Muchas veces he dicho en este espacio, y en otros, que el peor vicio de la literatura actual es la abundancia de escritores convencidos de que sus vivencias y sus sentimientos le interesan a alguien. Luego, así, se sientan, no se les ocurre nada, y eso es precisamente lo que nos cuentan. Y claro: así triunfa el videojuego.
Por mi parte, tengo a veces el problema contrario: me siento a escribir, y la trama se me complica con nuevas posibilidades, con matices que darían lugar a nuevos personajes. Supongo que sui supiese hacerlo, o me encontrase con ánimos, haría como Sholojov y compondría mi propio Don apacible, pero el caso es que me veo en la necesidad de podar el ramaje de las muchas posibilidades, y eso es casi más duro que el temor al folio en blanco.
A ese nuevo síndrome, miedo escénico, o clo que sea, habría que ponerle nombre. Propongo yo el miedo a la tijera.
Pánico, oigan.
lo de la autocastración selectiva me suna a chiste verde a medio contar :-))))
Y otras veces, las podas se convierten en leña para la hoguera donde acabas pegándote fuego como un brujocualquiera en tu propia Inquisición.
Bueh
"Autocastración selectiva", opino yo.
"miedo a la tijera" me parece recordar, así de pronto, a "miedo a la censura".
Pero te comprendo lo que quieres decir y a ver... se me ocurre:
"Terror a la poda",
o
"la dispersión perniciosa",
o
" el síndrome del abanico".
En fin, por decir algo.
Un abrazo.





