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¿Pacificación?, ¿normalización?. CARLOS FERNÁNDEZ DE CASADEVANTE ROMANÍ
Hola compañeros/as, ahí va otro trozo de realidad para no desorientarnos. Lo escribe un hombre que fue Profesor de Derecho Internacional Público en la UPV de San Sebastián hasta que la vanguardia del nazionalismo vasco le hizo la vida tan insoportable que tuvo que irse a otra parte para poder vivir. (Diario Vasco 11/07/05).

Transcurridas varias semanas no quiero dejar pasar por alto unas breves reflexiones motivadas por el artículo titulado Pacificación y normalización publicado en estas páginas el pasado 6 de junio y firmado por Fco. Javier Meabe, no a título personal sino como miembro del Secretariado Social Justicia y Paz. He querido esperar un tiempo por si, en mi ingenuidad, la más alta instancia de la diócesis de San Sebastián precisaba o puntualizaba algo. Al menos, que las citadas líneas reflejaban una opinión estrictamente personal de su autor a pesar de firmarlas en su calidad de miembro del Secretariado Social de la diócesis. No ha-biendo existido ninguna precisión ni puntualización, y dado que el Secretariado Social Diocesano es un organismo oficial del Diócesis, entiendo que el contenido del citado artículo refleja también una posición oficial de la diócesis sobre el particular.

Con carácter general, el citado artículo reitera el modo en el que el nacionalismo vasco concibe y explica la situación de terrorismo en el País Vasco: existencia de un conflicto político y necesidad de un nuevo marco político para resolverlo. Meabe lo adereza, además, con la propuesta de Batasuna relativa a las dos mesas que habría que constituir: una entre el Estado y ETA. La otra, de carácter político, integrada por los partidos políticos más la ilegalizada Batasuna. En otros términos, más de lo mismo. El mismo discurso que se reitera una y otra vez para que cale a fuerza de repetirlo. Pero esta vez, y esto es lo trágico, desde un organismo de la Diócesis. Y todo ello, con escaso rigor.

En primer lugar, porque el logro de la pacificación depende en exclusiva de quienes recurren al terror para imponer su voluntad y lograr un determinado proyecto político (que en la actualidad es compartido por la totalidad de los partidos nacionalistas vascos). Por lo tanto, la decisión de abandonar ese camino es exclusivamente de ETA. Por eso, afirmar desde una instancia eclesial que «aquí, en Euskadi, en estos momentos, pacificación significa hacer la paz concreta y alcanzar la justicia concreta que se sigue de la supresión o desaparición de la violencia de ETA» me parece insuficiente. ¿Como si ETA no tuviera que tomar la decisión de desaparecer!

En segundo término, señala que «por normalización se quiere significar el logro de un marco político general que defina las relaciones jurídico-políticas que hayan de existir entre España y el Pueblo Vasco, marco que sea aceptado libremente por la gran mayoría de ese Pueblo Vasco y el Estado español». ¿Y el marco jurídico actual qué es sino un marco libremente aceptado primero por los vascos y después por el Estado? ¿El Estatuto de Autonomía -del que deriva la legitimidad de quienes conforman las instituciones vascas- acaso no fue refrendado por una gran mayoría de vascos? ¿O es que de lo que se trata es de que los vascos tengamos necesariamente que aceptar el proyecto político del nacionalismo vasco incluso sin la presión del terror pero al margen del Parlamento Vasco (nuestro órgano legislativo) y de las reglas del Estado de Derecho?

Para lograr la felicidad, esto es, esa pacificación y esa normalización la fórmula que se nos propone es precisamente la propuesta por Batasuna. Resulta sorprendente que el método sea precisamente el propuesto por aquellos que desde la reinstauración de la democracia se han caracteri- zado por su participación activa y su complicidad con el terror, así como por no respetar las reglas que articulan nuestra vida social y que nos dimos entre todos. El método de las dos mesas: una entre el Estado y ETA (para lograr la desaparición de la violencia de ETA). La otra, de carácter político integrada por los partidos políticos «como representantes del pueblo, y la variada participación de éste» (la cursiva es mía). ¿Hay que prescindir del Parlamento Vasco y de los procedimientos establecidos en el Estatuto? Si es así, podría generalizarse este sistema de barra libre también respecto de los ciudadanos en sus relaciones con la Administración. Tendría éxito. Sin duda.

Ahora bien, esa construcción tiene un problema nada irrelevante: si ETA no tiene voluntad de abandonar las armas y la práctica del terrorismo, todo ese edificio se cae irremisiblemente. Incluso aunque se modifique el marco jurídico-político. En esta hipótesis, ¿persistiría el conflicto político? Según los discursos del nacionalismo vasco, el dichoso conflicto es anterior al surgimiento de la violencia en Euskadi por lo que desaparecida esta, «seguiría en estado latente si no se alcanzara un acuerdo satisfactorio con el Estado en lo que a las relaciones de Euskadi con él se refiere» (J. Arregui, La nación vasca posible, p. 29). En consecuencia, modificado el marco jurídico-político ¿estimarían que ya no hay conflicto? Cabe dudarlo, salvo que ese marco jurídico-político recoja el proyecto hegemónico que del País Vasco tiene el nacionalismo vasco y que las últimas elecciones vascas han interrumpido momentáneamente.Por otra parte, puede que hasta esa hipótesis sea irrelevante en la medida en que el recurso al 'conflicto' no es otra cosa que el instrumento que justifica el proyecto político nacionalista.

