siempre nos quedará París
Acerca de
Cada vez que amanda abre una puerta, allí le espera París.

Sentada en un banco a orillas del Sena, amanda está leyendo
Cortafuegos de Henning Mankell
Sindicación
 
Estoy muy cansada.
Esta tarde, al abrigo de un tímido sol, he estado paseando por el jardín, bastante damnificado con estas heladas. Pocas plantas han resisitido. La primera en caer ha sido la pascua, que se ha arrugado sobre sí misma, con lo que da un poco de pena mirarla. Pero no todo está perdido. A su lado, todavía más orgullosas, si cabe, las nadaletes siguen teniendo la flor y el aroma.


 
BOOOOOOOOOOOOOM!!!!!!!!!!!!!
El último booooooooom me ha tocado cerca. No hemos oído la explosión, pero los teléfonos no paran de sonar. La familia, que sabe que no estamos allí, se preocupa por nosotros. Y nosotros nos preocupamos por su preocupación. Todos tenemos miedo. A fin de cuentas, parece ser lo que más une.
 
Mucho frío.
Estos pasados días, hoy todavía estamos rodeados de nieve, nos han dejado fuertes heladas. Aquí lo notamos más, porque las bajas temperaturas que hemos sufrido son totalmente inusuales. Precisamente es ése el motivo de que no estemos lo suficientemente preparados, en infraestructuras domésticas, para afrontarlas.
Esta casita, normalmente tan confortable, se ha convertido en una auténtica nevera. Con lo que supone de incomodidad, pues apenas podemos movernos del espacio en el que está ubicada la chimenea, que, en condiciones normales, calienta toda la casa. Hemos tenido, incluso, que echarnos una manta por encima del nórdico para poder dormir calentitos. Estas circunstancias extremas yo no las conocía. Para salir de casa, además, hemos de rebozarnos en capas y capas de ropa, pues tampoco disponemos de prendas adecuadas para hacer frente a este frío tan poco corriente en estas cálidas comarcas cercanas al mar. Pero parece que lo peor ya ha pasado, que volveremos pronto a la normalidad, a nuestra normalidad de inviernos con temperaturas superiores a los diez grados. Un invierno que tanto deseo que acabe. Porque, metereología adversa aparte, está siendo de los más duros que recuerdo.
Del mal tiempo que hemos sufrido, de la nieve y el hielo, nos quedan las fotografías. Podrían quedarnos también las conversaciones que deberían haber surgido, la familia junta al lado del fuego, apretujada debajo de las mantitas tejidas en otros inviernos más jóvenes, cuando la medida del tiempo era diferente, cuando pensábamos que no se podía desaprovechar ni un minuto de nuestras vidas sin hacer cosas productivas y teníamos las manos siempre ocupadas, pero no han existido. Porque cada uno ha estado tan en su mundo como en circunstancias normales, en las que ya apenas si hacemos vida en común. Quizá hayamos perdido una buena oportunidad de retomar lo que, meses atrás, en contra de todos los pronósticos, habíamos conseguido.
El próximo fin de semana hay un viaje previsto a Barcelona, donde todo (re)comenzó. Todavía no sé si voy a ir sola.

PS: No he quemado, ni por descuido, ningún libro. Estoy convencida de que me calientan más por dentro que por fuera. Y, en lugar de unos mitones, me he comprado una estufa.
Hoy, además, me han regalado 'Casablanca' con El País.
 
Frío.
En estos días tan helados, mi acceso al ordenador está un poco restringido. No, no por problemas técnicos. O sí. En la pequeña casa de campo donde vivo no hay calefacción. El único rincón calentito está al lado de la chimenea, y este aparato queda muy lejos de ella, así que ahora me dedico a leer. Se me hielan los dedos en el poco rato que me lleva escribir estas líneas. Pero estoy acabando muchos libros que tenía empezados.
Así pues, hasta pronto (espero).
 
