Nos vemos en Caprica
Como si los frikis del mundo no tuvieramos ya bastante con el anuncio de que J.J. Abrams está trabajando en una película de Star Trek (lo cual no significa que el proyecto se vaya a hacer realidad, no olvidemos que el propio Abrams fue el tercer director asociado a Misión: Imposible 3), ahora se anuncia que el Sci-Fi Channel prepara una singular continuación de Galactica: Estrella de combate situada en el pasado colonial, Caprica. De momento, mi reacción es muy similar a la expresada por Edu en BBoing, sorpresa, temor a que se queme el concepto inicial y esperanza en el equipo creativo. Hay algunos precedentes de este tipo de flashbacks o retrospecciones en televisión, pero habitualmente se sitúan en la juventud de los protagonistas, el caso de El joven Hércules y Ponderosa. El único ejercicio similar teniendo en cuenta los cincuenta años de lapso temporal (como mucho, Bill Adama sería un niño pequeño en la nueva serie) ha sido Enterprise respecto al universo de Star Trek. De las nuevas series de Star Trek provienen Ronald Moore y unos cuantos guionistas de Galactica, que al parecer siguen empeñados en sacarle los colores a su antigua casa. Como en el caso de la nueva trilogía de La guerra de las galaxias, el final está predefinido: sabemos que habrá una guerra con los Cylones y que estos optarán por el exilio. Pero en el resto del argumento existe una libertad total más allá de que probablemente aquí también tengamos a una sociedad en crisis enfrentada a lo inimaginable. Dramáticamente, el pasado puede servir de contrapunto al presente. Y para el Sci-Fi Channel la cosa tiene sentido: la nueva serie puede alternarse con la original para cubrir el ciclo anual de programación. Pero, en todo caso, no echemos las campanas al vuelo. Ahora mismo es sólo una idea en desarrollo como tantas en el canal. Y si por algo que se caracteriza el Sci-Fi Channel es por anunciar todos los años apetitosos proyectos que nunca llegan a hacerse realidad.La vida y la muerte con el Dr. House
La serie House se ha convertido ya en un auténtico fenómeno en España, con los índices de audiencia subiendo un poco más tras cada emisión. Desde el principio es un programa por el que he tenido simpatía debido a un reparto repleto de actores excelentes que se merecían triunfar, pero aun así me vi sorprendida por el increíble carisma de Hugh Laurie y la brillante forma en la que su personaje estaba escrito. Pero la fórmula narrativa a ratos no estaba lograda. Soy perfectamente capaz de aceptar el convencionalismo de que House es un genio del diagnóstico pero sin embargo se le están a punto de morir todos los pacientes en largas y dolorosas agonías. Y también que la gracia de la serie no es ni más ni menos que exportar el género detectivesco a un hospital, sólo que, al contrario que en Diagnóstico: Asesinato, manteniendo a la ciencia como motivo central. Sencillamente muchos casos me parecían poco interesantes y la reacción de los personajes ante ellos poco convincentes. Había excepciones, pero a ratos la torpeza a la hora de relacionarlos con la vida personal de los protagonistas me recordaba a la de CSI. El capítulo Tres historias es sin duda memorable por sus propios méritos, pero también por ser una relativa sorpresa: nadie esperaba que una serie como House pudiera producir una hora de ese nivel. La segunda temporada tenía que demostrar que Tres historias no había sido una casualidad y que House, como tantos otros programas con comienzos dubitativos, iba a encontrar aquí por fin su tono creativo. Vistos los cuatro primeros capítulos de la segunda temporada, creo que así ha sido. Sin duda, el tercero fue el más flojo, con esa estereotipada familia pobre hispana y la perorata sin sentido de Foreman sobre los problemas de los afroamericanos. Un poco de sutileza no hubiera estado mal en ambos casos. Pero se lo puedo perdonar tras dos excelentes capítulos que se atreven con temas tan complejos como la pena de muerte y los niños con cáncer. De éste último ya tenía buenas referencias porque había ganado el premio al mejor capítulo de drama del Sindicato de Guionistas, pero aun así me sorprendió la comprometida pero a la vez escasamente paternalista visión del tema. La niña con cáncer deja de ser un estereotipo manido en una emocionante escena en la que se muestra determinada a vivir sólo por su madre. No es la primera vez que la serie se muestra contraria a la eutanasia (recordemos el "no se muere con dignidad, se vive" del piloto), pero en este caso su vitalismo se pone al servicio de una historia con sustrato dramático de verdad. Como en el excelente capítulo de los bebés enfermos, la acidez impide caer en el melodrama. La cuarta historia, la del médico altruista capaz de morir por sus principios, también nos ofreció un nuevo ejemplo de la ambigüedad moral de House, que por un lado es el azote de los hipócritas pero también es envidioso y egocéntrico. El mayor peligro para House es convertirse en una farsa al servicio de las muecas del protagonista, sus frases ingeniosas y la humillación que cierne sobre el resto de los personajes. Verbal y físicamente, hay mucha violencia en esta serie. Conforme mejor se equilibren los manierismos de House con historias de interés bien ejecutadas, mejor será un programa que en el momento actual es sencillamente imprescindible.Actualización: Variety analiza los motivos del éxito de House en España.
J.J. Abrams y "Star Trek": ¿Por qué no?
