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AVATARES DE UN ESCRITOR Y SUS PERSONAJES.
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De jurado (I)

Suponed que os llaman para hacer de jurado en un concurso. Te conocen de lo que sea, y se les pasa por la cabeza que puede ser buena idea. Te llaman y te cuentan, en unos casos, que es au-pair, o sea, que te invitan a cenar el día de las deliberaciones, en otros te lo piden como favor y algunos hasta asignan unos cuartos al jurado.
El caso es que les dices que sí, porque esto de las letras te deja curiosidad por ver lo que escriben los demás, y te arrean, por ejemplo, cien relatos de ocho páginas. Una media.
El beneficio no es la cena ni el quedar bien con los amigos, ni los cuatro duros que te pagan. El beneficio, para mí, es tomar el pulso a la narrativa ajena y saber qué temas y qué estilos están de moda. O están trillados. O qué va a sonar más repetido que las campanadas de Santiago. Con eso, si tienes un poco de buen ojo, te puedes dar por bien pagado. Y si no lo tienes, ¿a qué te metes?, ¿a cagarla?
Con esto del pago espero vuestros comentarios a ver qué os parece la cosa. Luego sigo y os cuento lo que se ve.

 

Decálogo (que ya lo es)

1- Hay que leer a Kapek.
2- Hay que leer a Stanislaw Lem.
-3 Hay que leer a Neruda, pero al de verdad, no tanto a Neftalí Reyes. AL DE VERDAD.
4- Hay que entender que nuestro nuevo mundo por descubrir es centroeuropa y no tanto las américas.
5-Hay que leer a los amantes del mal, y esos ya no son los que se llamaron malditos en su día y hoy están perfectamente establecidos en su hornacina, sino a gente como Ewers, o Papini, irredentos todavía.
6-Hay qie renovar la rebelión y dejar de creer que lo incorrecto de hoy es lo mismo de ayer. Quizás hoy rebelarse sea rezar un rosario, por ejemplo. Quién sabe...
7-Hay que tener algo de asesino, o nuestras letras no perdurarán.
8-Hay que creer. En lo que sea, pero creer. Un escritor sin fe es un auxiliar administrativo.
9- Hay que hablar del ser humano como es, y no como nos gustaría verlo. Hay que dejarse de moralinas, y de deseos prohibidos. Un deseo prohibido de otro tiempo era tener dos esposas. Ahora un deseo prohibido es ser rico y ostentarlo.
10-El lector siempre es más rápido que tú. Tarda una tarde en leer lo que tardaste un año en escribir. No lo busques. ël te alcanzará si quiere.

¿Y quién dice esto?

Yo mismo, carajo. ya está bien de citar a los de siempre

 

Dilemas de puerta

A veces tengo el escrúpulo de justificar las acciones de los personajes, como un comentarista de ajedrez explica por qué es mejor una variante que otra, y me encuentro enfangado en rechazar posibilidades, ideas y alternativas. A mi juicio, las tramas quedan así mucho más sólidas, pero también menos fluidas. Y el caso es que no sé si es mejor hablar del por qué de las cosas o dejar que estas simplemente sucedan y que sea el lector el que les busque razones.

Porque supongo que tiene que haber un término medio entre esas tramas insolventes en las que la casualidad seensoñorea de tos y una trama de final ajedrecista, , donde toda rección conbduce a una reacción inevitable.

Abrir o cerrar.

Dilemas de puerta.

 

En los Monegros

Toca hoy comentar la obra de un amigo, y eso siempre es un peligro como ya dije por ahí abajo, porque sucede a menudo que al resto del personal le importa un carajo lo que cuentas, y el amigo te mira con lupa cada palabra en busca de alguna canallada oculta.
En este caso, la lupa se la puede ir ahorrando, porque lo que haya que decir se dirá bien gordo.
El libro en cuestión es “el crimen de los Monegros”, último premio jaén de novela, y publicado por la editorial Mondadori, una de las grandes y las gordas, y el autor, David López Hernández, otro de estos escritores de apellidos checoslovacos que tienen que apoyarse en su obra para el marketing porque el nombre los distingue malamente.
La novela habla de un crimen en medio de un turbión de lluvia en el desierto de los Monegros, allá por Huesca y allá por el año setenta y cinco. Una conocida personalidad de uno de aquellos pueblos aparece muerta justo cuando Franco agoniza y todo el mundo espera averiguar el significado de la desaparición del generalísimo. Y además, llueve y se cortan las carreteras. Y las comunicaciones. Y Monegros queda más aislado de lo que siempre estuvo, con lo que a cargo de la investigación del crimen queda un cabo de la Guardia Civil que en su vida se vio en otra.
Por ahí van los tiros. O las cuchilladas. O los estacazos en la cabeza.
La ambientación es realmente magnífica. El autor consigue ponernos en aquella época y en aquellos pueblo del Instituto Nacional de Colonización con verdadera maestría. Se masca el polvo, se oye el viento y pesa el aburrimiento, o el tedio, o la fosilización paulatina de la vida. La ambientación es cojonudísima.
Los personajes están muy bien construidos. Los nombres que van pasando por la novela son personas de verdad y uno trata de comprenderlos. O de ponerse en su lugar. O de huir de su lugar. La unión de personajes y ambientes hace que el escenario sea perfectamente creíble.
Incluso la trama es creíble y suscita el interés uy la curiosidad del lector, hasta las dos terceras partes del libro. Luego, la historia hace aguas, mayores y menores, hasta un final que no se cree ni el lector, ni el autor, ni la madre que nos parió a todos.
Pero vale la pena leerlo, aunque sólo sea para ver como puede escribir un tío de veintiocho años, con que consistencia y con qué contundencia, y qué cosas podrá escribir en cuanto consiga tener una novela cerrada en la mente antes de ponerse a escribirla del todo.
Porque lo que tiene el autor es que curra como un animal. A veces demasiado, hombre. Demasiado. Y puede convenir currar menos y pensar otro poco.
Digo.
Y ahora esas dos leches que me debías.