Y cabrearse dos mil. Por lo menos.
Ese es el proceso que hay que seguir, o el que yo sigo por lo menos, con algunas obras antiguas que no parecen querer enderezarse.
A lo mejor lo más sensato sería darlas por abortivas y olvidarse de ellas de una buena vez, pero lo cierto es que hay ideas que surgieron en un momento dado y que siguen con esa vena palpitante de lo que podría concluir en algo imporrtante si un día brillase la arista adecuada.
Pero cuando te lees a ti mismo desde una distancia de cuatro o cinco años, corres el riesgo de descubrir lo mal que escribías entonces, o peor aún, lo bien que lo hacías y el hálito o la espontaneidad que has perdido.
En cualquier caso, recuperar ese pulso es tarea más difícil que encontrar la idea o el enfoque bueno. El empeño es parecido a tratar de terminar la obra inconclusa de otro: porque el que fuimos ya no existe.
Y no vuelve ni con la ouija.
Pues leela, que es para troncharse.
Extingámonos con alegría
:-)))
Ya sabrás lo de la Escuela de Escritores, que quiere salvar los arcaísmos del diccionario con métodos de ONG —esperemos que no sea la de los anuncios agresivos y las cuentas poco claras—.
Bueno, pues "avatares" la "adoptó" nada menos que el ínclito Rajoy, don Mariano. ¡Como si fuera una palabra en vías de extinción!
¡Nos extinguimos, Javi! ¡Van a acabar con nosotros! Al final lo van a conseguir.