Sesión doble (y 2)
Aunque como entremés Mentes criminales fue un poco soso, el plato fuerte de la noche del miércoles era el estreno de la cuarta temporada de The shield, al margen de la ley. El comienzo de una nueva temporada es siempre complicado para una serie de televisión, ya que existe el peligro de que, como en las reuniones con los viejos amigos, buena parte del relato se dedique a ponernos al día sobre lo que los personajes han estado haciendo. El resultado es aburrido, dilata contar de qué va a ir la nueva temporada y pierde nuestro interés. En el caso de The shield estaba también la complicación de no sólo incluir a un nuevo personaje central, sino que además ese personaje está interpretado por una actriz del talento y el carisma de Glenn Close. El resultado final fue nada menos que espléndido. El misterio de qué pasó con el Equipo de Asalto se va revelando poco a poco, finalizando con la aparición de Shane. El dolor de la separación en el último capítulo ha pasado factura y los personajes están desconectados, demostrando que la soledad lejos de su familia viene acompañada por una fragilidad que para nada se corresponde con la caracterización del grupo desde el memorable capítulo piloto. En el capítulo se nos ha presentado al villano de la temporada, Antwon Mitchell (Anthony Anderson), como un criminal que quiere convencer a los demás de que se ha regenerado. Pero en realidad, el criminal en busca de la regeneración es el propio Vic Mackey, confinado a un trabajo menor en una suerte de exilio. Cuando se encuentra con Shane, que es obvio que acaba de matar a un confidente para evitar que delate a Mitchell, su expresión de horror es tan genuina como irónica. Desde luego él no va a dar a Shane lecciones de moralidad, pero se da cuenta del efecto que para él ha tenido perder su guía, su hermano mayor. Si Vic quiere seguir en su camino a la redención, el conflicto con Shane es inevitable. Para complicarlo todo, Vic también va a tener que lidiar con Monica Rawling (Glenn Close). Hubiera sido muy fácil presentar a Rawling como una mujer con poder que llega dispuesta a crear olas (a lo Brenda Johnson, pero más sobre esto otro día). Rawling, una antigua patrullera que conoce a la perfección el barrio, sólo quiere encajar, dejando los conflictos para cuando esté asentada en su posición. Es una opción inteligente del personaje, pero creo que también refleja el empeño de los productores y de la propia actriz de que su presencia no sea invasiva. Me encanta Glenn Close, pero esto es The shield, no un vehículo para su lucimiento. Trístemente, el miércoles se difundió también la noticia del fallecimiento de Scott Brazil, productor y realizador del programa (además de director de este mismo capítulo). Brazil era un veterano de Canción triste de Hill Street que había trabajado en programas tan diversos como Buffy, JAG, Nip/Tuck y CSI: Miami, labrándose prestigio como un eficaz artesano. A veces, en el intento de dar caché a un medio siempre mirado mal, damos mucha importancia a autores como Joss Whedon, David Milch o el propio Shawn Ryan de The shield. Y nos olvidamos que una serie es un trabajo en equipo y que la calidad constante no se logra con un escritor genial al frente, sino con un equipo compacto colaborando al más alto nivel. Shawn Ryan es el alma creativa de The shield, pero Scott Brazil era el que se encargaba de que la maquinaria funcionara sin fallos. El resultado es que The shield, en un medio irregular por naturaleza, era una de las series de calidad más estable. Esta muerte me recuerda sin duda a la de quien ejercía una función similar en The wire. Bajo escucha, Robert Colesberry. Me temo que la muerte de Scott Brazil puede llevar a que Ryan decida finalmente no prolongar la vida de la serie más allá de la última tanda de capítulos que va a completar en unos meses la quinta temporada. Es una situación agridulce, porque sentiría ver la serie marchar, pero estaría contenta de que lo hiciera en el momento justo. Scott Brazil sucumbió a los cincuenta años a la enfermedad de Lou Gehrig, que le supuso en los últimos años de su vida trabajar desde una silla de ruedas. Deja viuda y dos hijos. Descanse en paz.Sesión doble (1)
Esperaba con cierta expectación la noche del miércoles, aunque por medio tuve un día que empezó muy temprano y una peripecia que podría resumir como: "Seguro del coche: 350 euros. Teléfono móvil: 100 euros. Gasoil para tener al legítimo propietario del vehículo contento: 10 euros. Que se te rompa la caja de cambios en un cruce doscientos metros después de pasar al lado del taller mecánico: no tiene precio". Pero aún así mantenía las ganas de ver la sesión doble que AXN nos había preparado, formada por el estreno de Mentes criminales y el primer capítulo de la cuarta temporada de The shield, al margen de la ley. Francamente, mis expectativas con Mentes criminales eran muy bajas. Había leído que es mala, pero a pesar de ello sus índices de audiencia son excelentes. La cosa empezó fatal en la primera secuencia, en la que inevitablemente una mujer era secuestrada. Ninguna mujer que no sea una prostituta se monta en un coche sola con un tipo que no conoce de nada. Pero claro, si este psicópata estuviera matando prostitutas y no rubiales los protagonistas no tendrían un avión privado para llegar al lugar del crimen. Después tuvimos la insólita reacción pasiva de la víctima cuando es obvio que la están secuestrando. Yo y cualquiera habría tardado dos segundos