Todo sobre la tele
Acerca de
Este es el blog de Concepción Cascajosa Virino, Profesora Ayudante en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de "Prime Time: Las mejores series americanas, de CSI a Los Soprano", "El espejo deformado: Versiones, secuelas y adaptaciones en Hollywood" y "De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series".
Sindicación
 
No es día como otro cualquiera
Hoy el blog cumple un año y qué mejor forma de celebrarlo que dedicando una anotación a la serie que inspiró su nacimiento unos cuantos meses antes de que finalmente se produjera, Sin rastro. La idea de crear un rincón donde volcar mis opiniones y análisis de series surgió después de ver una noche de marzo el extraordinario capítulo doble Venirse abajo, una reflexión sobre el trauma del 11-S. Un año y medio después, es el turno de hablar de otro capítulo especial, Un día inolvidable. A propósito de Anatomía de Grey y Stargate SG-1 ya hemos comentado el reto que suponen los episodios que se salen de la fórmula en un formato tan dependiente de ella como las series de televisión. El artificio de Un día inolvidable era contar la historia desde el punto de vista de los padres de un adolescente desaparecido, un caso no especialmente memorable ni complejo pero que es de una importancia mayúscula para los implicados.

En una comparación con la televisión clásica, el relato televisivo actual es especialmente notable porque ha conseguido estilizar la focalización del relato. Liberados de las restricciones que llevaban a que los únicos personajes complejos fueron los artistas invitados, los protagonistas dejaron de ser idealizaciones y los relatos comenzaron a contarse desde su experiencia. En muchos programas los invitados sólo aparecen en interacción con los protagonistas, cuyos conocimientos y sensaciones compartimos como espectadores logrando una identificación más fuerte con ellos, mayor cohesión narrativa y más suspense. Esta focalización interna se logra así de forma sutil, quedando al descubierto cuando el relato varía su fórmula y dejamos de ver la verdad de la situación a través de los ojos de los protagonistas. X-Cops de Expediente X y Emboscada de Urgencias fueron dos brillantes ejemplos de una focalización externa y neutral que revelaba este efectivo convencionalismo.

Sin tanta pirotecnia pero con igual destreza narrativa (gracias al gran trabajo de Hank Steinberg como guionista y Jeannot Szwarc como director), eso es también lo que logra Un día inolvidable. Nuestros heroicos protagonistas se convierten ahora en un frío escuadrón de funcionarios que asaltan la casa de los apesadumbrados padres y los interrogan con dureza sobre temas (como problemas maritales) que parece que no tienen nada que ver con la desaparición. Les ocultan toda información relevante y los pocos detalles que empiezan a conocer resquebrajan la confianza que tenían en un hijo en apariencia perfecto. No vemos por ningún lado la simpatía que las víctimas despiertan en los agentes. Desde el punto de vista de sus padres, todos diseccionan sus vidas como si fuera un cuerpo anestesiado. Es fácil entender la baja opinión que los padres comienzan a tener en el equipo de Jack Malone cuando un estúpido error (una identificación fallida) les hace creer que su hijo ha muerto. Sin embargo, el modo de trabajo del equipo logra desentrañar la verdad y encontrar finalmente al desaparecido con vida. Para Jack lo que importa es el resultado y, al final, para los padres también. Concluida la historia regresamos de nuevo a nuestros protagonistas para pasar de la experiencia extraordinaria de las víctimas a la rutinaria de los agentes. La magia de Sin rastro, la indiscutible reina de su género en este momento, es convencernos capítulo tras capítulo de que en esa rutina también hay mucho de extraordinario.
 
"Operación Triunfo": Más que un sueño
Artículo de opinión en FormulaTV:
Para comenzar a calentar el ambiente ante una nueva edición del concurso, Telecinco ha estado emitiendo durante las últimas semanas los primeros castings de Operación Triunfo, celebrados en diferentes ciudades de la geografía española a comienzos del verano. Emitido en forma de tira diaria de media hora de duración, el programa en principio debería ser únicamente de interés para los seguidores acérrimos del concurso, entre los que no me encuentro. Operación Triunfo, pasada la efervescencia de su éxito inicial, se me antojó como poco más que un entretenido y sofisticado karaoke con el que localizar a jóvenes a los que explotar convenientemente en carreras musicales más llevada por la avaricia que por el buen gusto.

Pero esta ambivalencia es probablemente la razón por la que en las últimas semanas he seguido fascinada el desarrollo de los castings, protagonizados por soñadores para los que Operación Triunfo no es un mero programa de televisión, sino una idea abstracta de realización personal. No hay nadie mejor que lo ejemplifique que Encarna, que se presentó a los castings de Málaga armada con los dos aparatos con los que mitiga una sordera degenerativa. Una cantante sorda parece una imposibilidad práctica y Operación Triunfo no es exactamente una ONG, pero haber superado las dos primeras fases ha cambiado de manera real la vida de esta joven. Y tampoco nos podemos olvidar de Jorge, un joven gitano afable, atractivo y con una voz prometedora al que esperaba en la puerta la mitad de su clan. Operación Triunfo es un generador de esperanza y estos castings ofrecen momentos de comunión entre padres e hijos a menudo sobrecogedores, como el dueto de la gallega Eva y su madre. No me faltaría cinismo para afirmar que pareció diseñado con el objetivo de rehabilitar la imagen de la abrasiva Noemí Galera, pero la situación provocó una emoción a la que dudo nadie pudiera resistirse.

