Un dia más.
La oscuridad desaparece de nuevo. Un día más el sol revive esa oscuridad, que me envuelve y me protege, que convierte mis preocupaciones en una inmensa fantasía y la realidad en un sueño en un bonito y simple sueño en el que yo soy feliz. Una oscuridad en la que todo esta cubierto con polvitos mágicos, en la que yo soy libre y dueña de mí misma, en la que no tengo miedos porque en ese sueño nadie me quiere dañar..
Recuerdo cuando no me gustaba esa oscuridad. Incluso me asustaba y me hacía sentir miedo, con las habladurías de aquellos falsos fantasmas.. Y pensar que ahora es mi mejor amiga, es la única que nunca me ha fallado, la que siempre ha estado ahí.
Todo era tan perfecto, era un sueño vivido día a día, unas ganas inmensas de despertar y vivir una día nuevo con las misma felicidad que el día anterior. Pero todo sueño tiene su fin, y el mío acabó hace tiempo. Como me gustaría regresar a esos tiempos, a ese pasado en el que sonreía, en el que todo relucía y en el que hasta el mínimo detalle tenía un valor incalculable.
Pero no me quejo, es lo que me ha tocado vivir, una pesadilla que nunca acaba y en la que siempre aparece él.. El, el y el. El siempre me grita y me recrimina que toda la culpa la tengo yo, antes así lo creía pero ahora me estoy dando cuenta de muchas cosas.
Él antes era totalmente diferente, era con pocas palabras mi mundo, su sonrisa, sus besos, sus palabras, sus gestos, su mirada, su olor, su manera de sorprenderme hasta su manera de enfadarse porque le cambiaba el fútbol, me convertían en la mujer más feliz del mundo.
Como cambian las cosas, antes era yo su pasión ahora es el alcohol, antes le gustaba disfrutar y jugar con las niñas ahora solo los bares, antes le encantaba coger un libro y perderse entre sus paginas, ver una película de aventuras o tomar el fresco en la terraza ahora sin embargo lo que le gusta es llegar tarde a casa apestando a alcohol, regañarme por todo y incluso.. ponerme la mano encima, cuando las cosas van lo suficientemente mal.
Quiero despertar ya de esta larga y dura pesadilla. ¿ Es que acaso nunca acabará?
No tengo fuerzas para afrontarle ni mucho menos para superar sus amenazas, para levantar todas las veces que me hace caer, para disimular ante la sociedad de que todo marcha bien. Incluso estoy perdiendo las fuerzas para poder convencer a las niñas que papá está solo de mal humor por culpa de su jefe, que los gritos no son de verdad, que mis heridas provienen de golpes por culpa de mi torpeza, que de verdad que se alegra de sus buenas notas, que la próxima vez si que nos acompañará al teatro, a la piscina y al cumpleaños de Cristina.
Me encantaba trabajar era como un hobbie para mí, mis compañeros y mis amigos me respetaban y me querían; hasta mi jefe. Era mi pasión expresar con palabras todo lo que ocurría, ser útil para el resto de la sociedad. Pero él me obligó, yo no quería pero él me obligó. Tuve que dejar mi trabajo por no desobedecer sus ordenes, según él las mujeres solo pueden estar en casa y ocuparse de esta, de los hijos y del marido. Y eso es lo que me he dedicado a hacer los pasados 5 años.
Ya no soy como antes. La seguridad en mi misma me caracterizaba. Era independiente y sabia como arreglármelas cuando algo se torcía. Sin embargo ahora esa seguridad se ha convertido en miedo y temor, mis pasos son predecibles y demasiado meditados con anterioridad. Me da miedo mirar hacia adelante y me conformo con mirar hacia abajo sin despegar mi mirada del suelo, del mismo suelo que piso todo los días. El miedo me aturde y no me deja reaccionar, intento no equivocarme en nada, hacer todo a la perfección pero hasta el más mínimo detalle falla. Vivo en una constante tensión.
Esa tensión cambia un poco cuando el desparece de mi, cuando por las mañanas se toma su café y se marcha a trabajar. Pero igualmente sé que me vigila, el tiene sus ojos clavados en mí y nunca se equivoca, siempre acierta. Muchos días siento su presencia a mi lado, como si me estuviera espiando, el aire de su respiración chocar contra mi cara, recuerdo su mirada dura y maligna como la de un águila, oigo su voz rasgada, sus gritos y amenazas, siento sus manos gruesas y fuertes como me tocan y me dañan... Y es ese miedo el que me roba las fuerzas de luchar para salir de este pozo en el que no encuentro ayuda alguna.
