Master de Guión de Cine y TV de la UC3M y ALMA
Se acaba de abrir el plazo de matrícula para la I Edición del Master de Guión de Cine y TV de la Universidad Carlos III y ALMA (Autores Literarios de Medios Audiovisuales del Estado Español), donde, si todo va bien, daré este año clase. Os incluyo alguna información:
El Máster se desarrolla durante un año, desde octubre de 2007 hasta septiembre de 2008 con un valor académico de 60 créditos. Lo que supone un total de 1.500 horas, aproximadamente.
Las clases se organizan en sesiones de cuatro horas, de lunes a miércoles entre los meses de octubre de 2007 y mayo de 2008. Las prácticas y el tratamiento de guión de largometraje, serie TV o TV movie tienen un valor académico de 19 créditos
El trabajo Fin de Máster se realiza entre los meses de junio y septiembre de 2008 y consiste en materializar, bajo la supervisón de los tutores, la primera versión de guión de largometraje, serie TV o TV movie. Este trabajo tiene un valor académico de 25 créditos ECTS.
Los créditos prácticos equivalen a más de 1.000 horas de trabajo.
Las clases presenciales comienzan el día 1 de octubre de 2007 para terminar el 29 de mayo de 2008, en el Campus de Getafe de la Universidad Carlos III Madrid. A partir del mes de noviembre los jueves, en semanas alternas, se dedican a tutorías y seguimiento de las clases prácticas.
Horario: 16:00 a 20:00 horas.
Se contempla una Máster Class mensual, en la que cineastas e investigadores de prestigio pueda presentar su último trabajo o desarrollar un tema concreto. Las conferencias magistrales tienen un valor académico de 1 crédito ECTS.
Profesorado:
D. Enrique Urbizu, guionista, director y profesor de la Univ. Carlos III de Madrid
D. Joaquín Oristrell, guionista y director de cine y televisión
Dr. Gérard Imbert, Univ. Carlos III de Madrid
D. Alberto Macías, guionista
Dr. Alberto Elena, Univ. Carlos III de Madrid
Dña. Alicia Luna, guionista
D. Casimiro Torreiro, investigador, crítico cinematográfico y profesor de la Univ. Carlos III de Madrid
D. Ignacio del Moral, guionista y autor dramático
D. Roberto Cueto, escritor cinematográfico y profesor de la Univ. Carlos III de Madrid
D. Manolo Matji, guionista y director de cine y televisión
Dña. Ana Díez, guionista, directora y profesora de la Univ. Carlos III de Madrid
Dra. Concepción Cascajosa, Univ. Carlos III de Madrid
Dña. Rosa Vergés, guionista y directora
Dr. Fran Zurian, Univ. Carlos III de Madrid
Dr. Asier Aranzubía Cob, Univ. Carlos III de Madrid
Dra. Helena Galán, Univ. Carlos III de Madrid
Dra. Cristina del Pino, Univ. Carlos III de Madrid
Dr. Luís Albornoz, Univ. Carlos III de Madrid
Dr. Manuel Armenteros, Univ. Carlos III de Madrid
Dra. Alejandra Walzer, Univ. Carlos III de Madrid
Dr. Javier López Izquierdo, Univ. Carlos III de Madrid
El Máster se desarrolla durante un año, desde octubre de 2007 hasta septiembre de 2008 con un valor académico de 60 créditos. Lo que supone un total de 1.500 horas, aproximadamente.
Las clases se organizan en sesiones de cuatro horas, de lunes a miércoles entre los meses de octubre de 2007 y mayo de 2008. Las prácticas y el tratamiento de guión de largometraje, serie TV o TV movie tienen un valor académico de 19 créditos
El trabajo Fin de Máster se realiza entre los meses de junio y septiembre de 2008 y consiste en materializar, bajo la supervisón de los tutores, la primera versión de guión de largometraje, serie TV o TV movie. Este trabajo tiene un valor académico de 25 créditos ECTS.
Los créditos prácticos equivalen a más de 1.000 horas de trabajo.
Las clases presenciales comienzan el día 1 de octubre de 2007 para terminar el 29 de mayo de 2008, en el Campus de Getafe de la Universidad Carlos III Madrid. A partir del mes de noviembre los jueves, en semanas alternas, se dedican a tutorías y seguimiento de las clases prácticas.
