<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/"><title><![CDATA[Todo Sobre La Tele]]></title><link rel="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/atom.xml"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated><entry><title><![CDATA[Prueba]]></title><link rel="Todo Sobre La Tele" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/atom.xml" title="Todo Sobre La Tele"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Prueba]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_311.htm"><![CDATA[<div style="width:425px;text-align:left" id="__ss_460822"><object style="margin:0px" width="425" height="355"><param name="movie" value="http://static.slideshare.net/swf/ssplayer2.swf?doc=terrorismo-tv-ccv-1213188006254394-9"/><param name="allowFullScreen" value="true"/><param name="allowScriptAccess" value="always"/><embed src="http://static.slideshare.net/swf/ssplayer2.swf?doc=terrorismo-tv-ccv-1213188006254394-9" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="355"></embed></object><div style="font-size:11px;font-family:tahoma,arial;height:26px;padding-top:2px;"><a href="http://www.slideshare.net/?src=embed"><img src="http://static.slideshare.net/swf/logo_embd.png" style="border:0px none;margin-bottom:-5px" alt="SlideShare"/></a> | <a href="http://www.slideshare.net/TEMERIN/presentacin-terrorismo-y-tv-en-espaa?src=embed" title="View Presentación Terrorismo y TV en España on SlideShare">View</a> | <a href="http://www.slideshare.net/upload?src=embed">Upload your own</a></div></div>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[Qué hago mientras no estoy aquí: "Crítica 3"]]></title><link rel="Todo Sobre La Tele" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/atom.xml" title="Todo Sobre La Tele"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Qué hago mientras no estoy aquí: "Crítica 3"]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_307.htm"><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/CRIT3.JPG" align="left" alt="" border="0" width="" height=""/>Aunque lo prometido es deuda, de momento me es imposible volver a actualizar el blog con el propósito de regularidad o incluso irregularidad. Cambios importantes en mi vida personal y la imperiosa necesidad de focalizar mi vida profesional me impiden, entre otras cosas, escribir el prometido artículo sobre "Mad Men". Cuando tenga tiempo de terminar de ver "Mad Men" y algunas series más perennes ya en mi disco duro, garantizo que el blog volverá a tener contenidos renovados. Muchas de las cosas que he estado haciendo en los últimos meses son actividades de gestión anónimas que nunca llegarán a tener ningún tipo de repercusión pública. Aunque hay otras que sí puedo presentar con indisimulado orgullo. Pero no es un trabajo mío, sino el que han estado realizando mis alumnos de la asignatura "Teoría y Crítica del Cine y la Televisión Contemporánea" (Grupo 36 de 4º de Comunicación Audiovisual) como parte de un proyecto de Innovación Docente. Así ha nacido <a target="_blank" href="http://www.critica3.es/">"Crítica 3: Revista de Cultura Popular"</a>, en la que los alumnos van a rotar escribiendo para las secciones dossier, miscelánea y reseñas, además de editar el trabajo de sus compañeros. Este primer número, correspondiente al Tema 2 de la asigantura, el dossier está dedicado a la última hornada de series norteamericanas. En los dos números más que están previstos antes de acabar el curso, el dossier estará dedicado a los superhéroes y la repercusión del 11 de septiembre en la cultura popular respectivamente. La miscelánea y la reseña es muy heterogénea, con textos que van desde la telerrealidad a los videojuegos pasando por el fútbol, el certamen de "Miss España" o lo nuevo de los hermanos Coen. Espero que podáis echarle un vistazo a la revista y os resulte interesante.]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[El fenómeno "Mad Men"]]></title><link rel="Todo Sobre La Tele" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/atom.xml" title="Todo Sobre La Tele"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[El fenómeno "Mad Men"]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_306.htm"><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/mad_men.jpg" align="right" alt="" border="0" width="280" height="210"/>Si algo que está poniendo de manifiesto la actual temporada de premios televisivos es aquello que es interesante sigue actuando en los márgenes del sistema. No es que sea una conclusión original, pero no se me ocurre otra manera de empezar una anotación hablando de la increíble carrera de reconocimientos logrados por un programa que, si fuera una obra teatral, sería del <i>off</i>-<i>off</i>-Broadway, si fuera una película hubiera competido en Slamdance (no ya ni en Sundance) y, si fuera un disco, tendría