hasta ahora. Quien venga, tiene una visita garantizada.

Ha venido hoy una nueva becaria a la oficina, enviada por la Cámara de Comercio del Gobierno Vasco. Le hemos enseñado la oficina, le hemos contado de todo un poco, y entonces le he dado para que firmara una declaración jurada de que como vasca, no participaría en ninguna actividad que apoyara la escisión de ninguna autonomía de rango inferior a la nación española, y que comunicaría inmediatamente al Consejero cualquier actividad "sospechosa" de separatismo por parte de los empresarios vascos. La chica ha flipado, lo ha firmado, y le hemos dicho que se lo diera al Consejero para que lo firmase él. Ha ido a su despacho, pero para nuestra desgracia, no estaba, y al volver a nuestro despacho, nos ha pillado descdojonaos y se ha dado cuenta de la tomadura de pelo. Una pena, me encantaría haber visto su cara cuando el Consejero le hubiera dicho lo tonta que es.
Bueno, os dejo.
THRASHTO, REPTIL EGOLATRA, IDEALISTA REPRIMIDO, CUELGA FOTOS. AYUDAME.
(nota del Thrastho: Fa.. y si me apuras Re. Marsopa caucasica lamedor de abedules, ya las tienes todas colgaditas y en un nuevo album, perdon por la tardanza pero es que desde hace un tiempo hago algo a lo cual no estaba acostumbrado, trabajar, y no tengo mucho tiempo. Espero que macacos barbilampiños sesguen con sus pupilas un anacoreta y tengas que beberte el humor vitreo de sus ojos, con salsa roquefort. Final de nota del Thrastho)
Chiste para tu web: Un pesimista lamentándose: ¿Y si no lo consigo? ¿Y si fracaso? ¿Y si me quitan lo bailao?
 
Sin internet
Hola a todos, un rápido mensaje para comunicaros varias cosas:
- de nuevo hemos salido de excursión este fin de semana, a un pueblecito de Rajastán llamado Bundi. En cinco palabras, pueblecillo de casas azules anclado en el siglo XVIII, un palacio fortaleza inmpresionante y justo el sábado festival de cometas por todo el pueblo. Lo narraré.
-acabaré el relato de Kerala, pondré más fotos.
-soy feliz, mis labores periodísticas se multiplican cual familia de conejos en Australia.

No dejéis de escribirme.
Sergio, la región de la que hablas es Darjeeling, y se parece bastante a Munnar, aunque a los pies del Himalaya.
Nadie ha acertado en el significado de Kadua.
Quique
PS- no escribo por falta de tiempo y por mala conexión a Internet.
 
Montañas, selvas y campos de té
Namaste amigos. Retomo mi relato donde lo dejé, en Kochi.
Desde aquí, el día 1 de enero hicimos una excursión excelente por los llamados Backwaters, que son un entramado de ríos, canales y lagos que cubren gran parte de las tierras bajas de Kerala.
En estos remansos, los pueblos se apiñan en estrechas franjas de tierra, entre palmerales, plataneros y campos de arroz, y el mejor modo de desplazarse es, además de la carretera, el transbordador o la canoa.
Mediante una agencia de viajes se puede concertar una visita en canoa a algunas de las zonas de los backwaters, y esto realmente vale cada rupia que uno pague, pues los paisajes son increíbles. Pasamos a través de estrechos canales entre los bosques y los palmerales, y de vez en cuando paramos a visitar alguno de los pueblos, compuestos en su mayoría por unas cuantas casas unifamiliares, con sus pollos, su barca, su abuela desdentada... Pudimos ver cómo fabrican artesanalmente cuerdas, cómo trepan por las palmeras para recoger los cocos, y visitar un jardín con un montón de hierbas medicinales. En Kerala practican bastante la homeopatía, de hecho es la cuna de la medicina ayurvédica, basada en medicinas naturales, los masajes y el equilibrio del cuerpo como mejor defensa ante las enfermedades. Por la tarde, una embarcación nos llevó por uno de los grandes canales de nuevo hasta Kochi.
Al día siguiente, tras visitar el mercado de especias, partimos hacia el interior de Kerala, hacia la cordillera de los Ghats Occidentales, para visitar Munnar, pueblo montañero famoso por sus espectaculares campos de té.
Y, en efecto, son espectaculares. Nunca había visto nada igual, pues son kilómetros y kilómetros de arbustos de un verde brillante, todos ellos recortados a la misma altura, y extendiéndose por lo largo y ancho de suaves colinas o abruptos valles.
Aquí permanecimos sólo un día, en el que pudimos visitar un parque nacional y disfrutar de unas magníficas vistas, pero partimos pronto hacia lo que ha sido, en mi opinión, lo mejor del viaje, la visita al santuario de la naturaleza de Periyar.
Es conveniente hacer un alto en el relato para remarcar el hecho de que las distancias recorridas, si bien breves, resultan eternas e intensas, pues podréis imaginar lo que tarda un autobús que para donde lo solicitan, a través de las carreteras de montaña, llenas de baches y curvas, en recorrer 120 kilómetros: de cuatro a cinco horas. A pesar de la dureza del trayecto, las vistas, la gente que sube y las paradas en los pueblos compensa con creces el dolor de culo.
Para ver el parque de Periyar hay que llegar hasta Kumily, un pueblecillo acostumbrado a recibir foráneos, pues es también punto partida de peregrinación de un santuario que, según algunos, es el peregrinaje más grande del mundo. Los peregrinos llegan hasta aquí desde toda India e incluso del extranjero (Sri Lanka, Bangladesh), para venerar al dios Ayappa en el templo de Sabarimala. Ver :

