<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0"><channel><title><![CDATA[Todo Sobre La Tele]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/todosobrelatele/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[<a href="http://blogs.ya.com/todosobrelatele">Todo sobre la tele</a>]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[Pensamientos sobre los "upfronts"]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_318.htm]]></link><description><![CDATA[La presentación a los anunciantes de la programación de la siguiente temporada por parte de las <i>networks</i> es uno de los momentos de más expectación para los que seguimos la televisión norteamericana. Este año no ha sido una excepción, aunque la situación no es especialmente propicia. La crisis económica ha pesado tanto que ha llevado a la directa cancelación de todos los programas envejecidos (y por tanto caros de producir) con índices de audiencia en declive. La huelga de guionistas hizo daño, y mucho, a los seriales y el resultado se ha hecho notar este año, donde sólo la ABC ha cumplido su tradicional misión de conceptos más exigentes y arriesgados de lo habitual. Con la CBS aumentando su <i>clonicidad</i> con <i>NCIS: Los Angeles</i> y la NBC renunciando al drama adulto de las 10 de la noche para dejar paso a Jay Leno, este año se han echado de más ideas frescas. Pero podemos destacar tres series que nos da pena ver marchar y otras tres que esperamos con anticipación.<br/><br/><b>DESPEDIDAS TRISTES</b><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/the_sarah_connor_chronicles.jpg" align="left" alt="" border="0" width="198" height="201"/><i>Terminator: Las crónicas de Sarah Connor</i> (CBS). Resulta insólito que Fox, con el estreno de Terminator: Salvation en puertas, no haya dado una nueva oportunidad a este programa y haya renovado la fracasada, en todos los aspectos, Dollhouse. Sin duda, los factores económicos han debido ser un factor esencial teniendo en cuenta que el tijeretazo presupuestario resultaba más complicado en una serie como ésta con un excelentes valores de producción. Sigo pensando que <i>Terminator</i> es una serie a reivindicar y que su angustiado existencialismo la hacía el sustituto perfecto de <i>Galáctica</i>.<br/><br/><i>Sin rastro</i> (CBS). No es habitual que una serie con prestigio crítico y todavía colocada entre los 20 más vistos sea cancelada de una manera tan poco respetuosa. Cierto y verdad que <i>Sin rastro</i> me dejó de interesar tras su irregular cuarta temporada, cuando los casos se hicieron más vulgares y el recurso del <i>flash-back</i> perdió efectividad como reflexión sobre la construcción de la identidad. Pero siempre fue un programa digno y entretenido, y no resulta de recibo que no se le haya dado la oportunidad de tener un buen capítulo final tras muchos años de fiel servicio.<br/><br/><i>La hora 11</i> (CBS). No se puede negar que la CBS le dio un voto de confianza colocándola detrás de <i>CSI</i> los jueves por la noche. Esta versión de un éxito británico estaba realizada con suficiencia por la factoría Bruckheimer y tenía en Rufus Sewell a un protagonista carismático. Pero este cruce entre la bioquímica de <i>House</i> y el procedimental más clásico, resultó con el paso de los capítulos algo repetitiva sin contar con una gran trama serial o profundizar en la relación entre sus protagonistas. Oda a lo que pudo ser y no fue. <br/><br/><br/><b>BIENVENIDOS AL TUBO CATÓDICO</b> (Sabrosos vídeos, <a target="_blank" href="http://www.tvweek.com/video/preview-new-season/">aquí</a>)<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/three_rivers.jpg" align="right" alt="" border="0" width="143" height="225"/><i>Three Rivers</i> (CBS). Supongo que hay muchos motivos por los que anticipar el estreno de <i>Three Rivers</i>, como el hecho de que la televisión norteamericana está necesitada de un buen drama médico que retome el testigo dejado por <i>Urgencias</i>. O la excelente labor que puede realizar promoviendo la donación de órganos. Pero seamos francos, el principal motivo por el que está serie resulta una de las más prometedoras del otoño aparece con claridad en la foto: Alex O´Loughlin, con una ropita de médico cirujano un pelín ajustada. Tras el fin de <i>Moonlight</i>, que empezó bien pero se desfondó en lugar de mejorar, O´Loughlin tomó el testigo de Jason O´Mara como el tío bueno oficial en busca de la serie de éxito. Lo cual tiene su dificultad evidente, ya que en televisión lo que importan son las buenas tramas y los buenos repartos en su conjunto, no la presencia de estrellas en ciernes. Pero cualquier cosa que lo devuelva a la televisión en entregas semanales me parecerá bien, sin reservas.<br/><br/><i>V</i> (ABC). El hecho de que <i>V</i> se base una serie de los ochenta no es un factor ni positivo ni negativo para tener en cuenta. Hay buenas versiones y versiones catastróficas y cada nuevo proyecto se merece el beneficio de la duda. Sobre todo porque <i>V</i> fue una excelente doble miniserie, pero una serie mediocre que fue cancelada con celeridad. O sea, que menos mitificaciones vacuas. Además, con la invasión en Iraq en proceso de resolución, me resulta extraordinariamente sugerente que la televisión norteamericana haya apostado por una narrativa de la ocupación en lo que ya parece una confabulación televisiva para que la sociedad norteamericana ajuste cuentas consigo misma por la guerra contra el terror (véase el capítulo de fin de temporada de <i>Lie to Me</i> como ejemplo paradigmático).