Pensamientos sobre los "upfronts"
La presentación a los anunciantes de la programación de la siguiente temporada por parte de las networks es uno de los momentos de más expectación para los que seguimos la televisión norteamericana. Este año no ha sido una excepción, aunque la situación no es especialmente propicia. La crisis económica ha pesado tanto que ha llevado a la directa cancelación de todos los programas envejecidos (y por tanto caros de producir) con índices de audiencia en declive. La huelga de guionistas hizo daño, y mucho, a los seriales y el resultado se ha hecho notar este año, donde sólo la ABC ha cumplido su tradicional misión de conceptos más exigentes y arriesgados de lo habitual. Con la CBS aumentando su clonicidad con NCIS: Los Angeles y la NBC renunciando al drama adulto de las 10 de la noche para dejar paso a Jay Leno, este año se han echado de más ideas frescas. Pero podemos destacar tres series que nos da pena ver marchar y otras tres que esperamos con anticipación.
DESPEDIDAS TRISTES
Terminator: Las crónicas de Sarah Connor (CBS). Resulta insólito que Fox, con el estreno de Terminator: Salvation en puertas, no haya dado una nueva oportunidad a este programa y haya renovado la fracasada, en todos los aspectos, Dollhouse. Sin duda, los factores económicos han debido ser un factor esencial teniendo en cuenta que el tijeretazo presupuestario resultaba más complicado en una serie como ésta con un excelentes valores de producción. Sigo pensando que Terminator es una serie a reivindicar y que su angustiado existencialismo la hacía el sustituto perfecto de Galáctica.
Sin rastro (CBS). No es habitual que una serie con prestigio crítico y todavía colocada entre los 20 más vistos sea cancelada de una manera tan poco respetuosa. Cierto y verdad que Sin rastro me dejó de interesar tras su irregular cuarta temporada, cuando los casos se hicieron más vulgares y el recurso del flash-back perdió efectividad como reflexión sobre la construcción de la identidad. Pero siempre fue un programa digno y entretenido, y no resulta de recibo que no se le haya dado la oportunidad de tener un buen capítulo final tras muchos años de fiel servicio.
La hora 11 (CBS). No se puede negar que la CBS le dio un voto de confianza colocándola detrás de CSI los jueves por la noche. Esta versión de un éxito británico estaba realizada con suficiencia por la factoría Bruckheimer y tenía en Rufus Sewell a un protagonista carismático. Pero este cruce entre la bioquímica de House y el procedimental más clásico, resultó con el paso de los capítulos algo repetitiva sin contar con una gran trama serial o profundizar en la relación entre sus protagonistas. Oda a lo que pudo ser y no fue.
BIENVENIDOS AL TUBO CATÓDICO (Sabrosos vídeos, aquí)
Three Rivers (CBS). Supongo que hay muchos motivos por los que anticipar el estreno de Three Rivers, como el hecho de que la televisión norteamericana está necesitada de un buen drama médico que retome el testigo dejado por Urgencias. O la excelente labor que puede realizar promoviendo la donación de órganos. Pero seamos francos, el principal motivo por el que está serie resulta una de las más prometedoras del otoño aparece con claridad en la foto: Alex O´Loughlin, con una ropita de médico cirujano un pelín ajustada. Tras el fin de Moonlight, que empezó bien pero se desfondó en lugar de mejorar, O´Loughlin tomó el testigo de Jason O´Mara como el tío bueno oficial en busca de la serie de éxito. Lo cual tiene su dificultad evidente, ya que en televisión lo que importan son las buenas tramas y los buenos repartos en su conjunto, no la presencia de estrellas en ciernes. Pero cualquier cosa que lo devuelva a la televisión en entregas semanales me parecerá bien, sin reservas.
V (ABC). El hecho de que V se base una serie de los ochenta no es un factor ni positivo ni negativo para tener en cuenta. Hay buenas versiones y versiones catastróficas y cada nuevo proyecto se merece el beneficio de la duda. Sobre todo porque V fue una excelente doble miniserie, pero una serie mediocre que fue cancelada con celeridad. O sea, que menos mitificaciones vacuas. Además, con la invasión en Iraq en proceso de resolución, me resulta extraordinariamente sugerente que la televisión norteamericana haya apostado por una narrativa de la ocupación en lo que ya parece una confabulación televisiva para que la sociedad norteamericana ajuste cuentas consigo misma por la guerra contra el terror (véase el capítulo de fin de temporada de Lie to Me como ejemplo paradigmático).
