Burro (ase, ruc) català.
¿Distintivos autonómicos en las matrículas? Los catalanes lo han solucionado con humor.

Es un movimiento de protesta que está arraigando en las tierras catalanas, porque, además, es un símbolo simpático, tan español como el toro, pero al que le falta la prepotencia de los cuernos y la furia. Al burro lo que quizá le sobra es cabezonería. Yo le puse uno al coche cuando estuvimos recientemente en Cataluña, y he traído varios para los amigos. Aquí, en el pueblo, todavía hay burros, es una imagen entrañable para nosotros. Así que, sin quererlo, nos encontramos de lleno con que nuestro coche ya lleva el distintivo "autonómico" , aunque de una 'autonomía' que no nos corresponde. Si encuentro una bandera andaluza, puede que también se la ponga, y un madroño, que tengo uno en el jardín y me parece muy bonito.

Es un movimiento de protesta que está arraigando en las tierras catalanas, porque, además, es un símbolo simpático, tan español como el toro, pero al que le falta la prepotencia de los cuernos y la furia. Al burro lo que quizá le sobra es cabezonería. Yo le puse uno al coche cuando estuvimos recientemente en Cataluña, y he traído varios para los amigos. Aquí, en el pueblo, todavía hay burros, es una imagen entrañable para nosotros. Así que, sin quererlo, nos encontramos de lleno con que nuestro coche ya lleva el distintivo "autonómico" , aunque de una 'autonomía' que no nos corresponde. Si encuentro una bandera andaluza, puede que también se la ponga, y un madroño, que tengo uno en el jardín y me parece muy bonito.
Septiembre.
Hoy mi cari ha venido inusualmente pronto. Tenía una visita programada por la zona para última hora, y la ha adelantado para tomarse el aperitivo conmigo. Ha traído bombones, y flores (margaritas y lantanas) de un jardín vecino.
Quería que brindáramos por este maravilloso día de (todavía) verano. Quería que lo disfrutáramos juntos, en el jardín, tomando el sol y con un martini en manos, porque a partir de ahora cualquier día puede ser el último del verano, de este verano que tanto y tan bien estamos disfrutando.
Y me ha alegrado que viniese, porque he estado toda la mañana deseando que ocurriese algo que me sacara de la rutina, deseando tener una excusa para perderme en el jardín, deseando compartir con alguien la luminosidad y el calorcillo de este precioso día de septiembre, en el que, en otras circunstancias, estaría encerrada en un despacho, sin luz natural, sin ventilación...
Me asusta un poco ir viendo que se hace realidad casi todo lo que deseo...
Quería que brindáramos por este maravilloso día de (todavía) verano. Quería que lo disfrutáramos juntos, en el jardín, tomando el sol y con un martini en manos, porque a partir de ahora cualquier día puede ser el último del verano, de este verano que tanto y tan bien estamos disfrutando.
Y me ha alegrado que viniese, porque he estado toda la mañana deseando que ocurriese algo que me sacara de la rutina, deseando tener una excusa para perderme en el jardín, deseando compartir con alguien la luminosidad y el calorcillo de este precioso día de septiembre, en el que, en otras circunstancias, estaría encerrada en un despacho, sin luz natural, sin ventilación...
Me asusta un poco ir viendo que se hace realidad casi todo lo que deseo...
"Amigos"
Un día, la nena me estuvo observando un rato en silencio mientras yo escribía.Cuando percibí que la tenía a mis espaldas, le pregunté por qué estaba allí, mirándome, tan calladita. Dijo que quería saber qué escribía. Entonces cerré, y nos pusimos a conversar.
Le expliqué que, como ella sabía, en este mundo real yo no tenía muchos amigos, y los que tenía, no podía verlos todos los días para charlar un rato con ellos. Además, me pasaba muchas horas en casa, porque estaba enferma y no iba a trabajar. Tenía que practicar lo que me enseñaban en el curso de informática, y estaba mucho tiempo delante de la pantalla. Así, había descubierto otro mundo, al que se llegaba a través de los cables, como cuando hablas por teléfono, donde había más gente que, como yo, pasaba muchas horas con el ordenador y tampoco podía ver a sus amigos todos los días, y que por eso nos íbamos buscando y encontrando unos a otros.



Me preguntó entonces si había conocido a mucha gente por ese método.
Mucha no, le dije, pero sí cuatro o cinco con los que me gusta tener un poco de contacto todos los días. Yo leo lo que ellos ecriben, y ellos leen lo que escribo yo.
Y quiénes son, insistía.
Pues no lo sé, porque realmente no les conozco.
Y cómo se llaman.
Le dije los nombres con los que firman sus escritos, y pareció convencida.
Dónde viven
Lejos, por eso nos escribimos, no nos vemos.
Y Tienes alguna foto?
Bueno, no son sus caras exactamente, pero sí, tengo fotos.
Me las enseñas?
Claro, son éstas.
Para enseñarle las fotos tuve que abrir de nuevo y, por error, apareció mi nombre (amanda). Esa soy yo, le dije, me he inventado un nombre, como haces tú cuando juegas con tus amigas.
Y una foto, mamá ¿te has inventado una foto?
Sí, me la inventé un día en el que hablaba de mí. A ver si te gusta.

Mamá, te has inventado demasiado gorda...
(Buen) cine.
En estos días en que la gente habla tanto de "Mar adentro", los que la han visto y los que no, los que quieren verla y los que se niegan a hacerlo, los que pontifican y los que destruyen, que incluso he leído editoriales y sesudos artículos de opinión sobre ella, yo quiero decir que el viernes pasado vi (volví a a ver) "El último tango en París", y, con una diferencia de treinta años, me pareció tan desgarradora, tan triste, tan poética, tan sincera, tan bella, tan bien interpretada, con una banda sonora tan adecuada, como el primer día. Me sabía el final, claro. Que volvió a parecerme inquietante. Por lo previsible. Porque no es así como se ama. ¿O sí?


