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- Quique Porcar Garrett -
Aristócrata Indio convertido al Jainismo carnívoro y feroz. De estirpe anglosajona, destacó desde niño en la cria de flamencos paticortos haciendose muy famoso en bautizos y pasos a nivel. Ya de mayor se ganaba el jornal como sonámbulo en campos de golf, trabajo que le causó terribles dolores de cabeza.
Decidió entonces hacer carrera de periodista, y desde ese momento, junto con su amada Aga, no han parado de patearse medio mundo subidos a su burra famélica, hasta que esta se enamoró de un vendedor de naranjas de carretera y les abandonó justo a mitad de camino. Justo en el medio. En el oriente medio.

Atharva-Veda Syndicate
 
La moto
Hola a todos.
Como muchos sabéis, tengo una moto para moverme por la ciudad. Es cómodo y no tan peligroso como en principio puede parecer: es una vieja scooter que no pasa de 50 km/h y que ha pasado por mil manos hasta llegar a mí.
La aparco en el patio de mi casa normalmente, que se cierra por la noche, aunque a veces la dejo enfrente, entre los coches aparcados. Esto es algo que nunca más voy a hacer, tras el quijotesco suceso acaecido en estas tierras de sopor, indolencia y absurdo desasosiego.
El jueves de la semana desapareció mi montura. Sin dejar rastro ni huella, sin previo aviso, bajé de casa por la mañana y no estaba donde la había dejado, ni por ningún lado. Mi decepción fue enorme, ya que aunque no pagué nada por ella (herencia de otros becarios), su desaparición suponía inversión extra de tiempo, dinero y esfuerzo en buscar una nueva.
El robo me extrañó, pues a pesar de que no tenía ni candado y aquí te abren las cerraduras en un santiamén, mi casa está dentro de un bloque y sólo hay una salida, donde hay apostado siempre un guardia, atento y al acecho en todo momento, excepto cuando duerme. Le comenté a Shaym, mi escudero, la desaparición del rocín, y me dijo que vuesa merced no se preocupase, que seguro que era una de las fechorías de la bruja que vive en la puerta de al lado, que con los anteriores becarios ya había entrado en lid y les había amargado la existencia. De hecho, la moto estaba justo al lado de su puerta cuando desapareció. La idea era que hubiera llamado a la policía y ésta se hubiera llevado el vehículo a algún depósito.
El propietario de mi casa, un noble sikh que vive en el piso de bajo, coincidió con Shaym en reconocer la bellaquería de la vecina, aunque al preguntar a los guardias de la entrada, nadie dijo haber visto nada, y menos una grua llevándose una moto.
Al día siguiente Shaym y yo nos dirigimos a una de las oficinas de la policía, a desfacer el entuerto. Quijote y Sancho contra los molinos de viento burocráticos indios.
La primera comisaría a la que fuímos era un pequeño edificio rodeado por innumerables motos polvorientas, y realmente uno percibía la impronta colonial en el lugar, ya que estoy convencido que desde que los ingleses se fueron, nadie ha tocado nada en ese lugar, me atrevo a decir que hasta los archivos están intactos. Unos policías iban de arriba a abajo, se gritaban, mientras otros ni se inmutaban y se dedicaban a hurgarse los dientes o atusarse los bigotes.
Nos dijeron que nuestra moto no estaba ahí, que teníamos que ir a otro distrito.
La siguiente comisaria era peor, estaba daba hasta asco, el suelo estaba húmedo, olía a orín por todos los lados, y la suciedad impregnaba todo el mobiliario. Me alegré de saber que tampoco estaba allí.
Acabamos en una tercera comisaría, ésta más grande y un poco mejor organizada, y aquí jugaron con nosotros enviándonos de despacho en despacho hasta que acabamos en una oscura habitación, con un par de mesas y cuatro jergones, sentados esperando a que el policía que nos ayudaría acabase su té. Tras sorber ruidosamente hasta la última gota del contenido de una taza inmunda, nos dijo que el ordenador diría dónde estaba la moto, si es que estaba. Se fue.
Volvió a los 10 minutos, y nos dijo que el ordenador diría dónde estaba la moto, si es que estaba. Se volvió a ir.
Regresó al cabo de 5 minutos, y nos dijo que el ordenador diría dónde estaba la moto, si es que estaba. Por tercera vez nos dejó en la penumbra.
Al rato, cansado ya de contar las moscas y de observar un ratón centinela que correteaba por la sala, me levanté y me dispuse a marcharme y dejar de perder el tiempo en ese antro, y justo en ese momento, entró el policía, y me dio en un tono muy neutral que la moto estaba allí. De hecho, salí de la habitación y el gendarme me señaló hacia un lado, y a escasos 4 metros de mí, estaba mi motito, triste y sola, pero entera. Proferí una sonora carcajada de alivio e incredulidad, y le estreché fuertemente la mano al desconcertado policía que, sin arquear ni una ceja, se despidió y volvió al cuarto a beber más té.
Pero de nuevo, el destino aún me reservaba una mala pasada, había cantado victoria muy pronto.
Por un lado, los papeles de la moto están a nombre de un tal Hare Pathaky, dios sabe quién es, por lo que cómo demostraba yo que la moto era mía. Y segundo, había que escribir un papel que se tenía que cuñar en la primera comisaría que habíamos visitado, para validar la retirada de la moto. Dejé estas tareas a Shaym, junto con 500 rupias que no he vuelto a ver, y mi vida prosiguió hasta esta mañana.
Hoy he ido con Shaym y con el papel ya cuñado a retirar la moto. Hemos pasado de nuevo por tres despachos más, hemos tenido que ir a fotocopiar los documentos, y de nuevo me veía enfrentándome a nuevos molinos de viento, esta vez en forma de policía cabrón esperando un soborno, pues os recuerdo que mi nombre no es Hare Pathaky, legítimo propietario de la moto.
Al final, he obtenido el permiso y he podido arrancar la moto, y justo cuando me iba, un señor se ha nos puesto a gritar como un loco. Quería dinero por la gasolina de la grúa. Me he cabreado, le he gritado más, le he dicho que me negaba en redondo a darle una sóla rupia, que qué se creía... Al final le he dado cien rupias (dos euros) y me he largado de allí con mi moto.
Pero, oh destino traicionero, una última jugarreta de Vishnú se ha cernido sobre mí. La moto, como no, tiene roto un piloto (además de un piloto asqueado, yo) y hace un ruido muy raro que antes de pasar por las manos de la policía india no estaba. No obstante, me puedo dar con un canto en los dientes.