en agarrar al secuestrador por una parte muy sensible que (como se cuenta después) puede que no le funcione, pero que seguro que le duele. Después se nos presenta a los protagonistas, que incluyen a todos los tipos básicos desde el joven arrogante al cerebrito pasando por la mujer ambiciosa y el maduro traumatizado por el trabajo. Hablando del cerebrito, me resultó raro de verdad que alguien tuviera tres doctorados en filosofía (o en general en la misma disciplina) y sospeché de un gambazo en el doblaje que he confirmado en la IMDB. Ya sabemos que para realizar doblajes es imprescindible saber la lengua de Shakespeare, pero no tener nociones básicas de cultura general anglosajona. Ph.D. es un convencionalismo para referirse a los doctorados fuera del campo de la medicina, no a los doctorados en filosofía. Seguro que más adelante nos enteraremos de cuáles son esas tres disciplinas, pero yo apuesto por literatura, psicología y antropología. En cualquier caso, me encantó el innecesario diálogo en el que el cerebrito preguntaba a un compañero que por qué a Gideon le gustaba remachar siempre que era doctor cuando lo presentaban. El chaval parece que no se ha dado cuenta de algo con tanto sentido común como que quiere darle algo de legitimidad ante la gente que lo pueda ver muy joven. Cómo si nunca le hubiera pasado (de hecho, le había pasado dos minutos antes). Genio, pero idiota. Aparte de estos infantiles errores de caracterización, también me pareció increíblemente pedante la cantidad de citas célebres: que si Beckett dijo esto, que si Nietzsche dijo lo otro, que si Yoda aquello de más allá. Y no vamos a entrar en lo que se puede llamar el síndrome Millennium, en donde los misterios son super complicados pero después se resuelven como por arte de magia. No ponérselo fácil a los criminales que puedan ver la serie es una cosa, timar al espectador es otra. Mi impresión final es que en todo el capítulo no hubo dos cosas que tuvieran sentido. A pesar de ello voy a darle cancha a esta serie por tres razones. La primera es porque los procedimentales suelen tener siempre pilotos muy mediocres, lo que da espacio para mejorar. La segunda es porque vería embobada a Mandy Patinkin leyendo prospectos de medicamentos. No sé qué hace en esta serie, pero le debo fidelidad a un actor con el que disfruté mucho en Chicago Hope y Tan muertos como yo. Y la tercera es que tengo la impresión de que los productores saben que tienen un bodrio entre las manos. La gracieta de Yoda creo que muestra que se han dado cuenta de la estupidez de las frasecitas célebres, sobre todo porque uno espera que la gente inteligente diga cosas inteligentes, no las plagie. Y el absurdo pero espectacular golpe de efecto final es un intento desesperado de decirle al espectador: ya sabemos que los 39 anteriores minutos han sido desastrosos, pero podemos hacerlo mejor. Veremos.Mañana, The shield y una elegía por Scott Brazil.
El horror: Horatio y Mac se reencuentran
Si una cosa buena está teniendo la proliferación de las series norteamericanas en nuestro país es que por fin podemos disfrutar correctamente de los cross-overs dobles, esos capítulos especiales en los que los caminos de los protagonistas de dos universos de ficción se cruzan en sendos capítulos de sus respectivas series. No confundir con los llamados backdoor pilots, en los que se utiliza una serie para presentar a los protagonistas de un nuevo estreno. Los cross-overs dobles se suelen emitir en la misma semana o muy próximos temporalmente para que el espectador los pueda ver en el orden correcto. Pero como aquí el sistema de explotación es muy diferente, a veces vemos el primero y le perdemos completamente la pista al segundo o viceversa. Al contrario que en la franquicia de Ley y orden, donde son comunes, en CSI han sido muy poco propicios a los cross-overs a pesar de que tanto CSI: Miami como CSI: NY se presentaron en sendos backdoor pilots de sus series precedentes. Mañana martes 18 AXN emite un cross-over doble de las dos series que más disfruto odiando en el que Horatio y Mac Taylor se juntan otra vez para atrapar a un asesino en serie. Veremos si aprovechan para intercambiarse consejos sobre mujeres (por cierto, notición para los admiradores de Horatio en este spoiler) o irse de marcha. Si la gracia de los cross-overs es tomar un universo familiar y jugar con la percepción del espectador de que algo está fuera de lugar, la extraña energía transmitida por Horatio y Mac en su primer encuentro ya tiene la mitad del trabajo hecho. Por cierto, que al villano del doble capítulo lo interpreta James Badge Dale, que ya apareció como un psicópata en un capítulo del CSI original el año pasado. Debe ser mal karma por esto de enrollarse con Kim Bauer.La tele y el cine, el cine y la tele
Mientras estoy a la espera de resolver las últimas ocurrencias sobrenaturales en el blog, escribo un breve post vacacional sobre la relación entre el cine y la televisión en los Estados Unidos. Por un lado, en FórmulaTV me han publicado esta semana dos artículos sobre algunos actores de cine que han probado suerte en la pequeña pantalla. La primera parte se ocupa de los que ya han hecho la transición con éxito y la segunda, de los que tienen pilotos o series esta temporada. También, ayer estuve viendo los trailers de dos películas relacionadas con la televisión que se estrenan en Estados Unidos el 21 de abril. Una es American Dreamz, que tiene pinta de que es una hilarante parodia de American Idol con un poco de crítica política de por medio. La otra es The Sentinel, con los televisivos Kiefer Sutherland y Eva Longoria de co-protagonistas. Francamente, ¿soy la única que piensa que Michael Douglas está un poco mayor para ese personaje y que Sutherland hubiera sido una mejor elección?. En cualquier caso, los dos estrenos tienen en común contar con el Presidente de los Estados Unidos como personaje y colocarlo, digamos, en una situación de riesgo. Probablememte veré las dos películas, pero apuesto a que American Dreamz funciona mejor en taquilla.El futuro de "24" y un posible Emmy
