Todo sobre la tele
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Este es el blog de Concepción Cascajosa Virino, Profesora Ayudante en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de "Prime Time: Las mejores series americanas, de CSI a Los Soprano", "El espejo deformado: Versiones, secuelas y adaptaciones en Hollywood" y "De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series".
Sindicación
 
Los límites cruzados
Recuerdo perfectamente haber sentido un nudo en el estómago la primera vez que vi los dos capítulos de la tercera temporada de Galáctica: Estrella de combate, una sensación que se fue acrecentando conforme pasaban los minutos. Cuando el plano final del segundo episodio mostró decenas de cuerpos sin vida tras una atentado suicida, la sensación fue de repulsión y nausea. Probablemente los artífices de la serie deben estar orgullosos de provocar una reacción tan visceral en el espectador, a pesar de arriesgarse a perderlo. Y bien que señalan los índices de audiencia que eso es en cierta medida lo que está ocurriendo. Tras un buen puñado de capítulos prodigiosos (Flight of the Phoenix, Final Cut, Downloaded) y alguno que otro fallido (Black Market), Galáctica acabó por todo lo alto su segunda temporada con un pucherazo político frustrado, el prólogo a una ocupación de la que, por motivos obvios, no podía salir nada bueno. Como esto no era V, que ya dijo bastante sobre ese tema en su momento, era más o menos probable que la ocupación en sí durara poco y muy pronto la historia regresara al espacio. Los guionistas de la serie hicieron de la necesidad virtud y convirtieron ese breve intermedio en una de las representaciones audiovisuales más brutales, tensas y radicales que se recuerdan. Sin la presión de mantener la premisa, no había reglas ni expectativas.

La cuestión es que Galáctica ha estado hablando de nuestro mundo desde el comienzo, desde esa masacre monstruosa e inesperada que pone fin a una civilización y manda a un grupo de desgraciados, los que tuvieron la mala suerte de sobrevivir, a un utópico camino fundamentado en lo que a todas luces parece una fantasía diseñada para darles fe. Las paranoias de la Guerra Fría que tanto juego dieron al cine en su momento eran aquí sustituidas por el terrorismo, capaz de borrar de un plumazo el mundo tal y como lo conocemos, como nos recuerda el actual juicio por los atentados del 11-M. Probablemente la metáfora del 11-S hubiera sido suficiente para sostener al programa, pero por medio se cruzó la Guerra de Iraq, que añadió el elemento geo-político a la narrativa del miedo. La religión en la serie era un trasfondo básico, al igual que la imposibilidad de reconocer al enemigo y la absoluta convicción de que la convivencia es imposible. El único camino era la aniquilación. El experimento fallido de Iraq no sólo iba a poner de manifiesto los errores de juicio de una administración mediocre, sino también ejemplificar de manera práctica que entre los daños colaterales del 11-S se encontraba la propia decadencia de la democracia, atrapada entre el ingenuo idealismo y la pragmática de la sangre. Si Pegasus nos hizo plantearnos si la raza humana merecía ser salvada, las buenas intenciones pero los nefastos resultados prácticos de los cylones los convertían en más parecidos a los esfuerzos de las sociedades modernas que a sus fanáticos antagonistas.

En una apreciable entrevista a Ron Moore publicada por Maureen Ryan en su blog del Chicago Tribune (de visita imprescindible, por cierto), el escritor hablaba de la dificultad de reducir a términos simples cuestiones de una complejidad enorme. La clave dramática de la serie es colocar a los protagonistas ante situaciones en las que la mejor solución ni siquiera se puede establecer como la menos mala. No deja de ser poético que la primera temporada culminara con el golpe de estado de Adama contra Roslin después de que éste percibiera sus decisiones como irracionales, y que en la segunda fuera Roslin la que subvirtiera las reglas del juego democrático y Adama se convirtiera en su garante. En un momento dado, ambos piensan que, parafraseando la memorable frase de aquella cuestionable película, la mejor manera de defender la democracia no es ponerla en práctica. Sólo en este universo en continuo marasmo moral podría funcionar a la perfección un personaje como Tom Zarek (el excelente Richard Hatch), que ha pasado de terrorista a político con la facilidad de que ha visto demasiado como para creer ya en nada.