en la página MySpace de sus autores su principal arma promocional. <i>Mad Men</i> ni siquiera tiene el caché de los productos del cable premium. Por no tener, no tiene ni lógica programativa: se emite en un canal como AMC cuyo contenido está formado por películas antiguas. ¿Qué sentido tiene apostar por producción original cuando es evidente que los espectadores del canal no van buscando precisamente material nuevo? De hecho, las audiencias han sido minúsculas y sólo la necesidad de retener un material que ha dado a AMC espacio en las columnas de televisión ha motivado su renovación. Pero para mí lo sorprendente no es que <i>Mad Men</i> haya atraído la atención unánime de los críticos, sino que eso se haya traducido en premios. Hay decenas de programas, desde <i>Buffy, cazavampiros</i> a <i>Friday Night Lights</i> pasando por <i>The Wire</i>, que han fracasado miserablemente a la hora de dar ese salto. Sin embargo, ahí estuvieron los Globos de Oro en su edición más invisible para darle dos sorprendentes premios, incluido mejor drama. Ya sabemos que todo lo que rodea a esos premios huele a podrido, pero aún así son los premios más eclécticos y arriesgados del audivosual. Con los premios del Gremio de Actores ya inminentes, la casualidad ha dejado ser tal esta misma noche, con el premio concedido a Alan Taylor por parte del Gremio de  Directores por su trabajo en el piloto de la serie.<br/><br/>¿Por qué <i>Mad Men</i>? Reconozco que hasta ahora no me he dejado seducir por las virtudes de la serie. El piloto me dejó un poco indiferente y mis limitaciones de tiempo me han impedido hasta ahora darle una segunda oportunidad (lo que, obviamente, no va a poder demorarse más de unos días viendo el curso de los acontecimientos). Pero en cualquier caso es irrelevante para explicar las fortunas vividas por la serie, ya que la calidad como tal no atrae los premios. Quizás la clave sea, como siempre, cierto don de la oportunidad. Asumiendo como hago que <i>Mad Men</i> es un excelente programa de televisión, llegó en el momento justo para los críticos tras una temporada decepcionante en las <i>networks</i> y el ocaso de algunos de los principales puntales del cable. Salvo casos contados (<i>Ley y orden</i>, <i>Los Soprano</i>), las series logran premios al principio de sus trayectorias o no lo logran nunca sumidas en la irrelevancia por nuevas apuestas (la televisión es un medio obsolescente como ningún otro). Las series más longevas siguen ahí pero no ofrecen novedades. A la clase de la temporada 2004-2005, por diversos motivos, le ha costado superar la crisis de los 30. Y en comparación a ellas, las novedades no han sido espectaculares. En un periodo de transición, ahí apareció el pequeño programa que pudo, cuya limitada promoción lo convirtió en algo apetecible de ensalzar y reivindicar. Era una oportunidad ideal para la labor de cruzado que debe cumplir un poco cada crítico. Pero es que, además, <i>Mad Men</i> es una verdadera rareza. Un relato de época en un medio hostil a ello fuera de miniseries y telefilmes. Un drama de personajes que no se adscribe a géneros tradicionales como el policiaco, el médico, el judicial o el fantástico. Y en la era de los artificios narrativos, un programa extrañamente lineal y tradicional. En un entorno veraniego dominado por la explosión de <i>The Closer</i> y el estrellato de Glenn Close y Holly Hunter, es también una serie con fuerte protagonismo masculino, reflejando además una época donde ocupaban la centralidad en la vida pública. Pero que nadie se asuste, porque el desarrollo de los personajes femeninos da mucho para la reflexión sobre el progreso social de la mujer. Ingredientes todos ellos para un programa que no sé si es sensacional, pero que es indiscutible que es ya una sensación.]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[Auge y caída de una cadena de televisión (o de varias)]]></title><link rel="Todo Sobre La Tele" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/atom.xml" title="Todo Sobre La Tele"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Auge y caída de una cadena de televisión (o de varias)]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_305.htm"><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/Libro_NBC.jpg" align="right" alt="" border="0" width="162" height="240"/>Las semanas de vacaciones son siempre un buen momento para dedicar tiempo a una de mis actividades favoritas, leer libros sobre televisión. Estas Navidades ha ido el turno de dos obras muy centradas en cadenas concretas, pero radicalmente diferentes entre sí. <i>NBC: America's Network</i> es una antología de carácter académico centrada en unas de las tres networks clásicas, quizás la que de manera más definitiva ha marcado el carácter industrial y cultural del medio. El libro es