Todo sobre la tele
Acerca de
Este es el blog de Concepción Cascajosa Virino, Profesora Ayudante en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de "Prime Time: Las mejores series americanas, de CSI a Los Soprano", "El espejo deformado: Versiones, secuelas y adaptaciones en Hollywood" y "De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series".
Sindicación
 
Kavanaugh
The shield ha sido una series a las que más anotaciones se le ha dedicado en el blog. Ya han pasado unos cuantos años desde su sensacional estreno en 2002 y desde entonces ha permanecido como uno de esos programas imprescindibles en la parrilla ideal de cualquier teléfilo entregado. Cierto que otras muchas novedades le han privado de mayor presencia en las entregas de premios, pero los índices de audiencia se han mantenido notables, los críticos siguen entusiasmados y en España se ha acabado convirtiendo en un programa de culto, algo favorecido por las económicas y cuidadas ediciones en DVD que Sony ha puesto en el mercado. Los artífices de The shield han tenido además el buen juicio de ponerle fin en el momento, cuando su legado está asegurado por algo menos de cien capítulos en los que es difícil encontrar altibajos creativos, convirtiendo a la serie, como ya hemos dicho en alguna ocasión, en insólitamente regular para un texto televisivo. Cierto y verdad que la filmación del último capítulo estuvo marcada por la huelga de guionistas, pero esperemos que Shawn Ryan, con el conflicto laboral resuelto, pueda regresar a tiempo para poner los últimos toques a su obra antes de que ésta se despida definitivamente de los telespectadores. Al menos al frente, como él mismo ha revelado, se ha quedado alguien tan cabal como Michael Chiklis, productor del programa además de su protagonista.

Visto en perspectiva, The shield hizo algo realmente novedoso con la inclusión de los arcos que permitieron la aparición de Glenn Close y Forest Whitaker. Muestra de eso que se viene a denominar stunt casting, es frecuente que todas las series intenten captar a un actor de renombre para una aparición especial que dé pedigrí al programa. Al fin y al cabo, participar en alguna serie de televisión se ha convertido en una cita obligada para cualquier estrella que se precie, ya sea pensando en un paso próximo a la televisión de manera regular (como James Woods y Ray Liotta en Urgencias), buscando el material de calidad del que escasean en la pantalla grande (Meryl Streep y Al Pacino en Angels in America) o intentando elevar su perfil entre el público medio (Liev Schreiber en CSI). Pero The shield partía con una serie de condiciones adversas, la principal que el cable básico no se puede permitir determinados lujos. Pero, más allá de esto, el ecosistema de una serie de televisión se basa en contentar los egos y vanidades de los involucrados. La inclusión de dos estrellas en relevantes arcos argumentales (tanto cualitativamente como cuantitativamente) se tuvo que hacer a costa del sueldo y el tiempo de pantalla del reparto regular de la serie y, muy especialmente, del protagonismo de Michael Chiklis. La participación de Forest Whitaker en The shield coincidió con el mejor momento profesional para este solvente actor, un clásico secundario del cine norteamericano, apreciable director de películas de mujeres y un favorito personal desde los tiempos de . A punto de tocar la gloria del Oscar con su papel en El último rey de Escocia, Whitaker aparece más delgado de lo habitual y muy cómodo en el papel de agente de asuntos internos. Lo complicado es que en The shield eso lo coloca en ruta de colisión con Vic Mackey, despertando sentimientos encontrados en un espectador con la moralidad en conflicto entre lo que es correcto y el aprecio que siente por el personaje principal de la serie, sin el que ésta irremediablemente llega a su fin.

En realidad, Jon Kavanaugh hace regresar a la serie al territorio que navegó engañosamente en su capítulo piloto, antes de aquel memorable golpe de efecto en el que Mackey disparaba en la cara a su compañero y protegido Terry Crowley, a punto de lograr las pruebas que demostraban las actividades delictivas del Equipo de Asalto. El hecho de colocar a su protagonista más allá de la redención desde el primer momento daba para gran drama en manos de este héroe-villano al que pronto se le descubrían debilidades afectivas: un matrimonio roto, una amante, dos hijos autistas, un puñado de prostitutas a las que proteger de lobos feroces y tres compañeros por los que velar a modo de hermano mayor. Ya casi nos habíamos olvidado de Terry Crowley cuando Jon Kavanaugh nos obliga a revisitar el escenario de su asesinato con Vic Mackey como incómodo testigo. Allí también está el hermano de Terry, que atestigua como su muerte destrozó a su familia mientras se declara convencido de que Mackey fue el ejecutor de la misma. El sentido de la secuencia es doble y sugerente. Nos obliga a recordar la maldad de Mackey, pero también nos presenta a Kavanaugh como verdaderamente obsesionado por cumplir su misión de acabar con Vic, sin importarle los límites éticos o morales que tiene que cruzar para conseguirlo.