Con estas piezas en el tablero, la elevación de Baltar a la presidencia, a la que ha llegado gracias a su populismo, sólo alcanza importancia cuando los cylones se presentan e inician una brutal ocupación. Si los momentos de crisis encumbran a las personalidades sobresalientes, también demuestra las carencias de las cobardes y mediocres. El desamparo de los habitantes de Nueva Cáprica es previsible. Podemos pensar en Vichy, en Vietnam o en Iraq, pero la verdadera clave es que el recurso al terrorismo, suicida o no, es ningún caso es mostrado con un camino de liberación, sino más bien como un recurso fútil. Y es que resulta significativo que el líder de la resistencia sea Tigh, que no hace tanto estaba reprimiendo manifestaciones a tiro limpio y declarando la ley marcial. No hay idealismos, sino personalidades brutales utilizando a otras débiles para lograr sus objetivos. En la entrevista, Ron Moore habla de lo que fue crecer en un mundo marcado al miedo al infierno nuclear pero con la conciencia de que habría caminos que nunca serían tomados. Pero hoy la conciencia es que su propio país, dominado por el miedo, se ha convertido en algo que ya no sería reconocido por los Padres Fundadores, un lugar donde los ideales son cuestionados y arrinconados por el miedo. Es por ello que el verdadero desasosiego que provoca la serie está en la lenta evolución de un personaje, Laura Roslin, la maestra convertida en líder implacable, la paloma transformada en halcón. Galáctica muestra el fin del mundo tal y como lo conocemos, desafortunadamente. Pero, por fortuna, aún tendrá una temporada más para seguir haciéndolo.
 
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he tenido que llegar al episodio 3x13 para que al fin uno me pareciera aburrido. Me está impresionando esta serie y espero con ansias el final de temporada.
 
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Dioses de Kobol, más de dos semanas sin nuevas entradas en el blog. Tengo el síndrome de abstinencia (como Willow cuando dejó la brujería). En fin, que te mejores Conchi, porque espero que no sea por motivos de trabajo: recuerda que nadie se hace rico trabajando, sino haciendo trabajar a otros.
Saludos.
 
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Ciertamente el principio de esta tercera temporada con las referencias de transfondo a la guerra de Irak e bastante impactante y seguro que no te deja indiferente, aunque los episodios que más me estan gustando es en los que tratan más de los cylons.
 
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Es una pena que todas las ideas buenas de Galactica y su tono oscuro, bestial y descorazonador se pierda entre cambios sobre la marcha, personajes penosos (sin definición, cambiantes según el capítulo, con actores en general mediocres...) y alguna vuelta de tuerda demasiado rebuscada y resuelta de manera ridícula (la última, lo de los misiles apuntando al planeta de las algas).

Yo veo la serie por inercia desde la segunda parte de la segunda temporada. No creo que vuelva a ofrecernos capítulos como 33, Litmus o los primeros de la segunda, pero a veces tiene algún momentazo como la Galáctica saltando sobre un planeta xD

Y Perdidos... ésta sí que ha perdido el rumbo. La seguiré viendo por ahora, pero al paso que van no creo que vea más temporadas.


Saludetes.
 
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Genial tu post. Y completamente de acuerdo. Lo cierto es que esta tercera temporada está siendo espectacular, esperemos que no pierdan el pulso.
 
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Lo que me gusta de esta serie son los cambios que sufren todos los personajes, y que la mayoría son retratados con múltitud de dobleces. No podía ser de otro modo, con esas cuestiones (tan reales) que se les ponen delante.
 
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Amén y So say we all. La tercera de Galactica (especialmetne los primeros capítulos) han conseguido ponerme la piel de gallina como hacía tiempo con conseguía una serie.
 
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menos mal que al poco he dejado de leer, porque creo que había spoilers de la 3ª temporada.
 
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Excelente artículo con el que estoy plenamente de acuerdo.

 
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Yo leyera que Iraq estaba de trasfondo en los episodios de New Caprica, pero que fueran los cylons los que aplicaran la guerra preventiva y quisieran salvar de si mismos a sus enemigos me pareció brutal, menuda autocrítica en plena guerra. Es q hasta el episodio 5º, donde hacen la limpieza de colaboracionistas, tiene muy poco de ciencia-ficción.
No entiendo como la gente abandona las series cuando siguen siendo alucinantes, como también le está pasando a Lost.
 
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Amén, Conchi :-). Es normal que hayas gente que abandone la nave, pero es alucinante el nivel de complejidad al que ha llegado esta serie. Y todavía se las arreglan para intrigarnos con el inquietante destino de Starbuck... Cómo sufre esta mujer ;-)
No