<br/><br/><i>The Vampire Diaries</i> (The CW). En fin, ya sé que están <i>Flash-Forward</i> y <i>Human Target</i>, pero tengo ciertas dudas con ambas. La premisa de la primera me parece más curiosa que verdaderamente intrigante, mientras que el trailer de la segunda la hace parecer una película de Jason Statham. Nada en contra, pero no es lo que le pido a una serie. Sin embargo, <i>The Vampire Diaries</i> tiene, como bien indica el título y valga la redundancia, vampiros, lo cual significa que tiene mi atención inmediata. Cierto y verdad que la premisa parece más propia de <i>Crepúsculo</i> que de <i>Buffy, cazavampiros</i>. Pero The CW sigue siendo la cadena de <i>Sobrenatural</i> y, por tanto, siempre podemos esperar alguna sorpresa agradable entre tanto niño pijo y tanta angustia existencial adolescente.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></author><pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2009 16:35:20 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[El punto y final]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_317.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/Galactica_finale01.jpg" align="right" alt="" border="0" width="252" height="142"/>A lo largo de estas semanas la temporada regular norteamericana está llegando a su fin y las series de las <i>networks</i> están cerrando con mejor o peor fortuna el tenderete a la espera de la llegada de la nueva temporada. Las hay como <i>Fringe</i> que utilizan un espectacular golpe de efecto para cerrar un par de capítulos dedicados única y exclusivamente a combatir el síndrome <i>Expediente X</i> que empezaba a aquejar a la serie (mucho misterio y poca resolución). No sé muy bien qué saldrá de toda la historia de los mundos alternativos, pero estoy mucho más interesada en la serie de lo que lo estuve tras ver su hinchado e irregular capítulo piloto. Los finales con <i>cliffhanger</i> parecen una opción predilecta como siempre, y esta vez nos han dejado a los hermanos Winchester de <i>Sobrenatural</i> a punto de enfrentarse al enemigo por antonomasia, estupendo aperitivo de lo que se espera sea la última temporada de la serie. Quizás es un buen momento para empezar a repasar, sin prisas, algunos de los finales de series más significativos de los últimos tiempos y para ello podemos comenzar por <i>Galáctica</i>. Primero porque me lo han pedido en varias ocasiones y, en segundo lugar, porque me resulta difícil concebir un final que me haya dejado tan confundida. No he tenido más remedio que asumir que cometí un error no leyendo sobre el final por anticipado, como suelo hacer incluso con mis series más predilectas. Los finales de temporada de <i>Galáctica</i> siempre habían sido especialmente memorables y di por hecho que la despedida de la serie merecía ser disfrutada sin las interferencias de mis veleidades analíticas. Tanto fue así que, a la espera de sacar huecos para ver los capítulos finales de la serie, hasta di un margen de tiempo para que mis polluelos de Programación TV admiradores de <i>Los Soprano</i> pudieran ver el desenlace antes de destriparlo en clase. No podía dejar de pensar que cualquier otra cosa era un ejercicio de incoherencia. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/Galactica_finale02.jpg" align="left" alt="" border="0" width="280" height="158"/>Error, craso error. En lugar de disfrutar de los minutos finales de la serie ocupada en el talento de sus actores o en la emoción de sus diálogos de despedida, los pasé en estado de nerviosismo y una gradual indignación, incapaz de asumir que los segundos para el fundido a negro final cada eran menores y lo que tenía ante mi no era más que un ejercicio de autocomplacencia. La experiencia estética quedó destrozada por la idea de que todo aquello había sido una inmensa tomadura de pelo. Cierto y verdad que esa impresión inicial duró poco y con el paso de los días y algún visionado extra me he podido reconciliar con el final de la que para mí es ya una de las series más significativas de la historia de la televisión. Especialmente porque me resulta más aún difícil de asumir cualquier otro final para un universo que había vapuleado sin piedad a los personajes, llevándolos a una desesperación tan extrema que muchos de ellos no había tenido más escapatoria que el suicidio (Dualla) o la búsqueda de la autodestrucción (Gaeta). Un universo donde apenas quedaban ya referentes morales más allá del instinto de supervivencia y en el que el amor era un lujo especialmente frágil. Donde cualquier, en cualquier momento, se podía revelar como el enemigo más odiado y ver su existencia convertida en una fantasía. Por tanto, resulta perfectamente lógico que, tras la espectacular secuencia que llevó por fin a los protagonistas a la tierra prometida, estos iniciaran su nueva existencia liberados de las cargas del pasado, de todo el bagaje emocional