Pensamientos sobre "Galáctica: Estrella de combate"
Último día del año y última anotación en el blog, que sin dudar mucho he decidido dedicar a Galáctica: Estrella de combate. Si no he hablado antes de la serie en extensión ha sido porque estaba esperando que se emitiera buena parte de la primera temporada en Calle 13 y sus méritos fueran ya conocidos por los espectadores. Me gusta mucho la ciencia-ficción (es el género con el que más disfruto como espectadora) y me interesó la serie desde el principio porque era una versión de un programa anterior, uno de los temas que más me interesan a nivel de investigación. Las versiones en la televisión norteamericana suelen funcionar bastante mal porque un programa de éxito suele estar tantos años en antena como para agotar todas sus posibilidades, como quedó claro con el caso de El fugitivo incluso a pesar de la influencia de la película. Pero versionando fracasos hay más esperanzas porque permiten aprender qué se hizo mal y corregirlo mientras que sus conceptos permanecen relativamente inexplorados. Esa idea funcionó con Más allá del límite y está sirviendo igualmente con G:EdC, probablemente porque al emitirse en canales de cable llegan muy bien a una audiencia específica. La serie original tenía un planteamiento fantástico, pero un desarrollo desastrosos. Se lanzó como una gran producción y acabó siendo un gran batacazo. Y sin querer hundirle el sentimiento de nostalgia a nadie, es un bodrio insoportable con algunos momentos brillantes en un mar de mediocridad. Ron Moore, uno de los guionistas principales de la mejor etapa de Star trek (es decir, La nueva generación y Espacio Profundo Nueve) llegó al proyecto por casualidad, pero muy rápidamente supo que hacer con la historia. La pasó por el tamiz del 11 de septiembre e hizo un programa siniestro sobre una sociedad en crisis protagonizada por seres que a ratos son admirables y a ratos despreciables. El planteamiento es a la vez fascinante y horripilante: Un grupo de supervivientes de un holocausto deben encontrar la tierra prometida, pero todavía no sabemos si los afortunandos son los que han sobrevivido o si verdaderamente merecen llegar hasta allí. Sabemos que fue necesario destruir la nave utilizada como espía por los Cylones en 33, pero también que fue un acto brutal. También que la tortura está mal, ¿pero qué hariamos nosotros si estuvieramos en la situación que se plantea en Flesh and bone?. El tema de los últimos capítulos de esta primera temporada está siendo a quién debe su lealtad Lee, ¿a su padre y superior o al ideal democrático que representa Roslin?. El elemento religioso es si cabe más fascinante, con el conflicto entre los Cylones y los humanos planteado en clave de monoteísmo y politeísmo. Roslin se cree una mesias, ¿pero y si lo es?. Al fin y al cabo nuestra historia ha sido forjada por este tipo de figuras. Y lo mejor de todo es que está primera temporada sólo ha puesto los cimientos para una nueva tanda de capítulos memorables en la que Ron Moore y compañía se han atrevido a llevar la historia a los rincones más oscuros con una gracia que no sólo me impresiona emocionalmente y me fascina intelectualmente, sino que me ha dado un placer estético insuperable admirando una construcción narrativa completamente armoniosa. Es cierto que Perdidos es un programa más complejo y popular, pero yo no encuentro hoy una experiencia televisiva más intensa que Galáctica: Estrella de combate. Y tampoco una página web oficial más imprescindible.
La polémica va a perseguir a "The book of Daniel"
The book of Daniel (El libro de Daniel) es uno de los proyectos de media temporada más interesantes de la televisión norteamericana, tanto por el tema (un sacerdote con problemas que mantiene conversaciones con Jesús) como por un reparto estupendo encabezando por Aidan Quinn (el norteamericano que mejor hace de irlandés, como demostró en Michael Collins) y Garret Dillahunt, el genial actor de Deadwood y la segunda temporada de Los 4400. Tras el batacazo de la segunda temporada de Joan de Arcadia (el auge y caída más espectacular que se recuerda desde Batman en los sesenta), el tema religioso es un poco molesto para los ejecutivos de televisión, como bien resumió Leslie Moonves, el presidente de la CBS, cuando a modo de gracieta para justificar la cancelación de Joan y su sustitución por The ghost whisperer dijo que los jóvenes preferían los fantasmas a Dios. Por todo lo cual un poco de polémica va a venir de perlas a The book of Daniel, sobre todo cuando viene de un grupo ultraconservador, The American Family Association, especializado en atacar programas que ni siquiera han visto, como es este caso. Sin ser una persona religiosa disfruté enormemente de Joan de Arcadia, quizás porque era un programa más espiritual que otra cosa que en vez de hacer propaganda analizaba los problemas desde una perspectiva inteligente y abierta. Es la distancia que va desde Everwood (otro de mis favoritos) a Siete en el paraíso. No sé hasta que punto un público ultraconservador (como el que puede hacer caso a este grupo) le puede interesar un programa sobre un pastor adicto a los analgésicos con una mujer alcohólicia, un hijo gay, una hija narcotraficante, otro que se acuesta con la hija de su jefe y una secretaria lesbiana. Me tomo este llamamiento al boicot como una recomendación y espero que el programa responda a las expectativas creadas y logre el apoyo de una sociedad en donde pueden convivir las diatribas cuasi-criminales de Pat Robertson y Nip/Tuck, a golpe de bisturí.