La serie 24, por un motivo u otro que no vamos a revelar por el tema de los spoilers, sigue generando noticias. Cito dos que son aptas para todos los públicos. La primera es que la serie para moviles 24: Conspiracy ha sido nominada al Emmy como mejor programa diseñado para ordenadores, móviles, iPod, etc... Este es el primer año que se entrega este premio por parte de la sección Este de la Academia de la Televisión, la que se encarga de los Emmy diurnos. Otros nominados son un par de series Internet, la cobertura de AOL del Live 8 y un programa de MTV en el que famosos dan una clase en la universidad. La otra noticia de interés es que Kiefer Sutherland ha firmado un contrato con Fox para seguir en la serie tres años más por una cifra cercana a los 40 millones de dólares, lo que lo convierte en el actor mejor pagado de la televisión. Como en otros casos (William Petersen en CSI), Sutherland se saca también un buen dinero siendo uno de los productores del programa, una situación potencialmente peligrosa (el egocentrismo de los actores puede ser problemático) que a veces funciona bien. Habitualmente los programas que llegan al sexto año se convierten en muy caros para las productoras debido a la renovación gradual de los contratos de los actores, pero 24 tiene una ventaja por su reparto en constante cambio. Quizás por ello Fox puede ofrecer un contrato tan atractivo a su protagonista a la espera de la posible película. Por cierto, interesante e ilustrativo este artículo que Rolling Stone dedica a Kiefer Sutherland, un pobre niño rico que se toma con sentido del humor hasta su alcoholismo.Pensamientos sobre "Los simuladores"
Como no conozco de primera mano la serie original, al ver los tres primeros capítulos de Los simuladores tuve en cuenta sobre todo las limitaciones que tienen en mi opinión muchas series de ficción realizadas en España para convertirse en experiencias estéticamente satisfactorias. El gozo estético no entiende de nacionalidades o de circunstancias industriales, sino simplemente de lo que hay o no hay, y en este aspecto no me refiero a los elementos visuales, sino a la construcción del relato en general. Una es la falta de focalización y la redundancia. Es decir, si en una serie sobre un hospital hay un paciente que acaba de tener un accidente de tráfico, no necesito ver el accidente de tráfico: si la serie está bien escrita, será redundante y además esto no es Alerta Cobra, sino una serie sobre un hospital. Otro motivo es el exceso de duración. Para rellenar todo el prime-time los capítulos duran, duran, duran y duran. Menos es más. Y lo último es esa necesidad de apelar a todos los perfiles de público, lo que lleva a la aparición constante de niños y ancianos en personajes tendentes a la caricatura. Nada en contra de los niños y los ancianos, pero como ocurre con el resto de los personajes, si no tienen una función real en la historia y no están bien caracterizados e interpretados, se cargan todo el capítulo (lo que suele ser muy común). Todo esto viene a cuento porque de momento me está gustando mucho Los simuladores. Aparte de que su contenido pueda ser más o menos interesante, es una serie bien hecha que disfruto a un nivel meramente estético. Creo que tiene un concepto interesante sobre el que se puede reflexionar (la reivindicación de la mentira como instrumento para lograr los objetivos deseados), está bien ejecutado con un puñado de actores que se salen de los "sospechosos habituales" y tiene estilo. La serie pide al espectador que suspenda la incredulidad para entrar en el juego. Yo personalmente no tengo problemas con eso: ya sé que Jack Bauer no puede ir de una punta a otra de Los Ángeles en cinco minutos, que no hay presidentes como Jed Bartlett y que definitivamente los agentes del FBI no son tan guapos como en Sin rastro. Pero en todos estos casos, como en Los simuladores, me vale la pena ir de la mano de la historia. Sobre todo porque creo en el punto de partida: que conforme más arrogante es una persona y más inteligente se cree, más fácil es engañarla. Quizás lo único que le puedo echar en cara a este ingenioso refrito de El equipo A, El santo, La sombra y Misión imposible (¿quién dijo que para que algo fuera notable debía ser original? ¿y qué es ser original?) es la inclusión de más elementos de suspense. Excepto por una pequeña crisis, todas las simulaciones salen demasiado bien. Las buenas mentiras también dependen mucho de las ironías del azar."CSI" Unplugged
