Pildoras: La primicia de "Flash-Forward"
Interesante apuesta de dos cadenas españolas que parece indicar que algo empieza por fin a moverse para crear una estrategia que rescate a un sector de espectadores del universo de las descargas. AXN y Cuatro, en una iniciativa conjuntan, presentan esta mañana a la prensa Flash-Forward, la nueva serie de la ABC que van a emitir en España. En unos minutos comenzará el visionado del capítulo piloto para los medios acreditados, una semana antes de su estreno en Estados Unidos. Inteligente lanzamiento para un estreno de los de verdad. Y además realizado de manera conjunta, nada habitual en un país donde todo el mundo prefiere fracasar solo antes que triunfar acompañado.
"Daños y prejuicios", o el perverso encanto del mentorazgo
A comienzos del verano, los responsables de prensa de Canal + me hicieron llegar a mi temporal residencia estival un singular presente: una caja de donuts de esos recubiertos de glaseado que tanto me gustan acompañada de una tarjeta que, durante unos segundos, me permitió fantasear con que formaba parte de la firma legal Hewes y Asociados. Obviamente, era un esfuerzo promocional a propósito del estreno en la cadena de pago de la segunda temporada de Daños y prejuicios y el regalo anticipaba que el tema de la “dulce venganza” iba a ser una de las cuestiones recurrentes de esta nueva tanda de capítulos. Desde luego, no hacía falta tan dulce estímulo para rendirse a los encantos de una serie cuya primera temporada le había dado la vuelta como un calcetín al género judicial en televisión y que esta vez sumaba a sus protagonistas Glenn Close y Rose Byrne la participación de un par de oscarizados actores (William Hurt y Marcia Gay Harden) y una estrella televisiva en ciernes como es Timothy Olyphant. Pero, a cambio, la serie alteraba su particular estructura narrativa. La línea narrativa del presente se reducía al mínimo, avanzando apenas unos segundos en cada ocasión y, por ello, resultando a menudo insufriblemente repetitiva. Afortunadamente, los torpes comienzos eran compensados por espectacular finales en los que, casi en cada capítulo, el relato daba un giro radical que me dejaba preguntándome si verdaderamente nuestro mundo está tan podrido como el mostrado por la serie, en el que cada persona miente y manipula al dictado de sus intereses particulares.
En apariencia, el tema de la temporada ha sido realizar una aguda crítica de la mezcla de corruptelas empresariales y políticas que han llevado a la enorme crisis económica que nos azota. Pero en el fondo, lo que hemos presenciado ha sido la fase más decisiva en la labor de mentorazgo que Patty Hewes va a ejercer sobre Ellen Parsons. La apuesta más radical que ha realizado Daños y prejuicios no está en su atrevida estructura narrativa, sino en la franqueza con la aborda una figura como la del mentor, que tanto se presta a relatos edulcorados sobre ancianos sabios y jóvenes obedientes que siguen sus enseñanza. Me temo que en la realidad la cosa no funciona así. Cualquiera que haya logrado el éxito de verdad en un ámbito, sea el que sea, tiene su propia ración de cadáveres en el armario y acumula en su personalidad un buen puñado de rasgos contradictorios: ambición, inteligencia, egoísmo, capacidad de resistencia, vanidad, generosidad, arrojo… El protegido no tiene que admirar todas las facetas de su maestro e incluso en algunas ocasiones puede detestar algunas. No compartir las decisiones pero seguirlas por lealtad con la entrega de un iluminado. Pero al final, el aprendizaje lleva a sustituir el idealismo por el convencimiento de que las mismas circunstancias llevan a idénticas decisiones. Y a bombardear Dresde si es necesario: el crimen de guerra injusto para ganar la guerra justa.