que la serie había colocado sobre sus hombros. Baltar volvía a ser un granjero y los Adama retomaban sus vidas sin las mujeres a las que amaron y no pudieron conservar. Como al principio, Ellen y Tigh se tenían el uno al otro, como Helo y Boomer. El atormentado Tyrol continúaba solo, como siempre estuvo. La serie cumplió su promesa de llevar a los protagonistas a casa, pero no para vivir en paz y en armonía, sino para que, en un evocativo reflejo de lo que ocurre tras la conclusión de una serie, sus protagonistas emprendan caminos divergentes, en otros pilotos y series, en otras películas y obras teatrales. Es el final que debía ser. Quizás no hacía falta más, pero supongo que la serie, que siempre tuvo en la recámara un poco de humor para amortiguar tanta angustia, no podía terminar sin un punto de extravagancia, mostrando que nuestro mundo es heredero de ese viaje fundacional en un arrebato a lo Joseph Campbell. Las desventuras de los personajes quedaban así alejadas miles de años en el pasado y, por tanto, olvidadas. El lugar de la emoción era ocupado ahora por el humanismo extremo que siempre caracterizó a la serie. Tras decenas de episodios en los que eran patentes los paralelismos entre el universo de la serie y nuestro mundo, las dos narrativas convergían brevemente. Pero nuestro mundo continuaba su camino entre la esperanza de un nuevo presidente y los terrores irracionales de una pandemia global. Y, por su lado y como incómodo recordatorio de nuestras debilidades, es la hora de <i>Caprica</i>.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></author><pubDate><![CDATA[Wed, 20 May 2009 15:49:26 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA["True Blood", los vampiros según HBO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_316.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/TrueBlood.jpg" align="left" alt="" border="0" width="169" height="254"/>Los que me conocen un poco saben que las películas de vampiros son una de mis pequeñas debilidades, de esas que no se suelen confesar a menudo en público pero se disfrutan enormemente en privado (los musicales es otra, pero eso lo dejamos para más adelante). Dicho lo cual, resulta obvio que la primera vez que leí que HBO estaba preparando una serie sobre vampiros, fue una de las grandes noticias de la semana. Casi siempre he disfrutado de los dramas de éxito de HBO, con las excepciones de dos series que, a pesar de sus virtudes, o me cansaron con rapidez o nunca terminé de pillar, <i>A dos metros bajo tierra</i> y <i>Big love</i>. Pero resulta que el creador de <i>A dos metros bajo tierra</i>, Alan Ball era el artífice del proyecto vampírico. Casi podía anticipar el chasco de aburrirme soberanamente con las desventuras de un puñado de vampiros traumatizados, neuróticos y amargados. Pero resulta que, con el tema de la inmortalidad, la cuestión de la familia queda, digamos, desplazada al baúl de los recuerdos. Por supuesto que en <i>True Blood</i> hay malos rollos familiares, pero están tan confinados a tramas relevantes que casi no molestan. Probablemente la serie de novelas en las que se basa al programa atan a Ball tan corto como para evitar que aquello derive en los excesos complacientes de su serie precedente, a pesar del ciertamente obvio planteamiento <i>romeoyjulietesco</i> de chica guapa con poderes telepáticos (Sookie Stackhouse) se enamora de apuesto vampiro (Bill Compton) y se monta la de San Quintín. O, como se dice ahora con mayor plasticidad, se lía parda. <br/><br/>Y es que <i>True Blood</i> tienen un argumento denso repleto de sorpresas y golpes de efecto. Diría que es el primer drama de HBO desde los tiempos de <i>Oz </i>en el que pasa al menos una cosa por capítulo: asesinatos, sexo, sesiones de vudú, broncas familiares, sexo, conversiones vampíricas, sesiones de tortura, sexo, secuestros, persecuciones, sexo... ¿He dicho que en <i>True Blood</i> hay mucho sexo? No deja de fascinarme la inteligente manera en la que HBO es capaz de vender como serie de calidad algo que en algunos momentos parece una peli porno <i>softcore</i>. Por supuesto no digo que <i>True Blood</i> no sea una buena serie, que a ratos me parece extraordinaria, sino sencillamente que quizás sea hora de que asumamos que parte del éxito de la marca de HBO, como ellos no tienen problemas en asumir, tiene más que ver con esa palabra tan mal vista que es morbo que con diálogos dignos de Shakespeare y escenas de Chejov. <i>True Blood</i> es tan divertida porque no tiene problema en reconocer explícitamente lo que es, un <i>thriller</i> erótico y con humor, una película de serie B con libreto, actores y puesta en escena de serie A. Es por eso que hasta sus obvias metáforas tomadas de los clichés del genero fantástico son iluminadoras (la falsa posesión que encubre la ausencia de responsabilidad de la madre alcohólica).