'Secador'
En esta zona en la que vivo, a una persona gafe se la llama secador. Es éste un término que prefiero, porque resulta, al menos para mí, más descriptivo. Seca la suerte. Seca las cosechas. Seca las fuentes, los pozos, seca las economías, los sentimientos. Dicen.
Había oído muchas historias sobre secadores, incluso antes de conocer el significado popular de la palabra. Cuando entra en una casa, todo deja de funcionar. Los electrodomésticos van cayendo uno a uno. Las tuberías se obstruyen. Los objetos se rompen. La ropa se pierde. El dinero se malgasta. Hasta que la persona que ha sufrido el influjo del secador se desespera. Dicen que ha habido algún caso de suicidio. Aunque esto último quizá no sea más que una exageración.
Yo no he creído nunca en supersticiones de este tipo. Últimamente, sin embargo, he empezado a notar cambios en mí y en los que me rodean. Estropeamos todo lo que tocamos. Utilizamos las palabras incorrectas, en los momentos más inadecuados, demasiado a menudo. Confundimos los sentimientos y dejamos que nos absorba la melancolía. Cometemos errores de apreciación continuamente. Nos hablamos en un idioma que apenas entendemos. Tomamos demasiadas decisiones equivocadas. Todas esas circunstancias juntas, quizá nos conduzcan a la desesperación que conlleva el hacer las cosas mal hechas y ser conscientes de que somos nosotros mismos, sin influencias extrañas, los que las estamos haciendo.
Me temo que, aun sin creer en ellos, se nos ha infiltrado un 'secador'.

Por otro lado, posiblemente no todo esté perdido porque, a pesar del intenso frío que hace, maravilloso mes de enero, la mimosa del jardín ya tiene este aspecto



 
Pobreza.
Hay gente tan pobre que lo único que tiene es dinero.
 
La Biblioteca del domingo.
Coincidiendo con la celebración en Barcelona del I Encuentro Europeo de Novela Negra, y dentro de él, el homenaje a Vázquez Montalbán, hoy le rindo yo mi propio homenaje, aunque ya lo hice, con mi peña gastronómica, en la cena que tuvimos en el mes de Noviembre, toda ella con ricas recetas que aparecen en sus novelas de Carvalho.
No voy a poner ninguna receta, eso ya se lo dejo a michelín, pero sí algo del pròlogo de uno de los libros menos conocidos de la serie Carvalho.

Las recetas de Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán. 1989.

"Ningún escritor se responsabiliza del todo de la conducta de sus personajes, y mucho menos de la de su personaje central"
"Frecuentemente los lectores de las novelas de la serie Carvalho me interrogan sobre el porqué de la a veces desmedida afición a la cocina del señor Carvalho. Yo suelo dar una respuesta inteligente, de la que me responsabilizo, pero Carvalho jamás ha dicho nada relevante al respecto. Yo suelo plantear la cocina como una metáfora de la cultura."
"Cocinar es una metáfora de la cultura y su contenido hipócrita, y en la serie Carvalho forma parte del tríptico de reflexiones sobre el papel de la cultura. Las otras dos serían esa quema de libros a la que Carvalho es tan aficionado y la misma concepción de la novela como vehículo de conocimiento de la realidad, desde el mestizaje de cultura y subcultura que encarna la serie Carvalho".
"Carvalho es gastronómicamente ecléctico. He aquí su única connotación posmoderna. La base de sus gustos la forma una materia esencial: el paladar de la memoria, la patria sensorial de la infancia"
 
La frase de la semana.
El centro del mundo está allí donde haya una persona libre.



 
Síndrome de Estocolmo
Recuerdo la primera vez que le vi. Iba muy contento conduciendo mi
coche recién comprado. De repente, aquel bache en el suelo. Le esquivé rápidamente celebrando mi habilidad y el buen comportamiento del coche. Si señor, había hecho una buena compra. Pasaban los días y empezaba a familiarizarme con él. Siempre estaba
allí, esperándome. No se movía ni un centímetro, ni a derechas, ni a
izquierdas.

Con el paso del tiempo fue acompañándome en todas los acontecimientos de mi vida. Por ejemplo, cuando la conocí y volvía exultante de la primera cita. Le esquivé con alegría. Con un quiebro, con maestría torera.

Por ejemplo, cuando ella me dejó. En esa ocasión metí la rueda hasta
el fondo. El coche retumbó pero yo seguí conduciendo. Ya nada torero y si de una forma maquinal.

Los días siguientes fueron iguales. Metiendo la rueda, no esquivando
el bache. Cuando le veía dirigía el coche hacía él, sin pensarlo. Una
y otra vez, la rueda hasta el fondo, casi hasta donde ya no podía
salir. Poco a poco conseguí superarlo, primero metiendo poco la rueda, después pasándolo de refilón. No me libré de alguna recaída ocasional que me hizo pensar que esa vez el coche ya no iba a salir.
El día que conseguí esquivar el bache me di cuenta que ya no estaba.
Habían puesto un feo parche encima. Y eché de menos ese bache y
aquella época en la que caía en él una y otra vez.

