Todo sobre la tele
Acerca de
Este es el blog de Concepción Cascajosa Virino, Profesora Ayudante Doctor en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de "Prime Time: Las mejores series americanas, de CSI a Los Soprano", "El espejo deformado: Versiones, secuelas y adaptaciones en Hollywood" y "De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series".
Sindicación
 
El punto y final
A lo largo de estas semanas la temporada regular norteamericana está llegando a su fin y las series de las networks están cerrando con mejor o peor fortuna el tenderete a la espera de la llegada de la nueva temporada. Las hay como Fringe que utilizan un espectacular golpe de efecto para cerrar un par de capítulos dedicados única y exclusivamente a combatir el síndrome Expediente X que empezaba a aquejar a la serie (mucho misterio y poca resolución). No sé muy bien qué saldrá de toda la historia de los mundos alternativos, pero estoy mucho más interesada en la serie de lo que lo estuve tras ver su hinchado e irregular capítulo piloto. Los finales con cliffhanger parecen una opción predilecta como siempre, y esta vez nos han dejado a los hermanos Winchester de Sobrenatural a punto de enfrentarse al enemigo por antonomasia, estupendo aperitivo de lo que se espera sea la última temporada de la serie. Quizás es un buen momento para empezar a repasar, sin prisas, algunos de los finales de series más significativos de los últimos tiempos y para ello podemos comenzar por Galáctica. Primero porque me lo han pedido en varias ocasiones y, en segundo lugar, porque me resulta difícil concebir un final que me haya dejado tan confundida. No he tenido más remedio que asumir que cometí un error no leyendo sobre el final por anticipado, como suelo hacer incluso con mis series más predilectas. Los finales de temporada de Galáctica siempre habían sido especialmente memorables y di por hecho que la despedida de la serie merecía ser disfrutada sin las interferencias de mis veleidades analíticas. Tanto fue así que, a la espera de sacar huecos para ver los capítulos finales de la serie, hasta di un margen de tiempo para que mis polluelos de Programación TV admiradores de Los Soprano pudieran ver el desenlace antes de destriparlo en clase. No podía dejar de pensar que cualquier otra cosa era un ejercicio de incoherencia.

Error, craso error. En lugar de disfrutar de los minutos finales de la serie ocupada en el talento de sus actores o en la emoción de sus diálogos de despedida, los pasé en estado de nerviosismo y una gradual indignación, incapaz de asumir que los segundos para el fundido a negro final cada eran menores y lo que tenía ante mi no era más que un ejercicio de autocomplacencia. La experiencia estética quedó destrozada por la idea de que todo aquello había sido una inmensa tomadura de pelo. Cierto y verdad que esa impresión inicial duró poco y con el paso de los días y algún visionado extra me he podido reconciliar con el final de la que para mí es ya una de las series más significativas de la historia de la televisión. Especialmente porque me resulta más aún difícil de asumir cualquier otro final para un universo que había vapuleado sin piedad a los personajes, llevándolos a una desesperación tan extrema que muchos de ellos no había tenido más escapatoria que el suicidio (Dualla) o la búsqueda de la autodestrucción (Gaeta). Un universo donde apenas quedaban ya referentes morales más allá del instinto de supervivencia y en el que el amor era un lujo especialmente frágil. Donde cualquier, en cualquier momento, se podía revelar como el enemigo más odiado y ver su existencia convertida en una fantasía. Por tanto, resulta perfectamente lógico que, tras la espectacular secuencia que llevó por fin a los protagonistas a la tierra prometida, estos iniciaran su nueva existencia liberados de las cargas del pasado, de todo el bagaje emocional que la serie había colocado sobre sus hombros. Baltar volvía a ser un granjero y los Adama retomaban sus vidas sin las mujeres a las que amaron y no pudieron conservar. Como al principio, Ellen y Tigh se tenían el uno al otro, como Helo y Boomer. El atormentado Tyrol continúaba solo, como siempre estuvo. La serie cumplió su promesa de llevar a los protagonistas a casa, pero no para vivir en paz y en armonía, sino para que, en un evocativo reflejo de lo que ocurre tras la conclusión de una serie, sus protagonistas emprendan caminos divergentes, en otros pilotos y series, en otras películas y obras teatrales. Es el final que debía ser. Quizás no hacía falta más, pero supongo que la serie, que siempre tuvo en la recámara un poco de humor para amortiguar tanta angustia, no podía terminar sin un punto de extravagancia, mostrando que nuestro mundo es heredero de ese viaje fundacional en un arrebato a lo Joseph Campbell. Las desventuras de los personajes quedaban así alejadas miles de años en el pasado y, por tanto, olvidadas. El lugar de la emoción era ocupado ahora por el humanismo extremo que siempre caracterizó a la serie. Tras decenas de episodios en los que eran patentes los paralelismos entre el universo de la serie y nuestro mundo, las dos narrativas convergían brevemente. Pero nuestro mundo continuaba su camino entre la esperanza de un nuevo presidente y los terrores irracionales de una pandemia global. Y, por su lado y como incómodo recordatorio de nuestras debilidades, es la hora de Caprica.
 
Comentario:
Buena reflexión, profe. En efecto, quizá llevamos demasiado tiempo acostumbrados a que los finales (también los de cine) sean escritos para los fans o la crítica, o la "posteridad". Pero nunca para los personajes. Un placer encontrar tu blog después del curso.

(aviso: los links de tus libros, en la barra, no van)
 
Comentario:
Muy de acuerdo con las reflexiones sobre Galáctica, ha sido un final difícil de integrar en el espacio neuronal dedicado a la fantasía sobrehumana que nos porponía Moore. Tan descolocado me ha dejado que me ha alejado de Cáprica, en lugar de acercarme, a pesar de que cada vez lo contemplo con más respeto. Sí, ha sido un final grandilocuente, pero magnífico. Y -algo que debería respetarse más que nunca con el fandom asediando cada producción- sorprendente. Esto vale también por Lost (inciso incluido).
 
Comentario:
¡Hola!
Sólo quería decirte que la entrevista ya está colgada en Loco por la Tele... creo que ha quedado bastante bien, y quería agradecerte de nuevo tu ayuda.

Desde luego, esta época es especialmente intensa para los fans de series, yo personalmente estoy en un "ay" con Lost y Anatomía de Grey... ¡cómo juegan con nosotros! Eso sí, espero que el fin de temporada signifique el fin de las apariciones de personajes muertos, imaginarios o de animación en las series, porque hay muchas que han empleado el mismo recurso!

Lo dicho, que muchísimas gracias. Seguiré pasándome por el blog, y a ver si sigo alguna de tus recomendaciones... True Blood me atrae especialmente.

Un saludo
No