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¿Existe el destino? (Primera Parte)

Desde los comienzos de la historia, insólitas coincidencias han venido reforzando la convicción de que la vida está sujeta al influjo de fuerzas ocultas. Los acontecimientos que parecen violar milagrosamente las leyes de la probabilidad han sido atribuidos a la voluntad de dioses o demonios, de Dios o de Satán.


En 1994, un alemán de 60 años llamado Cor Stoop hizo un crucero, se mareó y perdió la dentadura postiza por la borda. Más tarde, un pescador pescó un bacalao que se había tragado una dentadura. Tras escucharlo en la radio, Stoop contactó con el pescador y recuperó su dentadura.

En los años 30, en Detroit, un hombre llamado Joseph Figlock se iba a convertir en un héroe en la vida de una joven (y aparentemente, increíblemente descuidada) madre. Mientras Figlock caminaba por la calle, el bebé de esa mujer cayó desde una alta ventana sobre Figlock, que paró su caída, resultando ambos ilesos. Un año más tarde, el mismo bebé cayó de la misma ventana, aterrizando de nuevo sobre Figlock mientras pasaba por debajo. Una vez más, ambos sobrevivieron.

En el siglo XIX en Austria, un pintor llamado Joseph Aigner intentó suicidarse en varias ocasiones. En su primer intento de ahorcarse a la edad de 18 años, Aigner fue interrumpido por un misterioso monje capuchino. De nuevo a los 22 años, el mismo monje volvió a impedir que se ahorcara. Ocho años más tarde, fue sentenciado a la horca por sus actividades políticas. Pero de nuevo, su vida fue salvada por la intervención del mismo monje. A los 68 años, Joseph Aigner finalmente consiguió suicidarse, usando una pistola para dispararse. No fue sorpresa que su funeral fuese conducido por el mismísimo monje capuchino – un hombre cuyo nombre Aigner nunca supo.

En Beatrice, Nebraska, en 1 de Marzo de 1950, todos los miembros del coro citados para acudir a la práctica de grupo llegaron tarde. Las razones por las que cada uno llegó tarde no tenían ninguna relación. Pero fue un golpe de suerte, porque a las 7:20 la iglesia fue destruida por una explosión de gas.

Una madre alemana que fotografió a su hijo en 1914 dejó la película para revelar en una tienda de Estrasburgo, pero no pudo ir a recogerla porque estalló la primera Guerra Mundial. En aquellos tiempos la película fotográfica se vendía para fotos sueltas. La mujer dio por perdida la foto, hasta que dos años más tarde compró una película en Frankfurt, a unos 160 kilómetros de distancia, para tomar una foto de su hija recién nacida. Cuando revelaron la película resultó haber una doble exposición, con la foto de su hija sobre la vieja foto de su hijo. Mediante un increíble giro del destino, su película original, que nunca fue revelada, fue etiquetada erróneamente como no usada, y fue revendida casualmente a la misma persona.

En 1973, el actor Anthony Hopkins accedió a aparecer en “La chica de Petrovka”, basada en la novela de George Feifer. Incapaz de encontrar una copia del libro en tdo Londres, Hopkins se sorprendió de encontrar una sobre un banco de una estación de tren. Resultó ser el ejemplar personal de George Feifer lleno de anotaciones, que Feifer había prestado a un amigo, a quien se la robaron del coche.

En Ohio, los hermanos gemelos Jim Lewis y Jim Springer fueron separados al nacer y adoptados por diferentes familias. Desconociéndolo, ambas familias llamaron a los niños James. Ambos James crecieron sin saber el uno del otro, pero ambos recibieron entrenamiento en el cumplimiento de las leyes, ambos tenían habilidades en dibujo técnico y carpintería, cada uno se casó con una mujer llamada Linda. Ambos tuvieron hijos, el de uno llamado James Alan y el del otro James Allan. Los gemelos también se divorciaron de sus mujeres para casarse con otras (ambas llamadas Betty). Y ambos tuvieron perros a los que llamaron Toy. A los cuarenta años, estos hombres se encontraron y pudieron hablar de sus idénticas vidas.

En 1883, Henry Ziegland rompió con su novia que terminó suicidándose. El hermano de la chica, lleno de ira, disparó a Ziegland. Tras esto, el hermano se quitó la vida. Pero Ziegland no había sido asesinado. La bala sólo le rozó la cara, incrustándose en un árbol. Se salvó por los pelos. Años más tarde, Ziegland decidió cortar ése mismo árbol, que aún tenía la bala dentro. El árbol era tan enorme que decidió volarlo con dinamita. La explosión propulsó la bala hacia la cabeza de Ziegland, matándolo.

Si la densidad del universo un segundo después del Big Bang hubiese sido mayor en una parte entre mil billones, el universo se habría recolapsado tras diez años. Si, al contrario, la densidad hubiese sido menor en la misma parte, el universo habría estado esencialmente vacío al cabo de unos diez años.

En 1975, mientras montaba un ciclomotor en Bermuda, un hombre fue atropellado por un taxi. Un año más tarde, el hermano de este señor murió de la misma manera. De hecho, montaba el mismo ciclomotor. Y para colmo, fue atropellado por el mismo taxi conducido por el mismo hombre ¡que incluso llevaba el mismo pasajero!
 
Comentario:
A mí me da mal rollo, me recuerda a la película "Destino Final"...
 
Comentario:
Me encantan estas historias de casualidades, yo misma tengo una pero me la guardo para un post ;).
¿Existe el destino? Ni idea, pero cuando lees estas cosas parece que sí.

Besos
No