Hoy he vuelto de la ciudad...
...con la satisfacción de haber dejado una puerta entreabierta. Por la que a partir de ahora tanto se va a poder entrar como salir, lo sé, a eso me arriesgo. Mi deseo es que sean más las cosas y personas que entren que las que salgan, pero es tan sólo eso, un deseo...
Y con un libro nuevo.
Y con un libro nuevo.
Esta tarde, la nena ha ido de cumpleaños...
...y yo me he quedado en casa, tan ricamente. Porque es la ventaja de los cumpleaños en un pueblo pequeño. Que cuando los niños llegan a esa edad en la que les puedes dejar solos, las mamás podemos quedarnos en casa. Y eso, el ayudarla a prepararse, el peinarla, el ponerle colonia, el procurar que no se olvide de coger el regalo, me ha hecho recordar años pasados, en los que me veía en la obligación de vestirme, prepararme, peinarme y ponerme colonia para ir , yo también, de cumpleaños. Y yo no lo disfrutaba como ella, porque las reuniones de mamás, si no son en mi casa, donde controlo la situación, porque no estoy quieta ni un momento, nunca han sido mi plato preferido.
Yo no soy una persona de diálogo fácil, de conversación ligera y entretenida, he preferido siempre escuchar, no sólo porque se me da mejor que hablar, sino también porque me cuesta un poco integrarme en grupos ya formados, donde existe una complicidad que no llego a traspasar, en el que me siento extraña y, a menudo, lejana. Llega un momento, además, en el que percibes que el resto de la gente se da cuenta de eso, y entonces es cada vez un poco más difícil, como si la muralla fuese subiendo de nivel. Hasta que pierdes por completo la partida. A partir de ese momento, lo que parecía difícil, pasa a convertirse en imposible. Así que los cumpleaños habían llegado a convertirse en una especie de penitencia para mí. Peor que ir al dentista. O al ginecólogo.
No se crea, sin embargo, que me quedo tan tranquila. Porque, otra de las ventajas de los pueblos pequeños con buen clima, es que los cumpleaños se celebran, si uno no tiene jardín, ¡en la calle! y ahí es donde me duele que la nena no vaya acompañada. Porque yo, mamá babosa, tengo por costumbre vigilar, a veces de una manera compulsiva, todos los movimientos de la nena en situaciones y lugares potencialmente peligrosos. Y la calle, por pequeño que sea el pueblo, no deja de ser el reino de los vehículos, y los niños, los reyes de la inconsciencia.
Así que, pasado el momento de euforia porque he podido quedarme en casa y librarme de la "incomodidad" que para mí supone perder esta gloria de tarde (porque tendríais que ver la tarde que hace), llega un momento en el que me visto, me arreglo, me peino y me pongo colonia y, como quien no quiere la cosa, me dejo caer por la zona donde los niños que están en el cumpleaños corren, saltan, se persiguen y juegan al balón, sin importarles estar en medio de una calle por la que, en cualquier momento, puede pasar un coche con una persona despistada al volante, o, lo que es peor, una de las muchas motos de adolescentes preocupados únicamente de hacerse ver, posiblemente el vehículo más peligroso con el que puedes cruzarte.
Yo no soy una persona de diálogo fácil, de conversación ligera y entretenida, he preferido siempre escuchar, no sólo porque se me da mejor que hablar, sino también porque me cuesta un poco integrarme en grupos ya formados, donde existe una complicidad que no llego a traspasar, en el que me siento extraña y, a menudo, lejana. Llega un momento, además, en el que percibes que el resto de la gente se da cuenta de eso, y entonces es cada vez un poco más difícil, como si la muralla fuese subiendo de nivel. Hasta que pierdes por completo la partida. A partir de ese momento, lo que parecía difícil, pasa a convertirse en imposible. Así que los cumpleaños habían llegado a convertirse en una especie de penitencia para mí. Peor que ir al dentista. O al ginecólogo.
No se crea, sin embargo, que me quedo tan tranquila. Porque, otra de las ventajas de los pueblos pequeños con buen clima, es que los cumpleaños se celebran, si uno no tiene jardín, ¡en la calle! y ahí es donde me duele que la nena no vaya acompañada. Porque yo, mamá babosa, tengo por costumbre vigilar, a veces de una manera compulsiva, todos los movimientos de la nena en situaciones y lugares potencialmente peligrosos. Y la calle, por pequeño que sea el pueblo, no deja de ser el reino de los vehículos, y los niños, los reyes de la inconsciencia.
Así que, pasado el momento de euforia porque he podido quedarme en casa y librarme de la "incomodidad" que para mí supone perder esta gloria de tarde (porque tendríais que ver la tarde que hace), llega un momento en el que me visto, me arreglo, me peino y me pongo colonia y, como quien no quiere la cosa, me dejo caer por la zona donde los niños que están en el cumpleaños corren, saltan, se persiguen y juegan al balón, sin importarles estar en medio de una calle por la que, en cualquier momento, puede pasar un coche con una persona despistada al volante, o, lo que es peor, una de las muchas motos de adolescentes preocupados únicamente de hacerse ver, posiblemente el vehículo más peligroso con el que puedes cruzarte.
Quiero un portátil.
Ahora resulta que mi cari, no sé por qué extraña magia, se ha quedado sin ordenador. Así que éste en el que me encuentro (por fin ha llegado mi hora), que compartía con la nena en una proporción 90-10 más o menos, ha pasado a ser compartido 80-10-10, y a mi me toca uno de los dieces, claro... O sea, que me toca las narices. Que a veces las esperas son peores que en la cola de un Macdonald's un viernes por la noche. Ya no sé en qué idioma decirle que quiero un portátil, porque así no les molesto, que yo me voy al jardín a hacer mis tonterías y ellos, que lo necesitan para cosas muy, pero que muy serias, no me tienen impaciente mirando el reloj, esperando que llegue mi turno. Y estoy constatando algo que antes ya tenía muy claro. Que, diga lo que diga y en el idioma que lo diga, nunca hablamos el mismo idioma. Y resulta que ésa es otra de las grandes diferencias (tema sobre el que no me voy a extender ahora, creo que se me acaba el tiempo) que existen entre nosotros: que yo intento comprenderlo todo, aunque me lo digan en un idioma que desconozco, aunque a veces fuese mejor no comprenderlo, y ellos la mayoría de las veces, ni siquiera me escuchan.Por eso hoy voy a volver a gritar ¡¡¡¡¡QUIERO UN PORTATIL!!!!!
Disculpen, últimamente estoy un poco gritona.
Un viaje, tres destinos (IV).
Nuestra entrada en Barcelona fue magistral.
Directamente al Forum, Puerto, Ramblas... Lo primero era buscar hotel; necesitábamos salir del coche, un baño reparador, cambiarnos de ropa, empezar a disfrutar de la ciudad. No nos resultó ni demasiado fácil, ni demasiado complicado. Simplemente, dimos un par de vueltas más por la ronda, pensamos que sería más fácil por la zona del Forum, y así fue. Con garage, no queríamos volver a sacar el coche (llevábamos el maletero lleno de paquetes con piezas de cerámica...). Un par de horas más tarde, éramos tres personas nuevas dispuestas a pasearnos las Ramblas en hora punta. Flores, quioscos que parecen grandes almacenes, terrazas, mimos, el Liceo, La Boquería, cines, hoteles, teatros, gente paseando, gente mirando, gente descansando, gente disfrutando, gente trabajando...Parecía que todos los 'turistas' y todos los 'viajeros' estuviésemos ahí.