La locura del tabaco
Hoy quería dedicar un espacio a la nueva y mejorada Galáctica: Estrella de combate, pero resulta que estamos en el Día de los Tontos y creo que voy a despreciar así a la serie más brillante de la televisión actual. Dicho lo cual, dedico unas líneas al especial anti-tabaco de Antena 3 con el que me topé anoche de madrugada, que maldita fue la hora. En virtud de la honestidad informativa, debo decir que que fumé habitualmente durante unos 3 o 4 años de mi vida, pero nunca una cantidad demasiado apreciable debido a que era (y soy) demasiado pobre y tacaña para comprar paquetes de manera regular y demasiado vaga para liar tabaco. Una pulmonía infantil me hace tener los pulmones débiles y aún recuerdo la mañana en la que llegué jadeando a la puerta de entrada principal de mi morada de estudiante (en estructura de patio sevillano y sin telefonillo) después de bajar a zancadas dos pisos y cuarenta escalones tras escuchar la melodía de aldabonazos que tenía como identificador de mis visitas para diferenciarlas de las de los vecinos del bajo (un alemán y una coreana aficionada a provocarme pesadillas vistiéndose de flamenca) y el primero (unos bakaladeros con un perro con el original nombre de Pluto). Detrás de la puerta estaba el futuro ex novio de una amiga, que me miró a los ojos y me dijo: "Killa, deberías plantearte fumar menos". El patetismo de la situación me hizo dejar el tabaco para ocasiones muy concretas, como fumarme un puro en las bodas (tengo testimonio gráfico, pero no voy a compartirlo). Con este bagaje personal, los primeros minutos del programa me interesaron, aunque pronto se me vino a la cabeza un título clásico, Reefer Madness, una película propagandística realizada en Estados Unidos en los años treinta para alertar de los peligros de la marihuana tan catastrofista y exagerada que hoy en día se la considera una de las cumbres de la comedia cinematográfica. Incluso inspiró un brillante musical adaptado hace unos meses como un telefilme protagonizado por la adorable Kristen Bell. La maestra de ceremonias de este particular Tabaco Madness ibérico fue Teresa Viejo, rodeada por una panda de patéticos comparsas que encendían sus supuestos últimos cigarrillos asustados y temblorosos, más como yonquis tirados en las calles que como personas completamente funcionales con un hábito salido de madre. Y después estaban los invitados especiales, desde la irresponsable que fumó durante el embarazo y reconoció preferir comprar tabaco a leche (¿no pueden intervenir los servicios sociales?) hasta el aspirante a policía que no pasa la pruebas físicas (y bien que podemos dar las gracias por ello, ¿un tipo sin autocontrol que pasa los test psico-técnicos?). Todos los vídeos estaban repletos de hilarantes reconstrucciones de sus infructuosos intentos de dejar de fumar, con una iluminación siniestra y planos imposibles. Lady Anti-tabaco (es decir, la Viejo) tuvo su momento cumbre cuando preguntó en plan inquisitorial a un fumador por su vida sexual, ante la expresión desencajada de éste. Como no sacó la respuesta que quería del hombre (es decir, que su vida sexual era un desastre), se fue hacia la mujer, que echó un capote a su hombre. Seguro que con 60 años, 120 kilos de peso y problemas respiratorios algún problema sexual habrá, pero no es plan confesarlo en televisión para que después seas el hazmerreir del pueblo cuando regreses a casa. Para entonces yo ya tenía la impresión de que aquello era más que nada un truco publicitario para la sucursal española de la empresa del tal Allen Carr, para el que todo es fácil: Es fácil tener éxito, Es fácil dejar de preocuparse, Es fácil perder peso, Es fácil que las mujeres dejen de fumar, Es fácil que tus hijos dejen de fumar, Es fácil forrarse haciendo libros de autoayuda para gente para la que lógicamente no es fácil dejar de fumar, tener éxito, dejar de preocuparse y perder peso. Y después estaban los pequeños anuncios que nos anticipaban la llegada de la atracción principal, la mujer que más fumaba en España. Pero no me quedé a ver cómo se utilizaba a una persona enferma como un mono de feria. Después de presenciar esta siniestra paranoia tabaquil, me dispuse a descansar soñando con Hannibal Lecter, que sí que sabe apreciar un buen cigarro.