Ellen Parsons realiza su mayor hazaña cuando consigue presenciar el momento en el que Patty ve las fotos que muestran a su marido con otra mujer. La hipocresía de la una y el estoicismo de la otra acrecientan la intensidad emocional de la escena. Pero no hay venganza en sentido real del término. Con ese acto Ellen certifica el triunfo de Patty sobre la personalidad insustancial que exhibió en la primera temporada y muestra que Ellen es ya una Patty en proyecto, compartiendo incluso la tragedia en la juventud que forja el carácter , el impulso a luchar por lo que justo y la determinación de hacerlo con los medios necesarios para garantizar una victoria. La ironía es completa cuando Patty filtra ella misma las fotos y salga empoderada como mujer de la situación. La escena onírica en la que se enfrenta a todos los hombres de su vida, vivos o muertos, reunidos para jugar a las cartas es un acertado recuerdo de que la serie, no por casualidad, está protagonizada por mujeres fuertes en una sociedad construida con unas reglas masculinas. Para empezar, un lugar en el que una mujer dueña y señora de su sexualidad debe pagar un alto precio por ello (véase el caso de la abogada interpretada por Marcia Gay Harden, traicionada por un mentor idealizado erróneamente). Patty sabe que el mundo (o al menos nuestra amoral sociedad contemporánea) necesita a una cruzada por los débiles y desprotegidos que no tenga miedo de luchar con las armas de los villanos y que necesita a Ellen para realizar esa tarea. Superadas las fases de negación, intuimos que en la tercera temporada, Ellen regresará convencida de que es el turno de que la alumna ocupe el lugar de su maestra.
Próxima semana: ¿Qué pasa con The Wire?
En apariencia, el tema de la temporada ha sido realizar una aguda crítica de la mezcla de corruptelas empresariales y políticas que han llevado a la enorme crisis económica que nos azota. Pero en el fondo, lo que hemos presenciado ha sido la fase más decisiva en la labor de mentorazgo que Patty Hewes va a ejercer sobre Ellen Parsons. La apuesta más radical que ha realizado Daños y prejuicios no está en su atrevida estructura narrativa, sino en la franqueza con la aborda una figura como la del mentor, que tanto se presta a relatos edulcorados sobre ancianos sabios y jóvenes obedientes que siguen sus enseñanza. Me temo que en la realidad la cosa no funciona así. Cualquiera que haya logrado el éxito de verdad en un ámbito, sea el que sea, tiene su propia ración de cadáveres en el armario y acumula en su personalidad un buen puñado de rasgos contradictorios: ambición, inteligencia, egoísmo, capacidad de resistencia, vanidad, generosidad, arrojo… El protegido no tiene que admirar todas las facetas de su maestro e incluso en algunas ocasiones puede detestar algunas. No compartir las decisiones pero seguirlas por lealtad con la entrega de un iluminado. Pero al final, el aprendizaje lleva a sustituir el idealismo por el convencimiento de que las mismas circunstancias llevan a idénticas decisiones. Y a bombardear Dresde si es necesario: el crimen de guerra injusto para ganar la guerra justa.
Ellen Parsons realiza su mayor hazaña cuando consigue presenciar el momento en el que Patty ve las fotos que muestran a su marido con otra mujer. La hipocresía de la una y el estoicismo de la otra acrecientan la intensidad emocional de la escena. Pero no hay venganza en sentido real del término. Con ese acto Ellen certifica el triunfo de Patty sobre la personalidad insustancial que exhibió en la primera temporada y muestra que Ellen es ya una Patty en proyecto, compartiendo incluso la tragedia en la juventud que forja el carácter , el impulso a luchar por lo que justo y la determinación de hacerlo con los medios necesarios para garantizar una victoria. La ironía es completa cuando Patty filtra ella misma las fotos y salga empoderada como mujer de la situación. La escena onírica en la que se enfrenta a todos los hombres de su vida, vivos o muertos, reunidos para jugar a las cartas es un acertado recuerdo de que la serie, no por casualidad, está protagonizada por mujeres fuertes en una sociedad construida con unas reglas masculinas. Para empezar, un lugar en el que una mujer dueña y señora de su sexualidad debe pagar un alto precio por ello (véase el caso de la abogada interpretada por Marcia Gay Harden, traicionada por un mentor idealizado erróneamente). Patty sabe que el mundo (o al menos nuestra amoral sociedad contemporánea) necesita a una cruzada por los débiles y desprotegidos que no tenga miedo de luchar con las armas de los villanos y que necesita a Ellen para realizar esa tarea. Superadas las fases de negación, intuimos que en la tercera temporada, Ellen regresará convencida de que es el turno de que la alumna ocupe el lugar de su maestra.