Y un poco de barrio gótico...y la catedral...y los callejones de la zona comercial...Entre terraza y terraza, entre cerveza y cerveza, planeamos un poco el día siguiente: Tibidabo, Montjuic, Puerto olímpico, Acuario...Pero estábamos cansados, la nena tenía sueño, se aburría con los paseos 'sin objetivo' (nuestro único objetivo era "ver", pero ella todavía no lo entiende), así que nos fuimos al hotel. Las camas parecían buenas, y todos necesitábamos dormir. El viernes se presentaba intenso. Quizá ésa fue la más completa noche del viaje.
Directamente al Forum, Puerto, Ramblas... Lo primero era buscar hotel; necesitábamos salir del coche, un baño reparador, cambiarnos de ropa, empezar a disfrutar de la ciudad. No nos resultó ni demasiado fácil, ni demasiado complicado. Simplemente, dimos un par de vueltas más por la ronda, pensamos que sería más fácil por la zona del Forum, y así fue. Con garage, no queríamos volver a sacar el coche (llevábamos el maletero lleno de paquetes con piezas de cerámica...). Un par de horas más tarde, éramos tres personas nuevas dispuestas a pasearnos las Ramblas en hora punta. Flores, quioscos que parecen grandes almacenes, terrazas, mimos, el Liceo, La Boquería, cines, hoteles, teatros, gente paseando, gente mirando, gente descansando, gente disfrutando, gente trabajando...Parecía que todos los 'turistas' y todos los 'viajeros' estuviésemos ahí.

Y un poco de barrio gótico...y la catedral...y los callejones de la zona comercial...Entre terraza y terraza, entre cerveza y cerveza, planeamos un poco el día siguiente: Tibidabo, Montjuic, Puerto olímpico, Acuario...Pero estábamos cansados, la nena tenía sueño, se aburría con los paseos 'sin objetivo' (nuestro único objetivo era "ver", pero ella todavía no lo entiende), así que nos fuimos al hotel. Las camas parecían buenas, y todos necesitábamos dormir. El viernes se presentaba intenso. Quizá ésa fue la más completa noche del viaje.
Cincuenta años.
Mi cuñado J. los cumplió hace unos días. Yo soy la próxima. Así que tendré que empezar a entrenar los músculos de la mandíbula, porque, desde su experiencia, dice que ésta es la cara que se te queda...