Prime Time en La Ventana
Mañana me entrevistan en el programa de la Cadena Ser La Ventana para hablar del libro, que de momento creo que está siendo muy bien recibido. Muchas gracias por todos vuestros comentarios. También hoy mi amigo Fernando Simó de Mundoplus me ha mandado un vínculo a una columna de crítica de televisión de La Vanguardia en donde Fernando de Felipe cita mi libro, al que llama apasionado, y me pone en más que buena compañía.
¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!
Como se dice, esta noche es Nochebuena y mañana, Navidad. Así que ya es hora de que desde este blog os desee a todos una Feliz Navidad junto a vuestros seres queridos y un Próspero Año Nuevo. Hace ya unos meses que comencé el blog y de momento estoy bastante contenta. Para mi es una forma de expresión personal con la que poder formular pensamientos que hasta ahora muchas veces se quedaban en mi cabeza. Que haya gente interesada en ellos de tantas partes diferentes y que muchos regresen una vez tras otra aquí, me emociona un poquito. Así que muchas gracias a todos, de verdad. También tengo que decir que el blog no cierra por vacaciones y que voy a seguir posteando cosas durante estos días, aunque en alguna ocasión con la boca llena de mantecados y polvorones. Un abrazo a todos.
La libertad en democracia
El otro día Chica de la Tele publicó un post en donde se extrañaba de que en los blog de televisión nadie se hiciera eco de las inquietantes noticias que nos avanzan que la libertad de expresión en nuestro país se encuentra en peligro de la mano de un grupo de políticos deseosos de perpetuarse en el poder controlando, por lo civil o lo criminal, los medios de comunicación. Por supuesto el bien social y la justicia se ponen como excusa, tópicos que nos recuerdan a los argumentos de la Caza de Brujas norteamericana, el nazismo, el comunismo y el franquismo. Este no es un blog político, pero quien escribe esto sí que tiene miedo a que si ahora nos quedamos callados y asistimos mudos a cómo la censura se instala en nuestra sociedad porque no compartimos las ideas o el tono de los atacados, pronto será demasiado tarde. No hacen falta organismos censuradores. Si alguien pasa el límite de la ley, para eso están los tribunales. Hoy puede ser la radio, mañana serán las cadenas de televisión no afines, después los periódicos que no aceptan la verdad oficial y por último Internet. Lo peor es que parece ser que algún ministro con créditos pendientes quiere exportar la idea al resto de España. Que cada uno saque sus propias conclusiones y actúe en consecuencia.
"Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no era comunista así que no hablé. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, pero no era lo uno ni lo otro así que no hablé. Después vinieron a por los judíos, pero yo no era judío así que no hablé. Y cuando vinieron a por mí ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí"
Martin Niemoeller
"Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no era comunista así que no hablé. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, pero no era lo uno ni lo otro así que no hablé. Después vinieron a por los judíos, pero yo no era judío así que no hablé. Y cuando vinieron a por mí ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí"
Martin Niemoeller
Exorcizando "El fin de los tiempos"
Era martes por la noche y yo quería ver Roma, pero el lunes había decidido cambiar la ración de masoquismo de CSI por El fin de los tiempos, el vano esfuerzo de Antena de repetir el éxito de Los 4400. Como lo que se empieza se acaba, puse a grabar Roma (en realidad grabé por error Localia, pero es otra historia) y me dispuse a imbuirme otra vez durante tres horas en una fantasía religiosa fundamentalista repleta de frases bíblicas cada vez más siniestras. Sabía que El fin de los tiempos no era una miniserie auténtica, sino una serie limitada presentada como un acontecimiento especial a la espera de continuar con otra tanda de capítulos o incluso convertirse en serie. Ni las críticas ni la audiencia habían sido demasiado buenas, así que sabía de antemano que el final, que necesariamente era abierto, no iba a ser satisfactorio. El programa fue un poco Expediente X (el cientifico y la creyente, ese embarazo de macho cabrío) y un mucho El código DaVinci con unos toques a La profecía, que para eso comparten guionista, David Seltzer. Pero en el sentido global todo pareció un capítulo piloto insufriblemente largo en el que nada se aclara ni se resuelve y se van abriendo tramas de las que no se vuelve a saber a la espera de explotarlas en futuros capítulos. Y para ser un programa donde está todo el mundo en peligro mortal, sólo caen figurantes. Al final, y a pesar de una espectacular explosión, ni el millonario filántropo ni el cardenal conspirador de rigor mueren, se supone que pensando en utilizarlos después. Lo mismo pasa con el líder satanista, el abogado y el resto de los villanos, y hasta el ayudante del cientifico al que disparan en el monasterio. Y no hablemos ya de los errores lógicos (¿el líder de una secta mezclado con la población general en una cárcel? muy oportuno que lo sacaran de la celda de aislamiento) y los tópicos como el adolescente estúpido (Kim Bauer, no te olvidamos), los gili-villanos y mi favorito, los intentos de un coche negro por atropellar a los protagonistas en una calle europea. Siempre pienso que para los américanos por aquí se debe conducir fatal, porque hay formas bastante más efectivas de matar a alguien. ¿Y qué tal intentar pasar desapercibidos cambiando el hábito de la monja por un VESTIDO ROJO?. El fin de los tiempos era una gran producción, pero David Seltzer nunca ha trabajado en una serie y es notorio que es un formato que no controla. Los 4400 fue un experimento similar, sólo que esta vez con gente del medio. El resultado es un programa hecho con mucho menos dinero en Canadá (qué oportuno que casi todos los 4400 no se muevan de la zona) y no en localizaciones europeas. Pero hay mucho más talento e imaginación. En Los 4400 tampoco tenemos rostros cinematográficos como Bill Pullman y Natascha McElhone, pero mayor sentido de la verosimilitud: no hay mujeres con físico de supermodelos interpretando a monjas. Para el que crea que las virtudes de la televisión norteamericanas provienen del dinero, El fin de los tiempos es un buen recordatorio de que un gran presupuesto no hace buena televisión.
