Aintzane
Leemos en Euskal Show un artículo que merece la pena leer,os invito a visitar su blog y a leer este artículo.
Al anochecer, el faro se enciende y los rayos dan vueltas con una soledad majestuosa. Está nublado, pero hace un calor seco de viento sur. Hay mar de fondo del noroeste. Los acantilados se esponjan del griterío de las aves -gaviotas, cormoranes, pardelas, charranes- que pugnan por una grieta donde pasar la noche. Me gusta venir a esta hora. Aparco y camino, descendiendo, hasta la repisa de la encina centenaria. Me siento, recostado en su tronco. Huele a salitre, a retama y a brezo. El mar ondula brillos apagados de sanguina trazada con lápiz despuntado. Las olas pasan, como delfines en desbandada, amontonándose unas sobre otras, rumbo al horizonte amoratado, o restallan en las rocas, muriendo, con un sonido antiguo, venerable, imponente.Serpentean, desde el alto encinar hasta la pedriza de la playa, caminitos de sirga invadidos de zarza. Hacia poniente, brillan ya las luces del puerto de Armintza y puede verse al viento pasar, con sus uñas de gato, sobre los tejados. Armonía, sosiego, placidez, belleza que, con ansia, rastreo tantas veces y aquí siempre cosecho -como fruta segura, al alcance de la mano, en sazón, que me aguardase-, en los acantilados de Bakio, a los que me encaramo para beberme el mar y, con él, ensancharme hasta perderme de vista, fundido con el rodar de la tierra.
Y es aquí -acabo de saberlo- donde la han encontrado hace unas horas, "con signos de violencia".
No sabían de ella desde el viernes. La buscaban. Ayer ví su foto pegada en las farolas. Los periódicos contaban que había acudido a una cita con su ex-novio. Al tipo acaban de detenerlo y, en este momento, le estarán leyendo sus derechos. Aintzane ya no podrá ejercerlos. Sólo tenía veintiseis años. La han encontrado rota, arrojada a un terraplén como quien tira una colilla, con el espanto aún en sus grandes ojos negros deshabitados. Y sólo se me ocurre teclear estas líneas inservibles -para curar el cáncer, no sirven las libélulas-, avergonzado de pertenecer a mi especie y a mi género. Y pensar, tontamente, que no seré capaz de regresar nunca más al acantilado de Andiños y mirar ese mar que no volverá a ser bello, que ya siempre será una extensión de llanto pavorosa con olor a vinagre: naturaleza muerta.
Esta noche, el faro se enciende y los rayos dan vueltas con una soledad desgarradora.
Euskal Show
Comentario:
Conmovedor.
Saludos
Saludos