Porque creo que no sabes...
...que (todavía) te quiero, permíteme la licencia de decírtelo hoy en público y a gritos
¡¡¡¡¡TEEEEEEEEEEE...........QUIEROOOOOOOOOOOO!!!!!
Permíteme también formular un deseo: que el eco de ese grito te acompañe como un susurro en el oído durante los muchos, muchísmos días que aún nos quedan por vivir...juntos.
Te pondría una canción, pero no sé si se puede poner música en un blog. Además, en eso de ponerle la música adecuada a cada momento, tú siempre has sido mejor que yo.
¡¡¡¡¡TEEEEEEEEEEE...........QUIEROOOOOOOOOOOO!!!!!
Permíteme también formular un deseo: que el eco de ese grito te acompañe como un susurro en el oído durante los muchos, muchísmos días que aún nos quedan por vivir...juntos.
Te pondría una canción, pero no sé si se puede poner música en un blog. Además, en eso de ponerle la música adecuada a cada momento, tú siempre has sido mejor que yo.
Bolsa de libros.
En un comentario sobre libros, derechos de autor, copias, préstamos, y esas cosas que tanto nos interesan, depositado en el otro yo de Bakunin (hay que leerlo), Priscila ha lanzado la idea de una "bolsa de libros". Allí os remito, no voy a explicarlo yo ahora.
Lo que sí voy a explicar es que quiero deshacerme de dos invitaciones para cuentas de gmail (aunque si yo tengo, es que ya tiene todo el mundo mundial), porque me asustan cada vez que abro el correo.
Y las voy a regalar, claro. Pero como he visto en otros blogs que se hacen "concursos", yo, que me paso por el forro los derechos de autor, y copio hasta las ideas, voy a hacer también uno. Facilito.
Una de ellas será para quien pueda ofrecerme (el título y modo de conseguirlo) una publicación (novela, relato corto...) de Dashiell Hammett que yo no tenga en mi particular colección de novela negra.
La otra para una de Raymond Chandler en las mismas condiciones.
Obviamente, de momento no voy a dar ninguna pista de las que tengo. Tendréis que confiar en mi. Si necesitáis referencias de mi honestidad, leed artículos anteriores.
Volveré el lunes. Feliz fin de semana a todas y todos.

Lo que sí voy a explicar es que quiero deshacerme de dos invitaciones para cuentas de gmail (aunque si yo tengo, es que ya tiene todo el mundo mundial), porque me asustan cada vez que abro el correo.
Y las voy a regalar, claro. Pero como he visto en otros blogs que se hacen "concursos", yo, que me paso por el forro los derechos de autor, y copio hasta las ideas, voy a hacer también uno. Facilito.
Una de ellas será para quien pueda ofrecerme (el título y modo de conseguirlo) una publicación (novela, relato corto...) de Dashiell Hammett que yo no tenga en mi particular colección de novela negra.
La otra para una de Raymond Chandler en las mismas condiciones.
Obviamente, de momento no voy a dar ninguna pista de las que tengo. Tendréis que confiar en mi. Si necesitáis referencias de mi honestidad, leed artículos anteriores.
Volveré el lunes. Feliz fin de semana a todas y todos.
Lo que vimos en la tele.
Vagabundeando hace unos días entre los blogs que suelo visitar con más o menos regularidad, encontré una caricatura de Sebastian Kruger que me removió un poco esa parte del cerebro donde se archivan los recuerdos
.
Desde La Bitácora Indescriptible me llegó la música de una de las series que veía (hace de ello cienes de años) casi sin perderme ni un capítulo, cuando le dedicaba tiempo a eso de ver la tele.
En la época en la que tampoco había tanto donde elegir, surgían desde la pantalla esas familias americanas que nada tenían que ver con el azúcar y la miel que tantas veces nos habían impuesto como american way of life.
Matrimonio con hijos rompía moldes, como también los rompieron Cheers, de la que surgió la inteligente Frasier, Los Simpson, Expediente X y puede que tres o cuatro más de las que se me escapa el título, aunque no las imágenes.
Fue la época en la que empezaban a funcionar las cadenas privadas, y luego el Plus, y CSD, la época en la que yo tenía las noches libres, porque aún no había nacido la nena, o era un bebé, y mi cari acababa de descubrir esa cosa de Internet, la época en la que yo pasaba muchas veladas sola delante del fuego y de la televisión.
También por entonces empezaron los guiñoles a darnos su particualr visión de las noticias del día, las únicas realistas en aquella época, creo recordar.
Han pasado los años, pero esa imagen me hizo revivir carcajadas, risas sutiles, buenos ratos y sobre todo, humo, mucho humo...
.

Desde La Bitácora Indescriptible me llegó la música de una de las series que veía (hace de ello cienes de años) casi sin perderme ni un capítulo, cuando le dedicaba tiempo a eso de ver la tele.
En la época en la que tampoco había tanto donde elegir, surgían desde la pantalla esas familias americanas que nada tenían que ver con el azúcar y la miel que tantas veces nos habían impuesto como american way of life.
Matrimonio con hijos rompía moldes, como también los rompieron Cheers, de la que surgió la inteligente Frasier, Los Simpson, Expediente X y puede que tres o cuatro más de las que se me escapa el título, aunque no las imágenes.
Fue la época en la que empezaban a funcionar las cadenas privadas, y luego el Plus, y CSD, la época en la que yo tenía las noches libres, porque aún no había nacido la nena, o era un bebé, y mi cari acababa de descubrir esa cosa de Internet, la época en la que yo pasaba muchas veladas sola delante del fuego y de la televisión.
También por entonces empezaron los guiñoles a darnos su particualr visión de las noticias del día, las únicas realistas en aquella época, creo recordar.
Han pasado los años, pero esa imagen me hizo revivir carcajadas, risas sutiles, buenos ratos y sobre todo, humo, mucho humo...
Llueve.
Llueve.Hace un par de horas todavía hacíamos planes para ir el sábado a la playa. De repente, y después de varios meses sin caer una gota, se ha puesto a llover. Nos hemos quedado pegados a la ventana. Parecemos niños, cada vez que llueve después de mucho tiempo. Podemos pasar horas viéndola caer. Oliendo la tierra, que huele diferente cada minuto que pasa mojándose. Viendo cómo las ramas de los árboles del jardín parece que se yerguen para poder recogerla toda, no hay que desperdiciar ni una milésima parte del agua que cae, por si se tarda de nuevo unos meses en volver a sentirla.
Es posible que hoy acabe el verano. Como es posible que mañana ya ni las plantas recuerden la lluvia que está cayendo hoy. Pero por el momento la estamos disfrutando. Y porque la estamos disfrutando la quiero compartir.
¿Está lloviendo en vuestros pueblos, en vuestras ciudades?
Un viaje, tres destinos (III)
El segundo destino, bajando hacia el sur, se centraba en las familiares tierras de l'Empordà de Josep Pla, uno de los iconos literarios por excelencia de mi cari.