Pero frente al propósito de hacer realidad los sueños, el fracaso se impone de manera mayoritaria entre los aspirantes. Muchos lloran por sí mismos y por decepcionar a sus padres, pero algunos se ven liberados para criticar al concurso de forma descarnada, revelando la irracionalidad de los sueños (ahora destruidos) que habían depositado en él. Así defienden con rencor su valor como artistas criticando de paso un proceso de selección basado más en un esquema comercial que en el reconocimiento del talento. Los castings de Operación Triunfo se podrían haber limitado a historias de Cenicientas y Cenicientos en proyecto, con el añadido cómico de las desastrosas actuaciones de los inevitables frikis. Sin embargo, se han añadido al relato las dosis de crueldad (el lujoso carruaje convertido de nuevo en calabaza) que caracterizan a los verdaderos cuentos hadas. Es su reflejo del lado oscuro de Operación Triunfo lo que eleva a este sucedáneo muy por encima del propio programa que justifica su existencia.
 
No estamos "Perdidos"
La segunda temporada de Perdidos comenzó críptica y acabó más críptica todavía, hasta el punto de que ya había leído el desenlace semanas atrás y verlo no añadió ni un átomo de información. La primera temporada de la serie fue una de las más brillantes y redondas de la historia de la televisión, lo cual ponía el listón demasiado alto para esta segunda entrega. Tras el encantamiento inicial, los espectadores iban a empezar a valorar las decisiones tomadas por los productores por sus propios méritos y con toda seguridad cada una de ellas conseguiría convencer a un porcentaje de la audiencia y alienar a otra. El entonces jefe supremo de Disney Michael Eisner había expresado su poca fe en Perdidos cuando sólo era un proyecto porque pensaba que la premisa de la isla era insuficiente para sostener una serie de televisión. Y tenía razón, ya que era imposible no acabar en la reiteración con rapidez. En su segundo año, los productores de la serie respondieron ampliando su universo de manera provocativa, incorporando nuevos personajes a costa de marginar a otros ya conocidos. Viendo los resultados de audiencia en Estados Unidos este año, pensé que Perdidos estaba fracasando a la hora de expandir su público tras su victoria en los Emmy. Pero ahora he llegado a la conclusión de que eso fue infravalorar la peculiaridad de un programa de una complejidad extraordinaria. Fue una heroicidad lograr sus registros del primer año y es otra heroicidad mantenerlos.

En esta segunda temporada la ambigüedad ha sido la tónica dominante. ¿Está loco Hurley? ¿Son malvados los Otros? ¿Es Michael un buen padre? ¿Es verdaderamente Sun una víctima? ¿Tenía Sayid razón al torturar a Henry Gale?. Por no entrar ya en las dos incorporaciones más interesantes, el Sr. Eko y Ana-Lucía. Para cualquiera que haya visto la serie Oz, la metamorfosis de Adewale Akinnuoye-Agbaje es sencillamente extraordinaria y su Eko es una figura de fe (el tema religioso está este año más acentuado), fuerza y moralidad. Todo lo contrario que Ana-Lucia, un accidente de tren en progreso. A pesar de todos los problemas de la actriz Michelle Rodríguez, tras su primer capítulo de flash-back me convencí de que su final estuvo determinado desde la propia concepción del personaje. No hay manera en la que hubiera tenido continuidad a largo plazo en la serie después de esa presentación en la que mataba a sangre fría al delincuente que la disparó y acabó con su hijo no nacido. El círculo vicioso de la violencia colocaba al personaje más allá de la redención. Pero la verdadera belleza de esta temporada ha sido disfrutar de los continuos cruces pasados entre los diferentes personajes y comprobar cómo sus vidas se vieron afectadas por ellos. Cuando se mostró que la luz en la escotilla que devolvió la fe a Locke al final de la pasada temporada fue la respuesta de Desmond al recuperar la suya propia, me convencí de que los artífices de Perdidos tienen un plan y no están inmersos en la carrera loca que guía el destino de 24.

¿Pero es esta segunda temporada perfecta?. Indudablemente no. Jack y Locke han dejado de ser el eje del programa y para justificarlo los productores no han encontrado otra forma que restarles gran parte del valor que tenían como personajes. Los dos han demostrado ser pésimos líderes una y otra vez, tomando decisiones que a todas luces se veían como equivocadas por el espectador y por el resto de los personajes. No hubiera tenido problema si sólo se hubiera intentando mostrar las debilidades de su carácter. Pero el resultado se logró a través de inconsistencias y de mala escritura. Que Sayid se diera cuenta de la traición de Michael y que Jack, que como médico debe saber perfectamente cuando alguien no le dice la verdad, tuviera una fe ciega en él a pesar de su clara irracionalidad me resulta sencillamente inverosímil. Y que alguien tan espabilado como Locke se dejara engañar por los obvios juegos mentales de Henry Gale entra en la misma categoría. Es un cambio demasiado radical que Jack y Locke pasaran de ser los referentes entre los supervivientes a prácticamente un lastre. Pero a pesar de todo, el temor a que esta temporada me decepcionara no se ha hecho realidad y Perdidos me sigue pareciendo un programa fascinante e imprescindible.
 