Agradeceré comentarios de apoyo psicológico e insultos prácticos para mi vecina, la artífice de tamaño desaguisado.
 
Comentario:
Lo último que me esperaba es que la moto apareciese, es alucinante, porque seguro que aquí brillaría por su ausencia. Me encantan tus historias, besos
 
Comentario:
No te enfades con la vecina... enfádate con Sancho.Shaym lo ha urdido todo para sacarte 500 rupias. Maldito sea!
 
Comentario:
jooooobar... te la llegan a robar en Barcelona y seguro que no la vuelves a ver... para mi que el ladron era hindu y empezo a pensar en como seria su proxima reencarnacion si no devolvia la moto a la policia...
:)
 
Comentario:
Una cabeza de caballo en la cama debería bastar para la vecina; para todo lo demás, Mastercard.
 
Comentario:
hola quiqe,gracias por la etimologia esta interesante. esspero que ya te encuentres bien. bsots.
 
Comentario:
Just tell that nasty, fat, greasy haired, curry slurping muvver of a smarmy indian slug that if she ever touches your dinky little bike again she will have to listen to Guillermo singing "I´m in love with a black man" while standing on a bed of nails in the middle of Delhi market dressed as a fakir. If thats not enough to put her off, I dont know what will....
 
Comentario:
Maldita barriguda bigotuda y verrugosa mugre de mujer, ojala te pilles los dedos con la puerta de un ricksaw y te arrastre calle abajo recojiendo con tu escorbutada boca de buey toda la putrefaccion que dejas al andar.

Asi va bien, o puedo ser mas practico..

Tranquilo Sr. Livingstone, anecdotas como estas son las que te hacen la existencia en el pais de los Apus, mas amena y de paso a nosotros nos entretienen un rato jeje.

Asi que no te enojes y aprende de este compañero tuyo de viajes y pegate unos bailes antes de gritarle al pobre gruero nen..

El tio trotamundos bailongo
No