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AVATARES DE UN ESCRITOR Y SUS PERSONAJES.
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los bisontes y los dioses

Se pone uno a leer a Homero, o a alguno de aquellos griegos que contaban las más enormes batallas, con intervención de dioses incluida, y se pregunta cómo son capaces de dar una fuerza tal a sus relatos, o de repetir treinta o cuarenta veces la misma frase sin que suene lamentablemente repetitiva.
Le he dado muchas vueltas al asunto antes de concluir que lo que nos cautiva de ese estilo es su sinceridad. Y no me refiero a la veracidad de lo que cuenta, sino a lo cercana que está la voz de estos narradores de lo que es al voz natural del narrador, del hombre que cuenta a viva voz los sucesos importantes de su mundo.
Jenofonte, Tucídides y Homero eran ante todo, narradores naturales, genios de la escena pintada con palabras, y en cierto modo no dejan de recordar a aquellos pintores rupestres, magos o hechiceros en cierto modo, que invocaban a los bisontes para la caza pintándolos de modo que aún hoy parezca que van a salir corriendo.
Aquellos pintores sin duda conseguían atraer a los bisontes.
Los griegos, sin duda, consiguieron hacer participar realmente a los dioses en sus relatos.

 

Víctimas

Tengo un personaje que anda buscando como loco la manera de que lo maten y no hay quien se avenga a dar muerte a semejante idiota.
A veces las víctimas son tan claramente víctimas que el asesino, incluso el hipotético, se aburre de sólo pensar en cumplir su cometido.
Supongo que en estos casos lo más lucido y lo más honrado será hacer que la víctima muera en un accidente y que el asesino, sin serlo, cargue de todos modos con las culpas. Porque hay gente que incluso cuando se muere se equivoca, lo hace patosamente y causa problemas a los demás.
Puede que la trama no sea muy políticamente correcta, pero estoy convencido de que funcionará.

 

Si están huecos, se caen

Yo he visto gatos mirando a la luna y no creo que están ensoñando romances, ni recordando un pasado venturoso en otro lugar y otro tiempo mejores.
Nadie sabe lo que piensan esos gatos, pero a veces nuestros personajes se les parecen demasiado, porque tras una descripción más o menos detallada nos los encontramos haciendo cosas que para nada se corresponden con lo que hemos sido capaces de perfilar de su carácter.
Si necesitamos que un personaje se enternezca en un momento dado, no podemos permitir que sea duro a todas horas, porque en el momento que lo asalte el buen sentimiento para llevar a cabo esa acción que tanto necesita la trama será tan creíble como el tío que se muere en América y deja ricos de pronto a los protagonistas.
También hay deux ex machina morales, amigos. Lo que pasa es quees muy fácil burlarse del difunto que deja su herencia a última hora, o del hermano gemelo que aparece providencialmente cuando nada más podría salvar la situación, pero no tanto del personaje gato que, de pronto, se pone poético y convierte en versos sus maullidos.