"De la TV a Hollywood", ya a la venta
Hoy el blog está de celebración. Se acaba de poner a la venta mi libro De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series, que podéis adquirir en librerias y en Casa del Libro a través de Internet. La idea de realizar este trabajo surgió en enero de 2001, cuando lo que en principio era un simple trabajo de clase se transformó en una tarea mastodóntica y la profesora de la Universidad de Sevilla (y mi mentora particular) Inmaculada Gordillo me sugirió que algún día podría tomar forma de publicación. Desde aquella conversación que con toda seguridad cambió el rumbo de mi vida, han pasado cinco años y por medio ha habido una tesis, otros dos libros publicados y unos cuantos artículos. Así que círculo cerrado. El libro, como el título indica, es un repaso exhaustivo a las películas basadas en series de televisión producidas por la industria de Hollywood y de paso, de las propias series objeto de adaptación. Así que es un libro al 50% sobre cine y al 50% sobre televisión. Podéis consultar más información en este vínculo. Hay previsto que en unos días comience un concurso para sortear ejemplares en Mundoplus, sobre el que también encontraréis información en el blog. A continuación, un texto de presentación del libro y los detalles técnicos:

A finales de los años 50 y principios de los 60 Marty, El milagro de Anna Sullivan, Doce hombres sin piedad o Días de vino y rosas fueron exitosas adaptaciones cinematográficas de sendas obras televisivas. La pequeña pantalla demostraba que podía abastecer a su hermana mayor con argumentos y personajes de cosecha propia. Éxitos posteriores como Star Trek: La Película, Granujas a todo ritmo, Los intocables de Eliot Ness, Agárralo como puedas, El fugitivo, Maverick, La familia Addams o Misión: Imposible demostraron la excelente salud de la relación entre ambos medios. En la actualidad el trasvase de famosos personajes televisivos al cine resulta imparable: Los ángeles de Charlie, Starsky y Hutch, Scooby-Doo, S.W.A.T.: Los hombres de Harrelson y hasta Los Simpson lo confirman y no resultaría extraño que la envidiable calidad de las series de ficción norteamericanas actuales terminaran de resolver la falta de creatividad de Hollywood.

Concepción Cascajosa Virino, autora de otras obras sobre el medio televisivo como Prime Time: La mejores series americanas. De "CSI" a "Los Soprano" y doctora en Comunicación Audiovisual, nos propone un repaso tan exhaustivo como ameno sobre más de un centenar de largometrajes de Hollywood que, desde la llamada Edad de Oro de la televisión norteamericana hasta nuestros días, se han inspirado en series para la pequeña pantalla.

De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series
Concepción Cascajosa Virino
Arkadín Ediciones
Rústica, 22 x 16 cm. 240 páginas (ilustrado en B/N)
PVP: 14 €
ISBN: 84-934423-4-8
 
Nuevos proyectos para el mañana televisivo
La nueva temporada norteamericana acaba de empezar para las networks y todavía es pronto para calibrar los éxitos y los fracasos. Sin embargo, la industria está en continua ebullición y a cada semana se anuncian nuevos proyectos. La inmensa mayoría son todavía meras ideas para pilotos que todavía tienen que pasar muchas cribas hasta llegar a antena: que el guión reciba el visto bueno, que el piloto entre en producción y finalmente que la serie reciba la luz verde con una orden de varios capítulos. De los proyectos que se han anunciado en los últimos días, estos son algunos de los más interesantes de las networks y el cable.

- Hay vida más allá de CSI: Anthony Zuiker, el creador de la CSI original y co-creador de sus dos versiones clónicas, tiene un nuevo proyecto en la CBS junto al cantante metido a actor LL Cool J. La premisa me parece un poco forzada para una serie de televisión y creo que quizás funcionaría mejor como película. En el proyecto, titulado The Man, LL Cool J interpretará a un policía que trabaja como encubierto durante el día y que por la noche tiene una ajetreada vida familiar que incluye a tres hijos adoptados un tanto problemáticos. LL Cool J ha tenido algunas apariciones cinematográficas lucidas y estuvo espléndido en un capítulo de la segunda temporada de House. Esperemos que este nuevo proyecto no distraiga a Anthony Zuiker ahora que CSI: Nueva York es bastante pasable.

- La conversación, en pantalla: Una noticia sorprendente cuyo resultado puede ser interesante si se ejecuta bien. La ABC se ha hecho con un proyecto en desarrollo que pretende actualizar la premisa de la película de Francis Ford Coppola La conversación y convertirla en un relato sobre la obsesión sobre la seguridad y la vigilancia de la sociedad post-11S. Esta versión televisiva llega después de que la idea de un remake cinematográfico de la película llevara flotando desde hace tiempo. Los productores serán el propio Coppola, el veterano de 24 Tony Krantz, el oscarizado guionista de Sospechosos habituales Christopher McQuarrie y Erik Jendresen, uno de los guionistas de Hermanos de sangre.