The Vampire Diaries (The CW). En fin, ya sé que están Flash-Forward y Human Target, pero tengo ciertas dudas con ambas. La premisa de la primera me parece más curiosa que verdaderamente intrigante, mientras que el trailer de la segunda la hace parecer una película de Jason Statham. Nada en contra, pero no es lo que le pido a una serie. Sin embargo, The Vampire Diaries tiene, como bien indica el título y valga la redundancia, vampiros, lo cual significa que tiene mi atención inmediata. Cierto y verdad que la premisa parece más propia de Crepúsculo que de Buffy, cazavampiros. Pero The CW sigue siendo la cadena de Sobrenatural y, por tanto, siempre podemos esperar alguna sorpresa agradable entre tanto niño pijo y tanta angustia existencial adolescente.
DESPEDIDAS TRISTES
Terminator: Las crónicas de Sarah Connor (CBS). Resulta insólito que Fox, con el estreno de Terminator: Salvation en puertas, no haya dado una nueva oportunidad a este programa y haya renovado la fracasada, en todos los aspectos, Dollhouse. Sin duda, los factores económicos han debido ser un factor esencial teniendo en cuenta que el tijeretazo presupuestario resultaba más complicado en una serie como ésta con un excelentes valores de producción. Sigo pensando que Terminator es una serie a reivindicar y que su angustiado existencialismo la hacía el sustituto perfecto de Galáctica.Sin rastro (CBS). No es habitual que una serie con prestigio crítico y todavía colocada entre los 20 más vistos sea cancelada de una manera tan poco respetuosa. Cierto y verdad que Sin rastro me dejó de interesar tras su irregular cuarta temporada, cuando los casos se hicieron más vulgares y el recurso del flash-back perdió efectividad como reflexión sobre la construcción de la identidad. Pero siempre fue un programa digno y entretenido, y no resulta de recibo que no se le haya dado la oportunidad de tener un buen capítulo final tras muchos años de fiel servicio.
La hora 11 (CBS). No se puede negar que la CBS le dio un voto de confianza colocándola detrás de CSI los jueves por la noche. Esta versión de un éxito británico estaba realizada con suficiencia por la factoría Bruckheimer y tenía en Rufus Sewell a un protagonista carismático. Pero este cruce entre la bioquímica de House y el procedimental más clásico, resultó con el paso de los capítulos algo repetitiva sin contar con una gran trama serial o profundizar en la relación entre sus protagonistas. Oda a lo que pudo ser y no fue.
BIENVENIDOS AL TUBO CATÓDICO (Sabrosos vídeos, aquí)
Three Rivers (CBS). Supongo que hay muchos motivos por los que anticipar el estreno de Three Rivers, como el hecho de que la televisión norteamericana está necesitada de un buen drama médico que retome el testigo dejado por Urgencias. O la excelente labor que puede realizar promoviendo la donación de órganos. Pero seamos francos, el principal motivo por el que está serie resulta una de las más prometedoras del otoño aparece con claridad en la foto: Alex O´Loughlin, con una ropita de médico cirujano un pelín ajustada. Tras el fin de Moonlight, que empezó bien pero se desfondó en lugar de mejorar, O´Loughlin tomó el testigo de Jason O´Mara como el tío bueno oficial en busca de la serie de éxito. Lo cual tiene su dificultad evidente, ya que en televisión lo que importan son las buenas tramas y los buenos repartos en su conjunto, no la presencia de estrellas en ciernes. Pero cualquier cosa que lo devuelva a la televisión en entregas semanales me parecerá bien, sin reservas.V (ABC). El hecho de que V se base una serie de los ochenta no es un factor ni positivo ni negativo para tener en cuenta. Hay buenas versiones y versiones catastróficas y cada nuevo proyecto se merece el beneficio de la duda. Sobre todo porque V fue una excelente doble miniserie, pero una serie mediocre que fue cancelada con celeridad. O sea, que menos mitificaciones vacuas. Además, con la invasión en Iraq en proceso de resolución, me resulta extraordinariamente sugerente que la televisión norteamericana haya apostado por una narrativa de la ocupación en lo que ya parece una confabulación televisiva para que la sociedad norteamericana ajuste cuentas consigo misma por la guerra contra el terror (véase el capítulo de fin de temporada de Lie to Me como ejemplo paradigmático).
The Vampire Diaries (The CW). En fin, ya sé que están Flash-Forward y Human Target, pero tengo ciertas dudas con ambas. La premisa de la primera me parece más curiosa que verdaderamente intrigante, mientras que el trailer de la segunda la hace parecer una película de Jason Statham. Nada en contra, pero no es lo que le pido a una serie. Sin embargo, The Vampire Diaries tiene, como bien indica el título y valga la redundancia, vampiros, lo cual significa que tiene mi atención inmediata. Cierto y verdad que la premisa parece más propia de Crepúsculo que de Buffy, cazavampiros. Pero The CW sigue siendo la cadena de Sobrenatural y, por tanto, siempre podemos esperar alguna sorpresa agradable entre tanto niño pijo y tanta angustia existencial adolescente.