Templo de Sabarimala

En el parque, que visitamos junto a un guía local que pertenecía a una tribu de la montaña, pasamos tres horas absolutamente de película, pues vimos 2 elefantes salvajes, bisontes, lagartos de enormes dimensiones, y el highlight, unas huellas de tigre. El guía parecía directamente salido de una película de Tarzán, a pesar del uniforme caqui que llevaba. Sabía interpretar todos los signos de la naturaleza, como ramas rotas, huellas, cagarros... Vimos también unos enormes pájaros negros, llamados en inglés Great Hornbill, además de loros, martines pescadores, etc. Muy interesante.
Hasta mañana.
 
Kadua
Hola a todos,
a partir de ahora me llamaréis Kadua (con acento en la u). Es el nombre con el que se me conoce en el sur de la India. Quien adivine lo que significa, le pago una cena en un restaurante indio cuando vuelva a España.
Bien, Kadua es una de las palabras que he aprendido en el idioma de Kerala, el malayalam, que no tiene nada que ver con el hindi, como tantas otras cosas en Kerala.
Si miráis el mapa, veréis que Kerala está en el sur de la India, y ocupa una franja estrecha de terreno en la costa oeste. Playas, cientos de ríos y lagos, selvas, montañas y océanos de palmeras bajo el cielo azul conforman el paisaje del estado, realmente espectacular.
Basic facts:

Kerala en la wikipedia

El estado es uno de los más pobres en India, pero los veinte años de comunismo en los años 60-70 (gobierno elegido democráticamente), dejaron una región con las tasas más altas en India de alfabetización y educación, y unos niveles de igualdad social elevados. Se luchó mucho contra el sistema de castas y por la igualdad del hombre y la mujer. No obstante, no se puede decir que sea un país moderno, pues en muchos aspectos, conserva tradiciones y costumbres propias que hacen de Kerala un país completamente aparte del resto de India. Entre las costumbres más interesantes, destaca el teatro-danza Kathakali, del que hablaré más adelante, que es realmente espectacular.
Mi viaje empezó en Kochi, situado en la costa sobre un conjunto de islas en el Mar Arábigo.