Es lo que pasa cuando vives en Madrid, que empiezas a coger síndrome de Estocolmo. Te secuestra un bache y después ya no sabes vivir sin él.
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No, Amanda no se ha cambiado de sexo. Este post es un regalo en compensación por los links rotos y sobre todo porque me lo pidió. Naide lo ha escrito.
 
El Cocinillas.
Con la ayuda de un amigo (él lo ha hecho, yo me he limitado a darle las gracias), he puesto un bonito contador de visitas de ademails en mi página.
Con ayuda del mismo amigo (él lo ha hecho, yo me he limitado a amenazarlo de muerte por haberlo hecho) he borrado todos los enlaces de más que tanto esfuerzo y tiempo me había costado incluir en mi caprichosa plantilla.
Iré reponiéndolos poco a poco, mi Special ¿K? ¿F?, no me permite pasar mucho rato sentada, si me acuerdo de cómo se hace y de las páginas que tenía enlazadas.
El primero va a ser El Cocinillas, no sólo porque hoy le dedican la sección 'weblogs' del Ciberpaís (enhorabuena, Cocinillas), sino porque, en mi última reorganización le había puesto una sección (casi) exclusiva que me gusta mucho.
 
Alimentando mi autoestina
 
"antes muerta que sencilla"
En el móvil tengo diferentes melodías para cada persona (de las usuales) que me llama. Todas las melodías venían de serie con el teléfono, nada que no se oiga todos los días por ahí.
Hoy la nena me ha pedido que le ponga 'antes muerta que sencilla' a las llamadas que se reciben desde casa de su amiga. La primera excusa para no hacerlo ha sido, claro, que mi móvil no tiene esa melodía. No hay problema, me ha dicho, porque sólo envías polisencilla al 7777 y ya está (o algo parecido, la verdad es que no estaba prestando mucha atención) Luego, lo he pensado luego. ¿Cómo sabe ella eso? Cuando yo tenía su edad, por supuesto que no existían los teléfonos móviles, ni los inalámbricos siquiera, pero me pregunto si, de haber existido, esa información (la de los politonos) me hubiera interesado. Y es que los niños ahora, además de que crecen más altos y más guapos de lo que crecíamos nosotros, tienen a su alcance toda la información de la que disponemos los adultos, sobre cualquier tema, sin que podamos apenas controlarlo, aunque la procesen de diferente manera.
Cuando vemos las 'noticias' juntas, por ejemplo, me pregunta absolutamente todo sobre lo que están hablando o sobre las imágenes que están apareciendo, no sé si porque no entiende o porque no presta atención. También ocurre con las series (infantiles) y con las películas, incluso a veces, con los dibujos animados. Preguntas, preguntas, siempre tiene preguntas. ¿Por qué no ocurre lo mismo con la publicidad? No ya la de juguetes, que sé que la entiende mejor que yo, porque sólo ella conoce de qué están hablando. Toda la publicidad que ve o escucha, la archiva convenientemente en el rincón correspondiente de su cabecita y me sorprende con cosas como la de las melodías.
No, no he puesto la canción como sintonía en el móvil, pero he aprendido que, si quiero ponerme a su altura, a partir de ahora tendré que prestar un poco más de atención a las publicidades, que tan bien se acomodan en esas cabecitas todavía por desarrollar.
 
Special ¿K?
Puesta en marcha (con relativo éxito) la primera parte del Plan, se va despejando el oscuro, graso y espeso horizonte que yo misma me había representado en ese momento de depresión post-báscula.
No voy a poner contadores de abdominales de más ni de calorías de menos, o corro el peligro de ser confundida con Bridget Jones, pero sí, con otro estilo, y para alimentar mi autoestima, un conciso relato de lo que vaya logrando. Sin mayores pretensiones.
El asunto trabajo, que a priori parecía el más conflictivo y difícil de acoplar a mis nuevas necesidades, se resolvió relativamente pronto y bien, después de una laboriosa (y bien llevada) negociación con jefecillos, jefes, jefazos, superjefes y otros (i)responsables. Yo misma me he rebajado de categoría (provisionalmente), por lo que, si antes era el último mono, ahora soy el último mono menos uno. Pero he ganado en movilidad. Porque, aprovechando que (otra vez) estamos de mudanza, me he ofrecido voluntaria para andar de un lado a otro, escaleras incluidas, unas veces cargando paquetes, otras paseando sencillamente. Con lo que, cobrando el mismo sueldo, me ahorro el gasto en gimnasio. Con esa mi honorable actitud de entrega a la empresa, no sólo están encantados conmigo en la oficina, sino que, además, la negociación es la negociación, ya no tengo que vestirme para ir a trabajar, un simple chandal (no tan simple, de AD) y unas deportivas son ahora mi uniforme de trabajo. ¡Adiós a las apreturas!
En cuanto al Special F en concreto, sin novedades. Hasta el momento, ninguno de mis innumerables amantes está dando la talla según mis expectativas.