<br/><br/>En <i>True Blood</i> hay sexo romántico (incluyendo una primera vez), sexo casual, sexo salvaje, sexo bajo los efectos de las drogas y sexo sadomasoquista. Todas las variedades posibles, la mayor parte con Jason Stakhouse, el hermanísimo que interpreta con absoluta desinhibición <a target="_blank" href="http://www.imdb.com/name/nm0477127/">Ryan Kwanten</a>. Pero lamentablemente no hay sexo con <a target="_blank" href="http://www.imdb.com/name/nm0002907/">Alexander Skarsgård</a>, reducido a lo que él mismo ha considerado un <a target="_blank" href="http://truebloodnet.com/true-blood-paleyfest09-stephen-moyer-alexander-skarsgard-true-blood-cast-videos/">"extra glorificado"</a> en la serie. Y es que a Skarsgård y su impecable acento norteamericano (¿por qué los españoles no somos capaces de hacer lo mismo que los nórdicos cuando nos vamos fuera, es decir, pasar inadvertidos?) ya lo amamos cuando interpretó a <i>Iceman</i> Colbert en <i>Generation Kill</i>, nuestra pequeña consolación tras el final de <i>The Wire</i>. En fin, en televisión unas adicciones nos llevan a otras.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></author><pubDate><![CDATA[Sun, 26 Apr 2009 18:36:16 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[De reyes y castillos]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_315.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/kings.jpg" align="right" alt="" border="0" width="212" height="278"/>La media temporada norteamericana, ese periodo entre enero y abril de cada año en el que las cadenas prueban nuevas series que no se consideraron lo suficientemente atractivas para el otoño, está en plena ebullición. Este año la cosecha resulta especialmente interesante por lo ecléctica y porque, francamente, la esperanza es lo último que se pierde. Los años pasan y los índices de audiencia de las series de las <i>networks</i> descienden a niveles preocupantes, pronto más propios del cable básico, pero la innovación sigue siendo la senda más elusiva. Quizás <i>Kings</i>, la serie que nos ha devuelto a Ian McShane, por siempre Al en la memorable <i>Deadwood</i>, en entregas semanales, sea un buen ejemplo de que, con la mayor ambición, también llegan las más altas expectativas. Con ecos bíblicos como base argumental (David contra Goliath, y todo lo que sigue), la serie se nos presenta como si los Estados Unidos, tras algún acontecimiento parecido a lo que sucede en <i>Jericho</i>, se hubiera convertido en un reino de taifas, con pequeños estados gobernados por reyes o dictadores militares. No importa. La cuestión aquí es contraponer las vidas paralelas del viejo rey que ve acercarse el ocaso de su vida con la del joven militar llamado a ocupar a la vez, su trono y el corazón de su hija. Por medio, una reina con afanes conspirativos, una princesa con aspiraciones de reforma social y un príncipe en el armario cuyas correrías nocturnas son pasto para la prensa sensacionalista. Y es que todo en <i>Kings</i> es muy parecido al mundo contemporáneo, incluyendo un magnate con intereses en la industria armamentística con poder para alargar las guerras mientras sea necesario para beneficio de la cuenta de resultados. Resulta muy poco probable que un país en permanente guerra deje que su corte se sitúe en un perfectamente atacable rascacielos, pero la metáfora del rey como presidente del consejo de dirección de una empresa funciona. <i>Kings</i> parece tener los mimbres (actores, lujosos valores de producción, un planteamiento atractivo) y no se puede discutir que la serie hace un esfuerzo por buscar ecos de Shakespeare, desde la inclusión de sus particulares Rosencrantz y Guildenstern al gusto con que las batallas militares funcionan como expresión de los conflictos internos de los personajes. <br/><br/>Pero tengo la impresión de que los guionistas contaron demasiadas cosas demasiado rápido en su doble capítulo inicial y que todo ha quedado tan perfectamente trazado (como la coronación alegórica de David presenciada por quién ha de sustituir) que como espectadores no nos queda nada que explorar y descubrir. Mientras se puede acusar a la mayor de las series con mitología de cansar al espectador aplazando una y otra vez las respuestas, <i>Kings</i> se quema como una cerilla con una rapidez pasmosa y tiene que cambiar la geopolítica por tramas más propias de <i>Gossip Girl</i>. Y es una verdadera pena, porque una de las secuencias de capítulo piloto (la asunción por parte de David Shepherd lo que verdaderamente ocurrió en su momento de gloria y su segundo enfrentamiento con los tanques blandiendo la tela manchada de sangre) me parece, estética, dramática y emocionalmente, uno de los grandes momentos televisivos de los últimos años. Sólo que me hubiera gustado mucho más en un final de temporada, como recompensa, que en el piloto, donde se deben crear sobre todo expectativas. Aunque no podemos negar a la NBC crédito por el riesgo asumido por la serie y por la oportunidad de <a target="_blank" href="http://www.thrfeed.com/2009/04/nbc-pulls-kings.html">emitir</a> los capítulos producidos a pesar de los índices de audiencia, ridículos, conseguidos. