siempre nos quedará París
Acerca de
Cada vez que amanda abre una puerta, allí le espera París.

Sentada en un banco a orillas del Sena, amanda está leyendo
Cortafuegos de Henning Mankell
Sindicación
 
Regalos.
Aunque el cumpleaños fue ayer y la fiesta es el domingo, durante todo el mes de noviembre he ido recibiendo regalos.
El magífico bono-spa que me ofreció mi cari hace ya varios días, y que tanto me emocionó.
Un precioso ramo de rosas rojas.
Un cuadro que ha pintado la nena para mí.
Libros, libros, libros...
Mi amiga del norte me ha enviado un zafu (confeccionado con sus propias manos), un pañuelo rojo, y una especie de cartera de cuero rellena de hojas de papel para escribir todo lo que se me ocurra, con una preciosa nota incluida.
Un montón de besos y tirones de oreja.
Una divertidísma gorda de Botero.
Una camiseta de desigual que me gustaba.

No me han regalado:
El portátil.
Un viaje a Bora Bora.
La suerte es que hace ya tiempo que sabía que no debía esperarlo. Y no lo he hecho.
 
Kim Basinger.



Desde hoy, y durante unos pocos días, Kim Basinger y yo tenemos la misma edad.
Los años, una hija parida cumplidos los cuarenta y unas bonitas piernas. Es todo lo que tenemos en común.

Hoy es mi cumpleaños
 
Cena, comida, merienda...
Hace un rato acabó la cena. Si, ya sé, ha pasado más de un día, pero nuestras cenas son y pico, empalmamos con la comida del domingo, a veces incluso con la merienda, y, cuando ya no podemos ni comer, ni beber, ni hablar, ni cantar, ni bailar más, es cuando nos vamos despidiendo hasta la próxima, para la que ya hemos fijado fecha. Ahora parece muy lejana, pero todo llega, y casi siempre nos pilla un poco desprevenidos.
Del extenso menú que habíamos preparado, a mí, que me gusta mucho más cocinar que comer, me han gustado especialmente dos platos, en realidad un plato y una bebida, los más sencillos posiblemente, los que menos cansan de degustar, de los que hubiese repetido hoy si no hubiésemos acabado anoche con ellos.
El sorbete, del que ya puse la receta, estaba magnífico, espléndido, delicioso, apetecible, sabroso, aromático y fresco, muy fresco.
Y el postre, un camembert rebozado con galleta y aromatizado con mermelada de tomate. Sin ningún misterio. Todo a la vista. Todo en el paladar.

 
Cocinando.
Ayer por la tarde ya nos reunimos la panda de cocineros para ir preparando la cena de hoy. Tenemos un par de platos a media elaboración, los ingredientes de los otros casi a punto, y dentro de un rato, bien desayunados, porque es probable que no tengamos tiempo ni de sentarnos a comer, vamos a continuar con nuestra tarea, que suele empezar como muy en serio, todos bien puestos en nuestro papel, mandiles blancos incluidos, y acabar entre risas y lágrimas, sin tiempo apenas para ducharnos y vestirnos antes del gran momento de sentarnos a la (seguro) preciosa mesa que nos hayan preparado. El resto de la noche es nuestro, nos sirven con delicadeza, alaban y aplauden nuestras creaciones, nos dedican versos y canciones, nos aseguran que esta cena fue mucho mejor que la anterior, y nos emplazan a superarnos para la próxima.
Amigos.
 
Contra la violencia.
Se ha instituido el día de hoy, 25 de Noviembre, como Internacional contra la violencia hacia las mujeres. En algunas ciudades españolas, y arropadas por Asociaciones de mujeres, se han convocado diversos actos, tanto reivindicativos como informativos.
Este blog convoca todos los primeros jueves de mes a una pequeña reflexión sobre el mismo lema, así que me remito a los archivos. No obstante, no puedo evitar poner un enlace a una noticia leída en un periódico de la zona, que me llamó la atención en su día, cuyo titular copio: " La mayoría de muertes por violencia doméstica se producen los lunes y entre parejas separadas". Para verlo completo, pincha aquí
 
¿Crisis? ¿Qué crisis?
Con la excusa de que la ropa que tengo en el armario ha encogido (los meses de reposo dan para muchos quilos y centímetros), de que el sábado tenemos la cena trimestral de la peña gastronómica (con unas sabrosas recetas que algún día publicaré) y porque me han pagado unos atrasillos de trienios, esta tarde he estado de tiendas, homenajeándome a mí misma con unas pocas prendas nuevas. Desde dentro hacia afuera. De los pies a la cabeza.
Siendo difícil, lo que menos me ha costado de elegir y pagar ha sido la lencería, aunque los conjuntos que más me gustaban se quedaban en una talla tipo barbie, y yo necesitaba...unas cuantas más. Pero como soy una mujer de recursos, y paciente, de otro modo hubiese desistido a la cuarta o la quinta, he conseguido encontrar casi, casi, lo que buscaba. Que no está mal.
Cubierta la parte íntima, con ya poco dinero y menos tiempo, tocaba decidir dónde buscaba lo de encima. El qué, ya lo vería sobre la marcha. Porque ya me resulta casi imposible encontrar lo que me gusta (ropa joven y divertida) en las medidas que necesito (medidas de mujer madura).
Descartadas las franquicias para niñas escandalosamente anoréxicas, quedaba poco donde elegir. Los clásicos, en los que, hurgando un poco, dan la talla. En tamaño. Casi nunca en precio. Y las otras, aquellas más hippiosas en la que se visten las guiris que quieren que siempre sea primavera. Como yo, más o menos. Lo encontré, claro. Pantalón de terciopelo marrón, camiseta estampada en tonos marrones y naranjas. Poco menos de cien euros.
¿Y los zapatos? Unos botines planos con flores bordadas a los que tenía echado el ojo desde hacía tiempo, y todavía me estaban esperando.
He llegado a casa hace un rato con la Visa protestando, los brazos repletos de bolsas y paquetes y un firme propósito. O vuelvo al gimansio o cambio a un trabajo donde el sueldo sea, como mínimo, el doble.
 