Próxima semana: ¿Qué pasa con The Wire?
Los fenómenos del verano
El verano 2009 ha sido ciertamente singular desde el punto de visto televisivo, con al menos tres puntos de interés.
- El fenómeno True Blood. Nada ha generado más artículos en la prensa que el extraordinario éxito del programa vampírico de Alan Ball, que semana tras semana ha ido batiendo sus record de audiencia hasta lograr cifras cercanas a los blockbusters de HBO por antonomasia, Los Soprano y Sexo en Nueva York. No es que precisamente nos sorprenda, ya que ocurrió algo similar en la primera temporada de la serie, que tras un comienzo titubeante tomó más velocidad con cada capítulo (algo que curiosamente también pasa con el propio ritmo narrativo de la serie). Y a ello hay que sumar las cifras de venta en DVD, casi un millón y medio de unidades en tres meses. Si todo va cómo se espera con la nueva serie de David Simon y la estimulante apuesta de Martin Scorsese, parece que la resurrección de HBO es un hecho.
- El fenómeno del cable básico. Mientras todos los amantes del drama de calidad cruzamos los dedos para que Jay Leno se dé un batacazo con su nuevo programa nocturno (véase este artículo de la revista TIME para calibrar las implicaciones de lo contrario), las series del cable básico se consolidan como una estupenda "tercera vía", más convencionales que en el cable premium pero más atrevidas que en las networks, cuyo modelo de producción empieza a perder sentido año tras año. Mientras que en las networks El mentalista ha sido el único éxito contrastado, en el cable básico se han lanzado en estos meses con buenos resultados Royal Pains, Dark Blue, Warehouse 13 y HawthoRNe.
- El fenómeno Sobrenatural. Lo sé, lo sé. No se puede poner a la misma altura que los dos anteriores, pero no deja de ser una satisfacción ver cómo dos de los críticos televisivos más destacados de los Estados Unidos, Matt Roush de TV Guide Magazine y Maureen Ryan del Chicago Tribune, se han pasado el verano poniéndose al día con Sobrenatural a rebufo de una extraordinaria cuarta temporada en la que prácticamente todo salió bien, especialmente la incorporación de un sensacional Misha Collins como el arcángel Castiel. Como admiradora de la serie desde el comienzo (comentarios aquí y aquí) esta cuarta temporada fue un estupendo premio, tanto por su notable cohesión (nunca uno de los puntos fuerte de Sobrenatural) como por una notable sucesión de grandes capítulos: "In the beginning" (Dean conoce la sorprendente verdad sobre sus padres gracias a un salto en el tiempo), "Yellow fever" (con Dean convertido en un hilarante cobarde), "I Know What You Did Last Summer" y "Heaven and Hell" (sobre profetas y sexo), "Death Takes a Holiday" (uno de los mejores monstruos de la semana de la serie), "It's a Terrible Life" (qué pasaría si los hermanos no lo fueran), "The Monster at the End of This Book" (Dean y Sam los cazademonios conocen al escritor de una serie de novelas protagonizadas por Dean y Sam los cazademonios), "Jump the Shark" (el medio hermano Winchester que nunca conocieron) y "The Rapture" (lucimiento absoluto de Mischa Collins comi Castiel y Jimmy, el propietario de su cuerpo humano). Sobrenatural, sin prisas ni hacer ruido, se han convertido en una de los programas más entretenidos y sorprendentes de la televisión. Bienvenido por fin el reconocimiento crítico.