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/castle.jpg" align="left" alt="" border="0" width="216" height="216"/>Quizás la opción más conservadora tomada por otras cadenas sea más rentable. La ABC nos ofrece como una de sus entregas de media temporada <i>Castle</i>, que a pesar del título no tiene nada que ver con dinastías reales ni la Edad Media, sino con un escritor de misterio de ese nombre al que interpreta uno de los regulares del Whedonverso, Nathan Fillion. En los últimos tiempos y de la mano de <i>Mujeres Desesperadas</i>, Fillion ha pasado del mundo <i>cult</i> a posicionarse como prometedora estrella televisiva con una serie que sigue la senda <i>El mentalista</i> de presentar un programa de detectives (con tensión sexual no resuelta incorporada) como un policiaco. Castle se ajusta a otro arquetipo recurrente de la televisión actual (véase <i>Shark</i> y <i>Lie to Me</i>): protagonista sobre los cuarenta con brillante carrera profesional pero vida sentimental fracasada que, mientras resuelve casos, debe cuidar de una hija adolescente. En <i>Castle</i> la gracia está en que al padre golfo y la hija responsable se une una abuela inconformista que, en lugar de una <i>mamma</i> protectora, con buenas intenciones machaca a su hijo con sus ácidos comentarios. Especialmente hilarante fue la llamada desde una librería para alertarle de que todavía no había visto a nadie comprar ejemplares de lo que promete ser su último <i>best-seller</i>. Mamá Castle está interpretada por <a target="_blank" href="http://www.imdb.com/name/nm0838360/">Susan Sullivan</a>, la espléndida Maggie Gioberti de ese clásico de los ochenta que es <i>Falcon Crest</i>. Supongo que me gusta <i>Castle</i> por el mismo motivo por el que se puede explicar el sobresaliente éxito de <i>El mentalista</i>: porque es simple y predecible, pero también <i>sexy</i> y divertida. Al final, en televisión, todo tiene que ver con la conexión emocional que establecemos con los personajes y en este caso me cuesta no simpatizar con Castle, que juega a las cartas con Stephen J. Cannell y al golf con el alcalde, pero está soberanamente aburrido con sus existencia y quiere un poco de emoción en su vida. Pero también con la agente Beckett, que quiere ser una buena policía pero tiene una vida privada gris y no sabe muy bien que hace con ese escritor medio chiflado que ha entrado en su vida como un elefante en una chatarrería. Cuando decide devolverle la visita a su mundo a modo de pequeña venganza durante una presentación de Castle en una librería para sus lectores fieles, lo hace de la mejor manera posible, vestida para matar exudando el erotismo que esconde bajo su contrastada profesionalidad. En última instancia, me cuesta decidir entre el digno fracaso de <i>Kings</i> o los modestos convencionalismos de <i>Castle</i>. ¿Pero acaso debería?]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></author><pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2009 15:31:26 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[Los premios Peabody 2009]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_314.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/john_adams_still.jpg" align="right" alt="" border="0" width="165" height="124"/>Los Peaboby son los premios críticos de más prestigio de la televisión norteamericana, hasta tal punto que eliminan el elemento conflictivo de las nominaciones para pasar a reconocer directamente a los programas, fundamentalmente informativos, que merecen ser destacados. Su base académica los protege de las modas y los intereses creados que afectan de manera tan definitiva a otros premios. Para las series de ficción, suponen un reconocimiento enorme que los eleva fuera de la industria o el entretenimiento para colocarlo en una categoría de productos culturales relevantes estética y socialmente. Podemos recordar que series poco apreciadas en general por este tipo de reconocimientos como <i>The Wire</i> o <i>Galáctica</i>, ganaron el premio Peabody en el pasado. En este caso, ha sido el turno de <i>Perdidos</i> (intuimos para reconocer los extraordinarios riesgos que ha asumido como narrativa), <i>El séquito</i> (porque siempre hay que admirar cuando Hollywood se parodia sin piedad a sí mismo), <i>Breaking Bad</i> (intuyo que por esa mezcla de temática sobre el cáncer con la provocación de sus tramas), <i>John Adams</i> (brillante reflexión sobre el periodo fundacional de país con agudos guiños al presente) y <i>Saturday Night Live</i> (porque la parodia política es imprescindible en democracia). La lista completa, <a target="_blank" href="http://www.thrfeed.com/2009/04/lost-breaking-bad-entourage-among-peabody-winnners.html#more">aquí</a>.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></author><pubDate><![CDATA[Thu, 02 Apr 2009 09:11:55 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA["Héroes" y las patatas bravas]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_313.