- FX busca su Arriba y abajo: Aunque no ha tenido demasiada suerte con sus últimos dramas, FX continúa siendo uno de los canales de cable a los que nunca hay que perderles la pista. David O. Russell, el director de la sensacional Tres reyes, es otro de los nombres propios del cine que quieren probar suerte con la televisión. Si todo sale como está previsto, Russell será productor y director del piloto de una serie aun sin título que pretende actualizar la premisa básica de Arriba y abajo para realizar una reflexión sobre los conflictos de clase en Estados Unidos, un tema no demasiado común con contadas excepciones como Veronica Mars. Para ello, la serie se desarrollará en un exclusivo club social.

- Cruzando el charco: Se veía venir que el éxito de The Office iba a provocar una nueva oleada de adaptaciones norteamericanas de series británicas. En los últimos meses, versiones de Manchild (de Darren Star para Showtime) y Mujeres de futbolistas (para la ABC) se han reactivado tras un tiempo en la nevera mientras que David E. Kelley está trabajando en una adaptación de Life on Mars, la historia de un policía que tras un accidente se despierta en 1973. Fox ha dado luz verde al desarrollo de The Minister of Divine, una versión de la comedia de Richard Curtis The Vicar of Dibley sobre las peripecias de una mujer recién ordenada como vicaria anglicana.
 
Adiós, querida
Las series de televisión pueden reflejar a la perfección los altibajos de las relaciones personales, entre otras cosas, porque a su vez mantienen relaciones complejas, de interés, amor u odio, con sus espectadores. Hace un par de semanas, el crítico de Entertainment Weekly Michael Slezak publicó una carta en la que rompía con CSI: Miami y animó a los lectores a enviar sus propias propuestas ahora que con el otoño llegan las nuevas temporadas. La selección publicada por la revista es hilarante. Así que recordando mi ajuste de cuentas con la cuarta temporada de Ángel, contribuyo con tres cartas de despedida particulares.

Querida Hospital Central:
Sé que hace mucho que me fui, pero he pensado que ha llegado el momento de una explicación. Al principio me pareciste entretenida y la verdad es que tu defensa de la sanidad pública me llegó hondo. Pero poco a poco me empecé a dar cuenta de que habías imitado la mayoría de los defectos de tu modelo, Urgencias, y casi ninguna de sus virtudes. Con tus tramas inverosímiles, situaciones estrambóticas e interpretaciones ridículas (casi siempre de los actores invitados y salvando a Vilches), llegué a la conclusión de que sólo podía disfrutarte como camp para echarme unas risas. No estoy para relaciones enfermizas, así que cuando Urgencias y tú coincidisteis en horario, te abandoné. Ya sé que Urgencias está mayor y las cosas no son como antes, pero a ella le seré fiel hasta que llegue el momento de la eutanasia.

Querida Génesis: En la mente del asesino:
Me encantaste desde la primera vez que te vi. Eras tan moderna, tan episódica y tan tenebrosa que supe al momento que estabas destinada a algo grande. Lo único que no me gustaba de ti eran tus personajes, completamente infradesarrollados. Sé que tus guionistas debieron hacer una Biblia en la que hablaban de sus primeras novias y la relación con sus padres, pero en pantalla sólo eran unos bocetos. El interés por los personajes es lo único que me hace ser fiel a las series, así que un miércoles que no tenía ganas de psicópatas me fui con The shield, que sin ser tampoco La casa de la pradera a nivel de personajes está a años luz de ti. Si hay una segunda temporada prometo intentarlo de nuevo con una condición. He visto Azuloscurocasinegro y he descubierto que Quim Gutiérrez sabe actuar. Ya que eres tú la que le ayuda a pagar las facturas, creo que deberías pedirle que tuviera el mismo detalle contigo.

Querida Los Simpson:
¿Cómo es posible que sigas viva? Sé que por el tema de la animación permaneces congelada en el tiempo, sin que te afecte la vanidad de tus actores o la evolución de la moda. Pero tú y yo sabemos que las situaciones cómicas y los chistes dejan de tener gracia a la cuarta vez que se usan. Hace unos meses vi en un viaje en avión uno de tus especiales de Halloween (en el que Homer se convierte en una figura tridimensional y los anuncios gigantes toman vida y arrasan Springfield). Te lo agradecí (ya sabes lo mal que lo paso cuando tengo que volar), pero sólo me recordó tu gloria pasada. Si vuelven a cancelar Futurama y tú sigues en producción, me temo que eso será el comienzo de un cataclismo interplanetario. Volveré para el especial de 24, pero sólo por los viejos tiempos.
 
"La célula de Hamburgo": Penetrando en el horror terrorista del 11-S
Artículo de opinión en FórmulaTV:
Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 son el acontecimiento histórico que ha definido a una generación, un acto criminal diseñado para un medio como la televisión que de esta forma ha encontrado una forma de retroalimentarse hasta el infinito. Entre toda la cobertura realizada por las cadenas españolas a propósito de su quinto aniversario, el telefilme británico 'La célula de Hamburgo', emitido el pasado domingo en Cuatro, destaca especialmente. La directora Antonia Bird y los guionistas Ronan Bennett y Alice Perman apostaron con él por una perspectiva controvertida: la crónica de los preparativos de los atentados por parte de sus ejecutores. Dos figuras sobresalen de este relato, Mohammed Atta, el líder de la llamada célula de Hamburgo (por la ciudad alemana donde se gestó la relación entre sus miembros), y Ziad Jarrah, el miembro del equipo más atípico por tener novia y estar a punto de casarse.