El punto y final
A lo largo de estas semanas la temporada regular norteamericana está llegando a su fin y las series de las networks están cerrando con mejor o peor fortuna el tenderete a la espera de la llegada de la nueva temporada. Las hay como Fringe que utilizan un espectacular golpe de efecto para cerrar un par de capítulos dedicados única y exclusivamente a combatir el síndrome Expediente X que empezaba a aquejar a la serie (mucho misterio y poca resolución). No sé muy bien qué saldrá de toda la historia de los mundos alternativos, pero estoy mucho más interesada en la serie de lo que lo estuve tras ver su hinchado e irregular capítulo piloto. Los finales con cliffhanger parecen una opción predilecta como siempre, y esta vez nos han dejado a los hermanos Winchester de Sobrenatural a punto de enfrentarse al enemigo por antonomasia, estupendo aperitivo de lo que se espera sea la última temporada de la serie. Quizás es un buen momento para empezar a repasar, sin prisas, algunos de los finales de series más significativos de los últimos tiempos y para ello podemos comenzar por Galáctica. Primero porque me lo han pedido en varias ocasiones y, en segundo lugar, porque me resulta difícil concebir un final que me haya dejado tan confundida. No he tenido más remedio que asumir que cometí un error no leyendo sobre el final por anticipado, como suelo hacer incluso con mis series más predilectas. Los finales de temporada de Galáctica siempre habían sido especialmente memorables y di por hecho que la despedida de la serie merecía ser disfrutada sin las interferencias de mis veleidades analíticas. Tanto fue así que, a la espera de sacar huecos para ver los capítulos finales de la serie, hasta di un margen de tiempo para que mis polluelos de Programación TV admiradores de Los Soprano pudieran ver el desenlace antes de destriparlo en clase. No podía dejar de pensar que cualquier otra cosa era un ejercicio de incoherencia.
Error, craso error. En lugar de disfrutar de los minutos finales de la serie ocupada en el talento de sus actores o en la emoción de sus diálogos de despedida, los pasé en estado de nerviosismo y una gradual indignación, incapaz de asumir que los segundos para el fundido a negro final cada eran menores y lo que tenía ante mi no era más que un ejercicio de autocomplacencia. La experiencia estética quedó destrozada por la idea de que todo aquello había sido una inmensa tomadura de pelo. Cierto y verdad que esa impresión inicial duró poco y con el paso de los días y algún visionado extra me he podido reconciliar con el final de la que para mí es ya una de las series más significativas de la historia de la televisión. Especialmente porque me resulta más aún difícil de asumir cualquier otro final para un universo que había vapuleado sin piedad a los personajes, llevándolos a una desesperación tan extrema que muchos de ellos no había tenido más escapatoria que el suicidio (Dualla) o la búsqueda de la autodestrucción (Gaeta). Un universo donde apenas quedaban ya referentes morales más allá del instinto de supervivencia y en el que el amor era un lujo especialmente frágil. Donde cualquier, en cualquier momento, se podía revelar como el enemigo más odiado y ver su existencia convertida en una fantasía. Por tanto, resulta perfectamente lógico que, tras la espectacular secuencia que llevó por fin a los protagonistas a la tierra prometida, estos iniciaran su nueva existencia liberados de las cargas del pasado, de todo el bagaje emocional que la serie había colocado sobre sus hombros. Baltar volvía a ser un granjero y los Adama retomaban sus vidas sin las mujeres a las que amaron y no pudieron conservar. Como al principio, Ellen y Tigh se tenían el uno al otro, como Helo y Boomer. El atormentado Tyrol continúaba solo, como siempre estuvo. La serie cumplió su promesa de llevar a los protagonistas a casa, pero no para vivir en paz y en armonía, sino para que, en un evocativo reflejo de lo que ocurre tras la conclusión de una serie, sus protagonistas emprendan caminos divergentes, en otros pilotos y series, en otras películas y obras teatrales. Es el final que debía ser. Quizás no hacía falta más, pero supongo que la serie, que siempre tuvo en la recámara un poco de humor para amortiguar tanta angustia, no podía terminar sin un punto de extravagancia, mostrando que nuestro mundo es heredero de ese viaje fundacional en un arrebato a lo Joseph Campbell. Las desventuras de los personajes quedaban así alejadas miles de años en el pasado y, por tanto, olvidadas. El lugar de la emoción era ocupado ahora por el humanismo extremo que siempre caracterizó a la serie. Tras decenas de episodios en los que eran patentes los paralelismos entre el universo de la serie y nuestro mundo, las dos narrativas convergían brevemente. Pero nuestro mundo continuaba su camino entre la esperanza de un nuevo presidente y los terrores irracionales de una pandemia global. Y, por su lado y como incómodo recordatorio de nuestras debilidades, es la hora de Caprica.