Por otro lado, los almendros ya han empezado a florecer.

 
La Biblioteca del domingo.
Mmmmmmmm... me cuesta empezar. Estaba ansiosa de leer Deseo. No lo encontré, y compré el que había. Ahora me alegro de haber empezado por aquí.
Desde que le concedieron el Nobel se ha escrito mucho sobre ella. Antes también, sobre todo después de La pianista, que a la mayoría ya nos dejó un poco tocados. Llegó a resultarme apasionante.
A ver, me lanzo. Distinta. Rompedora. Fría. Combativa. Complicada. Sencilla. Realista. Costumbrista. Suficientes etiquetas, creo. Mujer. Sin concesiones.

Las amantes. Elfriede Jelinek. 1975.

"si alguien tiene un destino, se trata de un hombre. si alguien consigue un destino, se trata de una mujer".
"los hombres pueden ser unos cerdos, pero también lo contrario. ¿qué es lo contrario de un cerdo?"
"la esperanza también se ríe, a pesar de haber empequeñecido una pizca de nuevo.
el futuro no puede reírse porque todavía no ha llegado.
el presente no se ríe porque pesa demasiado para ello."
"es una suerte que todo lo que ella hace para su marido al mismo tiempo lo esté haciendo para ella. los calecetines limpios, las camisas planchadas, calzoncillos y zapatos, todo eso lo hace para sí y para sus hijos. no le es posible hacer algo directamente para sí misma."
"cuando se hiere el orgullo de un hombre es difícil subsanarlo. a una mujer el orgullo no le sirve para nada"


 
La frase de la semana.
Lo dijo Borges: Hay una cosa que no existe, y es el olvido.

 
Once de la noche
pasadas, tumbada en el sofá, al ladito del fuego, que hace mucho frío, medio dormida, medio viendo una gran película en la tele, me asaltó de nuevo la gran pregunta. ¿Cuál es la diferencia entre cambiar de opinión y no saber lo que se quiere?
 
He vuelto a engordar.
Ayer no pude ir a una elegante comida a la que me habían invitado, porque no he conseguido meterme ni en mi ropa nueva.
Así las cosas, mi cuerpo ha tomado una decisión. Cambiar todas las actividades sedentarias a las que me dedico por otras en las que haya, al menos, un poco de desgaste físico. Voy a dejar el trabajo en la oficina, cinco horas sentada sobre éste mi ya doble culo, para dedicarme a algún trabajo físico y agotador, que, además, me ayude a dormir por las noches. Voy a dejar de pasar estos ratos delante del ordenador para dedicarlo a otras actividades lúdicas en las que, sin embargo, quemar calorías sobrantes. Voy a bailar, caminar, nadar, follar (hubiese querido escribir 'hacer el amor', pero qué pocas veces tiene algo que ver el amor con el sexo) y joder (que tampoco significa lo mismo que follar)
Volveremos a vernos dentro de, más o menos, diez quilos por abajo.
 
Una pesadilla.
El sabe lo que esto significa realmente para ella. No es que esté menospreciando lo que hace. Es que utiliza esa información como cebo o como arma arrojadiza, según su estado de ánimo.
 
La Biblioteca del domingo
Recuerdo los primeros días de "El País". En aquella época yo trabajaba algunas horas al día en una tienda en la que también se vendía prensa, y viví la expectación que despertaba en la gente, especialmente joven, la aparición de este nuevo diario, que se subtitulaba independiente. Reconozco que fui una de sus primeras lectoras, por lo que este libro me ha llevado a aquellos tiempos de juventud, de estudiante universitaria, comprometida y luchadora. Reconozco también que lo sigo leyendo a diario. Así, el libro para mí era algo más que una historia, era parte de mi historia, y he de afirmar que he disfrutado leyéndolo.

Una historia de El País y del Grupo Prisa de María Cruz Seoane y Susana Sueiro. 2004.