Ver de forma regular CSI: Miami y CSI: Nueva York ha tenido un desagradable efecto secundario. Como lo que aparece en pantalla casi nunca pasa de mediocre, la ración semanal de CSI se ha convertido en un tiempo de conversación en el que charlar de cosas más interesantes, como el clima, la crisis política en Tailandia o el Estatut. Lo peor es que he interiorizado tanto esa costumbre que se ha acabado trasladando al CSI original. Pero hace un par de semanas me pasó algo excepcional. Me quedé sola para ver el capítulo y, sin posibilidad de poder hablar con nadie (ese día tampoco me sentía esquizofrénica), me vi de una tacada tres capítulos de CSI en silencio. Fundamentalmente, recordé los motivos por los que está serie me enganchó al principio y por lo que creo que, ya en su sexta temporada, sigue siendo el drama más popular de la televisión norteamericana. Mientras que los procedimientos forenses se han hecho completamente familiares en más de una decena de programas similares (entre ellos dos clones), la genialidad de CSI ha sido contar de manera muy competente historias que sólo podrían tener lugar en Las Vegas o que tienen especial sentido si ocurren allí en vez de en Los Ángeles, Nueva York o Miami. Con la excepción de Nueva Jersey y Los Soprano, es difícil encontrar una simbiosis tan perfecta entre ciudad y serie. Y es que Las Vegas es un lugar fascinante, pero también problemático para vivir. Con el apelativo de Sin City y las frase clásica "Lo que ocurre en Las Vegas se queda en Las Vegas" como eslogan cuasi-oficial, es evidente que la única función de esa ciudad es servir como parque atracciones para el resto del país. Hay juego, alcohol y prostitución por doquier, y para la gente que vive allí, esta amoralidad/superficialidad debe ser difícil de asumir. Ya sabemos que todos los lugares idílicos tienen sus problemas (California los asesinos en serie, Cuba a Fidel Castro, Hawaii los autos locos de los actores de Perdidos), pero como descubrí en un interesante artículo hace unos meses, Las Vegas cuenta con mucho con la juventud más degradada del país. Si vives constantemente con la tentación al lado, es normal que tarde o temprano acabes cayendo en ella. La semana pasada, los juegos de intercambios de parejas en un afluente vecindario acababan mal cuando una adolescentes mataba a su rival, la esposa de su amante. Un par de jóvenes también acaban muertos tras dejarse llevar por la avaricia mientras intentan engañar a la banca en un casino. Y los robos de un fumigador se convierten en asesinato tras ser pillado in fraganti. También hemos tenido una niña rica ansiosa por llamar la atención de su padre y al que éste, cansado de sus ya criminales tonterias, deja morir en el maletero de un coche. A veces los jóvenes son víctimas completamente inocentes. Así tenemos el caso de la madre que mata a su propia hija celosa de que le pueda quitar a su novio. Y es que una de las consecuencias de los altos índices de divorcio es que a menudo adultos y jóvenes sin relación de sangre conviviven bajo el mismo techo con desagradables efectos secundarios. Que en este caso el asesino fuera la propia madre y no un depredador sexual fue un giro excelente. No digo que CSI sea la única serie en realizar esta catalogación de vicios sociales, casi todos los policiacos lo intentan en mayor o menor medida. Pero CSI lo hace especialmente bien. Con unos protagonistas que no nos interesan lo más mínimo y ni una pizca de emoción (frente a Sin rastro, que sobresale en ambos aspectos), el trabajo científico es un trasfondo perfecto para una mirada fría y poco comprometida. Sin piedad ni por víctimas (cuyas vísceras se nos muestran sin rubor) ni verdugos (ridiculizados por su propia estupidez), CSI es en realidad una aguda sátira en la que humanos e insectos se parecen mucho al mirarlos por un microscopio.Se anuncian los premios Peabody
Tras unos meses repletos de entregas de premios que podemos llamar industriales (fundamentalmente de los gremios de profesionales), llega el turno de los premios Peabody. Menos conocidos que otros, los Peabody son sin embargo los premios más prestigiosos del mundo de la comunicación. Con sede en la Universidad de Georgia, los ganadores se eligen tras un proceso de revisión previo y las deliberaciones finales de un comité de 16 miembros formado por ejecutivos, profesionales, investigadores y críticos. Como no hay un número concreto de premios ni tampoco categorías, la flexibilidad es total para premiar los programas que más servicio hayan prestado a la sociedad. Aunque la mayor parte de los premiados son programas informativos (en este año hay de nuevo un ganador español, un reportaje de TVE sobre la diáspora china), también hay espacio para la ficción:
- Battlestar Galactica: Los paralelismos de esta serie con la vida real son tan geniales como inquietantes. En mi opinión, la mejor serie del momento.
- Bleak House: Una adaptación de la novela de Dickens en forma de miniserie que tiene locos a los críticos y es la favorita para el Emmy. Gillian Anderson, nuestra Scully de toda la vida, es protagonista.
- Boston Legal: David E. Kelley ya no es lo que era, pero quizás por eso se da el lujo de utilizar este programa para sacar a la palestra y discutir sobre cualquier tema controvertido, desde la guerra de Iraq a la corrupción política.
- Edge of America: Un telefilme sobre la historia real de un entrenador de instituto negro que comienza a trabajar en una reserva india. Una producción Showtime, que por cierto ha renovado contra todo pronóstico Sleeper Cell.
- House: Una reinvención del género médico con un protagonista impagable. Cierto que tiene sus limitaciones, pero también que la calidad de los guiones mejora tras cada capítulo. En España ha sido el programa revelación del año y en Cuatro maldicen su suerte por no tener un House: Miami y un House: Nueva York.