De noche.
Pensé que estas palabras jamás saldrían de mis manos, pero lo cierto es que hoy he tenido un agradable día de vuelta al trabajo.
Y es que no es lo mismo incorporarse después de una largísima baja, sabiendo, además, que no sólo ha cambiado el entorno, sino tu misma percepción de lo que ello supone, que hacerlo desde unos placenteros, relajados y disfrutados días de vacaciones. Vamos, que no he echado de menos ni fumar ni bloggear.
De hecho, ahora estoy aquí sentada, con el teclado entre manos, porque (casi) me ha obligado la nena, que prefiere no tenerme rondando alrededor mientras cena viendo la tele (también es su momento del día) y me ha enviado a "hacer eso que tú haces con el ordenador". Y a ello me he puesto.
Que de momento no vamos a vernos por las mañanas, porque en el trabajo la única tecnología a la que tengo acceso es la que encierra mi reloj digital, aunque procuraré que esto no decaiga.
Que no voy a poder leer todo lo que me gustaría, aunque procuraré no quedarme muy atrasada.
Que, como esta semana, en la que se me han acumulado acontecimientos diversos, va a ser un poco frenética, no sé muy bien de dónde voy a sacar tiempo.
Pero que no abandono. Por ahora.
Estos son mis mensajes de hoy. ¿Hasta mañana?

 
La Biblioteca del domingo.
La evolución del tres.

Castillos de cartón de Almudena Grandes. 2004

"El tres es un número impar"
"Eso era importante para mí incluso en el primer curso de Bellas Artes, un torneo a muerte por el trofeo de la originalidad entre una pequeña multitud de adolescentes narcisistas, enfermos de extravagancia"
"A ver, ¿qué queréis?
(...)
Sus dedos eran fuertes, cortos, gordos como percebes, una antítesis casi ideal de lo que se supone que tiene que ser los dedos de un dibujante, las manos que había dibujado Escher.
-Bueno, voy a empezar con una Virgen de Rafael...
Primero creí que era una broma, luego que era un truco, al final acepté que era un milagro.
(...)
- Dibuja ahora un arlequín de Picasso- le pidió alguien.
- No. Sólo dibujo mujeres."

"El tres es un número aparte"
"-Y tú le gustas a él-añadió luego en un susurro, en un tono ciudadosamente confidencial-, pero como es tan tímido...Nunca sabría por dónde empezar. Por eso he decidido echarle una mano.
-¿Una mano?- en aquel momento no entendí nada. Llegaría a entender mucho menos antes de comprenderlo todo de golpe"
"Los canutos no producen alucinaciones, yo lo sabía, y sin embargo sentía que nunca había estado sola, que nunca más podría volver a estarlo, porque la vida era solamente esto, fumar, y beber, y reírme con Jaime y con Marcos, desde siempre, para siempre."
"Después, intenté sentirme culpable."
"El tres no era sólo un número, también era un nombre, y estábamos aprendiendo a pronunciarlo, a domar sus aristas, a corregir su acento, a dudar de su fama, su condición impar"

"El tres es un número par"
"Les echaba tanto de menos que no toleraba la compañía de nadie más"
"La primavera había sido larga, templada y bondadosa. A su amparo, lo extraordinario se fue convirtiendo en cotidiano, lo complicado se hizo sencillo, lo bueno empezó a ser mejor y el tres un número par"
"Cuando éramos tres el mundo era tan enorme que no podíamos abarcarlo con nuestras seis manos"
"No podía prescindir de ninguno, los quería a los dos a la vez, los quería conmigo, todo el tiempo, y necesitaba que volviéramos a ser una sola cosa, igual que antes"
"Era demasiado amor. Demasiado grande, demasiado complicado, demasiado confuso, y arriesgado, y fecundo, y doloroso"
"La intrincada red de traiciones y lealtades, de verdades enteras y mentiras a medias, en la que moriríamos asfixiados, atrapados como tres moscas en una telaraña, empezó a tejerse muy despacio"
"Lo complicado había sido fácil, lo sencillo iba a ser muy difícil, porque vivíamos en un laberinto de paradojas y habíamos perdido la brújula"

"Pero el tres no ha sido nunca un número"
"Desde que Marcos murió tengo veinte años todos los días, en algún momento de todos los días"
"Y a veces bebíamos más de la cuenta en alguno de aquellos garitos cutres con las paredes pintadas de negro que nos gustaban tanto, en alguna barra donde nos habíamos emborrachado con Jaime muchas noches, y era como si él estuviera a llí, como si el tres siguiera siendo un número"
"...encerrarnos en un castillo de cartón, una fortaleza fragilísima y sólida al mismo tiempo como una roca, como había sido una vez la ecuación perfecta de nuestros cuerpos impares, que nos había dado más de lo que habíamos tenido nunca"
"Sólo así volvimos a estar juntos los tres, Jaime y yo vivos, solos, Marcos solo, muerto. Una soledad irremediable nos unía, nos mantendría solos y unidos para siempre".
 
Con dedicatoria.
Si cuando lo sientes no lo escribes, posiblemente ya no lo escribas.
 
Tablón de anuncios
Se me han llenado las manos de papelitos en los que he ido anotando las cosas próximas a hacer (o deshacer). He de ir colgándolos en el tablón, pero todavía no he decidido en qué orden, porque, algunos días, me cuesta establecer prioridades. Hoy ha sido uno de esos días. Mucha conversación, poco café y pocos cigarrillos (hoy me he levantado con mucha tos y estábamos en compañía de un bebé), lo que no ha contribuido a despejar mi ya de por sí caótica cabecita. Así que quizá las cuelgue sin orden, tapándose unas a otras, para que alguna llegue, incluso, a olvidarse y puede que me ahorre algún disgusto.


- El lunes vuelvo al trabajo. (éste puede ir escondido)
- ¿Necesita la nena algo especial para la excursión? He de preguntarle y prepararlo.
- ¿Qué día es la excursión?
- El lunes vuelvo al trabajo. Planchar el domingo por la mañana.
- Se acerca mi cumpleaños, y todavía no he hecho la lista de los regalos que me gustaría recibir (es igual, me van a comprar lo que quieran...)
- El lunes vuelvo al trabajo. Preparar la comida el domingo por la noche.
- Para la cena de la peña, falta muchísimo por hacer: editar los menús, imprimirlos en un bonito papel, la lista de la compra, avisar a los de organización, que preparen la decoración. Mi cari ha de ir pensando en la música ...
- Necesito URGENTEMENTE un moleskine impermeable.
- El lunes vuelvo al trabajo.(Ya, ya sé que me repito, pero lo he escrito tantas veces, que cada dos o tres papelitos aparece uno en el que lo pone)
- El sábado va la nena de cumpleaños. Planchar la falda.