Quizás sean sus ronquidos los sonidos que más me gusta oír, son los que me dan tranquilidad y un poco de paz, los que hacen desaparecer temporalmente estos barrotes que me encierran. Mientras tanto me dedico a escribir, mi pasión, y ahora ya no escribo para ser útil a la sociedad sino para explicarle a la soledad cuales son mis problemas, ella nunca me ha fallado.
Las niñas duermen, y seguro que sueñan con un mundo perfecto, con un príncipe azul montado a caballo, con todo un caballero que les hace regalos, que las quiere y les dice cosas bonitas. Cuanta ingenuidad existe en esas cabecitas. Espero que ellas si que vivan un sueño y no esta larga batalla en la que yo ya me rendí y sin embargo sigo luchando por resistir.
Un día más vuelve a empezar y mi gran compañera me vuelve a abandonar, hoy parece todo diferente, hoy él ha cambiado, todo tiende a mejorar, no ha habido gritos ni amenazas sino una sonrisa de buenos días. Intento arreglármelas para que este desconcertante e inhabitual orden no se altere por nada porque bien sé que a la mínimo fallo, su habitual manotazo borrará este bonito y corto espejismo.
Que poco ha durado ese espejismo. Hoy el café me ha salido amargo, esa ha sido la excusa de hoy. Creo que ya no siento el dolor, mi piel se ha acostumbrado a los golpes y al sufrimiento, los moratones y heridas ya son permanentes en mí y la escena de esta mañana se repite cada vez más con más frecuencia.
Estoy deseando encontrarme de nuevo con mi gran y fiel compañera y esta vez que no me abandone al amanecer, que los ronquidos de mi marido no dejen de repetirse, que las niñas sueñen felices y yo escriba una palabra tras otra explicando la paz que siento en este momento. Que ese instante se pare para siempre y que esa paz el miedo no me la robe nunca más.
NO AL MATRATO
NADIE SE MERECE SER MENOSPRECIADO, JUZGADO O DAÑADO...
Recuerdo cuando no me gustaba esa oscuridad. Incluso me asustaba y me hacía sentir miedo, con las habladurías de aquellos falsos fantasmas.. Y pensar que ahora es mi mejor amiga, es la única que nunca me ha fallado, la que siempre ha estado ahí.
Todo era tan perfecto, era un sueño vivido día a día, unas ganas inmensas de despertar y vivir una día nuevo con las misma felicidad que el día anterior. Pero todo sueño tiene su fin, y el mío acabó hace tiempo. Como me gustaría regresar a esos tiempos, a ese pasado en el que sonreía, en el que todo relucía y en el que hasta el mínimo detalle tenía un valor incalculable.
Pero no me quejo, es lo que me ha tocado vivir, una pesadilla que nunca acaba y en la que siempre aparece él.. El, el y el. El siempre me grita y me recrimina que toda la culpa la tengo yo, antes así lo creía pero ahora me estoy dando cuenta de muchas cosas.
Él antes era totalmente diferente, era con pocas palabras mi mundo, su sonrisa, sus besos, sus palabras, sus gestos, su mirada, su olor, su manera de sorprenderme hasta su manera de enfadarse porque le cambiaba el fútbol, me convertían en la mujer más feliz del mundo.
Como cambian las cosas, antes era yo su pasión ahora es el alcohol, antes le gustaba disfrutar y jugar con las niñas ahora solo los bares, antes le encantaba coger un libro y perderse entre sus paginas, ver una película de aventuras o tomar el fresco en la terraza ahora sin embargo lo que le gusta es llegar tarde a casa apestando a alcohol, regañarme por todo y incluso.. ponerme la mano encima, cuando las cosas van lo suficientemente mal.
Quiero despertar ya de esta larga y dura pesadilla. ¿ Es que acaso nunca acabará?
No tengo fuerzas para afrontarle ni mucho menos para superar sus amenazas, para levantar todas las veces que me hace caer, para disimular ante la sociedad de que todo marcha bien. Incluso estoy perdiendo las fuerzas para poder convencer a las niñas que papá está solo de mal humor por culpa de su jefe, que los gritos no son de verdad, que mis heridas provienen de golpes por culpa de mi torpeza, que de verdad que se alegra de sus buenas notas, que la próxima vez si que nos acompañará al teatro, a la piscina y al cumpleaños de Cristina.
