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AVATARES DE UN ESCRITOR Y SUS PERSONAJES.
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Ecuanimidad

Estoy leyendo ahora una novela de crimen y misterio que me está sorprendiendo mucho por la ecuanimidad con que es capaz de tratar un tema tan delicado. Se trata de “la hora estelar de los asesinos”, de Pavel Kohout, y además de ser una obra entretenida en la que ocurren muchas cosas, unas más brillantes que otras como en cualquier novela, el autor aborda el final de la segunda guerra mundial y la revancha de los checos contra los nazis con verdadera imparcialidad. hay checos buenos y checos males; hay alemanes buenos y alemanes malos, y sobre todo, ante todo, hay buenas y malas personas en todas los bandos.
Salvo un par de obras, ando todavía buscando esa ecuanimidad en los autores españoles a la hora de tratar la guerra civil. Porque lo que está claro es que hablan de ella, a todas horas, en todo momento y con cualquier disculpa, pero en España está pendiente aún el abandono de los bandos: no hay frialdad alguna al tratar los hechos de una u otra facción, y así, la novelas se resienten.
Pavel Kohout ha cosechado un gran éxito con su novela porque la entiende cualquiera y es fácil de creer que hubiese personas honradas e hijos de puta en todas partes. Los nuestros, de momento, escriben sólo cuentos. Y la novela es otra cosa.

 

Pluralidad verdadera

Sigo a vueltas con mi famoso taller literario, y la verdad es que la cosa salga o no salga al final, o me haga ganar o perder cuatro duros (en más no puede estar la diferencia), resulta interesante conocer a la gente que se interesa por estas cosas.
Lo mejor del caso es ver lo heterogéneo, lo dispar, lo verdaderamente plural que es interés que despierta la literatura. Normalmente, se suele entender por pluralismo la divergencia de opiniones o procedencias sociales, pero los grupos que se autodenominan plurales suelen ser mas ortodoxos de lo que creen, porque sus integrantes pertenecen casi siempre a un mismo rango de edad.
Aquí, para mi sorpresa y alegría, han llamado desde chicas que acaban de terminar el instituto y hacen sus pinitos en la Universidad hasta profesionales de alto rango jubilados que quieren aprovechar que no trabajan para dedicar, al fin, unas cuantas horas a lo que siempre les gustó pero no tenían tiempo.
Y es que parece que contar historias, el deseo de contarlas, sigue siendo universal y de todas las edades. Una agradable sorpresa, sí señor.

 

Escribir sobre una idea

Escribir sobre una idea es convertirse en gusano y penetrar en la rosa, con las antenas dispuestas a captar cada mínimo cambio en la textura de las intenciones, o en los senderos posibles de ese blando laberinto.
Narrar un hecho o describir un objeto con tareas de otro tipo. Estamos acostumbrados a convertir en palabras las pisadas cotidianas y los rostros, las bufandas de diario. Describimos desde niños la pelota que buscamos, y aunque el arte no se afine, conservamos la herramienta.
Entonces cualquier día, mencionando esa pelota o esa infancia, se nos ocurre pensar que los niños y las masas se conducen por mecanismos parejos, y que nadie vencería en contienda electoral a un maestro de primaria con treinta años de experiencia.
Se nos ocurre la idea, ramificada ya en su capullo, y no es fácil aceptar metamorfosis que nos alejen del camino familiar que sólo retrata y enumera.
La idea espera, pero casi nunca nos atrevemos.

 

Cambio de estilo

Me dicen también que se impone un cambio de estilo en este blog.
Sea.
No sé bien qué significa cambiar de estilo, como no sea modificar le criterio con que se eligen las palabras, no sólo por su significado, sino también por la sonoridad, o la culpa, esa carga que traen de otros textos y otras lenguas y que las convierte en lo que no son, o en lo que son a oscuras, escondidas entre gramáticas pardas y artificios intelectuales para mejor engañar cobardías. O tedios.
También el idioma tiene su teoría conspiratoria. Algunos le llaman concienciación, otros adoctrinamiento. Algunos, pocos, literatura. Tampoco son inocentes las tres palabras que se ofrecen para enlazar un concepto escurridizo de suyo: quien dice concienciación, afirma a la vez que necesitas un cambio de conciencia. Quien dice adoctrinamiento, habla de imposición, puño o brazo en alto, en columna de a dos, formados en un patio. El que dice literatura ni él sabe lo que dice.
Sea.