Así que cogimos carretera y empezamos a bajar, casi sin planificación, sólo sabíamos que esa noche dormíamos en Barcelona, pero ni dónde ni a qué hora...
Como mi cari al volante es casi una máquina, sin necesidades físicas ni sicológicas, había que "obligarle" a parar de vez en cuando. Y yo tenía una parada programada.
Reconozco que tuve que engañarle un par de veces (yo iba marcando la ruta, me apropié del mapa) y, como el humor no era nada del otro mundo (las noches habían sido duras, pero eso ahora no lo cuento), con indicaciones lacónicas, casi monólogos, fui llevándole sin más explicaciones, al lugar donde quería. A La Bisbal, para ser precisa.
Porque una vez una amiga me regaló una pieza de cerámica fabricada allí y yo ahora quería más. Quería aprovechar que iba con todos los gastos pagados , porque de otro modo no me lo hubiese podido permitir.
Así que llegamos, aparcamos y paseamos. Pronto nos gustó a los tres. Y yo me llevé toda la cerámica que quise.
Pero el camino seguía, no habíamos llegado todavía al centro de su particular peregrinaje. Vuelta al coche, dirección, ahora ya ,Palafrugell. Donde ni siquiera nos apeamos!!!!
Los ánimos iban decayendo. Él se sentía cómodo conduciendo, pero la nena y yo casi estábamos desfallecidas. Las dos sabemos que hay momentos en los que conviene callar, y estábamos dentro de uno de ellos.
La luz, no obstante, volvió a brillar al llegar a Calella, apenas a cinco kilómetros, apenas a diez minutos, donde sí nos detuvimos.
La estampa de sus pequeñas playas, sus villas, su pequeño paseo, volvió a cautivarnos. Otra vez tuve la sensación de haber llegado.
Comimos como dioses, en un sitio precioso y una comida excelente, sin mirarnos siquiera, sin dirigirnos la palabra . Pero en algo nos debió influir el ambiente, la calma de nuevo, la mar, esta vez sí embravecida, porque el resto del viaje ya no fue lo mismo...

Palamós, S'agaró, otras dos etapas recorridas, adentrándonos en cada una de ellas de nuevo hasta el mar, pero ya como con más urgencia, dejamos de lado una carretera que en el mapa parecía sinuosa, que nos hubiera llevado junto al mar y los acantilados de la costa brava durante el resto del viaje, optamos por una vía más rápida, nos esperaba Barcelona, y ya necesitábamos llegar. No volvimos a hacer ninguna incursión más hacia la izquierda, hasta el mar, parecía que el tiempo apremiara, y quizá así fuese, aunque en ese momento no podíamos saberlo.