- South Park: Siguen ofendiendo a todo el mundo, afortunadamente. Teniendo en cuenta la polémica de las útimas semanas, este premio es la guinda a un programa revitalizado que no deja títere con cabeza. Además, saben sacarle partido a YouTube.
- The shield, al margen de la ley: Ya hemos hablado varias veces de esta serie aquí, pero no me canso de glosar todas sus virtudes. Si la mayoría de los programas del género sirven para reconfortar, The shield, al margen de la ley da insomnio.
- El caso de la escalera: En teoría es un documental, lo sé, pero esta excelente serie sobre un caso real de asesinato es una obra maestra del suspense. Otra cosa es que nos creamos lo que plantea. Escuchando a todas las partes es obvio que aquí hay la misma imparcialidad que en las películas de Michael Moore.
- Viva Blackpool: Una original miniserie musical de la BBC sobre la ambición y la avaricia en una localidad británica que aspira a ser una especie de Las Vegas. Si sigue el camino de un par de miniseries similares de Dennis Potter, me veo una adaptación cinematográfica en unos años.
- Battlestar Galactica: Los paralelismos de esta serie con la vida real son tan geniales como inquietantes. En mi opinión, la mejor serie del momento.- Bleak House: Una adaptación de la novela de Dickens en forma de miniserie que tiene locos a los críticos y es la favorita para el Emmy. Gillian Anderson, nuestra Scully de toda la vida, es protagonista.
- Boston Legal: David E. Kelley ya no es lo que era, pero quizás por eso se da el lujo de utilizar este programa para sacar a la palestra y discutir sobre cualquier tema controvertido, desde la guerra de Iraq a la corrupción política.
- Edge of America: Un telefilme sobre la historia real de un entrenador de instituto negro que comienza a trabajar en una reserva india. Una producción Showtime, que por cierto ha renovado contra todo pronóstico Sleeper Cell.
- House: Una reinvención del género médico con un protagonista impagable. Cierto que tiene sus limitaciones, pero también que la calidad de los guiones mejora tras cada capítulo. En España ha sido el programa revelación del año y en Cuatro maldicen su suerte por no tener un House: Miami y un House: Nueva York.
- South Park: Siguen ofendiendo a todo el mundo, afortunadamente. Teniendo en cuenta la polémica de las útimas semanas, este premio es la guinda a un programa revitalizado que no deja títere con cabeza. Además, saben sacarle partido a YouTube.
- The shield, al margen de la ley: Ya hemos hablado varias veces de esta serie aquí, pero no me canso de glosar todas sus virtudes. Si la mayoría de los programas del género sirven para reconfortar, The shield, al margen de la ley da insomnio.
- El caso de la escalera: En teoría es un documental, lo sé, pero esta excelente serie sobre un caso real de asesinato es una obra maestra del suspense. Otra cosa es que nos creamos lo que plantea. Escuchando a todas las partes es obvio que aquí hay la misma imparcialidad que en las películas de Michael Moore.
- Viva Blackpool: Una original miniserie musical de la BBC sobre la ambición y la avaricia en una localidad británica que aspira a ser una especie de Las Vegas. Si sigue el camino de un par de miniseries similares de Dennis Potter, me veo una adaptación cinematográfica en unos años.
Me suena esta película, digo serie
A veces ocurre que estamos viendo una serie de televisión y nos acordamos de una película a la que se parece sospechosamente. No se trata de adaptaciones directas como Buffy, cazavampiros, MASH o Stargate, ni tampoco de ecos en la vena de Cazatesoros (o Indiana Jones en minifalda). En estos casos hay motivo para la relación, ya que tenemos a un mismo actor en un rol similar, mientras que a veces la película es un poco un borrador de lo que iba a ser la serie realizada por el mismo guionista. En la televisión actual hay unos cuantos de estos déjà vu.
- Más fuerte que el odio / NCIS: En este estupendo thriller militar, Mark Harmon es un antiguo soldado que ahora es un oficial de policía civil encargado de investigar un asesinato en una base del ejército. En la serie Harmon forma parte del NCIS, que es un cuerpo formado por civiles encargados de investigar en la Armada y el Cuerpo de Marines. Sólo han tenido que pasar quince años para que Mark Harmon pueda resucitar su carrera.
- El presidente y Miss Wade / El ala oeste de la Casa Blanca: Uno de los casos más conocidos. Aaron Sorkin escribió el guión para esta excelente comedia romántica (y esto lo dice alguien que detesta el género) con toques de drama político y le sobró tanto material relacionado con el personal de la Casa Blanca que decidió transformarlo en una serie. Martin Sheen, el jefe de gabinete en la película, ascendió a presidente en la serie.
- Manhunter / CSI: William Petersen a la caza de asesinos en serie en una película con más estilo que contenido. Años más tarde se convierte en Gil Grissom, que como Will Graham tiene una personalidad singular. Para colmo, Petersen acentuó las semejanzas dejándose barba tras un par de años y Tom Noonan apareció en el capítulo Abra Cadáver.
