Montañas, selvas y campos de té
Namaste amigos. Retomo mi relato donde lo dejé, en Kochi.
Desde aquí, el día 1 de enero hicimos una excursión excelente por los llamados Backwaters, que son un entramado de ríos, canales y lagos que cubren gran parte de las tierras bajas de Kerala.
En estos remansos, los pueblos se apiñan en estrechas franjas de tierra, entre palmerales, plataneros y campos de arroz, y el mejor modo de desplazarse es, además de la carretera, el transbordador o la canoa.
Mediante una agencia de viajes se puede concertar una visita en canoa a algunas de las zonas de los backwaters, y esto realmente vale cada rupia que uno pague, pues los paisajes son increíbles. Pasamos a través de estrechos canales entre los bosques y los palmerales, y de vez en cuando paramos a visitar alguno de los pueblos, compuestos en su mayoría por unas cuantas casas unifamiliares, con sus pollos, su barca, su abuela desdentada... Pudimos ver cómo fabrican artesanalmente cuerdas, cómo trepan por las palmeras para recoger los cocos, y visitar un jardín con un montón de hierbas medicinales. En Kerala practican bastante la homeopatía, de hecho es la cuna de la medicina ayurvédica, basada en medicinas naturales, los masajes y el equilibrio del cuerpo como mejor defensa ante las enfermedades. Por la tarde, una embarcación nos llevó por uno de los grandes canales de nuevo hasta Kochi.
Al día siguiente, tras visitar el mercado de especias, partimos hacia el interior de Kerala, hacia la cordillera de los Ghats Occidentales, para visitar Munnar, pueblo montañero famoso por sus espectaculares campos de té.
Y, en efecto, son espectaculares. Nunca había visto nada igual, pues son kilómetros y kilómetros de arbustos de un verde brillante, todos ellos recortados a la misma altura, y extendiéndose por lo largo y ancho de suaves colinas o abruptos valles.
Aquí permanecimos sólo un día, en el que pudimos visitar un parque nacional y disfrutar de unas magníficas vistas, pero partimos pronto hacia lo que ha sido, en mi opinión, lo mejor del viaje, la visita al santuario de la naturaleza de Periyar.
Es conveniente hacer un alto en el relato para remarcar el hecho de que las distancias recorridas, si bien breves, resultan eternas e intensas, pues podréis imaginar lo que tarda un autobús que para donde lo solicitan, a través de las carreteras de montaña, llenas de baches y curvas, en recorrer 120 kilómetros: de cuatro a cinco horas. A pesar de la dureza del trayecto, las vistas, la gente que sube y las paradas en los pueblos compensa con creces el dolor de culo.
Para ver el parque de Periyar hay que llegar hasta Kumily, un pueblecillo acostumbrado a recibir foráneos, pues es también punto partida de peregrinación de un santuario que, según algunos, es el peregrinaje más grande del mundo. Los peregrinos llegan hasta aquí desde toda India e incluso del extranjero (Sri Lanka, Bangladesh), para venerar al dios Ayappa en el templo de Sabarimala. Ver :
Templo de Sabarimala
En el parque, que visitamos junto a un guía local que pertenecía a una tribu de la montaña, pasamos tres horas absolutamente de película, pues vimos 2 elefantes salvajes, bisontes, lagartos de enormes dimensiones, y el highlight, unas huellas de tigre. El guía parecía directamente salido de una película de Tarzán, a pesar del uniforme caqui que llevaba. Sabía interpretar todos los signos de la naturaleza, como ramas rotas, huellas, cagarros... Vimos también unos enormes pájaros negros, llamados en inglés Great Hornbill, además de loros, martines pescadores, etc. Muy interesante.
Hasta mañana.
Desde aquí, el día 1 de enero hicimos una excursión excelente por los llamados Backwaters, que son un entramado de ríos, canales y lagos que cubren gran parte de las tierras bajas de Kerala.

En estos remansos, los pueblos se apiñan en estrechas franjas de tierra, entre palmerales, plataneros y campos de arroz, y el mejor modo de desplazarse es, además de la carretera, el transbordador o la canoa.
Mediante una agencia de viajes se puede concertar una visita en canoa a algunas de las zonas de los backwaters, y esto realmente vale cada rupia que uno pague, pues los paisajes son increíbles. Pasamos a través de estrechos canales entre los bosques y los palmerales, y de vez en cuando paramos a visitar alguno de los pueblos, compuestos en su mayoría por unas cuantas casas unifamiliares, con sus pollos, su barca, su abuela desdentada... Pudimos ver cómo fabrican artesanalmente cuerdas, cómo trepan por las palmeras para recoger los cocos, y visitar un jardín con un montón de hierbas medicinales. En Kerala practican bastante la homeopatía, de hecho es la cuna de la medicina ayurvédica, basada en medicinas naturales, los masajes y el equilibrio del cuerpo como mejor defensa ante las enfermedades. Por la tarde, una embarcación nos llevó por uno de los grandes canales de nuevo hasta Kochi.
Al día siguiente, tras visitar el mercado de especias, partimos hacia el interior de Kerala, hacia la cordillera de los Ghats Occidentales, para visitar Munnar, pueblo montañero famoso por sus espectaculares campos de té.Y, en efecto, son espectaculares. Nunca había visto nada igual, pues son kilómetros y kilómetros de arbustos de un verde brillante, todos ellos recortados a la misma altura, y extendiéndose por lo largo y ancho de suaves colinas o abruptos valles.
Aquí permanecimos sólo un día, en el que pudimos visitar un parque nacional y disfrutar de unas magníficas vistas, pero partimos pronto hacia lo que ha sido, en mi opinión, lo mejor del viaje, la visita al santuario de la naturaleza de Periyar.
Es conveniente hacer un alto en el relato para remarcar el hecho de que las distancias recorridas, si bien breves, resultan eternas e intensas, pues podréis imaginar lo que tarda un autobús que para donde lo solicitan, a través de las carreteras de montaña, llenas de baches y curvas, en recorrer 120 kilómetros: de cuatro a cinco horas. A pesar de la dureza del trayecto, las vistas, la gente que sube y las paradas en los pueblos compensa con creces el dolor de culo.
Para ver el parque de Periyar hay que llegar hasta Kumily, un pueblecillo acostumbrado a recibir foráneos, pues es también punto partida de peregrinación de un santuario que, según algunos, es el peregrinaje más grande del mundo. Los peregrinos llegan hasta aquí desde toda India e incluso del extranjero (Sri Lanka, Bangladesh), para venerar al dios Ayappa en el templo de Sabarimala. Ver :
Templo de Sabarimala
En el parque, que visitamos junto a un guía local que pertenecía a una tribu de la montaña, pasamos tres horas absolutamente de película, pues vimos 2 elefantes salvajes, bisontes, lagartos de enormes dimensiones, y el highlight, unas huellas de tigre. El guía parecía directamente salido de una película de Tarzán, a pesar del uniforme caqui que llevaba. Sabía interpretar todos los signos de la naturaleza, como ramas rotas, huellas, cagarros... Vimos también unos enormes pájaros negros, llamados en inglés Great Hornbill, además de loros, martines pescadores, etc. Muy interesante.
Hasta mañana.
Comentario:
I only hope you have taken some good photos.I am absolutely marvelled reading what you have seen.The only way we can share and vision this journey with you is through the photos.So get them mailed quickly.
Comentario:
¿Eso tiene algo que ver con la región del Djardelim? Creo que eso quedaba más al norte, pero por lo que describes es igual.






