Sucede en todas las facetas de la vida, pero en esto de las letras es especialmente llamativo: mirar lo que otro día te pareció bueno, lo que te pareció bien construido y encontrarte con que no tiene nada que ver con lo que estás haciendo.
Porque ren un relato puedes acertar más o menos, y lo puedes leer con el tiempo y sentirte más o menos identificado con la idea, o con la construcción,, el ritmo, o cualquier otra característica de lo escrito.
pero en una novela, y más si es de intriga, lo que ocurre es mucho más sangrante: que aquello que escribiste durante toda una tarde no tiene nada que ver con los personajes, o con la trama original que había ideado. Que los policías andan investigando algo que ya habías resuelto más atrás, los delincuentes dejan pistas imposibles de pasar por alto y los viandantes saluda, pero no ven.
A veces es duro reconocerse.
O a lo mejor es una enseñanza para la vida: no siempre somos nosotros mismos. o no siempre somos la faceta de nosotros mismos que esperamos ser. Y ese idiota que sobreviene a veces, si no tenemos cuidado, lo mismo nos la lía.