Así que cogimos carretera y empezamos a bajar, casi sin planificación, sólo sabíamos que esa noche dormíamos en Barcelona, pero ni dónde ni a qué hora...
Como mi cari al volante es casi una máquina, sin necesidades físicas ni sicológicas, había que "obligarle" a parar de vez en cuando. Y yo tenía una parada programada.
Reconozco que tuve que engañarle un par de veces (yo iba marcando la ruta, me apropié del mapa) y, como el humor no era nada del otro mundo (las noches habían sido duras, pero eso ahora no lo cuento), con indicaciones lacónicas, casi monólogos, fui llevándole sin más explicaciones, al lugar donde quería. A La Bisbal, para ser precisa.
Porque una vez una amiga me regaló una pieza de cerámica fabricada allí y yo ahora quería más. Quería aprovechar que iba con todos los gastos pagados , porque de otro modo no me lo hubiese podido permitir.Así que llegamos, aparcamos y paseamos. Pronto nos gustó a los tres. Y yo me llevé toda la cerámica que quise.
Pero el camino seguía, no habíamos llegado todavía al centro de su particular peregrinaje. Vuelta al coche, dirección, ahora ya ,Palafrugell. Donde ni siquiera nos apeamos!!!!
Los ánimos iban decayendo. Él se sentía cómodo conduciendo, pero la nena y yo casi estábamos desfallecidas. Las dos sabemos que hay momentos en los que conviene callar, y estábamos dentro de uno de ellos.
La luz, no obstante, volvió a brillar al llegar a Calella, apenas a cinco kilómetros, apenas a diez minutos, donde sí nos detuvimos.
La estampa de sus pequeñas playas, sus villas, su pequeño paseo, volvió a cautivarnos. Otra vez tuve la sensación de haber llegado.
Comimos como dioses, en un sitio precioso y una comida excelente, sin mirarnos siquiera, sin dirigirnos la palabra . Pero en algo nos debió influir el ambiente, la calma de nuevo, la mar, esta vez sí embravecida, porque el resto del viaje ya no fue lo mismo...
Palamós, S'agaró, otras dos etapas recorridas, adentrándonos en cada una de ellas de nuevo hasta el mar, pero ya como con más urgencia, dejamos de lado una carretera que en el mapa parecía sinuosa, que nos hubiera llevado junto al mar y los acantilados de la costa brava durante el resto del viaje, optamos por una vía más rápida, nos esperaba Barcelona, y ya necesitábamos llegar. No volvimos a hacer ninguna incursión más hacia la izquierda, hasta el mar, parecía que el tiempo apremiara, y quizá así fuese, aunque en ese momento no podíamos saberlo.
Re-construcción.
En casa estamos haciendo un ejercicio de reconstrucción. De cosas que nosotros mismos habíamos destruido.
Y no sé si lo estamos haciendo bien o mal, pero lo estamos intentando. Porque ya hemos perdido demasiadas oportunidades, y esas oportunidades perdidas forman parte de nuestras vidas igual que las que hemos aprovechado Que tampoco han sido demasiadas.
.
Sobre estas ruinas hemos de construir el nuevo edificio que albergue nuestras vidas. Nos está costando. Porque nuestras palabras parecen gigantes cuando pueden perjudicarnos, pero resultan pigmeos cuando intentan prestarnos un buen servicio. Y nuestro material de re- construcción, por el momento, se basa en las palabras.
Y no sé si lo estamos haciendo bien o mal, pero lo estamos intentando. Porque ya hemos perdido demasiadas oportunidades, y esas oportunidades perdidas forman parte de nuestras vidas igual que las que hemos aprovechado Que tampoco han sido demasiadas.
.Sobre estas ruinas hemos de construir el nuevo edificio que albergue nuestras vidas. Nos está costando. Porque nuestras palabras parecen gigantes cuando pueden perjudicarnos, pero resultan pigmeos cuando intentan prestarnos un buen servicio. Y nuestro material de re- construcción, por el momento, se basa en las palabras.
Un viaje, tres destinos (II)
Y allí nos quedamos tres días. El hotel ofrecía dos modalidades de alojamiento, y nosotros habíamos optado por un estudio (dormitorio, baño, minúscula cocina y saloncito), en planta baja, con vistas a la playa en la terracita. Viajando con la nena, sé que a las diez estamos en la cama, así que había que tener un poco más de espacio que en una habitación estándar, para esas horas de vigilia de los mayores.
Y la verdad es que resultó casi perfecto.
La playa que teníamos al alcance de la mano no era la más adecuada para bañarse, porque, además de que cubre un palmo escaso, es un embarcadero abierto, tanto el agua como la zona de ¿arena?. Además, pronto nos dimos cuenta de que la estampa es tan maravillosa, que la gente no va a Portlligat a bañarse, la gente va a mirar, a ver, a disfrutar del paisaje, y caminan, caminan, caminan...
En cualquier caso, para nosostros no representaba ningún contratiempo, porque queríamos recorrer la zona, viajarla, descubrirla, y parar allí donde nos pidiese el cuerpo, no teníamos ningún compromiso con ninguna playa en concreto. Y así lo hicimos. Después de un buen desayuno, salíamos con el coche a "buscar". Y la verdad es que la mayoría de las cosas que encontramos superaban nuestras expectativas.
Por la tarde, después de ducharnos, íbamos a Cadaqués a pasear, a mirar, a que nos viesen (ese es el deporte nacional de Cadaqués), y , aunque durante tres días recorrimos las mismas calles empinadas, los mismos rincones ocultos, pasando por delante de las mismas casas, los mismos patios, los mismos balcones, no dejábamos de asombrarnos con cada detalle, con cada persona que nos cruzábamos, con cada muestra de la manera de vivir y comportarse, tanto de la gente del lugar como de los forasteros, como nosotros. Aquello nos pareció otro mundo. No hay tráfico, porque el centro viejo del pueblo no admite el paso de un coche. Las calles son estrechas, empinadas y empedradas (ahí empecé yo a romperme). La gente camina, camina, camina...Hubo un primer momento en el que coincidimos mi cari y yo. Aquello era lo más parecido a Xauen que habíamos visto jamás. Y recordamos lo bien que habíamos estado en Xauen...
Así transcurrieron los tres días. Cuando llegó el momento de la marcha, a punto estuvimos de dejar una reserva hecha para el próximo puente, pero, bajando a la realidad, nos dimos cuenta de que todavía no sabíamos dónde y con quién estaríamos el próximo puente.
Y la verdad es que resultó casi perfecto.
La playa que teníamos al alcance de la mano no era la más adecuada para bañarse, porque, además de que cubre un palmo escaso, es un embarcadero abierto, tanto el agua como la zona de ¿arena?. Además, pronto nos dimos cuenta de que la estampa es tan maravillosa, que la gente no va a Portlligat a bañarse, la gente va a mirar, a ver, a disfrutar del paisaje, y caminan, caminan, caminan...
En cualquier caso, para nosostros no representaba ningún contratiempo, porque queríamos recorrer la zona, viajarla, descubrirla, y parar allí donde nos pidiese el cuerpo, no teníamos ningún compromiso con ninguna playa en concreto. Y así lo hicimos. Después de un buen desayuno, salíamos con el coche a "buscar". Y la verdad es que la mayoría de las cosas que encontramos superaban nuestras expectativas.
Por la tarde, después de ducharnos, íbamos a Cadaqués a pasear, a mirar, a que nos viesen (ese es el deporte nacional de Cadaqués), y , aunque durante tres días recorrimos las mismas calles empinadas, los mismos rincones ocultos, pasando por delante de las mismas casas, los mismos patios, los mismos balcones, no dejábamos de asombrarnos con cada detalle, con cada persona que nos cruzábamos, con cada muestra de la manera de vivir y comportarse, tanto de la gente del lugar como de los forasteros, como nosotros. Aquello nos pareció otro mundo. No hay tráfico, porque el centro viejo del pueblo no admite el paso de un coche. Las calles son estrechas, empinadas y empedradas (ahí empecé yo a romperme). La gente camina, camina, camina...Hubo un primer momento en el que coincidimos mi cari y yo. Aquello era lo más parecido a Xauen que habíamos visto jamás. Y recordamos lo bien que habíamos estado en Xauen...
Así transcurrieron los tres días. Cuando llegó el momento de la marcha, a punto estuvimos de dejar una reserva hecha para el próximo puente, pero, bajando a la realidad, nos dimos cuenta de que todavía no sabíamos dónde y con quién estaríamos el próximo puente.
Recuerdo.
En el aniversario de tantas muertes violentas, en Chile, en Estados Unidos, y en recuerdo de todas las víctimas del terrorismo y de las guerras, repito un artículo que publiqué en Junio en esta misma página.
Homenaje.
Hoy se cumplen 100 días de la matanza en la estación de Atocha.
Los empleados de cercanías de Renfe pidieron que se desmontara el altar de velas, dedicatorias y recuerdos, porque no les permitían volver a la realidad, vivían cada día el 11 de Marzo.
RENFE ha establecido un Altar Virtual para que todos podamos dejar nuestro mensaje, nuestro homenaje a esas víctimas que podíamos haber sido cualquiera de nosotros.