De su intento de humanizar a criminales de masas, los responsables de 'La célula de Hamburgo' logran un resultado mucho más pavoroso que cualquier película de terror al uso. Sin las estridencias ni las megalomanías de los villanos hollywoodienses, nos encontramos con un casi convencional grupo de amigos que afrontan su tarea como si estuvieran planeando un fin de semana en el campo. Cuando uno de los miembros le comenta a Atta que ha soñado con el paraíso que le aguarda, su descripción es casi una fantasía erótica. La religión radicalizada en cuyo nombre se preparan para matar y morir no puede estar representada aquí como más hipócrita.

Pero es la peripecia de Jarrah la que mejor resume el pesimista retrato de la sociedad contemporánea que realiza 'La célula de Hamburgo'. Joven, educado, atractivo, acomodado y con una novia que lo ama, lo tiene todo para disfrutar de una vida plena. Sin embargo, Jarrah se siente desconectado y poco a poco se ve seducido por un fanatismo que le hacer ver los problemas del mundo como síntomas de una corrupción moral que debe ser redimida. Que 'La célula de Hamburgo' provenga de Gran Bretaña es especialmente relevante teniendo en cuenta que ese país se ve amenazado constantemente por jóvenes que desean destruir la sociedad libre y próspera en la que han nacido.

Es casi imposible no considerar a este terrorismo suicida una muestra más de los males sociales que producen las sectas, las adicciones, los trastornos alimenticios, las bandas urbanas, los suicidios por Internet y hasta los hikikomori, los jóvenes japoneses que se recluyen en sus casas. La perversión religiosa animada por un conflicto cultural inevitable es sólo un catalizador. El final de 'La célula de Hamburgo' yuxtapone la determinación de Jarrah mientras se sube al vuelo United 93 con la reacción de su novia al ver la noticia en televisión. El horror surge en ese momento tanto por la magnitud de su crimen como por la sensación de desasosiego que provoca pensar cuántos Jarrah habitan nuestro mundo.
 
Réquiem por un empleado de la UAT
El primero de los capítulos de 24 emitidos anoche en Antena 3 aclaró algo que había quedado un tanto ambiguo en los segundos finales del precedente: Tony Almeida había muerto después de que su intento de vengar la muerte de su mujer horas antes fracasara con estrépito. Fue un desenlace absurdo, poco heroico y sin apenas ceremonia. El reloj no se volvió silencioso. A lo largo de la serie, Tony había sido a menudo una versión B de Jack Bauer y eso se mantuvo hasta los últimos momentos. Tras el asesinato de su mujer, Jack se mantuvo frío y no tuvo prisa en ejecutar una venganza que sólo llegó cuando se hizo evidente que Nina Myers seguiría siendo un peligro potencial mientras se mantuviera con vida. Pero Tony decidió una acción extrema y el resultado fue fatídico.

La muerte de Tony fue el colofón a dos capítulos que habían visto a la UAT atacada de nuevo y a varios personajes recurrentes como Lynn y Edgar morir. Hace un par de semanas, tras la victoria de la serie en los Emmy, decidí ver el piloto de la serie para poder comprobar de forma efectiva los cambios que había sufrido su universo desde entonces. Lo más llamativo fue comprobar cómo de los dieciséis personajes de importancia en el piloto, doce habían muerto (desde el fotógrafo, asesinado al final de ese capítulo, hasta Tony, el más longevo). De los personajes situados en la UAT, Jack era el único superviviente. Aunque los índices de mortalidad de la UAT y la presencia constante de topos han sido a menudo exagerados por propósitos narrativos, de todos las analogías que se pueden establecer entre el 11 de septiembre y 24, ésta es una de las más efectivas. El lugar encargado de proteger a los ciudadanos del terror no debería sucumbir ante él de la misma forma que un atentando dirigido contra símbolos como las Torres Gemelas o el Pentágono tampoco se creía posible. Acostumbrados a guerras en el exterior, los norteamericanos no se imaginaban que fueran tan vulnerables en su propia casa. En esta interesante reflexión sobre los efectos del 11-S en la cultura popular publicada en Los Angeles Times, el profesor universitario Leo Braudy habla de la vulnerabilidad de Jack Bauer como una de sus características más revelantes.