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/heroes_3.jpg" align="left" alt="" border="0" width="161" height="245"/>Desde hace más o menos un año, me llevo la comida al trabajo los días en los que me voy a quedar hasta la tarde. Se trata de ahorrar algo de dinero en mi situación de <i>euribada</i>, pero sobre todo de comer más sano (comentar la baja calidad de la comida que nos ofrece la Charlie es una especie de deporte para los profesores). Sin embargo, una vez a la semana me doy un capricho y me pido unas patatas bravas mixtas, todas ellas exultantes de grasas que prometer dejar mi sistema circulatorio más atascado que el impulso creativo de Chris Carter. Y me encanta, después no hay ni un ápice culpabilidad. <i>Héroes</i> ha sido en estos últimos dos años, mi equivalente televisivo a las patatas bravas. Sé que no es una gran serie y que con toda seguridad no es sana para mi dieta estética cuando todavía tengo sin ver las segundas temporadas de <i>Mad Men</i> y <i>Damages</i>. Pero cuando llega la hora de sentarme delante de la televisión, soy incapaz de resistirme a un programa en el que los personajes pueden congelar el tiempo, volar o convertir el agua de los aspersores en una bonita nevada. La probada incapacidad de los guionistas para desarrollar arcos argumentales con sentido o dar a sus personajes un mínimo de consistencia psicológica la puedo perdonar bajo la premisa de que son del todo imposibles de completar las grandilocuentes promesas de una serie que coloca un “¿Por qué estamos aquí? ¿Qué es el alma? ¿Por qué soñamos?” en la narración de su primer capítulo. <i>Héroes</i> era mercancía tarada desde el comienzo y parte de su atractivo era verla como un accidente de tren en progreso. <br/><br/>Sin embargo, ahora que los índices de audiencia de la serie en Estados Unidos han bajado de manera vertiginosa y se pone en duda su viabilidad, <i>Héroes</i> empieza a ser de verdad interesante. Su continuidad para al menos una nueva temporada está garantizada en la actual situación de la NBC, por lo que la esperanza de que antes de su fin alcance un determinado grado de excelencia es perfectamente posible, y no tanto por el publicitado regreso de Bryan Fuller, que aún debe demostrar que sabe llevar las riendas de un programa de éxito, sino por la conveniencia de que la Presidencia Obama ha llegado a lomos del descrédito de la lucha anti-terrorista. Así que mientras <i>24</i> pierde su relevancia, se planta <i>Héroes</i> convirtiendo a sus protagonistas en terroristas que deben huir de una persecución sin cuartel que desemboca en sesiones de torturas y campos de detención. No por ser tan obvia, deja de ser efectiva la imagen de los héroes drogados, esposados y encapuchados, como presos de Guantánamo que se dirigen en un avión al olvido. Y es divertido imaginarse que el excelente Zeljko Ivanek, uno de los villanos de la primera temporada de <i>24</i>, no deja de ser un Jack Bauer envejecido: amargado, con el pelo canoso y sin nadie que le espere en casa cuando llega, de noche, con la bolsa de la compra. Ya no se trata de sublimar los temores tras el 11 de septiembre (como hizo la propia <i>Héroes</i> durante sus primeras temporadas), sino de purgar con total descaro los excesos cometido al amparo de la paranoia que desató. Nuestros héroes no dudan también a recurrir a la tortura, pero el resultado, dejo de serles útil, sólo los aliena los unos de los otros. Todo el mundo tiene cosas de las que arrepentirse y hasta Mamá Petrelli se cuestiona a sí misma en su táctica de que el fin justifica los medios. Los últimos capítulos de <i>Héroes</i> me parecen tan sugerentes que les puedo perdonar el lastre que suponen la impertinente animadora o esa preocupante manía de que todos los personajes, en un desvarío freudiano, tengan que matar al padre. Al menos, de <i>Watchmen</i> a <i>Dexter</i>, los guionistas de la serie y yo seguimos teniendo aficiones comunes.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></author><pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2009 12:28:47 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[Vuelve el blog]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_312.htm]]></link><description><![CDATA[Después de un largo periodo de letargo, en el que he estado volcada en otras cuestiones de mi vida, he decidido reactivar el blog. De nuevo, se tratará de pensamientos a propósito de las series y programas que me vayan interesando. Los textos serán muchas veces más breves que en otras ocasiones, pero a cambio me planteo darles un propósito de continuidad. Bueno, pues allá vamos.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></author><pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2009 12:06:23 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[Qué hago mientras no estoy aquí: "Crítica 3"]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_307.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/CRIT3.JPG" align="left" alt="" border="0" width="" height=""/>Aunque lo prometido es deuda, de momento me es imposible volver a actualizar el blog con el propósito de regularidad o incluso irregularidad. Cambios importantes en mi vida personal y la imperiosa necesidad de focalizar mi vida profesional me impiden, entre otras cosas, escribir el prometido artículo sobre "Mad Men". Cuando tenga tiempo de terminar de ver "Mad Men" y algunas series más perennes ya en mi disco duro, garantizo que el blog volverá a tener contenidos renovados. Muchas de las cosas que he estado haciendo en los últimos meses son actividades de gestión anónimas que nunca llegarán a tener ningún tipo de repercusión pública. Aunque hay otras que sí puedo presentar con indisimulado orgullo. Pero no es un trabajo mío, sino el que han estado realizando mis alumnos de la asignatura "Teoría y Crítica del Cine y la Televisión