Fin de la tercera temporada de "Sin rastro"
El domingo pude por fin ver el último capítulo de la tercera temporada de Sin rastro. No llegó al nivel de los grandes capítulos de la serie, como el memorable Venirse abajo que despidió la primera temporada y que Antena 3 tuvo el acierto de emitir después, pero fue una historia interesante con acertados giros y un gran final. Sin rastro no es una serie explosiva y genial como pueden ser 24 o Nip/tuck, pero me resulta difícil pensar en un programa actual de la televisión norteamericana que sea tan solido y satisfactorio en todos los aspectos. La tercera temporada ha estado llena de capítulos antológicos e incluso los que no lo han sido tanto han contado siempre con muchos elementos de interés. No me olvido de la joven ciega, de la terrorista anti-abortista arrepentida, del fanático de los ovnis con un tremendo pasado, de la reina de la cirugía plástica y del jurado cazador de nazis. Y tampoco del niño autista, el convicto en busca de redención, del padre en busca de un sustituto para su hijo muerto y del transexual que intenta recuperar su pasado. Tantas historias llenas de emoción que reflejan la complejidad del ser humano. Y este año por fin hemos sabido más de los personajes principales, tan bien trazados que los detalles personales, al contrario que en la mayoría de este tipo de programas, son un lujo y no una distracción. Era ingenuo pensar que un bienintencionado niño bien como Martin pudiera tener un futuro con alguien con tanto equipaje encima como Sam, aunque pudimos soñar. Vivian se enfrentó a la muerte y supimos qué hace a Danny ser tan descreido. Leí no hace mucho que los productores de la serie idearon en un principio a Jack como un tipo más convencional y que fue Anthony LaPaglia el que insistió en darle tantos claroscuros. Tras haberse despeñado, éste ha sido un año de recuperación para Jack. Hacer buena televisión es díficil, pero hacerlo con tanta consistencia es insólito. No tendrá miles de páginas Internet ni en los foros se discutirán sus misterios, pero Sin rastro es televisión elevada a la categoría de arte.
R.I.P. John Spencer
Qué noticia tan triste e inesperada. John Spencer, que interpretaba a Leo McGarry en El ala oeste de la Casa Blanca, falleció ayer en Los Ángeles a causa de un ataque cardiaco a punto de cumplir los 59 años. Spencer, un veterano del teatro y la serie La ley de Los Ángeles, ganó un Emmy por su trabajo como McGarry, jefe de personal de la Casa Blanca y en el momento actual de la serie candidato a vicepresidente. Entre Spencer y McGarry había algunos paralelismo, ya que ambos eran alcohólicos y adictos al trabajo. Al parecer Spencer llevaba un tiempo con problemas de salud, lo que llevó a los productores a darle un descanso haciendo que McGarry tuviera precisamente un ataque cardiaco el año pasado. El actor se había recuperado para volver a tener un papel central en la serie. Curiosamente esta mañana estaba leyendo un artículo sobre los problemas de corazón de los políticos en España. El ala oeste de la Casa Blanca, casi seguro en su última temporada, se encuentra en producción y habrá que ver cómo esto afecta al desarrollo argumental. Spencer no deja hijos, pero sí muy buenos amigos que admiraban su inmenso talento. Descanse en paz.
