Completamente irrelevante
En el inicio del 2003 George W. Bush advirtió que la ONU —una de las principales creaciones multinacionales de la segunda posguerra del siglo pasado— corría el riesgo de "volverse irrelevante". En la lógica del presidente estadounidense esto podía suceder si se negaba —como lo hizo— a bendecir una invasión a Irak, que aún hoy resulta imposible de justificar.En el primer día de deliberaciones de la cumbre más importante de la ONU en 60 años de historia —más de 170 jefes de Estado y de gobierno asisten, sobre un total de 191 países miembros—, el foro multilateral por excelencia probara que está realmente cerca de la irrelevancia, aunque no por las razones que el mandatario adujo. Y no lo es menos que Bush, quien pareció entonces hacer a un lado a la ONU con un único gesto omnipotente, haya estado ayer en la sede del organismo reclamando un reconocimiento de que su país aún no puede prescindir por completo de la instancia irrelevante.
En esa primera jornada lo que la ONU produjo es —en esencia— una nueva versión de un antiguo trueque, propio del sistema de poder oligárquico que aún caracteriza al orden internacional. Los países ricos del planeta se aseguraron de que sus obligaciones en esa escena sigan siendo mínimas, mientras lo disimulan con la retórica elegante pero hueca de la diplomacia, y que su capacidad para fijar arbitrariamente las reglas globales de juego (incluyendo acciones militares) siga siendo amplia. Los menos favorecidos, en cambio, deberán seguir conformándose con promesas vacías y digerir una dosis mayor de amarga disciplina que poco tiene que ver con la idea de democracia que invocaron quienes la propusieron.
Para ir por partes: están las 40 páginas dedicadas a la situación social del planeta incluidas en el voluminoso documento base sometido a consideración de los Estados miembros por el secretario general de la ONU. Lo que fue prolijamente eliminado de ese texto es una decena de párrafos, precisamente los que fijaban acciones concretas —incluyendo el porcentaje de los PIB que debían dedicarse a la asistencia internacional— que hubieran permitido avanzar en la disminución del 50% de la pobreza internacional que la propia ONU se fijó hace un lustro entre los llamados "objetivos del milenio".
En cambio, el Consejo de Seguridad —único organismo del sistema con capacidad ejecutiva— aprobó una resolución que, bajo la meta de reducir la acción de quienes "incentivan" el terrorismo preanuncia restricciones al derecho de asilo humanitario, introduce la lógica que puede fundamentar el castigo preventivo arbitrario y quizá también sirva para el control social incrementado. La Inglaterra de Tony Blair la propuso; pero si la comunidad internacional fue también en esta oportunidad incapaz de adoptar una definición común de terrorismo, ¿contra quién se usará en el futuro esa resolución? Nadie puede decir que los que causan muertos en Irak —donde la democracia de Bush y Blair no consigue arraigarse— están demasiado preocupados por el texto.
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