de alguna manera un resumen de la propia  historia de la televisión en Estados Unidos, pero en lugar de realizar una amplia panorámica, se opta por la profundización en determinados aspectos clave, desde el desplazamiento en el control de contenidos desde los anunciantes de Nueva York a los estudios de Hollywood a los actuales procesos de integración industrial pasando por la representación de la sexualidad en los setenta. Entre todos los artículos que componen este excelente libro (uno de los mejores y más completos de literatura académica que he leído) destaco el escrito por Máire Messenger Davies y Roberta Pearson sobre <i>Star Trek</i>, anticipo de un futuro libro sobre el tema. El programa y sus secuelas se ponen de ejemplo del propio devenir histórico del medio, desde la programación generalista que intenta captar el mayor número de ojos posibles a la programación de nicho de las audiencias especializadas. De momento, lo que se va conociendo del libro en forma de estas publicaciones cortas apunta a un mayor interés por desentrañar el mecanismo de la producción industrial de televisión en manos de guionistas, productores y ejecutivos que de los estudios de recepción o fans en los que el programa se ha convertido ya en un lugar común.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/Libro_WB_UPN.JPG" align="left" alt="" border="0" width="" height=""/>Por su parte, <i>Season Finale: The Unexpected Rise and Fall of The WB and UPN</i> es una monografía de corte memorístico y periodístico centrada en los doce años de historia de las dos pequeñas cadenas que surgieron a mediados de los noventa y desaparecieron hace un par de años, simbolizando de alguna manera el fin de la preeminencia de la televisión en abierto en Estados Unidos. Una de las dos autoras es Susanne Daniels, que formó parte del equipo fundacional de The WB y ayudó a desarrollar algunos de sus programas más significativos como <i>Siete en el paraíso</i>, <i>Buffy, cazavampiros</i> y <i>Las c<i>hicas Gilmore</i>. La otra, Cynthia Littleton, es una periodista de </i>Variety. Lo más sorprendente de esta historia dual de The WB y UPN es cómo la crónica de la desastrosa historia de UPN es mucho más interesante que el recuerdo de los éxitos de The WB. Es un perfecto ejemplo de cómo lo que en principio parece la principal ventaja se convierte en un insalvable inconveniente. Daniels ha vivido esa historia en primera persona, pero en la mayor parte de los casos sólo habla de relaciones edulcoradas entre ejecutivos y actores de serie o las manías de creadores excéntricos pero geniales. Sólo cuando comienza la decadencia de The WB con el paso de Buffy, cazavampiros a UPN, la crónica de una cadena que consiguió mucho en muy poco tiempo comienza a tener interés. Por el contrario, es más interesante seguir las tristes peripecias de UPN, que lo tuvo a todo a favor (especialmente una mejor red de emisoras) y no le supo sacar partido debido, como se nos revela, por el pecado original de su nacimiento: dos padres peleados con poco interés en dar medios o una identidad definida a su retoño. Tanto es así que cuando llegamos al final, aquella rueda de prensa que anunció el nacimiento de The CW (con los ejecutivos de UPN como nuevos rectores) no resulta tan sorprendente como sencillamente inevitable. Al fin y al cabo, Dawn Ostroff tomó una empresa hundida y le dio sentido. Sus competidores dilapidaron una herencia sin rubor. La lectura del libro me hace desear más si cabe que, ahora que parecen ponerse de moda los estudios sobre cadenas (hay dos antologías sobre HBO a punto de salir al mercado), alguien se anime a hacer un estudio de The WB y su influencia en la cultura popular contemporánea.]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[Feliz 2008]]></title><link rel="Todo Sobre La Tele" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/atom.xml" title="Todo Sobre La Tele"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Feliz 2008]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_304.htm"><![CDATA[Aunque este año no he estado demasiado imbuida por el espíritu navideño, he decidido que no puede faltar en el blog una anotación dedicada a desear a los lectores un estupendo 2008, que seguro que estará repleto de todas esas cosas que hacen de la vida una aventura. Personalmente no me puedo quejar del resultado de los doce meses precedentes. El blog continuará su marcha atendiendo a mis limitaciones de tiempo e ideas en un nuevo año cargado de actividades de investigación por concluir (sobre todo del proyecto de investigación en el que participo) e iniciar (pensando en una nueva publicación a la que dedicaré mis esfuerzos en el 2009 y que ya cuenta con un índice y título provisional, por cierto). Pero guardo para antes del regreso al trabajo una anotación sobre mis lecturas vacacionales y el prometido comentario sobre <i>Perdidos</i>. Os deseo a todos (con especial cariño a mis <i>programadores</i>, <i>historiadores</i> y <i>teóricos</i>) que estéis pasando una feliz Navidad y tengáis un próspero 2008.]