Resumen: el lunes vuelvo al trabajo.
 
Archivando ordenadamente.
Unos amigos me pidieron, vía correo, que tengo ya casi perfectamente organizado, una selección de recetas de cocina para una página que están construyendo. Les remití a mi blog, pensando que las copiaran de allí, no tenía demasiadas ganas de trabajar, la verdad, pero olvidé darles la dirección. Al darme cuenta del error, y antes de volver a escribirles, hice un repaso por las recetas que había publicado. ¡Me costó un montón encontrarlas! Por lo que he decidido archivarlas ordenadamente, aunque el orden no me obsesiona precisamente, por una razón práctica: a la velocidad que vivimos, no puedo pretender que mis amigos pierdan el tiempo revisando los seis meses de escritos que hay aquí depositados, porque me arriesgo a que pierdan el interés.
Sé que a alguien, con más conocimientos que yo, le parecerá una absurda manera de hacerlo, pero la cuestión es que las he ido trasladando, de una en una, por el procedimiento de copiar y pegar a lo que he venido en llamar mi blog copia, donde empecé jugando a probar y me estoy instalando, poco a poco.
Pero, como siempre que me pongo en manos de la tecnología, me ha surgido un pequeño problemilla. ¿Cómo copio los comentarios que en su día se hicieron a los artículos que publiqué? Porque sin ellos considero que no están completos.
Y en este asunto estoy. Esperando que, una vez más, alguien pueda darme una respuesta. Que agradeceré infinitamente.
 
Suelo. Duelo. (1ª Parte)
Me preguntaba manuti el otro día (de nuevo un comentario ascendido a la categoría de post) qué era eso de que a los guiris, en el País Valenciano donde yo vivo, les estaban expropiando las casas por la cara.
De esa pregunta viene esta especie de estudio de un tema que, ni me apasiona, ni entiendo demasiado, pero al que le he dedicado tiempo, y espero hacer entendible.
1.- Los datos objetivos
Todo comienza con la publicación de la Ley Reguladora de la Actividad Urbanística de la Generalitat Valenciana en 1.994, novedosa en su filosofía, y que introduce nuevas figuras en el ámbito del urbanismo.
De su Exposición de Motivos subrayo estas ideas:
"En nuestra Comunidad se urbaniza poco en relación con lo que se edifica"
"La actividad urbanística es una función pública cuya responsabilidad debe reclamarse a los poderes públicos y no a los propietarios de terrenos"
"Lo que dispone la Ley es que el agente ejecutor del plan sea siempre un agente que actúa jurídicamente, asumiendo la calidad de agente público"
En su articulado va afianzando estas ideas, regulando, paso por paso, lo que pretende ser un modelo de urbanismo actual (de hecho está siendo copiado por otras CC.AA.), del que únicamente me he detenido en la primera parte, en la que quizá se pueda encontrar la respuesta a la pregunta concreta que encabeza el post.
Después de subdividir las actuaciones urbanísticas en aisladas e integradas, dispone que la ejecución de estas últimas es siempre pública, correspondiendo a la Administración decidir su gestión directa o indirecta , cuando delega la condición de Agente Urbanizador adjudicándola en favor de una iniciativa empresarial seleccionada en pública competencia.
Y es esa figura de Agente Urbanizador la que va a crear la mayor polémica, como se irá viendo.
Posteriormente se pasa a clasificar el suelo en urbano y urbanizable (programado y no programado).
Establece como instrumento de ordenación los Programas para el desarrollo de actuaciones integradas, que regulan el proceso de ejecución de éstas fijando sus plazos, especificando su alcance y modalidad, designando el urbanizador y concretando sus compromisos.
Como decía, la parte conflictiva viene con la regulación del Agente Urbanizador, al que la Ley define como "el agente público responsable de ejecutar la actuación" Mediante la gestión indirecta, esa responsabilidad es adjudicada a un particular (sea o no propietario del terreno), seleccionado en pública competencia "al aprobar el programa y según el convenio estipulado en éste" Tiene, además, la competencia para redactar el proyecto de urbanización y de mantener unas relaciones de superioridad con los propietarios de los terrenos incluidos en el Programa correspondiente, que se ven obligados a cooperar, según las dos modalidades que establece la Ley:
- mediante la cesión de terrenos
- mediante el abono de su cuota-parte de las cargas de urbanización, deuda que ha de estar garantizada mediante aval bancario las más de las veces. (El constructor nunca pierde)
Todo esto si no declina (expresamente) cooperar, pidiendo la expropiación y el pago según su valor inicial o el que corresponda a suelo urbanizabe no programado.(No olvidemos que estamos dentro de un programa, por lo que el valor del suelo se ha duplicado, al menos).
Hasta ahora, queda claro que los propietarios de los terrenos (parcelas agrícolas las más de las veces) se han enterado por cualquier medio de que sus terrenos entraban en un programa determinado, que han tenido suficiente dinero ahorrado para hacer frente a un gasto (que no ha sido exactamente cuantificado, porque la ley no lo exige), que han suscrito un aval bancario por unas cantidades exhorbitantes de dinero (que les está suponiendo unos gastos no presupuestados en sus economías familiares), y que han de ir desembolsando (al Agente Urbanizador, antes llamado simplemente constructor o especulador), durante todo el tiempo que duren las obras, las cantidades que éste les vaya reclamando, sin posibilidad de demora.
Existe, no obstante, otra circunstancia que aparece regulada posteriormente en la Ley. Que toda persona, sea o no propietaria del terreno, puede solicitar al alcalde que someta a información pública una alternativa técnica de programa. Información pública que se anunciará mediante edicto en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana. Que no es preceptiva la notificación formal e individual a los propietarios afectados. Que antes de la publicación en el DOGV habrá que remitir aviso con su contenido al domicilio fiscal de quienes consten en el catastro como titulares e derechos afectados por la actuación propuesta. Que la mayoría de las veces no son personas vivas, o son ancianos que no abren el correo, o son extranjeros que pasan algunos meses del año fuera de España, o, simplemente, no entienden el idioma.
No pueden presentar alegaciones, porque ni siquiera son conscientes de que sus propiedades han sido programadas. Que, pasado el trámite de información pública, aprobado el programa por el Ayuntamiento, se pone en marcha la maquinaria. Y es entonces cuando el Agente Urbanizador, constructor revestido ahora de autoridad pública, se considera con derecho a expropiar a aquellos propietarios que no han cedido terrenos o no han abonado su cuota-parte.
Esta exposición ha quedado demasiado larga. He recogido, no obstante, valoraciones y críticas, tanto de afectados como de ecologistas (ése el el otro gran tema), que dejo para mañana.
 