Acerca de los Globos de Oro
Los Globos de Oro son mis premios favoritos de la industria televisiva y las recientes nominaciones no han hecho sino aumentar esa impresión. Frente a los conservadores Emmy, los Globos de Oro, otorgados por un grupo de periodistas de tercera categoría, siempren cortejan a la novedad y el riesgo. Premiaron a Nip/tuck, a The office y hasta a Kiefer Sutherland cuando 24 estaba al borde de la cancelación. Este año han vuelto a demostrar su estilo, echando de un buen puntapié a casi todos los nominados del año pasado en las categorías de mejor drama y mejor comedia. Sólo Perdidos, Entourage y Mujeres desesperadas sobreviven a una quema de la que no se salvan ni la ganadora del año pasado Nip/tuck (cuya tercera temporada está siendo muy irregular) ni la rejuvenecida 24 ni el objeto de culto crítico Arrested development. Y entran con fuerza los novatos de éxito como Anatomía de Grey, My name is Earl, Everybody hates Chris, Weeds, Prison break y Roma. Entre los actores, ha habido una limpia parecida y en alguna categoría no repite un sólo candidato. Destacar el "Sutherland power", con Donald y Kiefer repartiéndose tres nominaciones, aunque sin competencia entre sí (apuesto por Donald, una favorito de los Globos que ya ha ganado en dos ocasiones). Los Globos de Oro suelen funcionar como complemento y contraste de los Emmy, así que de la misma forma que es casi segura una victoria de Perdidos (¿el programa del momento no premiado por los Globos de Oro? Imposible), Hugh Laurie será reivindicado con el premio como mejor actor de drama. Wentworth Miller, la revelación del año por Prison break, ha logrado una acertada nominación. Nadie mira más intensamente que este chico en la televisión actual. A nivel femenino hay un choque de estrellas entre Geena Davis y Glenn Close en drama y de las Mujeres desesperadas en comedia. Con Patricia Arquette, Kyra Sedgwick (por su gran trabajo en la sorpresa veraniega The closer) y Polly Walker, la Ángela Channing sexualmente activa de Roma, como competidoras, me es imposible tener una favorita. Curioso es el caso de Mujeres desesperadas, un programa que está perdiendo casi todo su prestigio de golpe y que sin embargo vuelve a dominar en los Globos de Oro. Sin duda, es un gran indicativo de la situación de la comedia norteamericana actual. Hablando de lo cual no me extrañaría un par de premios para My name is Earl (especialmente para Jason Lee), que parece ser la gran esperanza del género en las networks.
Sobredosis de buena televisión
Ayer coincidieron a la vez el final de Motivos personales, el desenlace de la primera tanda de Los 4400 y el estreno de Roma. La buena noticia es que todos consiguieron aceptables resultados de audiencia. Indiscutiblemente Antena 3 se ha apuntado un gran tanto con Los 4400, una serie que ha sabido vender con mucha inteligencia. Las cifras no son comparables, pero a modo de curiosidad Los 4400 ha logrado en España un número de espectadores similar a su emisión en Estados Unidos. No era una producción de lujo ni tampoco contaba con grandes estrellas, pero la serie ha sabido explotar con ingenio su propuesta argumental, presentándose como una especie de continuación de Encuentros en la tercera fase para después dar un golpe de efecto. Su segunda temporada ha sido criticada por ir un poco a la deriva, pero personalmente me parece que hace un gran esfuerzo por continuar una historia que ha quemado muchos cartuchos demasiado pronto. Adios extraterrestres, hola futuro apocalíptico. Me intriga el planteamiento, me encantan los títulos de créditos y simpatizo con los personajes principales, aunque como en muchos productos de ciencia-ficción el brillo se lo lleven a veces los artistas invitados, en este caso el 4400 de la semana. Y también están los vínculos con Abducidos, con un estupendo Joel Gretsch que consigue con una sorprendente soltura pasar de interpretar a un villano memorable como Owen Crawford a encarnar a un buen tipo como Tom Baldwin. Y, al contrario de lo que me ha pasado con otros actores a los que he descubierto con un trabajo especialmente brillante, no veo trasferencia entre los dos personajes y nunca cuestiono que Baldwin tenga algo de las oscuras intenciones de Crawford.
Respecto a Roma, de la que hablaré la semana que viene con más amplitud tras la emisión del tercer y el cuarto capítulo, creo que se puede convertir en uno de esos programas que ponen en la mente del espectador una cadena. Un 8,8 de share es un resultado bueno (no excepcional), sobre todo porque Roma no es un producto masivo. Es cierto que tiene sexo y violencia como gancho, pero también un ritmo lento y mucha complicación argumental. Es el Yo, Claudio de nuestros días, pero con el irresistible toque de comedia negra que es tan característico de los programas de HBO.
Respecto a Roma, de la que hablaré la semana que viene con más amplitud tras la emisión del tercer y el cuarto capítulo, creo que se puede convertir en uno de esos programas que ponen en la mente del espectador una cadena. Un 8,8 de share es un resultado bueno (no excepcional), sobre todo porque Roma no es un producto masivo. Es cierto que tiene sexo y violencia como gancho, pero también un ritmo lento y mucha complicación argumental. Es el Yo, Claudio de nuestros días, pero con el irresistible toque de comedia negra que es tan característico de los programas de HBO.
Revista Mundoplus de diciembre
Ya es posible descargarse la revista Mundoplus del mes de diciembre, en la que figuran un par de artículos míos sobre Deadwood y Angels in America.