- El fenómeno True Blood. Nada ha generado más artículos en la prensa que el extraordinario éxito del programa vampírico de Alan Ball, que semana tras semana ha ido batiendo sus record de audiencia hasta lograr cifras cercanas a los blockbusters de HBO por antonomasia, Los Soprano y Sexo en Nueva York. No es que precisamente nos sorprenda, ya que ocurrió algo similar en la primera temporada de la serie, que tras un comienzo titubeante tomó más velocidad con cada capítulo (algo que curiosamente también pasa con el propio ritmo narrativo de la serie). Y a ello hay que sumar las cifras de venta en DVD, casi un millón y medio de unidades en tres meses. Si todo va cómo se espera con la nueva serie de David Simon y la estimulante apuesta de Martin Scorsese, parece que la resurrección de HBO es un hecho.
- El fenómeno del cable básico. Mientras todos los amantes del drama de calidad cruzamos los dedos para que Jay Leno se dé un batacazo con su nuevo programa nocturno (véase este artículo de la revista TIME para calibrar las implicaciones de lo contrario), las series del cable básico se consolidan como una estupenda "tercera vía", más convencionales que en el cable premium pero más atrevidas que en las networks, cuyo modelo de producción empieza a perder sentido año tras año. Mientras que en las networks El mentalista ha sido el único éxito contrastado, en el cable básico se han lanzado en estos meses con buenos resultados Royal Pains, Dark Blue, Warehouse 13 y HawthoRNe.
- El fenómeno Sobrenatural. Lo sé, lo sé. No se puede poner a la misma altura que los dos anteriores, pero no deja de ser una satisfacción ver cómo dos de los críticos televisivos más destacados de los Estados Unidos, Matt Roush de TV Guide Magazine y Maureen Ryan del Chicago Tribune, se han pasado el verano poniéndose al día con Sobrenatural a rebufo de una extraordinaria cuarta temporada en la que prácticamente todo salió bien, especialmente la incorporación de un sensacional Misha Collins como el arcángel Castiel. Como admiradora de la serie desde el comienzo (comentarios aquí y aquí) esta cuarta temporada fue un estupendo premio, tanto por su notable cohesión (nunca uno de los puntos fuerte de Sobrenatural) como por una notable sucesión de grandes capítulos: "In the beginning" (Dean conoce la sorprendente verdad sobre sus padres gracias a un salto en el tiempo), "Yellow fever" (con Dean convertido en un hilarante cobarde), "I Know What You Did Last Summer" y "Heaven and Hell" (sobre profetas y sexo), "Death Takes a Holiday" (uno de los mejores monstruos de la semana de la serie), "It's a Terrible Life" (qué pasaría si los hermanos no lo fueran), "The Monster at the End of This Book" (Dean y Sam los cazademonios conocen al escritor de una serie de novelas protagonizadas por Dean y Sam los cazademonios), "Jump the Shark" (el medio hermano Winchester que nunca conocieron) y "The Rapture" (lucimiento absoluto de Mischa Collins comi Castiel y Jimmy, el propietario de su cuerpo humano). Sobrenatural, sin prisas ni hacer ruido, se han convertido en una de los programas más entretenidos y sorprendentes de la televisión. Bienvenido por fin el reconocimiento crítico.
Pensamientos sobre las nominaciones a los Emmy
Recién salidas del horno, las nominaciones a los Emmy de este año dan mucha cancha para la reflexión:
- ser nuevo no compensa: la cosecha de la temporada 2008-2009 no ha salido bien parada tras los buenos resultados de los estrenos del año anterior. True Blood es ignorada (demasiado extrema, quizás) y sólo la nominación sorpresa para Simon Barker por El mentalista puede considerarse una excepción.
- pero es que despedirse tampoco compensa: The Shield no recibe nominaciones y Galáctica las suyas tradicionales (técnicas y dirección de drama). Ambas merecían despedidas mejores. A The Shield le faltó relevancia en su despedida y Galáctica nunca superó en los Emmy el pecado original de ser de ciencia-ficción.
