Que todo cambie para que todo siga igual
¿Qué permanece hoy del poderoso y arrogante super-Estado que nació de la Revolución de Octubre de 1917? ¿Qué de la república surgida de las revueltas campesinas, obreras y militares de 1910? ¿En qué se ha convertido, en los comienzos del siglo XXI, el gigante comunista trazado por el Gran Timonel durante la Larga —y penosa— Marcha? ¿Dónde está el Hombre Nuevo que concibieron el Che Guevara y Fidel Castro hace más de cuatro décadas? ¿Era necesaria la inmolación de casi dos millones de personas antes de emprender la construcción del incontaminado paraíso comunista en Camboya? En suma: ¿por qué todos los Estados socialistas —sin excepción— traicionaron los ideales de liberación y progreso que los animaron y, en cambio, dieron origen a las dictaduras más totales, crueles e incompetentes de la historia?
En La gran mascarada Jean-François Revel afirma que no se trata de una traición o perversión de los ideales marxistas, sino que la vocación y tentación totalitaria y criminógena es consustancial en ellos: el comunismo y el nazismo tienen más rasgos en común de lo que quiere aceptar una izquierda anacrónica y largamente afectada de miopía: la imposición de una ideología única y excluyente, el monopolio de la economía y de la política, el control de los medios, del arte y la cultura y de la vida privada, así como la eliminación, la represión y el hostigamiento sistemáticos de los disidentes, los diferentes, los apáticos y los indecisos. Las cien millones de muertes —o más— causadas por purgas, asesinatos y ejecuciones en masa, genocidios, deportaciones y hambrunas deliberadamente provocadas en las naciones que ensayaron sus propias versiones del marxismo-leninismo en el siglo xx —o que les fueron impuestas— son la razón más contundente para dejar en claro que el comunismo, lejos de encarnar los deseos y las aspiraciones del pueblo, ha sido más bien su explotador y verdugo más eficiente.
Podrá argüirse que el llamado “capitalismo salvaje” es el sistema más irracional, rapaz e injusto que ha surgido en la faz de la tierra. Lo es. En las distintas variantes del capitalismo desde sus orígenes hasta nuestros días —del Estado benefactor al neoliberalismo— la desigualdad y la injusticia han sido una constante de ese modo de producción, pero, ¿no se suponía que el socialismo rompería las cadenas que ataban a proletarios y campesinos y fundaría una nueva sociedad basada en la fraternidad y la justicia?
En La gran mascarada Jean-François Revel afirma que no se trata de una traición o perversión de los ideales marxistas, sino que la vocación y tentación totalitaria y criminógena es consustancial en ellos: el comunismo y el nazismo tienen más rasgos en común de lo que quiere aceptar una izquierda anacrónica y largamente afectada de miopía: la imposición de una ideología única y excluyente, el monopolio de la economía y de la política, el control de los medios, del arte y la cultura y de la vida privada, así como la eliminación, la represión y el hostigamiento sistemáticos de los disidentes, los diferentes, los apáticos y los indecisos. Las cien millones de muertes —o más— causadas por purgas, asesinatos y ejecuciones en masa, genocidios, deportaciones y hambrunas deliberadamente provocadas en las naciones que ensayaron sus propias versiones del marxismo-leninismo en el siglo xx —o que les fueron impuestas— son la razón más contundente para dejar en claro que el comunismo, lejos de encarnar los deseos y las aspiraciones del pueblo, ha sido más bien su explotador y verdugo más eficiente.Podrá argüirse que el llamado “capitalismo salvaje” es el sistema más irracional, rapaz e injusto que ha surgido en la faz de la tierra. Lo es. En las distintas variantes del capitalismo desde sus orígenes hasta nuestros días —del Estado benefactor al neoliberalismo— la desigualdad y la injusticia han sido una constante de ese modo de producción, pero, ¿no se suponía que el socialismo rompería las cadenas que ataban a proletarios y campesinos y fundaría una nueva sociedad basada en la fraternidad y la justicia?