Horario: 16:00 a 20:00 horas.
Se contempla una Máster Class mensual, en la que cineastas e investigadores de prestigio pueda presentar su último trabajo o desarrollar un tema concreto. Las conferencias magistrales tienen un valor académico de 1 crédito ECTS.
Profesorado:
D. Enrique Urbizu, guionista, director y profesor de la Univ. Carlos III de Madrid
D. Joaquín Oristrell, guionista y director de cine y televisión
Dr. Gérard Imbert, Univ. Carlos III de Madrid
D. Alberto Macías, guionista
Dr. Alberto Elena, Univ. Carlos III de Madrid
Dña. Alicia Luna, guionista
D. Casimiro Torreiro, investigador, crítico cinematográfico y profesor de la Univ. Carlos III de Madrid
D. Ignacio del Moral, guionista y autor dramático
D. Roberto Cueto, escritor cinematográfico y profesor de la Univ. Carlos III de Madrid
D. Manolo Matji, guionista y director de cine y televisión
Dña. Ana Díez, guionista, directora y profesora de la Univ. Carlos III de Madrid
Dra. Concepción Cascajosa, Univ. Carlos III de Madrid
Dña. Rosa Vergés, guionista y directora
Dr. Fran Zurian, Univ. Carlos III de Madrid
Dr. Asier Aranzubía Cob, Univ. Carlos III de Madrid
Dra. Helena Galán, Univ. Carlos III de Madrid
Dra. Cristina del Pino, Univ. Carlos III de Madrid
Dr. Luís Albornoz, Univ. Carlos III de Madrid
Dr. Manuel Armenteros, Univ. Carlos III de Madrid
Dra. Alejandra Walzer, Univ. Carlos III de Madrid
Dr. Javier López Izquierdo, Univ. Carlos III de Madrid
Nuestros héroes
Artículo de opinión publicado en FórmulaTV.com:Después de seguir durante meses el desarrollo creativo de lo que finalmente iba a ser la serie Héroes en la prensa especializada, llegué a la conclusión de que su destino no iba a ser cuestión de grises: o su éxito iba a ser resonante o su fracaso estrepitoso. Aunque la base de esta conclusión se encontraba en el hecho de que una premisa como la suya suele provocar adhesiones incondicionales o rechazos viscerales, también me parecía divertido pensar que al fin y al cabo ese es el problema de los superhéroes, salvar al mundo o enfrentarse a la tragedia de su destrucción. Y no puedo negar que me complace ver a Héroes convertida en lo más parecido a la serie de moda. La construcción de su mitología, compleja como ya es lo habitual, se está realizando con inteligencia, recompensando la paciencia del espectador fiel con jugosas revelaciones. El reparto es atractivo y algunos personajes, como el dúo dinámico formado por Hiro y Ando, son sencillamente memorables.
Y aunque es cierto que el acabado no está todo lo pulido que sería deseable (numerosos fallos de raccord, desfases temporales y momentos de desorientación narrativa), me enfrento a cada capítulo de la serie con una emoción casi infantil. No podría ser de otra forma después de ver al siniestro Nathan Petrelli volar para huir de una situación que parecía sacada del cine negro, a su hermano Peter (siempre en la sombra) apropiarse de los poderes ajenos, a la animadora Claire Bennet despertarse durante su propia autopsia y al pintor Isaac Méndez crear coloristas profecías durante el sopor narcótico.
La realidad es que no sé todavía de qué va Héroes, si es una historia sobre la redención, un canto a la responsabilidad ciudadana o un relato clásico dedicado al antagonismo perenne entre el bien y el mal. Pero de momento creo que ha sido una afortunada continuación de lo que podríamos llamar el drama de la globalización, muy en la estela de películas como 'Babel' y series como Perdidos. Aunque en apariencia poco tienen que ver, todas superan el restringido y localista alcance del drama de relaciones tradicional para sacar a la superficie la realidad de un mundo paulatinamente más interconectado. Sus personajes son desconocidos entre sí, viven en países diversos, hablan lenguas diferentes y pertenecen a ámbitos socio-culturales opuestos. Sus historias son la de una perpetua peregrinación que nos puede llevar de Tokio a Nueva York, de Nueva Delhi a Las Vegas, en busca de encontrar sentido al mapamundi repleto de chinchetas y nombres que el científico Chandra Suresh realizó antes de morir asesinado.