- hay Mad Men y 30 Rock para rato: el caso de El ala oeste de la Casa Blanca ya demostró que las historias de amor de los Emmy con algunas series pueden ser muy intensas. La espléndida 30 Rock logra 22 nominaciones y Mad Men 16. Nos hemos cansado de repetir que la televisión es el medio del escritor y ambas logran cuatro de las cinco nominaciones posibles al mejor guión de comedia (hay que recordar que, excepto de categorías de actuación y mejor programa, los Emmy se dan por capítulos individuales). No albergo duda de que ambas repetirán en septiembre su victoria del año pasado.
- cuantos más, mejor: la Academia lleva ya un buen puñado de años intentando recuperar relevancia haciendo que la lista de nominados sea más diversa y, tras una buena ración de fracasos, parece haberlo logrado con algo tan sencillo como ampliar los nominados a 6 en categorías clave (incluso siete por empates, como ha ocurrido en comedia), permitiendo entrar a las series algo más difíciles que siempre se quedaban a un paso. AMC continúa su buena racha con Breaking Bad y HBO empieza a curar sus heridas con Big Love y Flight of the Conchords.
- Padre de familia, animación entre los grandes: llega la constación del repetido error por parte de los productores de Los Simpson de no apostar por luchar en la categoría de mejor comedia saliendo del nicho de la animación. Padre de familia apostó fuerte y abandonó la categoría menor (donde tampoco tenía muchas opciones, la verdad) para luchar por el premio de la nominación y lo ha logrado. Con el éxito de Saturday Night Live (13 nominaciones), se consolida el buen momento de la comedia gamberra en televisión.
- Irak, Irak: sabemos que las ficciones sobre Irak están siendo ignoradas por el gran público y la crítica, pero en televisión las cosas están siendo algo distintas. Aunque House of Saddam pasa desaperibida, la sensacional Generation Kill luchará con Little Dorrit en la categoría de mejor miniserie y el telefilme Taking Chance destaca con diez nominaciones. Aunque el pedigrí de Grey Gardens la coloca como favorita, no descartaría una victoria sorpresa o, al menos, un premio para su protagonista Kevin Bacon.
- y actor, actor: en septiembre podremos dedicar alguna reflexión más amplia sobre las categorías de actuación, pero se constata que los papeles de protagonista son de competición salvaje. Espero que sea el año de Hugh Laurie o Michael C. Hall, de Kyra Sedgwick o Holly Hunter, y de Sarah Silverman o Toni Collete. A pesar de la jugosa trama del cáncer, Katherine Heigl es ignorada como secundaria de drama, un justo castigo a su salida de tono el año pasado, cuando se negó a presentar la candidatura para quejarse porque era su papel perdió relevancia en Anatomía de Grey.
- ser nuevo no compensa: la cosecha de la temporada 2008-2009 no ha salido bien parada tras los buenos resultados de los estrenos del año anterior. True Blood es ignorada (demasiado extrema, quizás) y sólo la nominación sorpresa para Simon Barker por El mentalista puede considerarse una excepción.
- pero es que despedirse tampoco compensa: The Shield no recibe nominaciones y Galáctica las suyas tradicionales (técnicas y dirección de drama). Ambas merecían despedidas mejores. A The Shield le faltó relevancia en su despedida y Galáctica nunca superó en los Emmy el pecado original de ser de ciencia-ficción.
- hay Mad Men y 30 Rock para rato: el caso de El ala oeste de la Casa Blanca ya demostró que las historias de amor de los Emmy con algunas series pueden ser muy intensas. La espléndida 30 Rock logra 22 nominaciones y Mad Men 16. Nos hemos cansado de repetir que la televisión es el medio del escritor y ambas logran cuatro de las cinco nominaciones posibles al mejor guión de comedia (hay que recordar que, excepto de categorías de actuación y mejor programa, los Emmy se dan por capítulos individuales). No albergo duda de que ambas repetirán en septiembre su victoria del año pasado.