En la superficie, la serie vuelve a ser Sérpico, la lucha entre el poli honrado y el corrupto. Pero en el fondo dramático, todo es mucho, mucho más complejo. Sabemos que Mackey es un criminal, pero no podemos evitar desear que consiga librarse de sus crímenes. Las narrativas de la ley y orden nos cuentan que el fin de Kavanaugh es heroico y que es casi inevitable que logre su objetivo, pero, torcedor de voluntades y destructor de los vínculos de afecto, se nos antoja como un tipo casi más peligroso que el poli corrupto al que desea cazar, un cruzado cuyos valores absolutos están fuera de lugar en un mundo basado en el relativismo moral. Pero, como contraste, el relato resuelve el conflicto en clave de machos alfa cuyo territorio se ve amenazado. Después de que Mackey se acueste con la inestable ex mujer de Kavanaugh, todo está preparado para que estos solventes sus diferencias a ostia limpia en el campo regado de testosterona por la sangre del sensible Lemansky. “Masculinidad en crisis, masculinidad en crisis”, grita la analista. “Pelea, pelea”, la espectadora entregada. El temple de Jon Kavanaugh se convierte en la nueva víctima de Vic Mackey, pero, con Lem de cuerpo presente, podemos anticipar que no será la última.
 
Comentario:
Como ya he repetido unas cuantas veces, hace poco tiempo que me he vuelto a reconciliar con la TV. Empecé con "Lost", que me decepcionó enseguida, pero la semilla había germinado. Desde entonces son muchos los "pilotos" que pruebo, unas cuantas las producciones que sigo con más o menos regularidad, y realmente pocas las que verdaderamente han transformado mi percepción sobre la ficción en la pequeña pantalla, hasta el punto de haber encontrado en sus guiones la fuerza perdida en las últimas producciones cinematográficas. "The Shield" es de esas privilegiadas que forman parte de este selecto grupo (jeje).

Bueno, al grano, que parezco incapaz de escribir un comentario conciso: estoy completamente de acuerdo en que, teniendo en cuenta las premisas en las que se mueve una serie de cable -de cierta premura de resultados-, la constancia argumental y el ritmo narrativo resultan sorprendentemente sólidos en esta serie. Y aunque es quizá esta 5ª Temporada que se comenta la que menos me ha entusiasmado, sigue estando a años luz de los demás policiacos (excepción ya hecha de "The Wire", el otro hito del género).

¿Y por qué es la que menos me ha convencido? Pues, porque al contrario que Monica Rawling/Glenn Close, el personaje de Kavanough irrumpe de manera más traumática, rompiendo el status quo protagónico imperante, polarizando en exceso la trama y todo ello con el agravante de ser un personaje con el que establecer una mínima empatía, como bien dices, Conchi, resulta complicado. Por el contrario, creo que todos sufrimos la suerte de la capitana al final de la 4ª T... vaya final, excelente, para uno de los mejores personajes de la serie.

Pero más grave me parece el segundo punto: acostumbrados a los recorridos de Vic por su particular territorio angelino, mostrándonos lo difícil que puede resultar la vida en la ciudad del glamour, de repente se nos aparta de la calle y se nos confina a los despachos donde se desarrolla la mayor parte de la investigación. Para mí supuso una ligera decepción, acostumbrado a interesarme más por el cuadro general antes que por los diarios particulares.

Kavanough no es en absoluto un mal personaje pero me apartó de lo que más me gustaba: ver a Vic y a sus chicos en su ambiente. Suerte que en la Sexta las aguas volvieron a su cauce.
 
Comentario:
Espero que este sea solo el primero de una serie de articulos sobre The Shield, que también es una de mis series favoritas de todos los tiempos. Como comentabas en el post anterior sobre un futuro trabajo sobre la misma, espero que acabe teniendo forma de libro, que puedes estar segura que comprare, XD.
En mi modesta opinión, The Shield consigue encontrar la seriedad y la verosimilitud sin caer en el ritmo quiza demasiado lento de The Wire, otra serie de mis favoritas, aun asi.
PD: Esperando con ganas más analisis de The Shield.
No