Comentario:
invitado: y yo porqué me tengo que ir a la cárcel de papel?
Vandeweghe: hace cuanto tiempo que dejaste de jugar baloncesto?
parece que te hace falta dar algunos botes mas para sacudirte las neuronas
Vandeweghe: hace cuanto tiempo que dejaste de jugar baloncesto?
parece que te hace falta dar algunos botes mas para sacudirte las neuronas
Comentario:
Cambio de postura con VANDEWEGHE,el que tiene que ir a la cárcel de papel es maputxe...jajaja
Comentario:
Es fácil criticar al comunismo desde la óptica de los derechos humanos. Sí, millones y millones de personas asesinadas por un ideal. Los muertos, muertos son. Pero quiero pensar que no es lo mismo matar por un ideal que por tener papeleres de 6.000 € (como los del despacho de la empresa adjudicataria del suministro de comida de los marines en Irak).
Quiero decir con esto que la demagogia es sencilla, y que es necesario un análisis más riguroso. Regímenes mal llamados comunistas? Nunca más. Ideales de justicia universal? Siempre. Vale, millones de muertos en purgas pero si lo comparamos con los miles de niños que mueren de hambre cada día gracias a los neocoms...
Comunismo? No, pero ir a Moscú y ver miseria, mucha miseria... excepto en un exiguo centro: discotecas para magnates con entradas de 500 dólares, putas, putas y putas, casinos, casinos y casinos. La ciudad está embotada de Ks (K de Kasino y K de Klub). Seguramante muchos rusos estaban mejor hace 20 años. (Un ruso le dice a otro "Qué pena, todo lo que nos contaron del comunismo era mentira". Y le responde "Tienes razón Igor, pero peor es que lo que nos contaron del capitalismo era verdad".)
Finalmente, es evidente que en metodos y resultados respecto al capital humano, el nazismo y el comunismo soviético. Pero hacer la comparativa desde estos efectos es reduccionista. Si algo tienen en común es que ambos tienen un ideal, una utopía comunitarista que eleva los derechos de dicha comunidad por encima de los del ser humano. La búsqueda de la sociedad perfecta o la sociedad justa subsume al individuo en la totalidad. Esta es la raíz, que ya se puede vislumbrar en JJ. Rousseau.
El artículo adolece de un análisis más profundo y es muy, muy demagógico.
Con afecto.
Quiero decir con esto que la demagogia es sencilla, y que es necesario un análisis más riguroso. Regímenes mal llamados comunistas? Nunca más. Ideales de justicia universal? Siempre. Vale, millones de muertos en purgas pero si lo comparamos con los miles de niños que mueren de hambre cada día gracias a los neocoms...
Comunismo? No, pero ir a Moscú y ver miseria, mucha miseria... excepto en un exiguo centro: discotecas para magnates con entradas de 500 dólares, putas, putas y putas, casinos, casinos y casinos. La ciudad está embotada de Ks (K de Kasino y K de Klub). Seguramante muchos rusos estaban mejor hace 20 años. (Un ruso le dice a otro "Qué pena, todo lo que nos contaron del comunismo era mentira". Y le responde "Tienes razón Igor, pero peor es que lo que nos contaron del capitalismo era verdad".)
Finalmente, es evidente que en metodos y resultados respecto al capital humano, el nazismo y el comunismo soviético. Pero hacer la comparativa desde estos efectos es reduccionista. Si algo tienen en común es que ambos tienen un ideal, una utopía comunitarista que eleva los derechos de dicha comunidad por encima de los del ser humano. La búsqueda de la sociedad perfecta o la sociedad justa subsume al individuo en la totalidad. Esta es la raíz, que ya se puede vislumbrar en JJ. Rousseau.
El artículo adolece de un análisis más profundo y es muy, muy demagógico.
Con afecto.