Melodrama (y otros géneros).
Mi cari me decía hace tiempo (¿o no hace tanto?) que me iba el melodrama. No como género literario, sino como forma de vida. Y yo no puedo estar más en desacuerdo. Durante los más de veinte años que llevamos de vida en común (no cuento los años que pasamos sin vivir juntos, aunque sí 'saliendo'), no sólo me (nos, me niego a pensar que soy yo la única que escribe, interpreta y dirige) ha ido el melodrama, sino que hemos pasado, sin darnos apenas cuenta, por todos los géneros conocidos (puede que incluso hayamos inventado alguno), y de todos hemos sacado algún provecho. Como todas las parejas, supongo, la vida da para eso y para mucho más, aunque en cada caso se le dé más importancia al que más pueda llegar a molestar. En mi caso, visto lo visto, parece que bordo el melodrama, cosa que no es de extrañar, pues no deja de ser el género más arraigado, así como el más popular, y en esta casa, de pedantería y esnobismo vamos muy justos.
No pretendo hacer un ensayo sobre literatura y sus géneros. Este artículo viene de una fría tarde de noviembre, hace apenas tres días, que pasé, con fiebre y sola, delante del fuego, tumbada en el sofá, sin ganas de leer ni escribir, dejando, simplemente, vagar la imaginación, que eligió el camino de la evocación de tiempos ¿peores?. De días, semanas, sin dirigirnos la palabra. De días, semanas, sin mirarnos apenas. Y de los momentos, a veces más inoportunos, en los que, sin mediar provocación, saltaba la chispa del rencor, del reproche, de la amargura y, por qué no, del afán de venganza (palabras, sólo palabras) de la chica contra el villano que tanto dolor (moral) le había causado. Melodrama puro y duro, lo reconozco.
Afortunadamente, esa(s) época(s) ha(n) pasado. Puede que vuelvan, porque las historias siempre se repiten, pero ahora nos va a pillar con una fuerza que antes no teníamos. Con una fuerza que nos dan los años vividos, las experiencias comunes, y estos días (meses ya) de romanticismo juvenil, pegajoso y encantador con el que estamos reescribiendo nuestra propia epopeya, en la que, de nuevo, daremos cabida a todos los géneros, riqueza literaria para nuestra compleja y fantástica vida diaria.
 
Vecinos ilustres.
Ilustres, aunque con menos glamour, son también otros vecinos, cuyos nombres no resultan conocidos fuera de los límites de la comarca. Aquellos que, pese a todo, no han abandonado sus labores agrícolas; los que lo han hecho, reciclándose en jardineros; los que, de restauradores de muebles viejos, se han convertido en anticuarios; los que, viendo de lejos el futuro, se dedicaron al mantenimiento de piscinas; los artesanos, en sus infinitas posibilidades, que venden sus productos en los mercadillos de la zona; los que conservan la antigua costumbre de criar animales (gallinas, pavos, patos, cabras, cerdos, conejos, que mueren de viejos y son enterrados, la familia no los come); los amantes de los caballos de carga, que mantienen los carros y las calesas en perfectas condiciones, deleitándonos con sus trotes y cascabeles cuando los enjaezan para sacarlos de paseo; los que siguen conservando el gusto por la gastronomía tradicional y mantienen vivos, a base de buenos y bien elaborados productos, los cuatro restaurantes que hay en el pueblo; los mayores (algunos muy mayores) que viven, que simplemente viven en sus antiguas casas, algunas bastante incómodas y frías, porque no han querido abandonarlas para seguir a los hijos a la ciudad.
Ellos son tan ilustres vecinos como los que hemos venido buscando un refugio a este pequeño paraíso, mar y montaña, rural y cosmopolita a un tiempo, en que se ha convertido de unos años acá el pequeño pueblo en el que vivimos.
 
Ilustres vecinos.
Ayer domingo, después de un viernes tormentoso, con una de esas tormentas que aquí no se limitan a dejar caer un poco de agua, sino que casi nos inunda, y un sábado arreglando desperfectos, nos merecíamos un descanso.
En el pequeño pueblo donde vivimos, que fue en épocas más turbulentas paraíso de hippies de todo el mundo y ahora centro internacional de meditación budista (dicen que Richard Gere se deja caer de vez en cuando por aquí), en el que se continúan comprando (a precio de oro) ruinas que, una vez restauradas se convierten en encantadoras casas de campo, las de mejor gusto, o en aparentes mansiones sin ninguna gracia, las de peor, tenemos la suerte de estar rodeados de vecinos ilustres: poetas, pintores, escritores, dibujantes, escultores, arquitectos, actores, médicos y gurus. Algunos, de nombres muy conocidos, otros, anónimos, aunque no por ello menos ilustres.
Todos los lugares son accesibles. Todos los rincones son visitables. No hace mucho que se ha empezado a cercar las propiedades, pero aún quedan muchos kilómetros por los que pasear. Sólo has de conocer las sendas e ir haciendo camino. Así que, con el sol ya calentando, nos pusimos ropa cómoda y botas y allá que nos fuimos los tres, seguidos muy de cerca por nuestros perros y gatos, a hacer la pequeña y preciosa ruta que lleva, de la casa en la que vivimos, a la que hemos elegido para comprar si alguna vez la quieren vender y el banco nos presta los miles de euros que van a pedir por ella. Sólo queríamos verla una vez más. No vive nadie allí. Está abandonada desde que se fueron sus últimos propietarios, unos británicos que llegaron a la zona en plena época dorada del flower power, y que han vuelto a su tierra cuando aquí ya les resultaba incómodo moverse, un terreno demasiado agreste para su avanzada edad. Ellos también hubiesen encajado perfectamente en el catálogo de vecinos ilustres en su mejor época.



Este dibujo del Forges, publicado en su día en El País, resume como pocos (él conoce el ambiente) nuestra vida diaria. Repleta, sobre todo, de sonrisas.
 
La Biblioteca del domingo
Hoy toca una novela que me recomendó mi cari hace meses, cuando le confesé que yo quería ser escritora, y aprovechando que estábamos viviendo una relación muy, pero que muy especial. Es una novela, sí, pero también una especie de biografía, una recopilación de escritos de uno de los personajes...en fin, una amalgama de géneros, muy bien resuelta, aunque al principio, debido al grosor y al intercalado, tanto de notas del autor como de poemas, cartas y otras historias, parece un poco complicada de leer.