Y es que a lo largo de cinco temporadas lo hemos visto salvar el mundo en varias ocasiones, pero también fracasar. En la tercera temporada los huéspedes de un hotel fueron masacrados por un virus y una cárcel sufrió un sangriento motín. En la cuarta, los habitantes de una zona cercana a una central nuclear se vieron expuestos a la radiación y el mismo presidente de los Estados Unidos, en teoría el hombre más poderoso del mundo, cayó víctima del terror (con su muerte efectiva en off por sugerencia de la cadena). En la quinta, ciudadanos norteamericanos son asesinados en retrasmisiones en directo por Internet y su gobierno está tan aterrorizado como para permitir lo que hasta hace poco hubiera sido impensable. Ahora dejar que cientos de personas mueran en un centro comercial es un mal menor. 24 debe ser fiel a las convenciones de su género como thriller de acción y permitir a su héroe triunfar sobre el terror y acabar con los villanos. Pero a cada paso, el terror va ganado más batallas y se anuncia que la sexta temporada, en el siguiente paso lógico, comenzará poco después de un gran atentado. Y es que desde la muerte de Teri Bauer hemos sabido que cada victoria sólo sería un espejismo. Como el corazón de América, el hogar de Jack Bauer siempre ha sido vulnerable y por ello no podemos culpar a su hija por decidir alejarse de él. Los éxitos de Jack Bauer son el anzuelo que mantiene a los espectadores fieles mientras las tragedias se acumulan sin remedio.

Tony Almeida ha sido el símbolo de todos los empleados de la UAT que a lo largo de estos años han sido asesinados. La mayor parte de ellos no eran héroes convencionales, sino simples informáticos, analistas de datos, médicos o guardias de seguridad. En un día como hoy, cinco años después del 11-S, es imposible no ver en ellos a los equivalentes en la ficción de todos esos bomberos, policías, paramédicos, cocineros, electricistas, pintores, agentes de bolsa y seguros, azafatas y funcionarios que se levantaron una mañana de septiembre (como otros en sendas mañanas de marzo y julio, y a diario en las calles de Iraq) para ir a trabajar y encontraron la muerte. Mantener nuestro estilo de vida se ha convertido en una proeza. Junto a Galáctica: Estrella de combate, 24 se ha convertido en el relato televisivo del mundo nacido de ese día funesto por haber entendido que la seguridad es un espejismo. La muerte de cada empleado de la UAT, en una radical subversión de lo que esperamos de una serie de televisión, es un recordatorio de ello.
 
"Gran Hermano 8": Que comiencen los juegos
Artículo de opinión en FórmulaTV:
Gran Hermano es un programa bastante dependiente de los rituales: las nominaciones, las subidas al confesionario, las fiestas con alcohol destinadas a elevar la libido de los concursantes y especialmente las expulsiones con sus “conectamos con la casa” y “la audiencia ha decidido….”. Todo es previsible y por tanto satisfactorio para los espectadores más fieles. Pero de todos estos rituales, la gala inaugural siempre es el más aburrido y el estreno de la octava etapa del programa no fue una excepción.

En ese momento de contacto inicial, los concursantes ponen todo de su parte para resultar carismáticos y agradables, pero la mayoría resultan planos y forzados. Así que sólo nos queda ir identificando entre ellos a los que se ajustan a los arquetipos ya habituales: el metrosexual, la friki, el intelectual pretencioso, la virgen, el aspirante a latin-lover, la bomba sexual, el rústico, la borde, el extranjero simpático… Pero este año todos ellos se enfrentan a un reto mucho mayor que una vaquilla hiperactiva. Y es que en la pasada edición Pepe reinventó un concurso que hasta entonces se basaba en premiar a tontos útiles que habían aprendido bien la lección del protagonista de Yo, Claudio.

El prolongado atractivo de Gran Hermano se debe principalmente a dos factores. Por un lado, la presencia de Mercedes Milá, que al venir del mundo del periodismo tradicional le da un tono inquisitivo y cerebral sin que ello sea obstáculo para que a la vez muestre la exhuberancia de que quien disfruta con lo que hace. Y por otro, de todos los programas de telerrealidad, Gran Hermano es el que se basa en una convivencia más pura, sin actividades paralelas o penurias exageradas que distraigan a los concursantes. Y como un vistazo a los libros de Historia revela, la convivencia no es algo que se nos dé del todo bien a los seres humanos.

Pero hasta que la cosa se empiece a animar, Gran Hermano 8 ya tiene motivos para la polémica debido a un tropiezo en el sorteo para elegir al último participante y un enigmático concursante llamado Kiko, procedente de la costa gallega y que mostró un estilo de vida exageradamente lujoso para un empresario hostelero que no ha cumplido los treinta. Como no dudo del buen juicio de los responsables de Telecinco, me imagino que habrá una explicación convincente, pero resulta absolutamente irresponsable que su video de presentación dejara espacio para la ambigüedad y permitiera sacar conclusiones a cualquier espectador con un mínimo de perspicacia. Y no sólo por la gravedad del tema, sino sobre todo por el irreparable daño que se le puede hacer a Kiko y su familia. Gran Hermano es un concurso divertido. No vayamos ahora a jugar con fuego.
 
"Weeds" y "Prison Break", en la revista de septiembre de Mundoplus
Ya está disponible para descargar la revista de septiembre de Mundoplus. En este número colaboro con artículos sobre Prison Break y Weeds, que ahora hacen su debut en la televisión de pago en España. En la revista también hay una estupenda entrevista a la directora de NBC/Universal en España, que habla sobre el Sci-Fi Channel. Prison Break tendrá su hueco en el blog, pero seguiré el ritmo de emisión en La Sexta ya que su estreno en abierto es tan inminente. Por motivos de tiempo, he tenido que abandonar ¡Vaya Tele!, pero a partir de ahora podréis leer una columna de opinión semanal mía en FórmulaTV. Si todo sale como está previsto, comienzo mañana.
 