- cuantos más, mejor: la Academia lleva ya un buen puñado de años intentando recuperar relevancia haciendo que la lista de nominados sea más diversa y, tras una buena ración de fracasos, parece haberlo logrado con algo tan sencillo como ampliar los nominados a 6 en categorías clave (incluso siete por empates, como ha ocurrido en comedia), permitiendo entrar a las series algo más difíciles que siempre se quedaban a un paso. AMC continúa su buena racha con Breaking Bad y HBO empieza a curar sus heridas con Big Love y Flight of the Conchords.
- Padre de familia, animación entre los grandes: llega la constación del repetido error por parte de los productores de Los Simpson de no apostar por luchar en la categoría de mejor comedia saliendo del nicho de la animación. Padre de familia apostó fuerte y abandonó la categoría menor (donde tampoco tenía muchas opciones, la verdad) para luchar por el premio de la nominación y lo ha logrado. Con el éxito de Saturday Night Live (13 nominaciones), se consolida el buen momento de la comedia gamberra en televisión.
- Irak, Irak: sabemos que las ficciones sobre Irak están siendo ignoradas por el gran público y la crítica, pero en televisión las cosas están siendo algo distintas. Aunque House of Saddam pasa desaperibida, la sensacional Generation Kill luchará con Little Dorrit en la categoría de mejor miniserie y el telefilme Taking Chance destaca con diez nominaciones. Aunque el pedigrí de Grey Gardens la coloca como favorita, no descartaría una victoria sorpresa o, al menos, un premio para su protagonista Kevin Bacon.
- y actor, actor: en septiembre podremos dedicar alguna reflexión más amplia sobre las categorías de actuación, pero se constata que los papeles de protagonista son de competición salvaje. Espero que sea el año de Hugh Laurie o Michael C. Hall, de Kyra Sedgwick o Holly Hunter, y de Sarah Silverman o Toni Collete. A pesar de la jugosa trama del cáncer, Katherine Heigl es ignorada como secundaria de drama, un justo castigo a su salida de tono el año pasado, cuando se negó a presentar la candidatura para quejarse porque era su papel perdió relevancia en Anatomía de Grey.
Pensamientos sobre los "upfronts"
La presentación a los anunciantes de la programación de la siguiente temporada por parte de las networks es uno de los momentos de más expectación para los que seguimos la televisión norteamericana. Este año no ha sido una excepción, aunque la situación no es especialmente propicia. La crisis económica ha pesado tanto que ha llevado a la directa cancelación de todos los programas envejecidos (y por tanto caros de producir) con índices de audiencia en declive. La huelga de guionistas hizo daño, y mucho, a los seriales y el resultado se ha hecho notar este año, donde sólo la ABC ha cumplido su tradicional misión de conceptos más exigentes y arriesgados de lo habitual. Con la CBS aumentando su clonicidad con NCIS: Los Angeles y la NBC renunciando al drama adulto de las 10 de la noche para dejar paso a Jay Leno, este año se han echado de más ideas frescas. Pero podemos destacar tres series que nos da pena ver marchar y otras tres que esperamos con anticipación.
DESPEDIDAS TRISTES
Terminator: Las crónicas de Sarah Connor (CBS). Resulta insólito que Fox, con el estreno de Terminator: Salvation en puertas, no haya dado una nueva oportunidad a este programa y haya renovado la fracasada, en todos los aspectos, Dollhouse. Sin duda, los factores económicos han debido ser un factor esencial teniendo en cuenta que el tijeretazo presupuestario resultaba más complicado en una serie como ésta con un excelentes valores de producción. Sigo pensando que Terminator es una serie a reivindicar y que su angustiado existencialismo la hacía el sustituto perfecto de Galáctica.