El año que viene en Tánger de Ramón Buenaventura. 1998

"A fin de cuentas he escrito. Y en esa actitud estuvo mi error, no cuando ocurre lo que te acabo de contar, sino cuando me planteo, al principio, el impulso de volver a tomar contacto con Kimberley. No lo pensé, pero ahora comprendo que mi intención profunda aspiraba a un final de todas las cuentas. Kimberley había sido mi primer amor personal y completo, a los veinticuatro años, después de muchos amores emocionantes y activos, pero más bien de aprendizaje o, por decirlo de otro modo, de cariz impersonal(...)
(...)No me duró mucho, quizá por mero egoísmo, porque no quería supeditar el lanzamiento de mi vida, el comienzo de mi carrera profesional, los años clave de mi existencia, a otra persona que me privaría, por el mero hecho de ser otra persona, de la libertad que se me antojaba imprescindible. La borré durante cierto tiempo y fui amontonando sobre su memoria una sucesión de mujeres horizontales(...)
(...)Ahora, a los cincuenta y cinco años, algún mecanismo de mi voluntad tomó la decisión de acabar con el casting y poner en marcha un regreso al amor con Kimberley, para recuperarlo donde lo había dejado y conseguir vivirlo hasta el final. Mi proyecto para Kimberley era de asentamiento y tranquilidad. Dos preancianos que se han querido en la juventud y que ahora vuelven a quererse(...)
(...)Resulta, Ramountcho, que hay que hacer otro amor nuevo, nada menos, como si tuviésemos edad para semejante empeño(...)
(...)Ahora sólo nos queda casi todo por hacer."


"Claro, claro, te estoy oyendo: es una esperanza mágica, la mía, sin apoyatura alguna en los datos disponibles(...)pero observa el disparate: a estas alturas, ya sólo creo en la magia, porque la lógica me ha demostrado su inoperancia más allá de cualquier duda razonable(...) A partir de cierta edad, que nosotros ya hemos alcanzado con mucha sobra, hay que olvidarse del matiz. O blanco o negro, precisamente porque nos consta que nada es blanco o negro y, por consiguiente, la verdad da lo mismo."

"Recordé una frase que León incluye dos o tres veces en una de las notas que me escribió: mi vida entera es mentira y además no la recuerdo"


(Publicado al mismo tiempo en mi blog copia, aunque allí mejor archivado)
 
Esto SI es una crítica (aunque no de cine)
Repasando los referrers de mi contador en Re-invigorate, compruebo, estupefacta, que este blog aparece HOY en la lista de más leídos de Ya.com. Este dato objetivo confirma las deducciones (afirmaciones en algún caso) que se han hecho en El blog de manuti, cienes de veces más leído que el mío, de que esas listas (las de ya.com) son completamente aleatorias, sin ninguna base estadística. Pasen y vean, si no están convencidos, el contador de este blog amigo que se sale por los cuatro costados.
Así que, puesto que a todos nos gusta ese minuto de gloria, ánimo, blogger desconocido. Si siempre nos quedará París, con una media de cuarenta visitas diarias (registradas, sólo hay que ver mi contador de Nedstat), es uno de los más leídos, el próximo puede ser el tuyo.
 
Esto NO es una crítica de cine.
Desde que nos quitaron la hora, tanta oscuridad desde tan temprano, pasamos más tiempo dentro de la casa.
Ya hemos puesto las alfombras, encendemos regularmente el fuego por las tardes, hemos sacado las mantitas de sofá, nos estamos preparando para pasar el invierno, que, por corto que sea en estas tierras, siempre es demasiado largo, para mi gusto.
Es en esta época cuando hago un repaso de libros aún por leer, pero me cuesta un poco ponerme a ello porque, perdida la costumbre de ver televisión, me quedo como embobada a veces delante de la pantalla. Alguna buena película pillo, no de estreno, mi cine y mis lecturas no suelen ser de estreno, los libros, si no los tienen en la biblioteca, los compro cuando salen en edición de bolsillo, y las películas no suelo verlas hasta que las ponen en el Plus. Que en otoño siempre me sorprende con alguna joyita que tenía pendiente.
Últimamente he visto, con un ansia especial, Dogville y Te doy mis ojos.
Fuertes, duras, emotivas las dos, con un trasfondo común, el de la amargura, la violencia, el sometimiento de un ser humano (mujer, por más señas) a manos de otro u otros. En ambos casos, las mujeres logran escapar, pero me da la sensación de que no a tiempo.
Dogville me fascinó. Su puesta en escena. Las interpretaciones. El trasfondo social (esa América profunda que ha ganado las últimas elecciones) el color (la ausencia de color en algunas ocasiones), el desgarro de la mayoría de sus imágenes, la dureza de sus personajes, niños incluidos. La solución final que le impone Van Trier.
Había visto anteriormente alguna película de Dogma, con gusto, la verdad. Esta se sale un poco de los mandamientos establecidos (movimientos de cámara, escenarios naturales, tiempo real), por lo que el guión, aunque parezca una paradoja, gana en teatralidad.
Te doy mis ojos es ¡tan española!
Genial Luis Tosar.
Maravillosa Laia Marull.
Real y más habitual de lo que creemos a veces, la historia.
Las escenas con el sicólogo son impresionantes. Por lo cercanas. Por lo sinceras. Por lo inimaginables.
El final, esperanzador. Sobre todo para las mujeres que han tenido (que tienen) la desgracia de padecer malos tratos. Siempre habrá un par de amigas que te escoltarán y te servirán de guardaespaldas cuando vuelvas a casa a recoger tus cosas. Siempre, si no se llega demasiado tarde, habrá una madre que comprenderá a tiempo que el matrimonio, la vida en pareja, es algo más que sometimiento. Y te animará a que lo hagas mejor que ella. Siempre.
 
Desplegaremos la kuffiya
para rendir homenaje al gran luchador que fue.

Abu Ammar ha muerto.