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Yo ya he dejado mi mensaje. Y aquí dejo mi vela.
amanda 21 Junio, Lunes 15:50
Homenaje.
Hoy se cumplen 100 días de la matanza en la estación de Atocha.
Los empleados de cercanías de Renfe pidieron que se desmontara el altar de velas, dedicatorias y recuerdos, porque no les permitían volver a la realidad, vivían cada día el 11 de Marzo.
RENFE ha establecido un Altar Virtual para que todos podamos dejar nuestro mensaje, nuestro homenaje a esas víctimas que podíamos haber sido cualquiera de nosotros.

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Yo ya he dejado mi mensaje. Y aquí dejo mi vela.
amanda 21 Junio, Lunes 15:50
47 víctimas mortales en lo que va de año.
Con la muerte de ayer en Sitges, el número de fallecidas por violencia contra las mujeres en lo que va de año asciende a 47.
El apuñalamiento fue el método elegido por los agresores en 16 casos, seguido de los disparos (7 casos) y los golpes (7 casos también), el degüello (5 casos) y el estrangulamiento (3 casos).
También se registraron muertes por atropellos, caídas y quemaduras.
Hoy es jueves. Vuelvo ahora de la concentración. Espeluznada.
El apuñalamiento fue el método elegido por los agresores en 16 casos, seguido de los disparos (7 casos) y los golpes (7 casos también), el degüello (5 casos) y el estrangulamiento (3 casos).
También se registraron muertes por atropellos, caídas y quemaduras.
Hoy es jueves. Vuelvo ahora de la concentración. Espeluznada.
Un viaje, tres destinos. (I)
No, no es publicidad de una agencia de viajes cualquiera, es tan real como que hemos vuelto a ¿casa?
El primer destino era el de mi elección. Yo buscaba paz y sosiego después de una semana de experiencias casi extrasensoriales.
Así que el último lunes de agosto, temprano, como les gusta a todos los que conducen, nos pusimos en marcha para cubrir esa primera etapa. Autopista a más de 120 (no voy a dar la descripción del correcaminos para evitar multas) durante unas seis horas, con paradas reglamentadas por el conductor cada dos, en áreas de servicio repletas y sucias, paradas de pipí y café, que el tiempo y el ambiente no daban para más.
Salimos de la autopista en Figueres, ya para coger la carretera que nos llevaba a Portlligat, donde teníamos reservado un estudio a pie de playa. Las indicaciones marcaban 20 Km a Cadaqués, aunque aquello ya no era ni autovía. Tardamos casi 45 minutos en llegar, pero valió la pena. Algunos tramos son de pura montaña, montaña de piedras planas y negras (¿alguien podría decirme cuál es su nombre?), paisajes que llamaron poderosamente mi atención, por lo distintos, áridos, aunque no falta vegetación, oscuros, hasta que, ya bajando, se nos apareció de nuevo el mar.
Creo que fue entonces cuando comenzaron a brillar mis ojos. Se me iba de las manos el cabreo, se me iban de las manos las ganas de discutir, de desaparecer, de pelearme con todo el mundo, de no haber salido de casa, de haberme quedado vegetando mientras ellos hubiesen hecho su viaje (de despedida, como me había ofrecido). Iba tranquilizándome según llegábamos, según veía más y más cerca el mar, según iba definiéndose aquella bahía que era casi como me la había imaginado en sueños.
La carretera, de montaña y estrecha, no daba para muchas alegrías, pero insistí en parar una y otra vez, quería quedarme con la imagen, quizá después de la próxima curva la perdiéramos, yo necesitaba ir despacio, paso a paso, para poder tomar contacto poco a poco con una realidad que en aquellos momentos me venía grande, porque de repente me había dado un bajón de adrenalina, y me encontraba peor que si hubiese sido de glucosa.
Pero llegamos, no podía aquietar la impaciencia de los otros dos viajeros (mi cari y la nena, claro). Y en cuanto dejamos el coche en el parquing del hotel, sin registrarnos, sin bajar el equipaje, corrimos a ver el mar.