Contemporánea" (Grupo 36 de 4º de Comunicación Audiovisual) como parte de un proyecto de Innovación Docente. Así ha nacido <a target="_blank" href="http://www.critica3.es/">"Crítica 3: Revista de Cultura Popular"</a>, en la que los alumnos van a rotar escribiendo para las secciones dossier, miscelánea y reseñas, además de editar el trabajo de sus compañeros. Este primer número, correspondiente al Tema 2 de la asigantura, el dossier está dedicado a la última hornada de series norteamericanas. En los dos números más que están previstos antes de acabar el curso, el dossier estará dedicado a los superhéroes y la repercusión del 11 de septiembre en la cultura popular respectivamente. La miscelánea y la reseña es muy heterogénea, con textos que van desde la telerrealidad a los videojuegos pasando por el fútbol, el certamen de "Miss España" o lo nuevo de los hermanos Coen. Espero que podáis echarle un vistazo a la revista y os resulte interesante.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></author><pubDate><![CDATA[Wed, 23 Apr 2008 18:13:12 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[El fenómeno "Mad Men"]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_306.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/mad_men.jpg" align="right" alt="" border="0" width="280" height="210"/>Si algo que está poniendo de manifiesto la actual temporada de premios televisivos es aquello que es interesante sigue actuando en los márgenes del sistema. No es que sea una conclusión original, pero no se me ocurre otra manera de empezar una anotación hablando de la increíble carrera de reconocimientos logrados por un programa que, si fuera una obra teatral, sería del <i>off</i>-<i>off</i>-Broadway, si fuera una película hubiera competido en Slamdance (no ya ni en Sundance) y, si fuera un disco, tendría en la página MySpace de sus autores su principal arma promocional. <i>Mad Men</i> ni siquiera tiene el caché de los productos del cable premium. Por no tener, no tiene ni lógica programativa: se emite en un canal como AMC cuyo contenido está formado por películas antiguas. ¿Qué sentido tiene apostar por producción original cuando es evidente que los espectadores del canal no van buscando precisamente material nuevo? De hecho, las audiencias han sido minúsculas y sólo la necesidad de retener un material que ha dado a AMC espacio en las columnas de televisión ha motivado su renovación. Pero para mí lo sorprendente no es que <i>Mad Men</i> haya atraído la atención unánime de los críticos, sino que eso se haya traducido en premios. Hay decenas de programas, desde <i>Buffy, cazavampiros</i> a <i>Friday Night Lights</i> pasando por <i>The Wire</i>, que han fracasado miserablemente a la hora de dar ese salto. Sin embargo, ahí estuvieron los Globos de Oro en su edición más invisible para darle dos sorprendentes premios, incluido mejor drama. Ya sabemos que todo lo que rodea a esos premios huele a podrido, pero aún así son los premios más eclécticos y arriesgados del audivosual. Con los premios del Gremio de Actores ya inminentes, la casualidad ha dejado ser tal esta misma noche, con el premio concedido a Alan Taylor por parte del Gremio de  Directores por su trabajo en el piloto de la serie.<br/><br/>¿Por qué <i>Mad Men</i>? Reconozco que hasta ahora no me he dejado seducir por las virtudes de la serie. El piloto me dejó un poco indiferente y mis limitaciones de tiempo me han impedido hasta ahora darle una segunda oportunidad (lo que, obviamente, no va a poder demorarse más de unos días viendo el curso de los acontecimientos). Pero en cualquier caso es irrelevante para explicar las fortunas vividas por la serie, ya que la calidad como tal no atrae los premios. Quizás la clave sea, como siempre, cierto don de la oportunidad. Asumiendo como hago que <i>Mad Men</i> es un excelente programa de televisión, llegó en el momento justo para los críticos tras una temporada decepcionante en las <i>networks</i> y el ocaso de algunos de los principales puntales del cable. Salvo casos contados (<i>Ley y orden</i>, <i>Los Soprano</i>), las series logran premios al principio de sus trayectorias o no lo logran nunca sumidas en la irrelevancia por nuevas apuestas (la televisión es un medio obsolescente como ningún otro). Las series más longevas siguen ahí pero no ofrecen novedades. A la clase de la temporada 2004-2005, por diversos motivos, le ha costado superar la crisis de los 30. Y en comparación a ellas, las novedades no han sido espectaculares. En un periodo de transición, ahí apareció el pequeño programa que pudo, cuya limitada promoción lo convirtió en algo apetecible de ensalzar y reivindicar. Era una oportunidad ideal para la labor de cruzado que debe cumplir un poco cada crítico. Pero es que, además, <i>Mad Men</i> es una verdadera rareza. Un relato de época en un medio hostil a ello fuera de miniseries y telefilmes. Un drama de personajes que no se adscribe a géneros tradicionales como el policiaco, el médico, el judicial o el fantástico. Y en la era de los artificios narrativos, un programa extrañamente lineal y tradicional. En un entorno veraniego dominado por la explosión de <i>The Closer</i> y el estrellato de Glenn Close y Holly Hunter, es también una serie con fuerte protagonismo masculino, reflejando además una época donde ocupaban la centralidad en la vida pública. Pero que nadie se asuste, porque el desarrollo de los personajes femeninos da mucho para la reflexión sobre el progreso social de la mujer. Ingredientes todos ellos para un programa que no sé si es sensacional, pero que es indiscutible que es ya una sensación.