 
(in)esperado e (im)posible.
Agradezco profundamente a La Princesa su artículo de hoy, pues me exime de escribir el mío con el mismo tema y el mismo sentimiento. Y se lo agradezco porque, ya que me comprometí, había de hacerlo. Ahora ya no es necesario. Leed el suyo, es mucho mejor que lo mejor que yo hubiese podido escribir.
Y no lo he hecho, además, porque no he tenido tiempo. Hoy para mí ha sido un día repleto de acontecimientos (in)esperados e (im)posibles.
Ha empezado esta mañana, con una sesión de sauna compartida con dos nórdicas despampanantes que, además de darme envidia, querían darme ¡conversación! No han parado de hablar ni de reírse durante la media hora larga que hemos pasado las tres sudando, envueltas en nuestros albornoces de diseño. Debían pensar que las entendía, aunque ni siquiera he sido capaz de descifrar en qué idioma hablaban. Quizá por mi cara de satisfacción, que probablemente cuadraba con el tema, que a mí se me escapaba. Que realmente ni siquiera me importaba, suponiendo que hubiese captado algo. Me he escapado de las nórdicas en cuanto he tenido ocasión, y, pensando que ellas seguirían el circuito más o menos marcado por la organización, he intentado despistarlas yendo al solarium. Hoy es 9 de Noviembre. Un día maravilloso para ¡tomar el sol! (en bañador, otro de mis (im)posibles), en la terraza descubierta de unas instalaciones 5 estrellas, contemplando la verde inmensidad del campo de golf y las numerosas edificaciones super lujo que a su alrededor se han construido en los últimos años, monasterio budista incluido.
Una vez cumplido mi tiempo de relax, recién duchada y embadurnada de cremas, también relajantes, con la garganta un poco seca, a mediodía más o menos, estaba sentada en la barra de un piano-bar tomándome un dry martini ¡sola! Se me he ocurrido llamar a mi cari, de repente he añorado el mar, y me apetecía tomarme unos pescaditos fritos con el sonido de las olas de fondo y, para mi sorpresa ¡ha aceptado! Cuando he vuelto a casa, un poco mareada, las emociones del día y una botella de vino blanco, me he echado una ¡siesta! reparadora, que me ha dejado nueva, hasta la hora de bajar a la ciudad a recoger a la nena a la salida del cole, al que hemos ido ¡los dos juntos!, para sorpresa, tanto mía como de la nena. Después ella tenía ballet, así que nos hemos encontrado con dos horas por delante para deambular (yo suelo pasarlas en la biblioteca), y nos hemos ido ¡de tiendas!

Lo dicho. Hoy ha sido un día para mí repleto de acontecimientos esperados y posibles. Con echarle un poco de ganas, todo es posible. Aunque no haya sido esperado.
 
Sexo en Nueva York.


Carrie, Miranda, Charlotte, Samantha.

Sexo. En Nueva York.

Con palabras. Sin palabras. Con sentimiento. Sin sentimiento. Con romanticismo. Sin romanticismo. Con alegría. Sin alegría. Con complicidad. Sin complicidad. Pero siempre con pasión. Y con zapatos de Manolo Blahnik.
 
¿Nadie
ha besado a su pareja este fin de semana?
Fue planteado aquí el viernes como un ejercicio, a la espera de que el lunes (hoy es lunes) cada cual contáramos nuestra experiencia.
Esta timidez que estáis demostrando me deja un poco perpleja. ¿He de ser yo la primera? Pues lo siento (de verdad que lo siento) pero este fin de semana no estaban las bocas en mi casa muy dispuestas. Ni siquiera para hablar. Prometo, no obstante, enmendar esta terrible situación, y me reservo para mañana. Si alguien necesita más tiempo, lo tiene, no voy a ser yo la única que disfrute de ese privilegio. Pero no dejéis de hacerlo. Y de contarlo.

Besos.




 
Secretos y mentiras
Hace seis meses escribí ésto. Desde entonces ha habido algunos secretos y mentiras en esta mi segunda vida (antes sólo los había en la primera).
No pensé jamás que lo haría, pero he leído TODO lo que hasta hoy me he atrevido a escribir. Incluso lo que no me he atrevido a escribir. Y aunque borraría artículos enteros (relatos inacabados, crónicas no resueltas, posts patéticos, ridículos, ingenuos, mal escritos y peor leídos), sólo he borrado UNA palabra, porque supe que alguien se sintió muy ofendido. Y no era para tanto. Pero la he borrado.
El peor de los secretos es el que mantengo en mi propia casa. Mi cari a veces me dice sentirse preocupado porque piensa que me paso demasiadas horas delante del ordenador. Sé que su verdadera preocupación no es esa, sino el no saber ni poder imaginar a qué dedico esas (cree él) innumerables horas. Quizá teme que me haya metido en una secta, o que me dedique a ligar en algún chat, no sé, la imaginación es libre...Yo sé que no es cierto, que mi relación con el ordenador es de saltos, muy poco tiempo cada vez, me molesta verme aquí, delante de una pantalla, con el maravilloso panorama que tengo al otro lado de la puerta, por lo que voy y vengo, tengo otras muchas cosas más interesantes que hacer, o no, eso puede ser también un secreto. Pero temo que este secreto acabe convertido en una mentira, porque un día puede que me pregunte qué hago, aunque su discreción quizá le impida hacer la pregunta directamente, y entonces, de mi respuesta dependa...
Ya tendrá que ser mi decisión. Y si le cuento que estoy escribiendo en un 'blog' ¿Conocerá el significado de la palabra? Si lo conoce, ¿querrá averiguar dónde, exactamente? Si lo averigua, ¿será capaz de ponerse a leerlo? Si lo lee ¿querrá decirme que lo ha hecho? Si me lo dice ¿voy a esperar una opinión? Si me la da ¿será una crítica? Si es una crítica ¿me lo tomaré demasiado en serio? Si me lo tomo en serio ¿perjudicará mis posteriores escritos? Si hay posteriores escritos, ése es el final del razonamiento.
Aunque otras veces pienso que LO SABE. Él es el informático especialista de la familia. Tiene acceso a todo lo que la nena o yo hacemos aquí, por mucho que queramos esconderlo con rebuscadas contraseñas. Así que estoy (casi) convencida de que el secreto realmente no existe. Y me resisto a pensar que todo sea una mentira.

Otro secreto que tengo muy bien guardado fue una de mis primeras "experiencias" negativas en esto de los blogs. Todavía no había cumplido un mes y Borjamari ya me había enviado 'directamente a la suspensión de pagos'. Me dolió la crítica, claro, pero más me dolió el hecho de que, si hasta el peor gobernante del planeta disfruta de un período mínimo de cortesía de cien días, por qué a mí, una mujer 'que exhibe sus inspiraciones como si fueran un parque temático lleno de montañas rusas', no se me concedía esa ventaja. ¡Yo sólo quería ser como almu!
 