 

Tipología social

Ya me han preguntado dos o tres qué es eso de la “tipología social de los jurados de concursos” que aperece en el temario, allá al final, del taller literario de Cumbres Borrascosas.
Pues no es nada mágico, sino más bien prosaico: se trata de hablar de qué clase de gente integra esos jurados, porque aprovechando que he conocido a casi un centenar, pues lo mismo es interesante saber que no te encuentras la mayoría de las veces con quien crees que te encuentras.
Y ya sé que no a todo el mundo le interesa eso de los concursos literarios, pero ya que le cobras a la gente por un curso (además de por el alojamiento y el papeo), pues por lo menos tratar de ayudar a que recupere la gente la inversión.
Ese es todo el misterio, amigos desconfiados.

 

Taller literario distinto

A mí, el concepto de taller literario nunca me ha convencido gran cosa. Eso vaya por delante.
Pero ahora, después de pensarlo, me ha dado pro organizar uno, aunque contras premisas. ¿Y qué tal si en un taller no se tratase de estandarizar el estilo de la gente, sino de fomentar sobre todo que se conozcan entre sí e intercambien experiencias?
Se darán las horas correspondientes de clases, por supuesto, pero después de participar en casi quinientos concursos, un tipo como yo puede ser más interesante hablando de lo que ha aprendido sobre los jurados, sobre los prejurados y sobre lo que es el mercado editorial y comercial que sobre el modo de poner una coma.
Y si la cosa es en el campo, comiendo y hasta durmiendo todos en la misma casa, estoy convencido de que tendrá otra clase de efectos. Y de ventajas.
Se verás y os cuento.

(Por si alguien se anima: http://www.cumbresborrascosas.net/tallelit)

 

La imposible oscuridad

Crear compendios literarios viene a ser como gestionar una confederación hidrográfica, y lo digo porque ahora, de un mes para acá, he adquirido cierta experiencia en el tema; en el de los compendios, se entiende.
Como digo, me ha dado por crear páginas web que reúnan textos, a ver si somos capaces de crear algún recurso cultural de entidad en la red. Y el caso es que la información que hay por ahí es como un río, y cuando lo tratas de embalsar te das cuenta de que quedan tras tu presa las aguas limpias, los arroyos de montaña, y también las cloacas de unos cuantos pueblos.
Al final, está claro que es mejor embalsar y que cada cual depure como mejor pueda, pero nunca tuve tan claro como ahora que el mal de nuestro tiempo es el exceso de luz.
Y el exceso de luz equivale a una ceguera irremediable. Me temo.
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Compendios en marcha:
www.literalia.es Base de datos de noevlas con reseñas ty críticas.
www.enverso.es Gran colección de poesía en español. Todos los autores,. La intención es crear la mayor colección de la red de poesía en español.

 

Jurando

Si alguna vez os toca participar en un jurado ya podréis decir que hay Infierno con conocimiento de causa. Y no es que sea una cosa desagradable, porque la mayoría de las veces los demás son gente normal, agradable y hasta simpática. Lo malo es que te has leído un montón de obras y que hay que comparar entre cosas que no son comparables.
Resulta que te encuentras con que hay, por ejemplo, diez buenos relatos o poemarios, y que estos que has considerado buenos por tus propias razones, no coinciden con lo que otro tiene por buenos, también con sus razones bien explicadas y argumentadas. Y resulta que el tema que para uno es tópico para otro es impactante, y que el tratamiento con adjetivación prolija a uno le resulta pesado mientras que a otro le parece exuberante.
Conclusión: acaba ganando el que molesta poco. Acaba ganando el que no es como los demás, porque se forman facciones estéticas, entre los partidarios del poemario más sentimental y el poemario más intelectual, entre el cuento más social y el relato más filosófico.
Cuando lo que llevabas pensado no se impone, acabas votando lo que menos te joroba. Y luego, hay un fallo por unanimidad, lees al ganador y te acojonas.
Jo.