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></author><pubDate><![CDATA[Sun, 27 Jan 2008 12:54:46 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[Auge y caída de una cadena de televisión (o de varias)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/todosobrelatele/c_305.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/Libro_NBC.jpg" align="right" alt="" border="0" width="162" height="240"/>Las semanas de vacaciones son siempre un buen momento para dedicar tiempo a una de mis actividades favoritas, leer libros sobre televisión. Estas Navidades ha ido el turno de dos obras muy centradas en cadenas concretas, pero radicalmente diferentes entre sí. <i>NBC: America's Network</i> es una antología de carácter académico centrada en unas de las tres networks clásicas, quizás la que de manera más definitiva ha marcado el carácter industrial y cultural del medio. El libro es de alguna manera un resumen de la propia  historia de la televisión en Estados Unidos, pero en lugar de realizar una amplia panorámica, se opta por la profundización en determinados aspectos clave, desde el desplazamiento en el control de contenidos desde los anunciantes de Nueva York a los estudios de Hollywood a los actuales procesos de integración industrial pasando por la representación de la sexualidad en los setenta. Entre todos los artículos que componen este excelente libro (uno de los mejores y más completos de literatura académica que he leído) destaco el escrito por Máire Messenger Davies y Roberta Pearson sobre <i>Star Trek</i>, anticipo de un futuro libro sobre el tema. El programa y sus secuelas se ponen de ejemplo del propio devenir histórico del medio, desde la programación generalista que intenta captar el mayor número de ojos posibles a la programación de nicho de las audiencias especializadas. De momento, lo que se va conociendo del libro en forma de estas publicaciones cortas apunta a un mayor interés por desentrañar el mecanismo de la producción industrial de televisión en manos de guionistas, productores y ejecutivos que de los estudios de recepción o fans en los que el programa se ha convertido ya en un lugar común.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/todosobrelatele/files/Libro_WB_UPN.JPG" align="left" alt="" border="0" width="" height=""/>Por su parte, <i>Season Finale: The Unexpected Rise and Fall of The WB and UPN</i> es una monografía de corte memorístico y periodístico centrada en los doce años de historia de las dos pequeñas cadenas que surgieron a mediados de los noventa y desaparecieron hace un par de años, simbolizando de alguna manera el fin de la preeminencia de la televisión en abierto en Estados Unidos. Una de las dos autoras es Susanne Daniels, que formó parte del equipo fundacional de The WB y ayudó a desarrollar algunos de sus programas más significativos como <i>Siete en el paraíso</i>, <i>Buffy, cazavampiros</i> y <i>Las c<i>hicas Gilmore</i>. La otra, Cynthia Littleton, es una periodista de </i>Variety. Lo más sorprendente de esta historia dual de The WB y UPN es cómo la crónica de la desastrosa historia de UPN es mucho más interesante que el recuerdo de los éxitos de The WB. Es un perfecto ejemplo de cómo lo que en principio parece la principal ventaja se convierte en un insalvable inconveniente. Daniels ha vivido esa historia en primera persona, pero en la mayor parte de los casos sólo habla de relaciones edulcoradas entre ejecutivos y actores de serie o las manías de creadores excéntricos pero geniales. Sólo cuando comienza la decadencia de The WB con el paso de Buffy, cazavampiros a UPN, la crónica de una cadena que consiguió mucho en muy poco tiempo comienza a tener interés. Por el contrario, es más interesante seguir las tristes peripecias de UPN, que lo tuvo a todo a favor (especialmente una mejor red de emisoras) y no le supo sacar partido debido, como se nos revela, por el pecado original de su nacimiento: dos padres peleados con poco interés en dar medios o una identidad definida a su retoño. Tanto es así que cuando llegamos al final, aquella rueda de prensa que anunció el nacimiento de The CW (con los ejecutivos de UPN como nuevos rectores) no resulta tan sorprendente como sencillamente inevitable. Al fin y al cabo, Dawn Ostroff tomó una empresa hundida y le dio sentido. Sus competidores dilapidaron una herencia sin rubor. La lectura del libro me hace desear más si cabe que, ahora que parecen ponerse de moda los estudios sobre cadenas (hay dos antologías sobre HBO a punto de salir al mercado), alguien se anime a hacer un estudio de The WB y su influencia en la cultura popular contemporánea.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Todo sobre la tele)]]></author><pubDate><![CDATA[Sat, 05 Jan 2008 15:27:44 GMT]]></pubDate></item></channel></rss>