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[Kavanaugh]]></title><link rel="Todo Sobre La Tele" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/atom.xml" title="Todo Sobre La Tele"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Kavanaugh]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_303.htm"><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/whitaker.jpg" align="left" alt="" border="0" width="200" height="283"/><i>The shield</i> ha sido una series a las que más anotaciones se le ha dedicado en el blog. Ya han pasado unos cuantos años desde su sensacional estreno en 2002 y desde entonces ha permanecido como uno de esos programas imprescindibles en la parrilla ideal de cualquier teléfilo entregado. Cierto que otras muchas novedades le han privado de mayor presencia en las entregas de premios, pero los índices de audiencia se han mantenido notables, los críticos siguen entusiasmados y en España se ha acabado convirtiendo en un programa de culto, algo favorecido por las económicas y cuidadas ediciones en DVD que Sony ha puesto en el mercado. Los artífices de <i>The shield</i> han tenido además el buen juicio de ponerle fin en el momento, cuando su legado está asegurado por algo menos de cien capítulos en los que es difícil encontrar altibajos creativos, convirtiendo a la serie, como ya hemos dicho en alguna ocasión, en insólitamente regular para un texto televisivo. Cierto y verdad que la filmación del último capítulo estuvo marcada por la huelga de guionistas, pero esperemos que Shawn Ryan, con el conflicto laboral resuelto, pueda regresar a tiempo para poner los últimos toques a su obra antes de que ésta se despida definitivamente de los telespectadores. Al menos al frente, como él mismo ha revelado, se ha quedado alguien tan cabal como Michael Chiklis, productor del programa además de su protagonista.<br/><br/>Visto en perspectiva, <i>The shield</i> hizo algo realmente novedoso con la inclusión de los arcos que permitieron la aparición de Glenn Close y Forest Whitaker. Muestra de eso que se viene a denominar <i>stunt casting</i>, es frecuente que todas las series intenten captar a un actor de renombre para una aparición especial que dé pedigrí al programa. Al fin y al cabo, participar en alguna serie de televisión se ha convertido en una cita obligada para cualquier estrella que se precie, ya sea pensando en un paso próximo a la televisión de manera regular (como James Woods y Ray Liotta en <i>Urgencias</i>), buscando el material de calidad del que escasean en la pantalla grande (Meryl Streep y Al Pacino en Angels in America) o intentando elevar su perfil entre el público medio (Liev Schreiber en <i>CSI</i>). Pero <i>The shield</i> partía con una serie de condiciones adversas, la principal que el cable básico no se puede permitir determinados lujos. Pero, más allá de esto, el ecosistema de una serie de televisión se basa en contentar los egos y vanidades de los involucrados. La inclusión de dos estrellas en relevantes arcos argumentales (tanto cualitativamente como cuantitativamente) se tuvo que hacer a costa del sueldo y el tiempo de pantalla del reparto regular de la serie y, muy especialmente, del protagonismo de Michael Chiklis. La participación de Forest Whitaker en <i>The shield</i> coincidió con el mejor momento profesional para este solvente actor, un clásico secundario del cine norteamericano, apreciable director de películas de mujeres y un favorito personal desde los tiempos de . A punto de tocar la gloria del Oscar con su papel en <i>El último rey de Escocia</i>, Whitaker aparece más delgado de lo habitual y muy cómodo en el papel de agente de asuntos internos. Lo complicado es que en <i>The shield</i> eso lo coloca en ruta de colisión con Vic Mackey, despertando sentimientos encontrados en un espectador con la moralidad en conflicto entre lo que es correcto y el aprecio que siente por el personaje principal de la serie, sin el que ésta irremediablemente llega a su fin.