Termina Meabe su artículo afirmando que «ante el futuro de nuestros hijos y el futuro de nuestro pueblo lo más importante no es saber quien tuvo la culpa sino tener que reconocer que fuimos incapaces de hacer las cosas bien. Un fracaso culpable, que como pesada losa puede atenazar la memoria histórica de un pueblo, en este caso de nuestro pueblo». ¿Qué manifestación de equidistancia! Ahora resulta que estamos como estamos porque no hemos sido capaces de hacer las cosas bien. No es cierto. Hay culpables y hay responsables. Son culpables y responsables los que libremente han optado y optan por asesinar, amenazar, extorsionar a otros ciudadanos persiguiendo con ello un objetivo político concreto. Son culpables y responsables quienes en algún momento se han aprovechado y se aprovechan de este estado de cosas. Son culpables y responsables quienes por convicción o por omisión no han reaccionado.

Eso es lo realmente triste: que son muchos los vascos culpables y responsables. En mayor o menor medida. Y eso es lo que duele y por eso se recomienda cerrar los ojos. Pero cerrar los ojos constituiría una ignominia y una victimización adicional a la que ya han padecido las víctimas del terrorismo porque es indudable que ninguna víctima del terrorismo es culpable ni responsable de haber sido asesinada, perseguida, amenazada, extorsionada. Víctimas todas ellas sacrificadas en aras de un proyecto político concreto totalmente contaminado por el terrorismo de ETA y que, sin embargo, hoy comparten todos los partidos del nacionalismo vasco. Por eso, su existencia constituye y constituirá siempre una denuncia pública de un modo de hacer o de no hacer que muchos prefieren rehuir porque les interroga.

En este fracaso culpable la Iglesia local de Guipúzcoa tampoco está libre de pecado. Por eso debe reconocerlo y pedir perdón a las víctimas del terrorismo. Por acción y por omisión. Por haber sido cobarde. Por no tener entrañas de misericordia. Y sin embargo, sobre esto no se reflexiona. A lo sumo, lo de siempre: la exhortación a escucharles, acompañarles y protegerles, pero nunca un compromiso activo. Un modo muy peculiar, y muy poco cristiano, de vivir el mensaje evangélico. No basta con predicar la reconciliación y el perdón. Hay que predicar con el ejemplo y la mejor manera es practicarlo. Mientras no se tenga la humildad de reconocerlo, la fraternidad y la unidad en el seno de esta Iglesia local no serán posibles. Por eso estamos como estamos. Ni somos luz, ni somos sal, ni somos fermento.

enviado por:
dani.naturaforma
 
Comentario:
Comentaba Zarrato que es hacer trampa el meter a todos los partidos nacionalistas vascos en el mismo saco, como si alguien les hubiera obligado a meterse en el Pacto de Lizarra junto a Eta. ¡Pues parecían todos muy contentos en esa foto!

¿Y qué me decís de la risa nerviosa de nuestros gobernantes nacionalistas vascos al recibir los votos de la Izquierda Abertzale? ¡Coño! ¡Si están engordando, perdón, gobernando gracias a ellos! ¡Algo compartirán con ellos cuando les votan sistemáticamente!

El profesor Casadevante hablaba de "... el proyecto político contaminado por ETA y que hoy comparten todos los partidos nacionalistas vascos...".

Si asesinan y hacen la vida imposible a sus contrincantes políticos será para algo, ¿no? ¿Y no es verdad que mientras unos sujetan las manos a la víctima los otros le roban la cartera? ¡Oh no! ¡Claro que no es verdad! ¿Cómo se me puede pasar por la cabeza algo tan feo? Lo que ocurre es que casualmente pasan por allí y ven la cartera en el suelo... Y con el dinero de la cartera unos les subvencionan y los otros les dan sus votos sólo cuando andan justitos, ¡no vayamos a sospechar algo!

 
Comentario:
"Víctimas todas ellas sacrificadas en aras de un proyecto político concreto totalmente contaminado por el terrorismo de ETA y que, sin embargo, hoy comparten todos los partidos del nacionalismo vasco".

No puedo, desde mi percepción personal, sino discrepar de la literalidad de semejante afirmación y repudiar absolutamente la intención que subyace en la misma.

En cuanto a la literalidad de lo escrito, y si es que alguien opina que ETA, efectivamente, tiene un proyecto político, hago notar que como nacionalista para nada coincido con su discurso. El reconocimiento de la soberanía del País Vasco es, sólo, un factor más de un programa político. Más alla de ese reconocimiento existe toda una doctrina y un modelo social en los que para nada, insisto, existe coincidencia enre ETA y otras opciones nacionalistas.

En cuanto a la la manida dialéctica de presentar siempre en un mismo paquete a ETA y a las demás fuerzas nacionalistas y abertzales, lo siento, pero es hacer trampa. Es la vieja doctrina de las medias verdades, de reiterar un mismo tópico hasta que, de forma casi subliminal, el lector no perciba el atropello que semejantes afirmaciones contienen. Y es que el siguiente paso sería -y ya hay a quien de vez en cuando se le "escapa"- generalizar un poco más y hablar de "los vascos" y lo siento por el Carlos Fdz. de Casadevante -con quien compartí aula en la facultad-, pero parafraseando al ilustre portero, "un poquito de rigor" ...
 
Comentario:
dani, espero que nos sigas dejando mas de tus artículos o estos trozos de realidad que permiten mantener el norte
felicitaciones!
 
Comentario:
Menuda exposición,larga pero interesante cuanto menos y bastante meditada también me atrevería a añadir.
Dani,estoy bastante de acurdo en toda tu declaración,por eso no añadiré nada más que mi felicitación , mi saludo y mi ánimo para que cuanto quieras mandes más artículos a la web y a la revista que saldrá en septiembre.(Los artículos que salen en la weblog podrán salir tb en la revista)
No