Los mejores programas de TV según el American Film Institute
El American Film Institute ha hecho pública, junto con su lista de las diez películas más relevantes de 2005, la correspondiente selección de los diez programas de televisión (incluyendo series, telefilmes y miniseries) del año. Esta lista es recopilada por un grupo de críticos, académicos y profesionales del medio y habitualmente es un perfecto indicativo de lo mejor que tiene que ofrecer la televisión. Se combinan los grandes éxitos con los títulos de culto, especialmente aquellos que, en el universo multicanal, han pasado un poco desapercibidos. Personalmente la lista de este año me parece muy acertada. No hay orden de preferencia entre los programas y los comentarios son personales. En unos días se conocerá la lista de méritos de cada programa:
- 24: Una cuarta temporada memorable que fue al fondo del tema central de nuestros días, el terrorismo (tema común con otros tres nominados) .
- Galáctica, estrella de combate: El programa más complejo y brillante del momento, con un calado emocional, ético, filosófico y narrativo sencillamente impresionante.
-Deadwood: Un western claustrofóbico, radical y a ratos hilarante.
- Anatomía de Grey: La revelación de año. Un drama médico sexy y con clase que mejora capítulo tras capítulo.
- House: Ya hemos hablado aquí del doctor House y su genialidad.
- Perdidos: El programa del momento. Una opción arriesgada que tiene a Internet echando humo gracias a una inteligente estrategia de marketing.
- Rescue me: Una comedia negra sobre bomberos de Nueva York que no es para todos los públicos.
- Sleeper cell: Una recién estrenada serie de Showtime sobre un agente federal que se infiltra en una célula terrorista.
- Sometimes in April: Un memorable y durísimo telefilme que muestra lo que a Hotel Rwanda le dio miedo contar.
- Verónica Mars: Esta serie ha puesto a la cadena UPN en el mapa. Buffy, cazavampiros + El halcón maltés = Verónica Mars.
- 24: Una cuarta temporada memorable que fue al fondo del tema central de nuestros días, el terrorismo (tema común con otros tres nominados) .
- Galáctica, estrella de combate: El programa más complejo y brillante del momento, con un calado emocional, ético, filosófico y narrativo sencillamente impresionante.
-Deadwood: Un western claustrofóbico, radical y a ratos hilarante.
- Anatomía de Grey: La revelación de año. Un drama médico sexy y con clase que mejora capítulo tras capítulo.
- House: Ya hemos hablado aquí del doctor House y su genialidad.
- Perdidos: El programa del momento. Una opción arriesgada que tiene a Internet echando humo gracias a una inteligente estrategia de marketing.
- Rescue me: Una comedia negra sobre bomberos de Nueva York que no es para todos los públicos.
- Sleeper cell: Una recién estrenada serie de Showtime sobre un agente federal que se infiltra en una célula terrorista.
- Sometimes in April: Un memorable y durísimo telefilme que muestra lo que a Hotel Rwanda le dio miedo contar.
- Verónica Mars: Esta serie ha puesto a la cadena UPN en el mapa. Buffy, cazavampiros + El halcón maltés = Verónica Mars.
Ya podemos ver la precuela de "24"
Acaba de ponerse en circulación en Internet la precuela a la quinta temporada de 24, incluida en la edición en DVD de la cuarta. Los primeros minutos muestran la secuencia final de la pasada temporada y a continuación saltamos doce meses para reencontrarnos con Jack Bauer. Por cierto, Jack, para pasar desapercibido no me parece muy buena idea ir como un vagabundo pero conducir un cochazo. Sólo mi opinión.
Neandertal TV
Me ha encantado este iluminador artículo de The New York Times (registro gratuito necesario, sólo disponible 7 días) sobre un nuevo tipo masculino que empieza a ser común en televisión, lo que se podría denominar el neardental o "mega macho". El tipo duro y amoral que consigue lo que quiere sin importarle los medios. Ejemplos: Vic Mackey de The shield, Tony Soprano, el doctor House, Jack Bauer de 24, Michael Scofield de Prison break, Tommy de Rescue me y Sawyer de Perdidos. Realmente no deja de ser una nueva versión del arquetipo masculino del western, sólo que esta sociedad burocratizada y dominada por la corrección política, encuentra forma en tipos que desafían nuestras convenciones. House es un egocéntrico despreciable mientras que Vic, Tony, Jack y Sawyer han matado a sangre fría y han salido impunes. Estos personajes son la esperanza de los publicitarios que deben captar a los hombres jóvenes que cada vez están abandonando más el medio en busca de otras formas de ocio como los videojuegos. Como afirma Robert Thompson en el artículo: Estos tipos de personajes son tan satisfactorios para los espectadores masculinos porque la cultura les ha dicho que deben ser poderosos y eficientes y conseguir hacer las cosas, pero al mismo tiempo están viviendo, funcionando y trabajando en lugares que constantemente están desafiando eso. Me encantaría leer una segunda parte a este artículo que reflexionara sobre por qué las mujeres como yo nos sentimos igualmente atraídas por ellos. ¿Será porque las chicas buenas van al cielo y las chicas malas van a todas partes?. O en su defecto una versión femenina que no se olvidara de Nina de 24, Kate de Perdidos y Bree de Mujeres desesperadas.