De cuando "Anatomía de Grey" tuvo una crisis de identidad
Estaba esperando con bastante expectación la emisión en Cuatro del doble capítulo especial de Anatomía de Grey que catapultó al programa al éxito masivo que se convirtió en su segunda temporada. Hasta enero de este año, Anatomía de Grey lograba semanalmente alrededor de 18 millones de espectadores, lo que era un número muy notable pero se quedaba corto de la audiencia de Mujeres desesperadas, que lo precedía en la parrilla de la ABC los domingos por la noche. Para que un programa se convierta en un fenómeno popular tiene que lograr una composición demográfica muy completa y a Anatomía de Grey le faltaban hombres. Así que, en una jugada bastante brillante, la cadena le ofreció a la serie el deseado puesto inmediatamente posterior a la Super Bowl en febrero, cuando la mayor parte de los hombres norteamericanos se sientan a ver la televisión. Ese capítulo, Es el fin del mundo, logró mantener a 38 de los 90 millones de los espectadores de la Super Bowl. Cuando su conclusión, Tal y como lo conocemos, se emitió el domingo siguiente, Anatomía de Grey superó a Mujeres desesperadas en espectadores y a partir de entonces no bajó de los 23 o 24 millones.

Sin embargo, la experiencia de ver estos dos capítulos resultó ser bastante decepcionante. Para atraer a toda costa ojos masculinos, los productores se sacaron de la chistera un extraño híbrido con 24. Teníamos una situación de riesgo que empeoraba minuto tras minuto, muchos personajes al borde de la muerte, una bomba y un par de artistas invitados reconocibles (Kyle Chandler y Christina Ricci). Pero la situación estaba tan exagerada que resultaba sencillamente inverosímil. Me puedo creer la trama de la bomba y hasta que Bailey se pusiera de parto. ¿Pero era necesario que a la vez su marido tuviera un accidente? ¿No se hubiera quedado Shepherd en el quirófano aunque el paciente no hubiese sido familiar de un compañero de trabajo? ¿La estupidez de Meredith no es demasiado patente con los limitados recursos interpretativos de una Ellen Pompeo que, parafraseando a Dorothy Parker, mostró toda una gama de emociones de la A a la B?. En vez de hacer un capítulo emocionante centrándose en dos o tres personajes, colocar en esa situación de angustia y peligro a todo el reparto resultó un artificio. Como obviamente esto sólo era un capítulo especial y no el 24 genuino, al final sólo acabó muriendo uno de los artistas invitados en una escena si cabe más absurda: con un proyectil altamente inestable, ¿no hubiera sido más práctico volarlo de forma controlada en el quirófano seguro después de haber sacado a los médicos y al herido?. Demasiadas preguntas para tan poco jugo narrativo.

Afortunadamente, una vez finalizado este olvidable intermedio con una bomba, algo de sexo gratuito y poco más, Anatomía de Grey regresó a su verdadera naturaleza con un capítulo lleno de humor y ternura en el que conocimos por fin al Dr. Caliente (McSteamy en el original), el amante de Addison Shepherd. Sobre el impacto del personaje y su intérprete Eric Dane, sólo puedo añadir que se ha anunciado su regreso como regular en la tercera temporada. La brillantez de Anatomía de Grey es que está utilizando su serialidad para ofrecer un sólido y complejo relato de las relaciones personales como ningún otro programa reciente. Los altibajos de la pareja formada por Burke y Cristina, que están juntos por amor pese a todo lo que los separa, se han puntuado con la relación imposible de Derek y Addison, que no se aman pero aún así luchan por estar juntos intentando ser fieles a la idea del matrimonio. Y el dolor que amarga las vidas de este cuarteto amoroso promete no desaparecer a corto plazo. Mientras el Dr. Caliente reabre heridas, Meredith termina de empeorar su situación acostándose con George. Ni él es su tipo de hombre, ni ella su tipo de mujer. Pero el emparejamiento es más sugerente de lo que parece. Ellis Grey confundió a George con su exmarido Thatcher en su estancia en el hospital y ahora, a la vez que se reencuentra con su padre, Meredith busca en él refugio al no poder estar con su verdadero amor, un hombre casado. Con un sutil complejo de Electra de trasfondo, Ellis Grey no es la única para la que el pasado es presente. Cada vez es más evidente que los hijos están destinados a reproducir los pecados de sus padres.
 
Y es que, efectivamente, la vida puede ser maravillosa
A pesar de su nombre, La Sexta sólo ha tenido que esperar a su segundo intento para conseguir capitalizar completamente un caro acontecimiento deportivo. Y es que apostar una gran cantidad de dinero en ellos tenía toda la lógica. Para que la gente vea una cadena debe saber que existe y empezar a coger el hábito de sintonizarla de vez en cuando. Con los deportes, La Sexta ha pretendido cubrir esta fase. Pero esta aventura también ha tenido sus tropiezos. Las dificultades para que la cadena se pudiera ver en muchas partes de España, unido al desenfreno ocasionado por el fútbol, la obligó a vender a Cuatro los partidos más relevantes del Mundial. Nuestros gobernantes pueden resistir incendios, helicópteros que se caen y avalanchas de cayucos, pero no una revuelta provocada por el fútbol. Así que La Sexta perdió protagonismo sin remedio. Con el baloncesto no hubo ese problema (lo que al final ha resultado irónico) y la joven cadena no tuvo que compartir con nadie las retrasmisiones.