<br/><br/>En realidad, Jon Kavanaugh hace regresar a la serie al territorio que navegó engañosamente en su capítulo piloto, antes de aquel memorable golpe de efecto en el que Mackey disparaba en la cara a su compañero y protegido Terry Crowley, a punto de lograr las pruebas que demostraban las actividades delictivas del Equipo de Asalto. El hecho de colocar a su protagonista más allá de la redención desde el primer momento daba para gran drama en manos de este héroe-villano al que pronto se le descubrían debilidades afectivas: un matrimonio roto, una amante, dos hijos autistas, un puñado de prostitutas a las que proteger de lobos feroces y tres compañeros por los que velar a modo de hermano mayor. Ya casi nos habíamos olvidado de Terry Crowley cuando Jon Kavanaugh nos obliga a revisitar el escenario de su asesinato con Vic Mackey como incómodo testigo. Allí también está el hermano de Terry, que atestigua como su muerte destrozó  a su familia mientras se declara convencido de que Mackey fue el ejecutor de la misma. El sentido de la secuencia es doble y sugerente. Nos obliga a recordar la maldad de Mackey, pero también nos presenta a Kavanaugh como verdaderamente obsesionado por cumplir su misión de acabar con Vic, sin importarle los límites éticos o morales que tiene que cruzar para conseguirlo. <br/><br/>En la superficie, la serie vuelve a ser <i>Sérpico</i>, la lucha entre el poli honrado y el corrupto. Pero en el fondo dramático, todo es mucho, mucho más complejo. Sabemos que Mackey es un criminal, pero no podemos evitar desear que consiga librarse de sus crímenes. Las narrativas de la ley y orden nos cuentan que el fin de Kavanaugh es heroico y que es casi inevitable que logre su objetivo, pero, torcedor de voluntades y destructor de los vínculos de afecto, se nos antoja como un tipo casi más peligroso que el poli corrupto al que desea cazar, un cruzado cuyos valores absolutos están fuera de lugar en un mundo basado en el relativismo moral. Pero, como contraste, el relato resuelve el conflicto en clave de machos alfa cuyo territorio se ve amenazado. Después de que Mackey se acueste con la inestable ex mujer de Kavanaugh, todo está preparado para que estos solventes sus diferencias a ostia limpia en el campo regado de testosterona por la sangre del sensible Lemansky. “Masculinidad en crisis, masculinidad en crisis”, grita la analista. “Pelea, pelea”, la espectadora entregada. El temple de Jon Kavanaugh se convierte en la nueva víctima de Vic Mackey, pero, con Lem de cuerpo presente, podemos anticipar que no será la última.]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[Las cosas cambian]]></title><link rel="Todo Sobre La Tele" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/atom.xml" title="Todo Sobre La Tele"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Las cosas cambian]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_302.htm"><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/lostthirdseason.jpg" align="right" alt="" border="0" width="220" height="215"/>En la actual era de las descargas, se podría pensar que invertir dinero en comprar en packs de temporadas de series es un derroche económico innecesario. Pero la cuestión es que una parte relevante de la gente que más hace uso de este tipo de mecanismos, digamos situados en una zona gris legal y éticamente, es la misma que paga subscripciones a la televisión de pago y que visita regularmente las secciones de DVDs en la tienda de turno. Durante mi última visita a mi centro comercial de referencia (que no es el más barato, pero sí el más conveniente por su localización) me hice con tres ediciones en DVD y en la anterior con cinco. En la mayor parte de los casos avancé en algunas colecciones ya iniciadas, como  <i>Deadwood</i>, <i>Perdidos</i>, <i>Galáctica, estrella de combate</i> y <i>The Shield</i>. A ésta última le voy a dedicar un texto académico sobre su genealogía como programa policiaco, así que anticipo algunas anotaciones sobre este tema de aquí a julio. También comencé mi colección de <i>Sobrenatural</i> y <i>Los Soprano</i> (ya era hora, ¿no?), y cerré por fin página con <i>Buffy, cazavampiros</i> adquiriendo la séptima temporada (lo que de momento completa el Buffyverso mientras medito si merece la pena la quinta temporada de Ángel, tan irregular pero con un buen puñado de capítulos memorables). Ni que decir tiene que todas estas series se encuentran entre mis favoritas y configuran una especie de canon personal. Nunca compro series que no haya visto previamente y siempre hay una estrecha relación con las cosas en las que me gusta trabajar. O he escrito sobre estas series o tengo intención de hacerlo en el futuro, aunque no lo tenga definido del todo. ¿Merece la pena tomar <i>Sobrenatural</i> para rememorar la historia de WB o mejor los esfuerzos de exportar el género del terror a la televisión? Pero sí tengo claro que la posesión del DVD en lugar de otro formato da una cierta legitimidad a esos programas selectos, colocados en sus cajas originales en una estantería de mi despacho en la universidad en lugar del anónimo archivador del escritorio de mi casa, que además está literalmente un poco chamuscado tras un accidente casero. <br/><br/>He estado pensando mucho en por qué compro DVDs mientras descubría algunos de los extras de la tercera temporada de <i>Perdidos</i>. La decepción ante el pack