La epopeya globalista liga el destino de la Humanidad al de una cheerleader (el sueño americano amenazado por sus propias contradicciones), y nos proporciona un universo que ofrece una fantástica falsa continuidad con el memorable final de Buffy, cazavampiros en donde el mundo se poblaba de jóvenes potenciales que florecían como superheroínas. Bienvenidos al Año 1.
Tengamos los paraguas preparados
Leo en FórmulaTV que Inundación, la miniserie emitida por Cuatro durante las dos últimas semanas, logró anoche un discreto registro para su capítulo de conclusión. Cuatro sigue apostando por crear un contenedor de miniseries para la noche del lunes y el público no termina de responder. En un primero momento, el contenido de Inundación parecía ajustarse como un guante a los presupuestos ideológicos de la cadena, especialmente su interés por resaltar los desastres que se nos avecinan con ese cambio climático que de momento tiene más de hipotético que de real. Inundación, en el que una tormenta acaba dejando el centro de Londres bajo varios metros de agua, tuvo el perfecto toque de profecía catastrofista. Hace unos meses Tsunami ya nos recordó que la Naturaleza no necesita demasiado para demostrar su mala leche y era imposible no relacionar la cobertura informativa que aparece dentro de la miniserie con las imágenes ya familiares de la tragedia del Katrina. El progreso cuesta y aquí es donde Occidente va a empezar a pagar. A nivel de género, la miniserie era fiel a sus coordenadas tradicional. La primera parte se centraba en la vida cotidiana de los personajes y los problemas de incomprensión e incomunicación familiar que los aquejan. En el caso de Rob Morrison, el personaje al que interpretaba Robert Carlyle, el problema es doble: mantiene una relación tirante con su ex-mujer Sam (Jessalyn Gilsig, que los seguidores de Nip/Tuck y Héroes sabemos que lo mismo vale para un roto que para un descosido) y directamente no se habla con su padre Leonard (Tom Courtenay, un poco perdido en su papel), quizás porque en el fondo es como él. Y como también es habitual, será irónicamente la tragedia lo que dará a los personajes perspectivas y les ayudará a recomponer sus vidas, con la idea del perdón siempre presente.Sin embargo, más allá de sus inevitables convencionalismos melodramáticos (sin los que aquello sería simplemente un documental del Discovery Channel), Inundación fue una interesante muestra del oficio que los británicos ejercen en este tipo de productos. Más allá de los efectos (ya sean los efectos especiales o los golpes de efecto), Inundación tenía un tamiz de realismo, especialmente por su interés por centrarse en un puñado de funcionarios desorientados ante lo que está ocurriendo y un heroísmo de estar por casa, en el que el sacrificio se realiza sin grandilocuencias o sencillamente por casualidad. Incluso el suicidio del asesor científico que fue incapaz de predecir lo que iba a ocurrir se queda en off, casi privado de cualquier dramatismo. Esa clave baja lograba lo que casi parecía imposible: que lo que en contenido era un auténtico disparate, en la pantalla no lo parecía. E incluso en algunos momentos, como la muerte de uno de los empleados del Metro, el resultado fue verdaderamente notable. Y hablando de profecias, hoy no nos podemos perder Estado de sitio en Antena 3, una película que cada año año es más y más escalofriante.