Kochi en la wikipedia

La ciudad moderna, llamada Ernakulam, se proyecta en la zona continental, y no ofrece nada especial (a pesar de ser una ciudad sin edificios modernos y estar abarrotada de palmeras), pero Kochi, o Cochin, es un lugar verdaderamente único.
Los portugueses llegaron aquí en el siglo XV, y se asentaron en la ciudad donde establecieron un centro de operaciones para controlar la salida de especias. Los ingleses les arrebataron el privilegio, tras un intervalo de ocupación holandesa.
La isla en cuestión, que consta de dos partes, Fort Kochi y Mattancherry, está repleta de casas antiguas, edificios coloniales, y son pocos o ninguno los coches que circulan por sus callejuelas. El mejor acceso a la isla es el transbordador, que cuesta la astronómica cantidad de 2,5 rupias (7 pesetas), y ofrece unas bellas vistas de la ciudad.
Nada más depositar nuestros bártulos en la habitación de nuestra pensión, nos dirigimos al paseo marítimo, una playa abarrotada de mercaditos y puestos de pescado donde, por unos dos euros, compramos un enorme atún fresco y unos calamares y nos los cocinaron en una terracita por otros dos euros, propina incluida, sentados bajo la sombra de unos ENORMES árboles y mirando al mar.
Aquí se practica una forma de pesca ancestral, que se remonta a la edad media, cuando unos viajeros chinos o mongoles se asentaron en la zona y trajeron sus sistemas de redes fijos. Unas estructuras de madera de teca sujetan la red, que se colocan en la orilla del mar, y cada 5 minutos se mete la red en el agua, se espera un par de minutos y se levanta de nuevo con la captura, si hay suerte. El mecanismo de alzado de la red requiere un equipo de cuatro hombres, además del sistema de pesos y contrapesos que necesita, pues estamos hablando de troncos de más de 10 metros de altura y de una red de más de 5 metros cuadrados. Los hombres que componen el equipo son todos cristianos, reminiscencia del pasado colonial, pero como no, ninguno de ellos es propietario de la red. El negocio está de capa caída, pues sistemas de pesca modernos están sustituyendo los sistemas tradicionales, pero el turismo puede ofrecer una solución a este oficio tan increíble.

La gente en Kerala es maravillosa, son todos muy sonrientes y se nota que el nivel educativo y cultural supera con creces la media india. Los pescadores se muestran abiertos a enseñar cómo funcionan las redes, incluso pude compartir con ellos un par de alzados de la red, a cambio, eso sí, de una propinilla voluntaria.

Regatear por el pescado frente al mar resultó ser una experiencia y gratificante, pues como digo es gente muy amable y agradecen que se les digan dos palabras en malayalam, como rápidamente aprendimos a hacer.

Kochi es un lugar auténtico, la vida de los lugareños es muy tranquila y muy tradicional, a pesar de la afluencia relativamente intensade turistas. La noche que pasamos ahí fue la del 31 de diciembre, así que pudimos experimentar las sensaciones de contemplar la puesta del último sol del año en la orilla del Mar Arábigo y cómo se celebra la Nochevieja en Kerala, con todo el mundo reunido frente al mar, en grupos, charlando y bebiendo té, cantando y bailando.
Otros atractivos de la ciudad son los mercados de especias, que pudimos visitar por la mañana. Cada día, una especia distinta se subasta en las decenas de contratistas que llenan la calle principal, para de allí partir a cada rincón del mundo. En nuestro caso, los camiones llegaron ese día repletos de sacos de gengibre, lo que dio un olor particular a los negocios, en los que uno puede entrar libremente a fisgonear.

Las casas de Kochi son viejas y de estilo ecléctico, con puertas de colores, tejados rojos y paredes azules, blancas o de color indefinido, y en ellas se respira aún el ambiente de una antigua ciudad portuaria y colonial. Hay palmeras y árboles tropicales en cada rincón, el aire es limpio y las calles están empedradas.

La gente te saluda por la calle, los niños te miran aún con asombro, y recibiríamos en total unas 120 felicitaciones de Año Nuevo. Casi nadie viste de manera moderna, las mujeres visten sarees y los hombres lunghis, una especie de falda que se puede llevar larga o corta, generalmente de color blanco. No sé qué llevarán debajo.
Partimos de Kochi con un trozo de nuestro corazón dejado en sus calles, pero los siguientes destinos compensaron con creces la partida.
Mañana sigo.
 