Proyectos curiosos
La mayor parte de ellos nunca llegarán a las pantalla y muchos no conseguirán si quiera entrar en la fase de piloto, pero si en algún lugar está la clave de las virtudes de la industria televisiva en Estados Unidos es en un proceso de desarrollo creativo en continua ebullición, no importa la temporada del año. En un par de meses comenzarán como una cascada los anuncios de proyectos orientados a la temporada de otoño de 2006, pero de momento ya hay algunas ideas prometedoras, divertidas o con toda seguridad condenadas al fracaso:
- La política en televisión: Al Sharpton, activista político y eterno candidato perdedor a casi todo (lo último fue presentarse a presidente de los Estados Unidos en 2004), quiere protagonizar una comedia autobiográfica, Al in the family (el título es una referencia a una célebre serie de los años 70 sobre el choque cultural y generacional en una familia). Uno de los miembros díscolos de la ya díscola por sí familia Kennedy, el secundario Christopher Kennedy Lawford, protagoniza otro proyecto en el que quiere dar vida a una versión ficticia de sí mismo que se presenta a un cargo público menor en California.
- FX, la nueva generación: El canal de cable FX, cuyas apuestas , desde The shield a Over there pasando por Nip/tuck y Rescue me, siempre son atractivas, ha decidido que sus dos próximos pilotos van a ser Low life, la historia de una familia de estafadores protagonizada por el genial actor británico Eddie Izzard, y Dirt, una producción del matrimonio de actores Courteney Cox y David Arquette sobre la prensa sensacionalista.
- ¿El nuevo 24?: Todo el mundo anda loco creando nuevas series con planteamientos a lo 24. La que mejor pinta tiene por el momento parece un cruce con la brillante Sin rastro con el título de Kidnapped. Sigue a lo largo de una temporada el secuestro de un niño perteneciente a una influyente familia de Nueva York. Este proyecto de la NBC en fase de piloto promete puntos de vistas múltiples y un reparto de excepción al que ya se han sumado Delroy Lindo (¿un eco de Rescate?), Linus Roache, Mykelti Williamson y Dana Delaney.
- Una mamá muy especial: El gran Harvey Fierstein, ganador de 4 premios Tony, regresa por fin a la televisión con un proyecto en el que da vida a una madre de clase obrera que cría sola a dos hijos. Esta comedia de Fox tiene un planteamiento tan provocativo como intrigante.
- La política en televisión: Al Sharpton, activista político y eterno candidato perdedor a casi todo (lo último fue presentarse a presidente de los Estados Unidos en 2004), quiere protagonizar una comedia autobiográfica, Al in the family (el título es una referencia a una célebre serie de los años 70 sobre el choque cultural y generacional en una familia). Uno de los miembros díscolos de la ya díscola por sí familia Kennedy, el secundario Christopher Kennedy Lawford, protagoniza otro proyecto en el que quiere dar vida a una versión ficticia de sí mismo que se presenta a un cargo público menor en California.
- FX, la nueva generación: El canal de cable FX, cuyas apuestas , desde The shield a Over there pasando por Nip/tuck y Rescue me, siempre son atractivas, ha decidido que sus dos próximos pilotos van a ser Low life, la historia de una familia de estafadores protagonizada por el genial actor británico Eddie Izzard, y Dirt, una producción del matrimonio de actores Courteney Cox y David Arquette sobre la prensa sensacionalista.
- ¿El nuevo 24?: Todo el mundo anda loco creando nuevas series con planteamientos a lo 24. La que mejor pinta tiene por el momento parece un cruce con la brillante Sin rastro con el título de Kidnapped. Sigue a lo largo de una temporada el secuestro de un niño perteneciente a una influyente familia de Nueva York. Este proyecto de la NBC en fase de piloto promete puntos de vistas múltiples y un reparto de excepción al que ya se han sumado Delroy Lindo (¿un eco de Rescate?), Linus Roache, Mykelti Williamson y Dana Delaney.
- Una mamá muy especial: El gran Harvey Fierstein, ganador de 4 premios Tony, regresa por fin a la televisión con un proyecto en el que da vida a una madre de clase obrera que cría sola a dos hijos. Esta comedia de Fox tiene un planteamiento tan provocativo como intrigante.