La contraprogramación de la Sexta
Artículo de opinión publicado en FórmulaTV.com:Contraprogramación fue uno de esos conceptos nefastos que se pusieron de moda con la llegada de la televisión privada a España, cuando la mañana antes de la emisión de un programa estrella sus competidores aspiraban a hundirlo en la miseria colocando una película de Mel Gibson o la siempre oportuna Pretty Woman. Sin embargo, el uso patrio que se le dio a la contraprogramación tenía muy poco que ver con lo que significaba originalmente en un mercado bastante más profesionalizado como el norteamericano: colocar un programa en la parrilla pensando en que sirviera de alternativa real a lo que ofrecían los otros canales. Afortunadamente la Sexta, esa tele que tiene tanto cuesta arriba, está sabiendo reivindicar el sentido refrescante de la contraprogramación durante sus tardes. Mientras el resto de las cadenas generalistas apuestan por telenovelas, máquinas de la verdad, noticias de sucesos y confesiones nada verdaderas de grandes hermanos, en la cadena que piensa en verde podemos encontrar un nutrido bloque de productos de ficción. A primera hora de la tarde, una combinación de la hilarante Futurama (probablemente la serie de animación más brillante de la historia) y la ácida El rey de la colina. Y para la media tarde, tres horas dedicadas a ese maestro de la televisión contemporánea que es David E. Kelley, ahora reverdeciendo laureles con Boston legal y antes el hombre que nos presentó a Ally McBeal.
La Sexta, tras algunos titubeos al comienzo de su trayectoria, se ha comprometido con la emisión de 'Profesores de Boston', un drama coral y multiétnico que nunca olvida su propósito inicial de ser un canto a la educación pública y los maestros vocacionales. No es un mal aperitivo para el plato fuerte, los dos capítulos diarios de la serie que mejor ha encarnado la esencia del drama judicial. 'El abogado' juega a ser un caleidoscopio moral que ofrece más preguntas que respuestas. El tema del capítulo Servidores públicos y su antecesor (emitido el miércoles de la Semana Santa) no era precisamente fácil. Un fiscal, Richard Bay, se enfrenta a un notorio narcotraficante y asesino defendido por el bufete de nuestros protagonistas y en varias ocasiones es amenazado explícitamente por él. Sin embargo, no se deja amedrentar y pone todas sus energias para que la justicia se cumpla y el narcotraficante sea condenado. Sin embargo, después de salir del juicio con el veredicto a su favor, el fiscal cae asesinado en los aparcamientos del juzgado. En los días posteriores al crimen, una abogada defensora realiza lo mejor que puede su trabajo como parte de un sistema legal garantista y logra que salga libre un acusado que no sólo es culpable, sino que con toda seguridad volverá a matar. Por su parte, la compañera fiscal del asesinado consigue que la detención del asesino material se convierta en una ejecución aleccionadora para posibles emuladores y, con la ayuda de un juez, retuerce la ley lo suficiente como para castigar al asesino intelectual. Conociendo la integridad moral del fallecido, no podemos negar que la primera ha honrado mucho mejor su memoria que la segunda.
Estos dos capítulos de El abogado son una sentida oda al servicio público, pero también una montaña rusa emocional donde la identificación con los personajes se convierte a ratos en una necesidad y otros momentos en un reto. En El abogado casi nunca ocurre lo que desearíamos en el mundo real, que los culpables fueran castigados y los inocentes salieran libres. Pero precisamente por eso es un retrato tan veraz de un mundo donde no existen las certezas morales y las concesiones son necesarias para el mantenimiento del equilibrio social. Y no deja ser irónico que esta muerte heroica e inevitable estuviera reservada para un personaje que nunca fue simpático, alguien que, como menciona en el elogio final, ni siquiera caía bien a los que consideraba sus amigos. El abogado pertenece a esa estirpe de programas que se conciben más como una experiencia intelectual que mero escapismo, marcando una senda que ha sido mejor seguida por Galáctica: Estrella de combate que por la inane (aunque entretenida) Fiscal Chase, compañera de género y poco más. Y aunque no seamos muchos los que nos sentamos cada tarde delante del televisor para disfrutar de nuevo de ella, todos tenemos motivos para agradecer lo que contraprogramar significa para la Sexta.