Hola de nuevo
¡¡¡Hola a todos!!!
Espero que llevéis bien la resaca navideña, aprovecho para felicitaros por el año nuevo y esas cosas, y desearos que podáis viajar este año mucho y bien, como por fortuna estoy haciendo yo.
Abandoné el blog hace tiempo, lo siento, pero el trabajo retrasado y una ineficiente conexión a Internet me obligó a posponer mis relatos, que prometo retomar con devoción y dedicación a partir de hoy, a pesar del trabajo que sigue retrasado y la conexión ciberespacial que sigue ineficiente.
No llegué a contar que pasamos el fin de semana de Navidad en Bombay, o Mumbai, como se llama ahora, pero tras el "peazo" viaje que me acabo de pegar por el sur de India, en concreto en el estado de Kerala (costa oeste), dicho fin de semana se queda en un pequeño pie de página en mi bitácora.
Mumbai es una gran ciudad, pegada a la costa y que paulatinamente ha ido ganando terreno al mar, uniendo las islas que antiguamente se aglutinaban en torno a la Boa Bai (buena bahía, en algo parecido al portugués, como la llamaron los primeros navegantes lusitanos).
Es una ciudad moderna, con enormes contrastes, pues es donde se reúne la jet set india, los actores, los políticos... además de enormes bolsas de pobreza.
Estuvimos tres días, y lo cierto es que lo pasamos muy bien. La ciudad, que para los británicos se convirtió en la "Puerta de entrada a la India", presenta numerosos edificios de la época colonial que evocan tiempos de esplendor, cuando la ciudad era uno de los puertos más bulliciosos de Asia. Hoy en día, como capital económica de India, sigue siéndo un enorme hormiguero en marcha, con mucha más vida que Delhi, y en mi opinión todo está bastante más cuidado. Los sitios más interesantes de la ciudad son los edificios que los ingleses construyeron, como la Universidad, la Estación de Ferrocarriles o la "Gateway of India", un arco de triunfo en el puerto de la ciudad por donde salieron, ceremoniosamente, los últimos soldados británicos tras la independencia India en el 47.
Es muy grato acercarse también al Oval Maidan, una gran explanada donde se reúnen miles de jóvenes para improvisar partidos de cricket y donde se han forjado auténticas leyendas del deporte en el país. Como he contado alguna vez, el cricket levanta auténticas pasiones en India.
Para culminar la visita, es fundamental no perderse dos sitios realmente pintorescos y dignos de portada en el Lonely Planet: los lavaderos de ropa y la tumba de Haji Ali. Esta última tumba, un espectacular edificio de mármol blanco de estilo islámico y rodedado por unos altos muros, se halla a medio kilómetro mar adentro, justo enfrente del largo paseo marítimo de la ciudad, el Marine Drive. Para acceder a la tumba del santo, hay que recorrer una especie de brazo de hormigón repleto de mendigos, que piden limosna a los fieles musulmanes que acuden a hacer sus plegarias, y confieren al lugar un aspecto medieval. En el interior de la tumba se multiplica esta sensación de viaje temporal, pues cientos de personas pululan por los patios, sombreados por altas palmeras, mientras unos excelentes músicos cantan y tocan instrumentos inverosímiles. Impresionante y mágico.
Los lavaderos es un lugar que tampoco hay que perderse, pues es el punto neurálgico donde las empresas de lavandería concentran la colada de todo Mumbai, lavan la ropa y la devuelven a sus propietarios. El lugar es una gran explanada con decenas de lavaderos, donde cientos de trabajadores frotan, retuercen y golpean frenéticamente miles de camisas, telas, sarees y sábanas, que acaban luego empaquetadas en bolsas blancas e introducidas en camionetas que parten raudas a devolver los encargos. Viví un momento divertido con uno de los lavanderos, pues le dije que la semana pasada había perdido una camisa blanca por allí, y que si me podía ayudar a buscarla. El pobre hombre, sorprendido ante mi presencia, miró a su alrededor, y calculó las posibilidades de encontrar mi camisa entre las 6000 ó 7000 camisas que por allí habría, y acabó llamando a no sé quién, que me dijo que no se podía entrar en los lavaderos y me invitaron a irme. Mis piernas me sacaron de allí con rapidez.
Bueno, no quería dejar de hablaros de mi estancia en Mumbai, pero os prometo que esta semana os contaré lo vivido con mi mujersita en el sur de la India. Digno de un blog aparte.
Os dejo. Namaste.