Yo no sé lo que vieron los demás, pero ésto fue lo que yo vi. Habíamos llegado.
El primer destino era el de mi elección. Yo buscaba paz y sosiego después de una semana de experiencias casi extrasensoriales.
Así que el último lunes de agosto, temprano, como les gusta a todos los que conducen, nos pusimos en marcha para cubrir esa primera etapa. Autopista a más de 120 (no voy a dar la descripción del correcaminos para evitar multas) durante unas seis horas, con paradas reglamentadas por el conductor cada dos, en áreas de servicio repletas y sucias, paradas de pipí y café, que el tiempo y el ambiente no daban para más.
Salimos de la autopista en Figueres, ya para coger la carretera que nos llevaba a Portlligat, donde teníamos reservado un estudio a pie de playa. Las indicaciones marcaban 20 Km a Cadaqués, aunque aquello ya no era ni autovía. Tardamos casi 45 minutos en llegar, pero valió la pena. Algunos tramos son de pura montaña, montaña de piedras planas y negras (¿alguien podría decirme cuál es su nombre?), paisajes que llamaron poderosamente mi atención, por lo distintos, áridos, aunque no falta vegetación, oscuros, hasta que, ya bajando, se nos apareció de nuevo el mar.
Creo que fue entonces cuando comenzaron a brillar mis ojos. Se me iba de las manos el cabreo, se me iban de las manos las ganas de discutir, de desaparecer, de pelearme con todo el mundo, de no haber salido de casa, de haberme quedado vegetando mientras ellos hubiesen hecho su viaje (de despedida, como me había ofrecido). Iba tranquilizándome según llegábamos, según veía más y más cerca el mar, según iba definiéndose aquella bahía que era casi como me la había imaginado en sueños.
La carretera, de montaña y estrecha, no daba para muchas alegrías, pero insistí en parar una y otra vez, quería quedarme con la imagen, quizá después de la próxima curva la perdiéramos, yo necesitaba ir despacio, paso a paso, para poder tomar contacto poco a poco con una realidad que en aquellos momentos me venía grande, porque de repente me había dado un bajón de adrenalina, y me encontraba peor que si hubiese sido de glucosa.
Pero llegamos, no podía aquietar la impaciencia de los otros dos viajeros (mi cari y la nena, claro). Y en cuanto dejamos el coche en el parquing del hotel, sin registrarnos, sin bajar el equipaje, corrimos a ver el mar.

Yo no sé lo que vieron los demás, pero ésto fue lo que yo vi. Habíamos llegado.
De estreno.
Hoy estreno la agenda. Desde que la nena va al cole, mis años se cuentan por cursos escolares. Mis agendas, también.
Hoy estreno gastos que me van a acompañar durante todo el curso.
La nena va a un colegio público, como no podía ser menos. Aun así, y a dos días del comienzo, estos son los gastos "previos" del día de hoy:
- libros: 100.31 euros
- lápices, bolígrafos, rotuladores, ceras, gomas de borrar, libretas, folios, carpetas, subcarpetas, separadores, archivador, en fin "material escolar" en general: 47.50 euros
- comedor del mes de setiembre: 58.85 euros
Todos los años me angustia este día de compras, siempre pienso que no voy a llevar bastante dinero para todo, recorto de aquí y de allá, intento concienciarnos (a las dos) de que hay que utilizar el material que sobró del curso anterior, pero la verdad es que a la nena, como a mí, el primer día le gusta estrenar. Yo no puedo quejarme, porque en cuestión de papelería mis gastos siempre son muy superiores a los suyos. Así que al final callo y le compro todo nuevo. Ya habrá tiempo de utilizar los restos, que el curso es largo y hacen "desaparecer" todo el material en unos días de la manera más sorprendente.
Y ya me puedo dar con un canto en los dientes por haber gastado sólo esos 200 euros, porque en octubre tendré que comprar ropa, zapatos, deportivas, chandals, empezarán las extraescolares, que son otro pozo sin fondo... En fin ¡qué duro es el comienzo de curso para las pobres economías domésticas!
Hoy estreno gastos que me van a acompañar durante todo el curso.
La nena va a un colegio público, como no podía ser menos. Aun así, y a dos días del comienzo, estos son los gastos "previos" del día de hoy:
- libros: 100.31 euros
- lápices, bolígrafos, rotuladores, ceras, gomas de borrar, libretas, folios, carpetas, subcarpetas, separadores, archivador, en fin "material escolar" en general: 47.50 euros
- comedor del mes de setiembre: 58.85 euros
Todos los años me angustia este día de compras, siempre pienso que no voy a llevar bastante dinero para todo, recorto de aquí y de allá, intento concienciarnos (a las dos) de que hay que utilizar el material que sobró del curso anterior, pero la verdad es que a la nena, como a mí, el primer día le gusta estrenar. Yo no puedo quejarme, porque en cuestión de papelería mis gastos siempre son muy superiores a los suyos. Así que al final callo y le compro todo nuevo. Ya habrá tiempo de utilizar los restos, que el curso es largo y hacen "desaparecer" todo el material en unos días de la manera más sorprendente.
Y ya me puedo dar con un canto en los dientes por haber gastado sólo esos 200 euros, porque en octubre tendré que comprar ropa, zapatos, deportivas, chandals, empezarán las extraescolares, que son otro pozo sin fondo... En fin ¡qué duro es el comienzo de curso para las pobres economías domésticas!
De entrada, una sonrisa.
He llegado a casa maltrecha y descompuesta, casi rota. Ahora empezará la etapa de reconstrucción.
A pesar de ello, lo que me sale en estos momentos es la mejor de mis sonrisas, y por eso la pongo.

Tengo un viaje que contar. Pronto me pondré a la tarea.
A pesar de ello, lo que me sale en estos momentos es la mejor de mis sonrisas, y por eso la pongo.

Tengo un viaje que contar. Pronto me pondré a la tarea.