La biblioteca del domingo.
No es la primera novela que leo de Dulce Chacón, pero la que leí anteriormente, La voz dormida, no tiene absolutamente nada que ver con ésta.
Se trata de un pequeño relato de amor y desamor, de silencios para evitar las verdades, que cierra una trilogía (de la huida) cuyas dos partes anteriores no he leído.

Háblame, musa, de aquel varón de Dulce Chacón. 1988.

"...por qué dibujaste con tu silencio una línea infranqueable"

"Te hubiera gustado que te desnudara ella. Decirle palabras de amor y que te contestara con deseo. Olerla. Acariciarle el vientre, y darle la vuelta. Sentir en tu pecho sus muslos desnudos, abrazarlos. Recorrer con tus mejillas sus nalgas. Acariciarla. Hablarle. Besarla. Pero te diste cuenta de que fuiste directamente a poseerla, en silencio, y supiste entonces, y de golpe -otro golpe, otra herida-, que siempre había sido así"

"Olvidaste el daño para poder seguir viviendo con él"

"Virginia Wolf apareció ante los ojos de Matilde como una señorita privilegiada, histérica y gorda que se podía permitir el lujo de admitir que no le gustaba el Ulises sin que nadie le dijera por ello No se preocupe, querida"

"He reconocido tu disfraz, y el mío. Los disfraces sirven para confundir a los demás, pero deben engañarnos también a nosotros si quieren ser efcicaces. Yo ya no me engaño."

"Hay huidas que exigen un lugar donde esconderse"

"Las palabras que no dijiste rondan, como las almas"
 
Besos.
Anoche tuve frío. Me puse una bata de las que tengo tan guardadas que ni siquiera me acuerdo de ellas. Esta mañana ha amanecido lloviendo. Y me he vuelto a poner la misma bata. Al salir al jardín, como acto casi reflejo, he metido las manos en los bolsillos, que estaban llenos de cositas, como casi toda mi ropa. Había, entre canicas, cordones de zapatos, cascabeles, algún minúsculo adorno navideño y otras tonterías, un papelito muy arrugado. Al desplegarlo, me he dado cuenta de que era un recorte de periódico (al menos tendrá dos años), con una columna de José Luis Ferris, titulada Besos, que debí guardar por algo en especial, de lo que ahora no me acuerdo. La volví a leer, y me siguió gustando, así que esta vez la guardaré mejor. Aquí, por ejemplo.

"A falta de un artilugio de precisión que sea capaz de calibrar los estados afectivos, el beso es la mejor y más natural manera de medir el momento en el que se halla nuestra vida amorosa. Basta con hacer la prueba. La próxima vez que entreabra sus labios para buscar los de su pareja habitual tome nota de lo que siente al probarlos. Si la experiencia no le transmite nada, es decir, el beso en cuestión no encuentra algún requicio de sorpresa, si es un beso vacío de contenido, neutro, si no provoca en usted una mínima reacción somática, en cadena, que afecte de un modo elemental ciertos órganos más o menos vitales, si no existe secreción íntima alguna y ni siquiera se aprecia un gramo de aventura en el intento, conviene que haga un alto en su ritmo cotidiano, se coloque frente al espejo y reconozca de una vez que su relación amorosa ha alcanzado un grado de consistencia lamentable, un estadio plano y trivial, una fase de normalidad tan acusada que sólo le falta rubricar su propia sentencia para seguir disfrutando de treinta años y un día de mansedumbre y hastío. Aunque quizá no sea éste su caso, y el beso que recibe o que regala del modo más generoso a la persona que ha irrumpido en su existencia, tenga el aroma inconfundible de lo nuevo, un sabor que le resulta familiar, sí, pero que alberga al mismo tiempo un punto de frescura capaz de estremecerle, de pillarle a contralengua o con la respiración cambiada. Hay quienes viven sin haber conocido esta segunda modalidad, quienes se conforman con cumplir con la fría estadística de uno o dos intercambios bucales por semana, siempre sobre el tálamo, y como obligado preludio al acto copulativo. Y hay quienes ni eso, porque el beso para ellos es una estúpida retórica apta sólo para debutantes.
Le aconsejo que no se tome a broma el asunto. El beso es una de las formas más primitivas de comunicación y puede que también la última. Es de fácil aplicación. Cualquier lugar es bueno, aunque la oscuridad lo intensifica. Resulta muy económico y tiene doble valor si se administra por sorpresa y con auténtico deleite. No sabe lo edificante que resulta jugarse la vida y el carmín en el intento
"

¿Aprovechamos que es viernes para hacer la prueba? El lunes comentamos los resultados.

Besos. Muchos besos
 
Paseos y confidencias.
La parte confidente de la pareja que he conocido (superficialmente), vamos a llamarla M., ha compartido hoy conmigo paseo y café matutinos. Después de confesarme lo muy a gusto que durmió el día que estuvimos 'hablando', quiere continuar esa especie de terapia de conversación en la que uno habla y el otro escucha, que comenzamos el otro día. Y yo, que caminando escucho mejor, porque prefiero no hablar, he aceptado el reto. Así que hemos tenido una sesión larga y productiva (espero).
Hace una bonita y soleada mañana de noviembre, teníamos todo el día por delante...Nuestro paseo ha durado alrededor de dos horas, porque nos íbamos deteniendo a coger espárragos, a buscar setas, sentándonos en cualquier piedra plana que veíamos a fumar un cigarrillo. Nos ha faltado el termo con el café, pero quizá mañana, si repetimos la experiencia, vayamos más preparadas.
Me cuesta recordar las palabras exactas (tendré que llevar un cuaderno la próxima vez, para ir tomando notas), pero no la idea general de sus reflexiones. Parece que expresándolas en voz alta, quizá ni siquiera le importa que yo esté escuchando, aclara sus ideas y se va formando, ella misma, una opinión de lo que le está ocurriendo a su vida. Yo no voy a juzgar, ni quiero ni puedo hacerlo. Sólo relataré, en la medida de lo posible, esa historia, tal como la estoy entendiendo, con la autorización expresa de la narradora, a la que al parecer le ha hecho gracia la posibilidad de poder leerla en la red.

Y no olvidemos que hoy es otro jueves contra la violencia.
 