Las miniseries, de actualidad
El fin de Abducidos en AXN y la emisión en Canal + de Ángeles en América (ya era hora, ¿no?) parece haber despertado un nuevo interés por el género de las miniseries en nuestro país. Personalmente hace poco me compré por fin Hermanos de sangre en DVD, un programa memorable que he visto en tres canales diferentes y dos idiomas pero nunca como creo que debe ser la forma ideal: con calidad perfecta de imagen, en un televisor de esos que sacan los muñecos grandes y un Home Cinema. La miniserie es el formato de las grandes historias y no sólo de adaptaciones literarias (¿no es El señor de los anillos una miniserie cinematográfica?), sino también de relatos con calado histórico, ambición temática, riqueza narrativa y grandes repartos. Historias demasiado amplias para un telefilmes o una película, pero que se plantean como autónomas y no quieren tener que enclaustrarse en las limitaciones de estructura de la serie de televisión. Lo cierto es que en la actualidad las networks han abandonado el género, con escasos proyectos en desarrollo como la serie sobre el 11S que protagoniza Harvey Keitel. ¿Por qué?. Probablemente porque son productos caros que no garantizan las audiencias masivas que los hacen rentables. En el cable sin embargo son productos de lujo que cada vez atraen a talento más relevante, como The triangle, que cuenta con la producción de Dean Devlin y Bryan Singer. Más de cuatro millones de espectadores para una producción de serie B que seguramente da lo que promete, sustos y mucha diversión. Por cierto, ¿podría algún día Singer, encantado de reinventar con talento universos ajenos, resucitar Star trek?.
Veredicto a punto sobre "Caso abierto"
Después de unos días desaparecida en Salamanca (una visita obligada para los que todavía no hayais tenido la suerte de ir por allí) el blog regresa a la vida. Un abrazo al equipo organizador del master de guión, a todos los alumnos que estuvieron como unos campeones escuchándome durante 4 horas y a mi amiga y anfitriona Susana por haberme enseñado la riqueza diurna y nocturna de la ciudad. Me tomo unos minutos para hablar de una joya que en España está pasando un poco desapercibida, Caso abierto, en reposición en las madrugadas de La Primera y los martes en Fox. Es una serie que inmediatamente me atrajo. Me encanta la serie documental en la que se inspira, Casos sin resolver del Canal Historia, y sobre todo he pensado que había potencial para un programa de este tipo desde que vi el genial capítulo de Homicidio titulado El despertar de Finnegan. En Homicidio hay un personaje traumatizado por no haber podido resolver el asesinato de una niña llamada Adena y en El despertar de Finnegan conocemos a otro policía ya retirado cuya carrera se vio igualmente marcada por no haber podido dar con el culpable de la muerte de una niña cincuenta años atrás. El capítulo realizaba un interesante constraste entre la mentalidad policial de los años cincuenta y la actual, pero sobre todo ofrecía un recordatorio de que, aunque las series de televisión nos hagan creer lo contrario, hay muchas víctimas que no han recibidido justicia, muchos familiares amargados por la duda de no saber si su vecino o su amigo le arrebató a su ser querido y muchos profesionales amargados por no poder dar respuestas. Caso abierto explora a la perfección la complejidad de esta situación, sin pretender meter el dedo en el ojo buscando culpables (a veces es la incompetencia policial, otras testigos cobardes o temerosos) pero tampoco glorificar a los procedimientos científicos que suelen ayudar a resolver los casos. Las personas y cómo ha afectado el paso del tiempo a víctimas (que hay muchas después de cada delito) y culpables es el centro de atención. Comparando las sociedades de entonces y ahora (algunos casos se remontan hasta los años cuarenta) la serie también realiza una iluminadora reflexión sobre la evolución social. Dos capítulos en los que las víctimas fueron un joven gay y un transexual fueron especialmente memorables en este aspecto. Pero otro de los elementos que más fascinan de la serie es la manera en la que explota el lenguaje audiovisual, hasta no hace mucho un poquito olvidado en televisión. Canciones del periodo en el que se desarrolla el crimen nos ponen en situación, mientras que los fragmentos del pasado nos llegan en diferentes formas en cada capítulo, a veces en blanco y negro o sepia, otras en vídeo, pero siempre con un estilo distintivo. Los actores que dan vida a los personajes en el pasado y el presente se mezclan de forma caprichosa. Como colofón asistimos a la verdad del crimen y a continuación a una secuencia que con la canción central del capítulo se muestra a la víctima presenciando cómo se hace justicia y dando su aprobación a los policías mientras sus seres queridos se reconcilian con el pasado. ¿Artificial? ¿manipulador?. Seguramente, pero también de una poderosa intensidad emocional. Los grandes capítulos de Caso abierto (y son muy frecuentes) son una brillante catarsis que no pueden dejar a nadie indiferente. Si no reto a cualquiera a ver sin inmutarse los minutos finales de un reciente capítulo de la segunda temporada en la que un joven negro que se niega a permanecer callado ante la injusticia y la humillación es ahorcado mientras suena en una radio el discurso "He tenido un sueño" de Martin Luther King" y uno de los inductores del crimen, desbordado por la situación, tapa la cara a su hija pequeña para que no presencie la escena. Bordeando el melodrama sin perder casi nunca el equilibrio, Caso abierto apuesta fuerte y sobresale triunfante en un género demasiado tendente al convencionalismo.