- Candidata al poder / Commander in chief: Con la serie Rod Lurie realizaba una especie de secuela de la película, donde una mujer era nombrada vicepresidente de los Estados Unidos. Ahora, con la muerte del presidente, se convierte en la persona más poderosa del mundo. Lurie quiso contar con Joan Allen en la serie, pero a falta de repetir actores repitió sus apellidos: la nueva presidenta es Mackenzie Allen y el fallecido presidente se llama Teddy Bridges en honor a Jeff Bridges.
- Wild Bill / Deadwood: Dirigida por Walter Hill, la película muestra los últimos días de vida del decadente pistolero Wild Bill Hickok. En la serie, los cuatro primeros capítulos también se ocupan de lo mismo (entre otras cosas). Walter Hill dirigió el piloto de Deadwood (y se llevó un Emmy por ello), mientras que Keith Carradine, que en la película interpretaba a Buffalo Bill, es ahora Wild Bill Hickok.
- Más fuerte que el odio / NCIS: En este estupendo thriller militar, Mark Harmon es un antiguo soldado que ahora es un oficial de policía civil encargado de investigar un asesinato en una base del ejército. En la serie Harmon forma parte del NCIS, que es un cuerpo formado por civiles encargados de investigar en la Armada y el Cuerpo de Marines. Sólo han tenido que pasar quince años para que Mark Harmon pueda resucitar su carrera. - El presidente y Miss Wade / El ala oeste de la Casa Blanca: Uno de los casos más conocidos. Aaron Sorkin escribió el guión para esta excelente comedia romántica (y esto lo dice alguien que detesta el género) con toques de drama político y le sobró tanto material relacionado con el personal de la Casa Blanca que decidió transformarlo en una serie. Martin Sheen, el jefe de gabinete en la película, ascendió a presidente en la serie.
- Manhunter / CSI: William Petersen a la caza de asesinos en serie en una película con más estilo que contenido. Años más tarde se convierte en Gil Grissom, que como Will Graham tiene una personalidad singular. Para colmo, Petersen acentuó las semejanzas dejándose barba tras un par de años y Tom Noonan apareció en el capítulo Abra Cadáver.
- Candidata al poder / Commander in chief: Con la serie Rod Lurie realizaba una especie de secuela de la película, donde una mujer era nombrada vicepresidente de los Estados Unidos. Ahora, con la muerte del presidente, se convierte en la persona más poderosa del mundo. Lurie quiso contar con Joan Allen en la serie, pero a falta de repetir actores repitió sus apellidos: la nueva presidenta es Mackenzie Allen y el fallecido presidente se llama Teddy Bridges en honor a Jeff Bridges.
- Wild Bill / Deadwood: Dirigida por Walter Hill, la película muestra los últimos días de vida del decadente pistolero Wild Bill Hickok. En la serie, los cuatro primeros capítulos también se ocupan de lo mismo (entre otras cosas). Walter Hill dirigió el piloto de Deadwood (y se llevó un Emmy por ello), mientras que Keith Carradine, que en la película interpretaba a Buffalo Bill, es ahora Wild Bill Hickok.
Noticias que no son noticia
Esta semana ha estado repleta de acontecimientos más bien poco sorprendentes.
- Fox renueva Prison Break: Lógicamente la cadena no iba a dejar escapar a una de las revelaciones de la temporada, sobre todo ahora que forma un dueto ganador con 24. Pero lo más interesante es el cambio de formato, ya que en su segundo año la serie se centrará en las peripecias de los presos tras escapar de prisión. Y antes de que nadie grite spoiler, recuerdo que los productores llevan hablando de ello en entrevistas desde el comienzo de la serie. Otra novedad es que habrá un título compuesto tipo Prison Break: Echando leches para reflejar la nueva situación. No sé si funcionara, pero el reto es fascinante.
- La ABC le hace un impeachment a Commander in chief: Para demostrar la confianza que tiene en la serie, la ABC adelanta su regreso y la recoloca en el jueves a la 10 de la noche, frente a Sin rastro y Urgencias (nótese la ironía). Es un cambio necesario, ya que, aunque el actual ocupante de su horario, Sons & Daughters, está logrando una audiencia mínima, House y The Unit no dejan mucho espacio para respirar. Pero todo apunta a que la cadena quiere quemar un último cartucho antes de cerrar el tenderete de un programa que se ha cargado ella solita. Se rumorea que si hay una segunda temporada Rod Lurie volverá a ocuparse del timón. Pero es una posibilidad hoy algo remota. Las cadenas saben que un programa puede crecer casi indefinidamente (que se lo digan a 24), pero que cuando pierde una parte apreciable de su audiencia, ésta rara vez vuelve (razón de la cancelación de Joan de Arcadia además del perfil de público).
- Adiós Arrested development: Se esperaba más o menos viendo cómo algunos actores se estaban comprometiendo para nuevos pilotos, pero Mitchell Hurwitz le ha dado la puntilla a las negociaciones con Showtime anunciando que abandona el programa. Pero lo mejor son sus impresentables declaraciones en las que dice que no hubiera podido mantener el nivel de calidad (ya sabemos cómo en el cable se explota a los creadores obligándoles a producir 12 capítulos por temporada), pero que lo hubiera hecho por el dinero suficiente. Pero como no es el caso, se va. Son el tipo de cosas que hacen quedar a gente de talento como completos imbéciles. Me gusta mucho la serie, pero no es que vaya a haber disturbios en las calles por su cancelación definitiva.
