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AVATARES DE UN ESCRITOR Y SUS PERSONAJES.
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Sindicación
 

releer mil veces

Y cabrearse dos mil. Por lo menos.

Ese es el proceso que hay que seguir, o el que yo sigo por lo menos, con algunas obras antiguas que no parecen querer enderezarse.

A lo mejor lo más sensato sería darlas por abortivas y olvidarse de ellas de una buena vez, pero lo cierto es que hay ideas que surgieron en un momento dado y que siguen con esa vena palpitante de lo que podría concluir en algo imporrtante si un día brillase la arista adecuada.

Pero cuando te lees a ti mismo desde una distancia de cuatro o cinco años, corres el riesgo de descubrir lo mal que escribías entonces, o peor aún, lo bien que lo hacías y el hálito o la espontaneidad que has perdido.

En cualquier caso, recuperar ese pulso es tarea más difícil que encontrar la idea o el enfoque bueno. El empeño es parecido a tratar de terminar la obra inconclusa de otro: porque el que fuimos ya no existe.

Y no vuelve ni con la ouija.

 

Un juego

El escritor Javier Menéndez Llamzares me ha invitado a participar en una de esas extrañas diversioens que de vez en cuando se le ocurren a alguien, supongo que con la esperanza de comunicarse y saber si los demás existen de veras.

Por supuesto, quebrar la cadena acarreará toda suerte de malas idem, así que me pliego, me origamizo incñluso, y coloco aquí mi aportación.

Por supuesto, y en estos ambientes, se trata d eun juego literario, y de lo que se trata es de abrir el libro que esté más a mano, no otro, sino el que más cerca quede, y abrirlo convcretamente pro la página 139. Luego hay que transcribir en el blog propio las cinco primeras oraciones del segundo párrafo. Y además, para que la cadena siga, invitar a otros tres blogeros a continuar el juego haciendo lo mismo con otro libro.
Pues el libro que yo tengo delante no tiene página 139, porque se trata del segundo tomo de la Montaña Mágica, de Thomas Mann, y empieza en la 511.

Pero como los números y la lógica nunca me impresionaron demasiado como razones de peso, allá van las oraciones, tras el cálculo opotuno.

Esto había en la página 650:

"Sin embargo, Hans Castorp, el civil, el hijo de la paz, cuando escuchaba con atención al ex o al futuro jesuita, se sentía confirmado en su opinión de que ambos debían sentir simpatía por el estado de la profesión del otro, pues eran castas militares, tanto una como otra y similares en muchos aspectos: tanto en el asceta como en el jerarca, en la obediencia y el honor español. Esto último reinaba sobre todo en la orden de Naphta, orden de origen español y cuya regla de ejercicios espirituales, una especie de contrapartida de los que Federico de Prusia había impuesto a su infantería, habían sido primitivamente redactados en lengua española, lo que llevaba a Naphta a servirse frecuentemente de expresiones españolas en sus relatos y sus comunicaciones."


Con las trazas que me dejan, parece ser que la cadena comenzó en Alvaro Valverde, que invitó a Álex Chico, siguió David Vegue,Vicente Gutiérrez, y a mí me invitó Javier Menéndez Llamazares.

Yo invito para continuar a los escritores laureadoslos tresJesús Tiscar Jandra, a Juan Carlos Márquez y a Javier Vázqurez Losada

Hagan juegooooooooo

 

Un libro raro

El circo del Dr. Lao
Charle G. Finney
Editorial Berenice 2006, 15 X 22, 160 págs. 15 €

Pasen y vean señores. Pasen y vean.
Este es el circo más extraño de la tierra, sin elefantes, ni acróbatas ni payasos. Este es el circo del doctor Lao, donde se reúnen para la contemplación del común de los mortales las criaturas mitológicas de todos los tiempos. Por muy poco dinero puede contemplarse aquí al asno de oro, la Quimera, la serpiente marina de los relatos náuticos y hasta la medusa (a través de un espejo, por supuesto)
El autor no necesita justificar nada y no se molesta en ellos. Simplemente coloca este impensable circo en un pueblo perdido de Arizona durante la depresión americana de los años treinta y nos describe las reacciones de la gente de ese pueblo a través de citas cultas, chascarrillos de sal gorda y una fina ironía a la hora de elegir lo que menciona en cada categoría y el modo en que lo trae a colación.
El americano Charles Finney concibió esta historia durante su servicio militar en China y quiso conciliar el quietismo filosófico oriental con el gusto occidental por las emociones y la novedad, dando a luz esta obra verdaderamente original y pionera en un género que se acerca al fantástico sin llegar a serlo: en el género fantástico la aparición de criaturas extraordinarias sirve a un fin, o una conclusión y aquí estas criaturas son fines en sí mismas.
Esto es la fantasía pura. El circo que fundamenta su principal genialidad en su propia existencia. Y como tal, se desenvuelve en un ambiente de imposibilidad que no se aleja del escenario real, que siendo de una fantasía apabullante deja claro en todo momento que sigue siendo un pueblo polvoriento, aburrido y deprimente de la Arizona más pedregosa.
Quizás otro ambiente, otro escenario más acorde con los personajes hubiese hecho de este libro uno de tantos, pero la persistencia en el tiempo de esta obra se debe, sin duda, a su capacidad de mantener en pie lo imposible en un mundo posible, realista por de más.
El catálogo final de personajes reales y ficticios, con ácidas apostillas sobre su vida anterior y su destino posterior, abúlico sin excepción, no hace más que profundizar esta sensación. Juzguen ustedes mismos: “Martha, tranquila triste e insegura; algunas veces se echaba a reír, pero al reír se preguntaba por qué; al preguntarse por qué, le entraban ganas de llorar.”
El lector no llega a sentir nunca ganas de llorar con este libro, pero a veces, al reír, se pregunta por qué, y la respuesta no está clara. Este es el mejor mérito de Finney: la sutileza de su humor.
Pasen y vean.

Javier Pérez