Me encantaba trabajar era como un hobbie para mí, mis compañeros y mis amigos me respetaban y me querían; hasta mi jefe. Era mi pasión expresar con palabras todo lo que ocurría, ser útil para el resto de la sociedad. Pero él me obligó, yo no quería pero él me obligó. Tuve que dejar mi trabajo por no desobedecer sus ordenes, según él las mujeres solo pueden estar en casa y ocuparse de esta, de los hijos y del marido. Y eso es lo que me he dedicado a hacer los pasados 5 años.
Ya no soy como antes. La seguridad en mi misma me caracterizaba. Era independiente y sabia como arreglármelas cuando algo se torcía. Sin embargo ahora esa seguridad se ha convertido en miedo y temor, mis pasos son predecibles y demasiado meditados con anterioridad. Me da miedo mirar hacia adelante y me conformo con mirar hacia abajo sin despegar mi mirada del suelo, del mismo suelo que piso todo los días. El miedo me aturde y no me deja reaccionar, intento no equivocarme en nada, hacer todo a la perfección pero hasta el más mínimo detalle falla. Vivo en una constante tensión.
Esa tensión cambia un poco cuando el desparece de mi, cuando por las mañanas se toma su café y se marcha a trabajar. Pero igualmente sé que me vigila, el tiene sus ojos clavados en mí y nunca se equivoca, siempre acierta. Muchos días siento su presencia a mi lado, como si me estuviera espiando, el aire de su respiración chocar contra mi cara, recuerdo su mirada dura y maligna como la de un águila, oigo su voz rasgada, sus gritos y amenazas, siento sus manos gruesas y fuertes como me tocan y me dañan... Y es ese miedo el que me roba las fuerzas de luchar para salir de este pozo en el que no encuentro ayuda alguna.
Quizás sean sus ronquidos los sonidos que más me gusta oír, son los que me dan tranquilidad y un poco de paz, los que hacen desaparecer temporalmente estos barrotes que me encierran. Mientras tanto me dedico a escribir, mi pasión, y ahora ya no escribo para ser útil a la sociedad sino para explicarle a la soledad cuales son mis problemas, ella nunca me ha fallado.
Las niñas duermen, y seguro que sueñan con un mundo perfecto, con un príncipe azul montado a caballo, con todo un caballero que les hace regalos, que las quiere y les dice cosas bonitas. Cuanta ingenuidad existe en esas cabecitas. Espero que ellas si que vivan un sueño y no esta larga batalla en la que yo ya me rendí y sin embargo sigo luchando por resistir.
Un día más vuelve a empezar y mi gran compañera me vuelve a abandonar, hoy parece todo diferente, hoy él ha cambiado, todo tiende a mejorar, no ha habido gritos ni amenazas sino una sonrisa de buenos días. Intento arreglármelas para que este desconcertante e inhabitual orden no se altere por nada porque bien sé que a la mínimo fallo, su habitual manotazo borrará este bonito y corto espejismo.
Que poco ha durado ese espejismo. Hoy el café me ha salido amargo, esa ha sido la excusa de hoy. Creo que ya no siento el dolor, mi piel se ha acostumbrado a los golpes y al sufrimiento, los moratones y heridas ya son permanentes en mí y la escena de esta mañana se repite cada vez más con más frecuencia.
Estoy deseando encontrarme de nuevo con mi gran y fiel compañera y esta vez que no me abandone al amanecer, que los ronquidos de mi marido no dejen de repetirse, que las niñas sueñen felices y yo escriba una palabra tras otra explicando la paz que siento en este momento. Que ese instante se pare para siempre y que esa paz el miedo no me la robe nunca más.
NO AL MATRATO
NADIE SE MERECE SER MENOSPRECIADO, JUZGADO O DAÑADO...
Comentario:
Wapa esta historia no me la habia leido eh?
Como siempre..no me ha decepcionado porque no esperaba menos de ti. El remate con el lema es perfecto y di que si NO AL MALTRATO!!
BesSuSs
Como siempre..no me ha decepcionado porque no esperaba menos de ti. El remate con el lema es perfecto y di que si NO AL MALTRATO!!
BesSuSs