- The Bedford Diaries se estrella: Se veía venir, pero la polémica sobre la censura en el capítulo piloto, que tiene toda la pinta de que fue una estrategia de marketing, le dio un poco de vida a la cosa. Y es que cuando una serie es mala, es mala, aunque trate de sexo y tenga a alguien de tanto talento como Tom Fontana (de Homicidio y Oz, que pronto veremos en España) al frente. Y que conste, las multas por el capítulo de la orgía de adolescentes de Sin rastro no vienen por el hecho en sí, sino por emitirse en algunos mercados antes de las 10 de la noche debido a los diferentes usos horarios.
- Perdidos regresa con 16 millones de espectadores: Resulta que esa es la media que tuvo el año pasado. Eso se puede interpretar de dos formas. Una es que el programa se ha consolidado incluso enfrentándose a American Idol. Y otra es que no está creciendo, lo que para una serie que ha ganado el Emmy y hace un año era la sensación del momento, es un poco decepcionante. Sin entrar en el apartado creativo (no he visto la segunda temporada y no voy a opinar), creo que es algo muy preocupante para la serie esta pérdida de relevancia, que una comparación con la forma de explotación de las series de cable y la estrategia de programación de Fox hace más patente. La cadenas tienen su modelo económico, pero es evidente que las formas de consumo del público están cambiando. Y esta temporada se está desarrollando a trompicones. Francamente, que J.J. Abrams amenace con volver el año que viene y el anunciado trasvase de guionistas de Alias no es tampoco tranquilizador.
- Fox renueva Prison Break: Lógicamente la cadena no iba a dejar escapar a una de las revelaciones de la temporada, sobre todo ahora que forma un dueto ganador con 24. Pero lo más interesante es el cambio de formato, ya que en su segundo año la serie se centrará en las peripecias de los presos tras escapar de prisión. Y antes de que nadie grite spoiler, recuerdo que los productores llevan hablando de ello en entrevistas desde el comienzo de la serie. Otra novedad es que habrá un título compuesto tipo Prison Break: Echando leches para reflejar la nueva situación. No sé si funcionara, pero el reto es fascinante.- La ABC le hace un impeachment a Commander in chief: Para demostrar la confianza que tiene en la serie, la ABC adelanta su regreso y la recoloca en el jueves a la 10 de la noche, frente a Sin rastro y Urgencias (nótese la ironía). Es un cambio necesario, ya que, aunque el actual ocupante de su horario, Sons & Daughters, está logrando una audiencia mínima, House y The Unit no dejan mucho espacio para respirar. Pero todo apunta a que la cadena quiere quemar un último cartucho antes de cerrar el tenderete de un programa que se ha cargado ella solita. Se rumorea que si hay una segunda temporada Rod Lurie volverá a ocuparse del timón. Pero es una posibilidad hoy algo remota. Las cadenas saben que un programa puede crecer casi indefinidamente (que se lo digan a 24), pero que cuando pierde una parte apreciable de su audiencia, ésta rara vez vuelve (razón de la cancelación de Joan de Arcadia además del perfil de público).
- Adiós Arrested development: Se esperaba más o menos viendo cómo algunos actores se estaban comprometiendo para nuevos pilotos, pero Mitchell Hurwitz le ha dado la puntilla a las negociaciones con Showtime anunciando que abandona el programa. Pero lo mejor son sus impresentables declaraciones en las que dice que no hubiera podido mantener el nivel de calidad (ya sabemos cómo en el cable se explota a los creadores obligándoles a producir 12 capítulos por temporada), pero que lo hubiera hecho por el dinero suficiente. Pero como no es el caso, se va. Son el tipo de cosas que hacen quedar a gente de talento como completos imbéciles. Me gusta mucho la serie, pero no es que vaya a haber disturbios en las calles por su cancelación definitiva.
- The Bedford Diaries se estrella: Se veía venir, pero la polémica sobre la censura en el capítulo piloto, que tiene toda la pinta de que fue una estrategia de marketing, le dio un poco de vida a la cosa. Y es que cuando una serie es mala, es mala, aunque trate de sexo y tenga a alguien de tanto talento como Tom Fontana (de Homicidio y Oz, que pronto veremos en España) al frente. Y que conste, las multas por el capítulo de la orgía de adolescentes de Sin rastro no vienen por el hecho en sí, sino por emitirse en algunos mercados antes de las 10 de la noche debido a los diferentes usos horarios.
- Perdidos regresa con 16 millones de espectadores: Resulta que esa es la media que tuvo el año pasado. Eso se puede interpretar de dos formas. Una es que el programa se ha consolidado incluso enfrentándose a American Idol. Y otra es que no está creciendo, lo que para una serie que ha ganado el Emmy y hace un año era la sensación del momento, es un poco decepcionante. Sin entrar en el apartado creativo (no he visto la segunda temporada y no voy a opinar), creo que es algo muy preocupante para la serie esta pérdida de relevancia, que una comparación con la forma de explotación de las series de cable y la estrategia de programación de Fox hace más patente. La cadenas tienen su modelo económico, pero es evidente que las formas de consumo del público están cambiando. Y esta temporada se está desarrollando a trompicones. Francamente, que J.J. Abrams amenace con volver el año que viene y el anunciado trasvase de guionistas de Alias no es tampoco tranquilizador.