Remington Steele, primera temporada en DVD
A veces tengo la impresión de que las distribuidoras de DVD tienen un criterio un tanto especial para elegir qué serie editar, primando aquellas que han aguantado peor el paso del tiempo pero cuyos títulos evocan nostalgia entre el público, como por ejemplo El equipo A y El coche fantástico. Pero al parecer los planetas se han alienado lo suficiente como para que vea en nuestro país la luz una de esas series que no pasan de moda porque en su momento tampoco se ajustaron a la moda. Y es que mientras la celebrada productora MTM se forjaba su lugar en la historia televisiva con elaborados dramas corales y con una fuerte conciencia social, el característico gato que presidía sus productos tambien tuvo tiempo de aparecer en un programa más clásico, una combinación de la screwball comedy y el género detectivesco protagonizado por una decidida mujer y un pícaro que se hace pasar por su inventado jefe. La serie se llamaba Remington Steele, el nombre por el que, de una manera u otra, se hacían pasar sus dos protagonistas, y el DVD nos permite rememorar su temporada fundacional en una estupenda presentación que combina un precio excelente (poco más de 30 euros en un conocido centro comercial) y los extras de los que en ocasiones nos privan en virtud de poner en el mercado ediciones lo más baratas posibles (véase el desgraciado caso de Galáctica: Estrella de combate). En este caso, aparecen comentados tres capítulos por relevantes miembros del equipo de la serie, incluyendo mi capítulo favorito, La cosecha. En este clásico absoluto del género, Laura y Remington, en una suerte de parodia de su entonces competidora en la parrilla Falcon Crest, tienen que lidiar con un cadáver que aparece y desaparece de improviso en unos viñedos y una surrealista congregación de monjes que hacen voto de silencio pero no ascos a la rica producción vinícola que produce las tierras que trabajan. También sabemos un poco más del pasado de Laura de la mano de un antiguo novio banquero, descubriendo su faceta más desenfadada cuando al grito de guerra de Acapulco los superiores del antiguo amor pretenden rememorar un episodio de desenfreno que Laura quisiera olvidar. La cosecha es la quintaesencia de Remington Steele tal y como aparece desgranado en los tres cortos pero muy informativos documentales que aparecen en el último disco de la temporada y que cuenta con la participación de Robert Butler y Michael Gleason, los creadores de la serie, el productor Glenn Gordon Caron, que tan bien aprovechó su paso en el programa para crear Luz de luna, y Pierce Brosnan, que a pesar de sus éxitos posteriores reconoce así la deuda y el cariño que siente por el programa que lo lanzó al estrellato. La aparición de Brosnan tiene especial jugo porque permite emotivos momentos cuando recuerda la gran importancia que jugó para su carrera su fallecida mujer Cassie y para alguna confesión no exenta de candidez cuando reconoce que al interpretar a Remington Steele simplemente era él mismo. Sin embargo, la presencia de Brosnan no hace sino acentuar la ausencia de Stephanie Zimbalist, que por estar no aparece ni en la carátula. Pero al contrario de que lo sería de esperar, esta cuestión no se obvia en el documental que trata de la relación entre los dos personajes protagonistas. Aunque se alaba a la actriz en varias ocasiones, también se recuerda sus problemas de adaptación con la realidad que se estaba imponiendo tras un puñado de capítulos: que al igual que ocurría con su alter ego en la ficción, su labor eficaz estaba siendo eclipsada por el lustre de su compañero de fatigas, que sólo necesitaba una mueca picarona y su sonrisa irresistible para robar la función sin esfuerzo. En el capítulo piloto habían parecido convivir sin esfuerzo la fábula feminista (con una mujer de talento teniendo que inventarse el servilismo a una figura masculina para triunfar en el mundo profesional) con la ingeniosa reflexión sobre la utilidad de las apariencias. La escena sin diálogo en la que el personaje de Pierce Brosnan descubre que Remington Steele es un invento revisando su fondo de armario es un logrado ejemplo de lo segundo, mientras que la cena de gala en la que el impostor asume la identidad ficticia y rápidamente reconoce los méritos de su subordinada, una petrificada Laura, muestra el ácido planteamiento sobre el que sustenta la serie. Pero a partir de ahí es la personalidad del Remington ficticio la que se acaba adueñando del planteamiento, hasta el punto de que es el juego con la identidad real, ficticia o fingida lo que acaba dando jugo a la comedia romántica. Y es que al final de la temporada, con su casa y su pasado destruido en un atentando criminal, es también Laura la que debe también redibujar su propia vida. Con el ingenio de sus guionistas a tope, sus dos protagonistas cómodos en sus papeles y la acertada incorporación de Mildred Krebs, que venía a sustituir el lastre narrativo que soponían Murphy y la dicharachera secretaria de la agencia, la señorita Foxe, Remington Steele emprendió un segundo año también inolvidable.