"(El País) es un periódico que tiene la edad de nuestra democracia, cuya trayectoria es inseparable de la de ésta, con sus altos y sus bajos, ha mantenido la fidelidad de sus lectores que saben que 'nadie es perfecto' y ha logrado atraer a muchos más. Fidelidad menos incondicional que en los primeros tiempos, más realista. Esos lectores siguen eligiéndolo para gastar su euro cada día en el quiosco porque creen que es la mejor opción para tratar de encontrar un sentido a lo que pasa en el mundo"
 
El día después.
Este fin de semana pensaba pasarlo rodeada de silencio, en una casa perdida de un pequeño pueblo perdido entre montañas, sin cobertura ni para el teléfono móvil, pero a última hora tuvimos que cambiar los planes y aquí estoy, rodeada de silencio, pero en casa, rodeada de coberturas varias que me tienen un poco distraída, aunque no contenta. Porque la actividad del viernes todavía me tiene algo preocupada. No, no estuve de rebajas. O sí, depende del punto de vista desde el que se mire.
El día después de las fiestas suelo necesitar una sesión de psicoanálisis. El que este año (pasado) haya sido de celebraciones totalmente atípicas no le quita peligro a la situación.
Tumbada en el diván (mi terapeuta es de la escuela clásica), medio hipnotizada por mis propios recuerdos, voy desgranando frases sencillas, una a una y con calma las palabras, en lo que a veces más se asemeja a cirugía del alma que a una simple terapia tranquilizadora.
La verdad es que las fiestas me dejan bastante damnificada. No es la comida, que este año no la ha habido en demasía, no es el alcohol, que apenas he probado, es una sensación de vértigo que nada tiene que ver con las reuniones familiares, con las sobremesas, con el intercambio de los regalos y los buenos deseos, que llegan a convertirse en conversaciones vacías, en las que las palabras ya casi nada significan, sino más bien con ese hacer balance al que parece que nos empujan las fechas, las convenciones, es ese otro año pasado, esas otras metas no alcanzadas, esos otros deseos sólo a medias cumplidos, y que al final nos lleva a pensar que otro año más hemos sobrevivido a esas catástrofes que han ocurrido en otros sitios, pero que nos alcanzan, en forma de imágenes en la televisión y en los periódicos, en forma de pesadillas que, debido al café de más que hemos tomado, nos acompañan en esa cada vez más larga vigilia antes de conciliar el sueño reparador que necesitamos todas las noches.
Lo malo de esta sesión, para la que suelo pedir cita de un año para otro, es que salgo de allí, una vez más, habiéndome dado de bruces con la realidad. Aunque este año ha habido una novedad. Que estoy rodeada de alegorías, dice mi terapeuta, que he de ir reconvirtiéndolas en auténticas certezas. Pero lo peor ha sido, sin ningún género de dudas, el haber descubierto que mi viaje a Bora-Bora es una de esas alegorías. ¡Ya me parecía a mí un paquete muy pequeño para contener un viaje tan grande!
 
Queridos reyes magos:


Un año más, os escribo la carta el día después. Un año más, para agradeceros que os hayáis detenido en esta escondida casa, casi perdida en el campo, desde la que no sale ninguna petición concreta de ofrendas para la noche mágica, pero en la que nos sentimos muy afortunados cuando, al levantarnos por la mañana, encontramos vuestras huellas y las de vuestros camellos en el jardín, fieles a la tradición de visitar todas las casas, incluso aquellas en las que no se cree en milagros.
Porque, a escondidas, seguimos manteniendo la ilusión. La ilusión de ser niños de nuevo por una noche, la realidad no nos permite más, la ilusión de dormir con un ojo abierto por si oímos vuestros pasos, la ilusión de levantarnos temprano, muy temprano, y correr al salón, donde por la noche hemos dejado los zapatos limpios, limpísimos, a ver qué hay dentro de ellos. Y allí está, el regalo de nuestros sueños, que, de nuevo desde la magia, ha llegado de Oriente para que ese día, al menos ese día, seamos felices con nuestros tesoros.
Gracias por el maravilloso día que nos habéis traído. Gracias por permitirnos compartirlo con los que más queremos. Gracias por esos mensajes de apoyo que, de todos ellos, hemos recibido. Gracias por las palabras, por las sonrisas y por los buenos deseos.