Primera sesión.
¿Alguien se imagina dos horas seguidas de placer termal? Yo, hasta hoy, no. Hoy he gastado mi primera sesión (gracias, cari, tardaré mucho tiempo en acabar de agradecerte este maravilloso regalo) de spa experience y ha sido, realmente, toda una experiencia. Hoy mi relato es descriptivo de instalaciones. Otro día lo será de sensaciones. He de dejarlas madurar un poco.
Dicen que inspirado en la antigua tradición romana de baños termales, está compuesto por varias salas, cada una con su propio y romano nombre, en las que se ofrecen diferentes variantes de calor.
Por el orden que me han indicado, he ido entrando en cada una de ellas, todas diferentes, todas estimulantes, todas relajantes.
Caldarium, una maravillosa cabina revestida de azulejos de estilo romano, aire perfumado con eucalipto (realmente se huele), excelente para la respiración y con una influencia positiva en el sistema inmunológico. Las paredes (intocables) están a unos 75º, pero los asientos, revestidos de azulejo, a unos 35º, con lo que te quemas, pero menos. La humedad es muy baja y permite un proceso de purificación de toxinas (que a mí realmente me sobran), iniciado con una suave elevación de la temperatura corporal.
Laconium, baño termal, en una cabina también revestida de azulejo romano, en diferente color, donde la temperatura es un poco más alta, unos 60º de ambiente, incluidos asientos, perfumado con aceite de lavanda, que ayudan (¡es cierto!) a una profunda relajación.
Cristal Thermarium, que yo conocía como sauna , con un calor fuerte y seco (se puede humedecer echando agua sobre los carbones), que tonifica la piel, acondiciona los sistemas respiratorio y circulatorio y proporciona una profunda relajación física y mental. La cabina está aromatizada con algo que huele a pino, a bosque, y también el sonido recuerda movimiento de ramas de árboles.
Entre cabina y cabina, entre sensación y sensación, es conveniente darse una ducha, que ellos llaman sensorial, alternando frío y calor, y que empieza por las piernas y acaba en el centro del pecho. Tienen, además, luces, y sonidos diferentes. Tú eliges.
Y, para terminar, la Piscina de Hidroterapia, el spa, que, al principio da un poco de miedo. Tan grande, tan lleno de agua, esos chorros a presión que te empujan, a menos que te descuides, hacia otra parte de la piscina, con unas vistas increíbles, al parque natural, un silencio atronador de cascada de agua...
En fin, que te quedas ...ploffffffff..., como después de una buena, pero que muy buena, ración de buen, pero que muy buen, sexo.
Toda una experiencia.
 
Relax. Total.
Esta noche, hace un rato, he recibido, emocionada, con los ojos llorosos y veintitantos días de adelanto, mi primer regalo de cumpleaños. Un abono para ¡¡¡¡diez sesiones!!!! de spa y masaje. Porque así puedo empezar a disfrutarlo estos días que voy a estar de vacaciones. Mañana mismo.



Relaaaaaaaax.....................Totaaaaaaaal....................
 
Huir hacia atrás.
"Su última palabra suele ser la huida. No espera a que yo pueda desarrollar mis argumentos. No discute, no razona, no intenta averiguar por qué se dicen las palabras que no quiere escuchar, simplemente, huye. Pero esa huida no le lleva hacia adelante, la mayoría de las veces le conduce hacia atrás, hacia una situación ya vivida, en la que las cosas empeoran por ya vistas, por ya sufridas..."
He conocido (superficialmente) a una pareja de mediana edad. Aparentemente son dos personas maduras, inteligentes, estables, acomodadas, modernas.
Como yo escucho bien, y se me nota, he sido 'depósito' de las confidencias de uno de los componentes de esa pareja. Y puedo asegurar que, en este caso concreto, las apariencias también engañan. El entrecomillado del principio es entresacado de una de las conversaciones que hemos mantenido. Y es más duro, escuchado en las condiciones que fue relatado, de lo que parece al ser ahora leído.
Son una pareja que, a pesar de llevar muchos años viviendo juntos, lo han hecho la mayor parte del tiempo solitariamente juntos, es decir, viviendo cada uno su parte de vida sin compartirla ni complementarla con la del otro. Y ahora, al parecer, están atravesando una época repleta de paradojas. Quieren, necesitan, estar juntos, pero tienen en contra casi todas las circunstancias. Las que les vienen impuestas y las que ellos mismos han ido creando, sin apenas darse cuenta, por la simple fuerza de la costumbre. Su lucha, no obstante, es la de dos personas fuertes que pretenden reconducir esa vida en común hacia algo más que una casa conjunta, un único dormitorio, unos excitantes y frecuentes episodios de (buen) sexo. Y según lo que llevo escuchado de la historia, tanto podrían conseguirlo como no, porque disponen de una buena base de amor, de cariño, de conocimiento mutuo, de deseo, pero también de egocentrismo, de desapego, de independencia mal entendida, de desconfianza, que no les ayuda nada en esta batalla.
 
Me gusta.


Me gusta el aspecto de los mercados, las calles que lo rodean, y los paseos de los pueblos en los días anteriores a la fiesta de Todos los Santos.
Me gusta ver la cantidad de flores que salen a la calle, llenando recipientes enormes, de todos los colores, de todas las variedades.
Me gusta ver a casi todas las mujeres con las que me cruzo por la calle con los brazos llenos de flores, quizá la única vez al año que compran flores, que tocan flores, que arreglan ramos de flores.
Me gusta recordar que, en mi infancia, mi madre nos vestía con nuestra mejor ropa para llevarnos con ella al cementerio. Era un día de fiesta familiar, de encuentros con personas a las que no veíamos el resto del año, familiares con los que no nos relacionábamos, incluso, enfrentamientos de herencias, familiares a los que no debíamos ni saludar. Recuerdo los paseos entre panteones, mis hermanas y yo, buscando esculturas de angelitos, epitafios que nos resultaran divertidos (los había), con ese poco de miedo que siempre nos ha dado la muerte, el estar entre muertos...cosas de niñas y de la educación que recibíamos.
De eso hace ya muchos años.
Ya no voy al cementerio. Mi madre nos dice que, cuando ella se muera, no irá nadie a llevarle flores. Mis hermanas y yo le damos la razón. Preferimos llevárselas ahora, que tiene ojos para verlas, nariz para olerlas, manos para acariciarlas, todos los sentidos para disfrutarlas.