Sin rastro (CBS). No es habitual que una serie con prestigio crítico y todavía colocada entre los 20 más vistos sea cancelada de una manera tan poco respetuosa. Cierto y verdad que Sin rastro me dejó de interesar tras su irregular cuarta temporada, cuando los casos se hicieron más vulgares y el recurso del flash-back perdió efectividad como reflexión sobre la construcción de la identidad. Pero siempre fue un programa digno y entretenido, y no resulta de recibo que no se le haya dado la oportunidad de tener un buen capítulo final tras muchos años de fiel servicio.
La hora 11 (CBS). No se puede negar que la CBS le dio un voto de confianza colocándola detrás de CSI los jueves por la noche. Esta versión de un éxito británico estaba realizada con suficiencia por la factoría Bruckheimer y tenía en Rufus Sewell a un protagonista carismático. Pero este cruce entre la bioquímica de House y el procedimental más clásico, resultó con el paso de los capítulos algo repetitiva sin contar con una gran trama serial o profundizar en la relación entre sus protagonistas. Oda a lo que pudo ser y no fue.
BIENVENIDOS AL TUBO CATÓDICO (Sabrosos vídeos, aquí)
Three Rivers (CBS). Supongo que hay muchos motivos por los que anticipar el estreno de Three Rivers, como el hecho de que la televisión norteamericana está necesitada de un buen drama médico que retome el testigo dejado por Urgencias. O la excelente labor que puede realizar promoviendo la donación de órganos. Pero seamos francos, el principal motivo por el que está serie resulta una de las más prometedoras del otoño aparece con claridad en la foto: Alex O´Loughlin, con una ropita de médico cirujano un pelín ajustada. Tras el fin de Moonlight, que empezó bien pero se desfondó en lugar de mejorar, O´Loughlin tomó el testigo de Jason O´Mara como el tío bueno oficial en busca de la serie de éxito. Lo cual tiene su dificultad evidente, ya que en televisión lo que importan son las buenas tramas y los buenos repartos en su conjunto, no la presencia de estrellas en ciernes. Pero cualquier cosa que lo devuelva a la televisión en entregas semanales me parecerá bien, sin reservas.
V (ABC). El hecho de que V se base una serie de los ochenta no es un factor ni positivo ni negativo para tener en cuenta. Hay buenas versiones y versiones catastróficas y cada nuevo proyecto se merece el beneficio de la duda. Sobre todo porque V fue una excelente doble miniserie, pero una serie mediocre que fue cancelada con celeridad. O sea, que menos mitificaciones vacuas. Además, con la invasión en Iraq en proceso de resolución, me resulta extraordinariamente sugerente que la televisión norteamericana haya apostado por una narrativa de la ocupación en lo que ya parece una confabulación televisiva para que la sociedad norteamericana ajuste cuentas consigo misma por la guerra contra el terror (véase el capítulo de fin de temporada de Lie to Me como ejemplo paradigmático).
The Vampire Diaries (The CW). En fin, ya sé que están Flash-Forward y Human Target, pero tengo ciertas dudas con ambas. La premisa de la primera me parece más curiosa que verdaderamente intrigante, mientras que el trailer de la segunda la hace parecer una película de Jason Statham. Nada en contra, pero no es lo que le pido a una serie. Sin embargo, The Vampire Diaries tiene, como bien indica el título y valga la redundancia, vampiros, lo cual significa que tiene mi atención inmediata. Cierto y verdad que la premisa parece más propia de Crepúsculo que de Buffy, cazavampiros. Pero The CW sigue siendo la cadena de Sobrenatural y, por tanto, siempre podemos esperar alguna sorpresa agradable entre tanto niño pijo y tanta angustia existencial adolescente.