de la primera temporada (algo tan brillante merecía algo más que material promocional) se ha convertido en amplia satisfacción esta vez. La estupenda pieza sobre la relación entre la serie y la literatura abre el apetito para sendas piezas sobre las figuras de los personajes (que nunca me han terminado de convencer, por cierto) y el videojuego, muy promocionales sin duda, pero reveladoras de la importancia del merchandising de los programas de televisión (y qué es si no el propio DVD). Pero el punto fuerte es el documental sobre un día de trabajo en la serie. Si ya aquí hemos hablado de los extraordinarios documentales “tras las cámaras” de la segunda temporada de <i>24</i> y la tercera de <i>The shield</i>, me atrevo a colocar a éste a parecida altura. No es tan intensivo e incisivo como estos dos, indudablemente, pero a cambio es un fascinante reflejo de la compleja logística de hacer televisión mostrando cómo en catorce horas se trabaja en siete capítulos distintos de la serie de manera simultánea. No es una glorificación de la serie en la que todos se dicen lo guapos y magníficos que son, pero tampoco se muestran los conflictos internos de un programa de éxito. En su lugar, hay un tono amable (Michael Emerson conduciendo hasta el rodaje a las cinco de la mañana es algo digno de verse), pero sobre todo cierta fascinación por la monstruosa maquinaria que es un programa de televisión y el pequeño milagro de que se puedan producir veintidós episodios al año a este ritmo. Personalmente, uno de mis momentos favoritos es cuando los productores hablan de la necesidad de filmar un final falso para el capítulo final de la temporada y contar con un equipo muy reducido para el verdadero. No se cita a Internet y los <i>spoilers</i> en ningún momento, pero se transpira la tensión que los creadores de series mantienen con el ciberespacio, al que deben tanto y que les perjudica a menudo sobre manera. Siempre pienso que ofrecer presagios sobre el futuro de la televisión es un ejercicio de futilidad, pero es difícil negar que la televisión cambia poco a poco merced a la influencia de las nuevas tecnologías. Y a estas dos tendencias (la televisión que se piensa a sí misma en los packs de DVDs y la cultura de los <i>spoiler</i>) se suma una tercera que está alcanzando cierta relevancia en los últimos tiempos: la emisión de las series en versión original con subtítulos en la televisión temática, lo que está acortando de manera notable la espera para los estrenos en nuestro país. En Canal + con <i>Pushing Daisies</i>, AXN con <i>Gossip Girl</i> y Fox con <i>House</i> parecen darse cuenta de que ha nacido un nuevo tipo de espectador que prefiere disfrutar de manera inmediata de las series, aunque sea dedicando más de la mitad del tiempo de visionado a leer subtítulos en lugar de disfrutar de las interpretaciones. Que conste que no tengo nada en contra de los doblajes (que se pueden prohibir el día que se prohiban las traducciones libros, si queremos ser estupendos lo deberíamos ser del todo), pero tendría toda la gracia que al final sean Internet y la televisión, los cocos favoritos para los reaccionarios, los que pongan de moda a la versión original subtitulada.]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[A la luz de la luna, y a contracorriente]]></title><link rel="Todo Sobre La Tele" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/atom.xml" title="Todo Sobre La Tele"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[A la luz de la luna, y a contracorriente]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_301.htm"><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/moon.jpg" align="left" alt="" border="0" width="166" height="237"/>En los últimos días he llegado a dos conclusiones. La primera, triste, es que ya no tengo edad para disfrutar de una película como <i>Transformers</i>. Si antaño hubiera enloquecido por un villano llamado Megatron, ahora reconozco que el humor adolescente y el barroquismo de los efectos especiales como tal me deja indiferente. La segunda conclusión, más feliz, es que sigo teniendo edad para disfrutar como nunca del fantástico, la ciencia-ficción y el terror.  Creo que no hay mejor serie en antena que <i>Dexter</i> si tenemos en cuenta el cable, pero en cuanto a las <i>networks</i> se refiere, me atrevo a decir que ningún programa que ha regresado este otoño lo ha hecho de manera más solvente que <i>Sobrenatural</i>, que se ha descolgado en los últimos tiempos con una buena tanda de capítulos brillantes sobre vampirismo, cuentos de hadas, ciudades de pecado y barcos fantasmas. Sigo encantada con <i>Friday Night Lights</i>, pero nada me parece tan entretenido en estos tiempos que las aventuras de los hermanos Winchester, sobre todo cuando <i>Héroes</i> se arrastra creativamente, plagiando lo propio y lo ajeno con descaro, rompiendo reglas básicas sobre la mortalidad en busca de golpes de efecto y sacrificando buenos personajes y excelentes actores (ambos mis únicas razones para volver semana tras semana) en tramas infumables. Desgraciadamente, el fiasco de la plaza Kirby anticipó que lo estaba por delante.