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Sindicación
 
Contrapoder
La aparición de la izquierda abertzale allá por 1978, más que como el surgimiento de una nueva organización política, debe ser interpretado como el primer acto de la creación de un mundo nuevo. La izquierda abertzale que hoy llamamos 'ortodoxa' o 'histórica' (para distinguirla de la representada fundamentalmente, aunque no solo, por Aralar) se concibe a sí misma no sólo como contrapoder, sino como contracultura y, aún más, como contrasociedad. Nacida contra el proyecto de la España constitucional tanto como contra el nacionalismo representado por el PNV, ha querido ser una sociedad alternativa: una Euskal Herria soberana dentro de la Euskadi estatutaria.

La izquierda abertzale ha querido delimitar un espacio político, sí, pero sobre todo un espacio social, cultural y hasta físico claramente diferenciado. Organizaciones sociales propias (sindical, feminista, internacionalista, juvenil, ecologista), medios de comunicación propios, estética propia y, donde ha sido posible, territorios propios: estos han sido los medios de los que se ha servido para experimentar una vida de 'vascos libres' frente a la existencia de 'vascos dominados' a la que, según su análisis, nos condenarían las instituciones nacidas del Estatuto de Gernika.

La izquierda abertzale ha sido, desde sus inicios, un espacio de encuadramiento. De ahí la dificultad estructural con la que se ha encontrado para extenderse horizontalmente. De ahí también su mayor capacidad de acogida al distinto que, previa conversión, se mostraba dispuesto a formar parte de ese mundo; más que la del nacionalismo tradicional.

Es desde esta perspectiva desde la que cobra pleno sentido la manifestación convocada por Batasuna para hoy en San Sebastián y, sobre todo, el mantenimiento de la convocatoria a pesar de su prohibición por el Gobierno vasco. Tachar de cínica o de mentirosa la comparecencia de Joseba Álvarez afirmando que la manifestación se realizará en cualquier caso y que será pacífica siempre que la Ertzaintza se mantenga alejada de su recorrido es quedarse en la superficie de las cosas.

Lo que Batasuna pretende con la manifestación de esta tarde es hacer un ejercicio de contrapoder. Igual que cuando convierte los salones de plenos en capilla ardiente de los suyos o cubre de pintadas, pancartas y carteles pueblos y barrios, al margen de que su presencia electoral en los mismos sea anecdótica. Lo importante es desplegar poder simbólico, ejercer de hegemónicos aunque la realidad vaya por otros derroteros.

Es por eso que, de celebrarse en las condiciones exigidas por Álvarez, el acto de esta tarde seguramente transcurriría sin mayores problemas. Mal que les pese a los analistas de Balza, embarcados en un alucinante ejercicio de afeamiento de la conducta de Batasuna por «contradecir el espíritu de Anoeta», todo es de lo más coherente con lo dicho allí: quien puede sacar el conflicto de la calle también puede mantenerlo en ella. Poder contra poder. De eso se trata.

Imanol Zubero
El correo
 
Comentario:
Muy certero el artículo.

Batasuna, en cualquiera de sus acepciones, nunca ha sido un partido político, sino una organización antisistema. Poder contra poder. Exactamente eso.

Saludos.
 
Comentario:
En condiciones de lo que dijo Joseba Álvarez... Claro. ENtonces, ¿hay que permitir que todas las condiciones las ponga Batasuna?

Si fuera así, nacería Euskal Herría con las 7 provincias que reclaman los abertzales, se pondría en la calle a los asesinos (no sólo a los terroristas sin delitos de sangre), se expulsaría a los no vascos "verdaderos"...

¿Eso hay que hacer? Me parece vergonzoso que debamos justificar lo que hace Batasuna, que es no dar un paso adelante definitivo en busca de la paz. Dejemos la palabrería del poder y el contrapoder. ¡Qué actúen!

Saludos
No