Todo sobre la tele
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Este es el blog de Concepción Cascajosa Virino, Profesora Ayudante en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de "Prime Time: Las mejores series americanas, de CSI a Los Soprano", "El espejo deformado: Versiones, secuelas y adaptaciones en Hollywood" y "De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series".
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El futuro de la tele
En este excelente artículo Adam Penenberg reflexiona sobre cuál puede ser el rumbo de la televisión en los años futuros. Una palabra lo resume todo: Internet. Particularmente no me gustan las profecías rimbombantes con la que algunos pretenden arrancar titulares de prensa (la televisión será el ordenador, la telerrealidad va a acabar con los informativos y la ficción), pero las nuevas tecnologías han alterado de forma tan radical el consumo de televisión que es imposible no pensar que las fórmulas de explotación van a tener que cambiar. Disney ha sido la primera en lanzarse llegando a un acuerdo con Apple para vender capítulos de Perdidos, Mujeres desesperadas y The night stalker para el nuevo iPod. Los capítulos de estreno de series como Galactica: Estrella de combate (en su web oficial), Supernatural (en Yahoo) y Everybody hates Chris (en Google Video) han sido ofrecidos legal y gratuitamente a través de la Red, pero más temprano que tarde debe llegar el momento de dejar de utilizar Internet exclusivamente como medio de promoción para convertirlo en un medio de explotación. Se trata de seguir la senda de los informativos multimedia, en los que se está apostando fuerte tanto en España como en Estados Unidos.

Y lógicamente eso también debe afectar a cómo la televisión se distribuye internacionalmente. Cuando la segunda temporada de Perdidos llegue a España dentro de unos meses, una buena parte de sus seguidores entre 14 y 35 años ya habrán visto los capítulos descargados en Internet con subtítulos o en la versión doblada al castellano para el público hispano de Estados Unidos. Muchos quizás vuelvan a verlo en televisión, pero otros esperarán a la edición en DVD hartos de pausas publicitarias intreminables, que no se respete el formato original de la imagen, de que los capítulos se den en orden incorrecto, de que rótulos absurdos manchen la imagen y un largo etcétera de afrentas. En la era del espectador, las esperas interminables y el maltrato deberán llegar a su fin.

En el artículo Penenberg realiza una interesante comparación con la actitud de la industria discográfica y su espectacular harakiri económico. Lógicamente habrá que llegar a acuerdos con las emisoras y los sindicatos profesionales. Pero no hay que olvidar que ya hubo una encrucijada similar hace cincuenta años cuando los estudios cinematográficos se negaban a vender su catálogo de películas para su emisión en televisión, sólo que entonces eran los dueños de los cines los más hostiles a ello. Hace dos décadas fue el turno del vídeo y hace unos años el del DVD. Cuando por fin se dio el paso de aprovechar el negocio, todo el mundo se hizo rico. No se hundió el mundo, sólo comenzó a funcionar de otra forma.
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