<br/><br/>En esta temporada, mediocre y agitada, sólo ha habido un nuevo estreno que me ha hecho volver de manera compulsiva para disfrutar de nuevas entregas. Y ésa es <i>Moonlight</i>. No, no estoy de broma. Los que me conocen ya saben que espero con más interés el estreno de <i>30 Days of Night</i> que la película de los hermanos Coen, así que cualquier cosa con vampiros es una visita obligada. Pero era fácil no tomarse en serio un programa sobre un vampiro detective en la ciudad de Los Ángeles con el precedente de <i>Ángel</i> en la memoria. Sin embargo, resulta que el resultado ha excluido el humor grotesco, los chistes facilones, las peleas cutres y las prótesis risibles. Básicamente todo lo que jugó en contra de <i>Ángel</i> en sus cinco temporadas de existencia. Resulta interesante que David Greenwalt fuera el encargado de remozar el programa antes del verano (y antes de tener que abandonarlo), siendo el responsable de cambiar a buena parte del reparto y la historia básica. El resultado es, extrañamente como digo, lo que podría haber sido <i>Ángel</i> si no hubiera sido por todo lo heredado de <i>Buffy, cazavampiros</i>, es decir, un relato neo-<i>noir</i>. El héroe Mick St. John fue un veterano de la Segunda Guerra Mundial convertido en vampiro en la década de los cincuenta, un detective a la vieja usanza con métodos expeditivos y desencantados comentarios en <i>off</i>. En los dos primeros minutos, con un inteligente y expositivo artificio, nos cuentan la nueva mitología del vampiro, que ahora puede tomar el sol con prudencia. El cambio al estado vampírico es sólo señalado por los ojos y los colmillos, algo que coloca a la historia en una extraña coordenada realista que hace que la metáfora (el vampirismo como trauma psicológico) resulte mucho más transparente.<br/><br/>Y es que <i>Moonlight</i>, como se descubre en seguida, no es ni más ni menos que la historia de un hombre herido por una mujer e incapacitado para seguir con su vida desde entonces. Un paralítico emocional, nuestro vampiro se enamora al fin de la mujer adulta en la que se ha convertido una niña a la que salvó en el pasado y que, a pesar de lo extraño de la situación, parece más dispuesta en dar pasos por esa relación que él. El primer beso, bueno mejor dicho la primera mordedura, llega antes de lo esperado, privando de eso llamado tensión sexual no resulta. En su lugar, hay retazos de comedia romántica por doquier, con diálogos repletos de dobles sentidos, situaciones equívocas y miradas expresivas por parte de Alex O'Loughlin y Sophia Myles (afortunadas importaciones australiana y británica respectivamente). Que nuestra heroína sea periodista, esa profesión tan característica del género desde los tiempos de <i>Luna nueva</i>, es perfectamente apropiado. Y es que por no faltar, no faltan ni los comentarios ácidos del mejor amigo golfo del protagonista, un espléndido Jason Dohring recuperado por el productor Joel Silver tras la cancelación de <i>Verónica Mars</i>. Sólo que, como esto va de vampiros y por tanto de gente mayor, el personaje en realidad tiene 400 años y es el mentor de Mick St. John, una de esas ironías que abundan en una serie que, al menos de momento, no cae en el error de tomarse demasiado en serio a sí misma. Ni tampoco demasiado en broma, como fue común en <i>Ángel</i>. Sorprendente es que esta serie sea una especie de eco lejano de esa otra con la luz de la luna en el título, y más aún que una descreída como yo esté encantada de ello.]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[Concurso "La caja lista" en Mundoplus]]></title><link rel="Todo Sobre La Tele" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/atom.xml" title="Todo Sobre La Tele"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Concurso "La caja lista" en Mundoplus]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_300.htm"><![CDATA[Mis amigos de <a target="_blank" href="http://www.mundoplus.tv">Mundoplus.tv</a>, por cortesía de la editorial <a target="_blank" href="http://laertes.es/editorial1/26lacajalistatelevisionnorteamericanadeculto-p-782.html">Laertes</a>, sortean tres ejemplares de mi nueva publicación, <i>La caja lista: Televisión norteamericana de culto</i>. Se puede acceder al concurso desde <a target="_blank" href="http://www.mundoplus.tv/muchomas/concursos/cajalista/">este vínculo</a>, así que os animo a todos a participar.]