DESPEDIDAS TRISTES
Terminator: Las crónicas de Sarah Connor (CBS). Resulta insólito que Fox, con el estreno de Terminator: Salvation en puertas, no haya dado una nueva oportunidad a este programa y haya renovado la fracasada, en todos los aspectos, Dollhouse. Sin duda, los factores económicos han debido ser un factor esencial teniendo en cuenta que el tijeretazo presupuestario resultaba más complicado en una serie como ésta con un excelentes valores de producción. Sigo pensando que Terminator es una serie a reivindicar y que su angustiado existencialismo la hacía el sustituto perfecto de Galáctica.Sin rastro (CBS). No es habitual que una serie con prestigio crítico y todavía colocada entre los 20 más vistos sea cancelada de una manera tan poco respetuosa. Cierto y verdad que Sin rastro me dejó de interesar tras su irregular cuarta temporada, cuando los casos se hicieron más vulgares y el recurso del flash-back perdió efectividad como reflexión sobre la construcción de la identidad. Pero siempre fue un programa digno y entretenido, y no resulta de recibo que no se le haya dado la oportunidad de tener un buen capítulo final tras muchos años de fiel servicio.
La hora 11 (CBS). No se puede negar que la CBS le dio un voto de confianza colocándola detrás de CSI los jueves por la noche. Esta versión de un éxito británico estaba realizada con suficiencia por la factoría Bruckheimer y tenía en Rufus Sewell a un protagonista carismático. Pero este cruce entre la bioquímica de House y el procedimental más clásico, resultó con el paso de los capítulos algo repetitiva sin contar con una gran trama serial o profundizar en la relación entre sus protagonistas. Oda a lo que pudo ser y no fue.
BIENVENIDOS AL TUBO CATÓDICO (Sabrosos vídeos, aquí)
Three Rivers (CBS). Supongo que hay muchos motivos por los que anticipar el estreno de Three Rivers, como el hecho de que la televisión norteamericana está necesitada de un buen drama médico que retome el testigo dejado por Urgencias. O la excelente labor que puede realizar promoviendo la donación de órganos. Pero seamos francos, el principal motivo por el que está serie resulta una de las más prometedoras del otoño aparece con claridad en la foto: Alex O´Loughlin, con una ropita de médico cirujano un pelín ajustada. Tras el fin de Moonlight, que empezó bien pero se desfondó en lugar de mejorar, O´Loughlin tomó el testigo de Jason O´Mara como el tío bueno oficial en busca de la serie de éxito. Lo cual tiene su dificultad evidente, ya que en televisión lo que importan son las buenas tramas y los buenos repartos en su conjunto, no la presencia de estrellas en ciernes. Pero cualquier cosa que lo devuelva a la televisión en entregas semanales me parecerá bien, sin reservas.V (ABC). El hecho de que V se base una serie de los ochenta no es un factor ni positivo ni negativo para tener en cuenta. Hay buenas versiones y versiones catastróficas y cada nuevo proyecto se merece el beneficio de la duda. Sobre todo porque V fue una excelente doble miniserie, pero una serie mediocre que fue cancelada con celeridad. O sea, que menos mitificaciones vacuas. Además, con la invasión en Iraq en proceso de resolución, me resulta extraordinariamente sugerente que la televisión norteamericana haya apostado por una narrativa de la ocupación en lo que ya parece una confabulación televisiva para que la sociedad norteamericana ajuste cuentas consigo misma por la guerra contra el terror (véase el capítulo de fin de temporada de Lie to Me como ejemplo paradigmático).
The Vampire Diaries (The CW). En fin, ya sé que están Flash-Forward y Human Target, pero tengo ciertas dudas con ambas. La premisa de la primera me parece más curiosa que verdaderamente intrigante, mientras que el trailer de la segunda la hace parecer una película de Jason Statham. Nada en contra, pero no es lo que le pido a una serie. Sin embargo, The Vampire Diaries tiene, como bien indica el título y valga la redundancia, vampiros, lo cual significa que tiene mi atención inmediata. Cierto y verdad que la premisa parece más propia de Crepúsculo que de Buffy, cazavampiros. Pero The CW sigue siendo la cadena de Sobrenatural y, por tanto, siempre podemos esperar alguna sorpresa agradable entre tanto niño pijo y tanta angustia existencial adolescente.