Tampoco nos podemos olvidar de Andrés Montes, un fenómeno en sí mismo que desata pasiones sin término medio. Montes es un comentarista de deportes posmoderno para el que el acontecimiento en sí es sólo una excusa para un festival de bromas, referencias intertextuales y desmitificación del deporte. Él comenta partidos para los que saben que la vida es mucho más que un terreno de juego. A algunos les parecerá que colocar surrealistas motes a los jugadores o hablar de la película de Ken Loach Lloviendo piedras, otra de las crónicas de los padecimientos de la clase obrera del director británico, en una final de baloncesto no viene mucho a cuento. Para mí, es una ingeniosa manera de decir que estas competiciones son un fragmento más en el inmenso collage de vida contemporánea. Lo que Andrés Montes realizá es un zapping continuo en la cultura popular. Pero en los primeros partidos, no estuvo especialmente lucido. Lógicamente la cadena le tuvo que pedir algo similar a lo que realizó en el Mundial de Fútbol, un deporte que le dio una gran libertad creativa. Pero en el baloncesto es un consumado experto y también tenía que demostrarlo. El equilibrio tardó un poco en llegar y se fue afinando conforme la selección española ganaba partido tras partido hasta culminar en una victoria agónica en semifinales y una final que fue lo más parecido a una marcha militar. De todos los momentos del Mundobasket, me quedo con la imagen de Pau Gasol metiendo dos tiros libres a pesar del dolor que debía sentir por su dedo semi-fracturado. Gracias a la profesionalidad mayúscula de Gasol, La Sexta y Andrés Montes viven su momento de gloria y, en pago, han elevado al jugador a la categoría de mito para el orgullo patrio.
 
No hay finales felices para los dramas
Ayer se emitió en La 2 el último capítulo de Dawson crece. Para los que conocimos el programa en su temprana emisión en Canal +, Dawson crece fue un programa fresco que apelaba a adolescentes y adultos jóvenes con su relato de maduración y un toque de nostalgia por lo que fue y por lo que podría haber sido. Sin embargo, como iba a ocurrir con otros programas que siguieron más o menos su estela (desde Felicity a The O.C.), su atractivo fue más bien efímero, limitándose a una primera temporada brillante y a una segunda salvada por dos elementos temáticos de gran originalidad, las desventuras de sendos hermanos adolescentes que a los problemas típicos de su edad unen, respectivamente, la homosexualidad y los problemas mentales. Poco tiempo después Kevin Williamson, el creador, abandonó el programa y sus sustitutos se enfrentaron al problema insalvable de que con el fin del instituto los personajes debían comenzar caminos separados. Cuando estaban juntos sus peripecias parecían inverosímiles. Cuando estaban separados, poco interesantes. El colofón, la increíble suerte del joven Dawson como aspirante a director y guionista cuando con esa edad a lo que más podía aspirar era a ser el chico del café y las fotocopias.

En línea con lo que había sido la serie perdido el encanto inicial, el doble capítulo de despedida fue melodramático y un tanto obvio. El salto en el tiempo para mostrar la agonía de Jen (una Michelle Williams que, como ha confirmado el tiempo, fue la intérprete más dotada del programa) a causa de una enfermedad tuvo un efecto curioso porque la sensación de que no nos habíamos perdido gran cosa en ese tiempo permite eliminar la culpabilidad por la falta de fidelidad. Una vez que ya sabemos a quién elige Joey y tenemos el guiño metatextual al propio origen autobiográfico del programa, el telón se cierra sin demasiada emoción. Pero este triste destino no ha sido exclusivo de Dawson crece, ya que durante los últimos tiempos se ha puesto de manifiesto una y otra vez que los dramas casi nunca acaban en el momento justo, sino o con varios años de retraso (Expediente X) o con al menos un año de adelanto (Ángel y Deadwood como ejemplos candentes). Comedias como MASH o más recientemente Seinfeld, Friends y Raymond tuvieron vidas muy longevas y finalizaron en lo alto creativamente y a nivel de audiencias. No fueron canceladas, simplemente dejaron de producirse. El único caso similar, El fugitivo, tiene ya cuarenta años y sólo estuvo cuatro temporadas en antena. Buffy, cazavampiros es lo más parecido a una excepción si tenemos en cuenta que una parte relevante de sus seguidores no aceptaron el rumbo tomado en los dos últimos años y las audiencias fueron mediocres. Joss Whedon no decidió finalizar la serie, sino que UPN y Sarah Michele Gellar tomaron, con inteligencia, esa decisión por él. Factores creativos y económicos conspiran para que el drama, a pesar de todas sus posibilidades como género, casi siempre cojee en la resolución definitiva. No es que no haya buenos finales, es que la mayoría de las veces, cuando llegan, ya no nos importa demasiado.