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[La familia y uno más]]></title><link rel="Todo Sobre La Tele" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/atom.xml" title="Todo Sobre La Tele"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[La familia y uno más]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_299.htm"><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/tron.jpg" align="right" alt="" border="0" width="200" height="263"/>El sábado pasado cambió el rumbo de la historia de la televisión. O, al menos, cambió el rumbo de la historia de la televisión para mí. Tras un año de deliberaciones y preparativos, me compré un grabador de DVD con disco duro. Nada se iba a interponer en la decisión tomada, así que el sábado por la tarde me encaminé al centro comercial más mega y barroco de Madrípolis con el propósito de visitar todas las tiendas de cosas electrónicas allí reunidas y regresar con un aparatejo nuevo para la colección. Bueno, con dos, porque también tenía que reponer mi MP3 perdido en extrañas circunstancias hace unas semanas (bueno, no tan extrañas, pero no lo voy a contar). Y así regresé al hogar con lo que anticipio va a cambiar mi experiencia televisiva. Vivimos en una era en la que ver la televisión en directo es cada vez menos común gracias a las grabaciones, las descargas, los DVD. En esta televisión de conveniencia, el trabajo, la vida social y las multiplicidad de ofertas hacen que el "en vivo y en directo" sea sustituido por el "diferido y cuando me venga bien". Reconozco que a veces me gusta sentarme en frente del televisor y poder disfrutar libremente de lo que allí se propone, pero en muchas más ocasiones prefiero dedicar mi tiempo a esos programas que me interesan de verdad, no por pragmatismo, sino por salud mental. <br/><br/>Pero en este año y pico que he estado sin ningún aparato de grabación me he dado cuenta de que, todavía al menos, la revolución digital no da para la sustitución de la televisión convencional. El material que se puede encontrar en Internet en la mayoría de los casos se ajusta a dos criterios: lo mayoritario o lo que tiene un carácter distintivo tan destacado como para erigirse en un nicho propio. Es posible encontrar al día siguiente el estreno de la serie española o americana, pero, si no hay un elemento de novedad o actualidad noticiosa, lo que no está en DVD tiene pocas posibilidades de aparecer por redes de descargas o YouTube. Al menos esa es la experiencia localizando material de los canales que de momento más están desperdiciando el fenómeno Internet, los canales temáticos que operan en España. Perdidos en el universo de la fragmentación, sus páginas web son demasiado pírricas como para propiciar el interés de este mercado paralelo de consumo/explotación. Localizar documentales o programas tras su pase por estos canales es una tarea imposible. <br/><br/>Sin embargo, el almacenaje en disco duro para el disfrute diferido tiene una ventaja extra: la televisión tradicional, aunque en lenta evolución, sigue siendo la fuerza dominante. Y si los que estudiamos televisión no nos podemos sustraer a las fuerzas económicas que rigen los destinos del medio, mucho menos podemos hacerlo a experimentar la manera práctica en la que los contenidos llegan a la mayor parte de los espectadores: en parrillas definidas, con horarios determinados, una competencia marcada y con las inevitables (o no, según la cadena) pausas publicitarias. Es decir, aunque nos resulte a menudo incómodo, no podemos hablar de televisión si no vemos la televisión. Y, lo siento, el DVD y las descargas no cualifican. Sí si lo que queremos es disfrutar de la ficción televisiva como experiencia estética. Pero no si queremos entender la verdadera esencia de lo que hace a la televisión ser un modo de representación distintivo. Los condicionantes de la televisión son a menudo un extorbo para disfrutar de lo que se produce en ella, pero no podemos olvidar que es también lo que ha permitido su nacimiento en primer lugar. La grabación en disco duro nos permite, mucho más que las limitadas cintas de vídeo, capturar el flujo televisivo y experimentarlo en su forma original. No quiero que se note demasiado que ahora ando liada con cuestiones de programación. Simplemente que, en nuestro esfuerzo de dar legitimidad a la televisión, no podemos subirla a una torre de marfil, encerrarla en una burbuja. No podemos hablar de televisión si no vemos la televisión, aunque sea al día siguiente o en la mañana del domingo. La ironía de todo es que lo primero que grabé con el nuevo aparato fue un capítulo de una de las series de suscripción de Imagino, la misma plataforma que se ha sacado de la manga una opción llamada "Te lo perdiste" para ver la programación propia de las cadenas durante siete días después de su emisión. Lo sé, lo sé.]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry></feed>