 
Siguiendo con la reestructuración
y en mi empeño por el ahorro de espacio, he decidido desdoblar, siguiendo el ejemplo que un buen día nos dio Bakunin, creando una nueva bitácora temática, en un barrio que no había llegado a visitar, porque no me llamaran mona, que gata ya me han dicho en otra ocasión.
Y cuál va a ser el tema? Esa respuesta la sé: la gastronomía, una de mis mayores aficiones en todas sus vertientes, lectura, escritura, elaboración y degustación. La idea nació ayer, otro día ocioso de vacaciones, preparando la ensalada que suelo hacer el primer día del año, mientras escucho el tradicional Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena y que en esta ocasión me había perdido.
Así, a partir de ahora, y según vaya teniendo tiempo y ganas, iré pasando allí todos los posts aquí publicados que tengan algo que ver con el comer y el beber, con las cocinas, los restaurantes, las bodegas y cualquier delicatessen que se cruce en mi camino.
Sin querer competir con El Cocinillas, ya sabéis por dónde habrán de pasar vuestros ojos cuando, niñas y niños, chicas y chicos, mujeres y hombres (metrosexuales incluidos) que de vez en cuando os detenéis por aquí, queráis disfrutar de un rato 'diferente'.

 
Reestructuración de plantilla.
A estas alturas, año nuevo, ubicación nueva, como ya dije el otro día, esperaba estar convenientemente instalada en otro sitio. No ha sido posible, ni lo será, por el momento, así que voy a empezar a reorganizar un poco por aquí. Nada complicado, poquito a poquito (manuti, txarly tened un poco de paciencia, todavía voy a necesitar mucha ayuda). Empezaré, pues, por los enlaces, tema que ya (casi) domino. Unos cambian, otros desaparecen, los menos toman posesión. Si alguien no se encuentra a gusto en el apartado en el que ha sido incluido, ruego que lo diga, via comentario o correo, porque estoy abierta a sugerencias. La pretensión de este blog es ser un sitio de encuentro, no de desavenencias, de poder ir todos como por casa, zapatillas y rulos, si se presenta. Y si alguien sabe de alguna villa bonita y espaciosa (espacio, necesito mucho espacio), con vistas al mar y al aeropuerto, porque no quiero perder el avión cuando llegue el momento de regresar a París, pues que lo diga también. He buscado en algunos barrios, pero en ninguno de ellos me siento confortablemente instalada. Y de mantenimiento sencillo, no puedo tener asistenta toda la vida.
 
Versos.
El último día del pasado año se nos llevó un poeta. Familiar, querido, cercano. El primer día de este nuevo año fuimos a despedirlo. Nos quedará su recuerdo y su poesía. Y la emoción de los homenajes espontáneos que se fueron sucediendo según se conocía la noticia de su muerte. Como el grupo de músicos que, por voluntad propia, sin que nadie les convocara, interpretaron 'La Moixeranga' a la entrada y la salida del féretro de la iglesia, emocionando a la gran cantidad de gente que allí estábamos, especialmente a la familia, por lo inesperado, porque no contábamos con ello. Como el del sacerdote, amigo personal del poeta, que ofició una entrañable ceremonia, mitad funeral, mitad despedida a un amigo, que mantuvo en silencio durante más de una hora a todos los que allí pasamos la mañana de Año Nuevo. Como la del operario del cementerio encargado de darle sepultura, que sacó un libro de poemas del bolsillo del mono de trabajo y, ante los tristes y llorosos rostros de los familiares que allí acabamos de despedirnos, recitó dos preciosas poesías de su último libro, que hablaban de amor, de amistad y de despedida. Y nadie le había pedido tampoco que lo hiciera. Simplemente, cuando le preguntamos, dijo que él había sido amigo del poeta, que había pedido trabajar en ese su día de fiesta, porque quería ofrecerle un trabajo bien hecho, una compañía como la que él le había brindado en otras ocasiones, y porque le había salido del alma.
Después vendrán los homenajes institucionales, no en vano el poeta era querido y admirado en la ciudad en la que vivía desde su juventud, y que, un par de años atrás, le nombró hijo adoptivo. Hoy he oído en la radio que incluso van a ponerle su nombre a una calle. Sólo espero que la elijan bien. Que sea soleada, porque al poeta le gustaba mucho estar al sol. Que sea peatonal, porque el poeta nunca fue amante del tráfico rodado. Que se llene de voces de niños, porque de esas voces nacieron muchos de sus poemas.
Pero sobre todo espero que, como el día de su entierro, alguien recite de vez en cuando unos versos delante de su tumba.