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Relatos, cuentos novelas... todo lo que el genio literario permita.
Sindicación
 
AMORES MARCHITOS



Resuenan ecos de amores marchitos
como tambores sordos que martillean sin cesar

Sentimientos ajados,
diluidos en albores de un triste despertar

Lágrimas ácidas resbalan por mejillas
horadando resentimientos, curtiendo aversión.

Palabras arrojadas desde el pasado de un amor
que no recuerda si fue o si creyó estar.

Resentimientos que afloran
como mala hierba alfombrando un erial

Aridez de campos que otrora fueron fértiles
simiente malograda que no brotará

Desprecio de años amargos
azahares secos que su aroma olvidarán

Resuenan ecos de amores marchitos
como tambores sordos que martillean sin cesar

 
EL CHUPI-PICA DE MOSQUITO
De nuevo os traigo uno de mis cuentos infantiles, ya sé que es un poco largo para un blog pero creo que es divertido.

EL CHUPI-PICA DE MOSQUITO

Pablo se perdía en el vuelo de una mosca, o eso decían sus padres, aunque no estaban muy descaminados.
─Ya está bien de mirar las moscas volando ─decía su mamá enfadada─, nunca vas a ser un hombre de provecho.
Y no, Pablo no quería ser un "hombre de provecho" porque cada vez que le oía a su madre lo de hombre de provecho, él creía que se refería a lo que decía su padre cuando le veía comer: , y él no quería convertirse en comida de nadie. Por eso, en vez de estudiar y hacer los deberes, se pasaba todo el día mirando cualquier cosa que no fuera un libro, un papel o un lápiz.
Así fue cómo Pablo llegó a ser un experto en insectos voladores y de entre todos ellos, se hizo especialista en mosquitos y llegó a inventar el CHUPI-PICA DE MOSQUITO, un invento que revolucionó la historia de su pueblo.
Pablo vivía en un pueblo perdido entre montañas donde las nubes eran las amas del cielo y apenas dejaban asomar, a través de las pequeñas fisuras que separaban unas de otras, algún que otro rayo de sol.
Tanta lluvia era muy buena para los campos en los que crecían todo tipo de hortalizas; era muy buena para las vacas que siempre estaban limpias y además tenían pastos riquísimos para saborear; era muy buena para los árboles que daban frutos gigantes porque bebían mucha agua, era muy bueno para el riachuelo que nunca estaba seco. Y sobre todo para los mosquitos que vivían muy a gusto en un ambiente tan húmedo.
¿Habéis visto alguna vez un mosquito? ¿Lo habéis visto de cerca? Pablo sí. Pablo conocía a cada mosquito de su pueblo porque, al igual que los humanos, cada mosquito es diferente y aunque a simple vista parezcan iguales, no lo son: Los hay regordetes con el culo muy gordo, tan delgados como un alambre, larguiruchos o cortitos. Todos tienen seis patas y pueden ser patijuntos o despatarrados. Todos tienen antenas aunque no son capaces de sintonizar la radio ni la televisión. Tienen una boca que según sea un mosquito u otro puede chupar o morder. Los hay trompeteros porque cuando se te acercan parece como si tocasen las fanfarrias anunciando su llegada y los hay silenciosos y traicioneros porque no los oyes llegar. Sus ojos parecen las bolas que hay en las discotecas, esas que giran y giran en el techo, pero no son plateados como las bolas, sino que pueden ser rojos, blancos, negros o marrones.
Los mosquitos siempre están de juerga y gastan bromas muy pesadas para los hombres, claro, porque ellos se divierten un montón, si es que sobreviven: Les gusta jugar al pica-pica, algo parecido al pilla-pilla pero volando en vez de corriendo y cuando pillan a un humano le tienen que picar. Claro, ese era un juego de alto riesgo y muchos mosquitos eran aplastados antes de conseguir su misión. Casi siempre ganaban los mosquitos silenciosos que no hacían ruido y los trompeteros eran los que perdían una y otra vez.
A Pablo no le hacían ninguna gracia los juegos de los mosquitos y estaba harto de que le picaran porque le salían unas ronchas enormes y rojas como un tomate despachurrado, que le picaban mucho y tardaban muchos días en curarse.
En los ratos que pasaba mirando eso que su madre llamaba musarañas, se imaginaba que era capaz de inventar la máquina perfecta que impidiera que los mosquitos le picasen y que además le sirviera como pequeña venganza a tanta picadura. Ya se lo estaba imaginando, una máquina capaz de hacerle cosquillas a los mosquitos y que se les aflojaran tanto las alas de reírse que no pudieran picar a nadie más.
Tendría que ser un aparato lo suficientemente grande por el extremo que él manejara para que sus manos pudieran cogerlo y lo suficientemente pequeño por el lado que hacía cosquillas a los mosquitos para no hacerles daño. La zona que uniría la parte grande a la pequeña sería transparente para que no se asustaran. Lo manejaría con una sola mano para que en caso de ataque masivo de mosquitos, los pudiera espantar con la otra mano. Sería silencioso, como los mosquitos silenciosos, para que no lo oyeran al acercarse y no salieran volando. La parte de las cosquillas tendría que llamarles la atención, para ello le pondría unas antenas plumosas de colores brillantes para que se quedaran con la boca abierta al verla y no se movieran. Las antenas se moverían como las llamas en una chimenea que bailasen alrededor de la leña. Los mosquitos querrían bailar como esas antenas y separarían las alas. Entonces, cuando más entretenidos estuvieran, las antenas se alargarían y harían cosquillas debajo de las alas delanteras. Los mosquitos comenzarían a reír, reirían tanto que la boca se desencajaría, perderían la parte con la que pican y chupan la sangre y no podrían picar más.
Claro, eso era un problema porque podrían morir de hambre. Tenía que perfeccionar la idea, él no quería que los mosquitos desaparecieran del pueblo porque, a base de estudiarlos, les había tomado mucho cariño. Él sólo quería que dejaran de picarle.
Pablo se encerró en el garaje de su padre, allí seguro que encontraría mil cosas que podrían servirle. Su padre parecía una hormiga, siempre lo guardaba todo. Su madre estaba harta de tanta cosa inútil, según ella, pero su padre no le hacía caso y seguía amontonando trastos. Buscó y rebuscó y no paró hasta que encontró todo lo necesario para fabricar su invento. Cuando lo tuvo todo, lo desparramó sobre la mesa de madera que su padre usaba para las chapuzas. Allí, Pablo, midió, cortó, unió, empalmó, probó y al final se rascó la cabeza y sonrió.
Acababa de inventar un extraño artilugio formado por plumas de mil colores, pajitas de helado, un freno de su triciclo, el que usaba cando era pequeño; un ventilador de bolsillo, un globo de agua, una pinza de la ropa y un montón de metros de hilo de pescar.
El manejo del aparato era bastante fácil: Cuando Pablo accionaba el freno, el hilo de pescar tiraría hacia atrás del motor que se pondría en marcha como lo hacen las lanchas motoras en las películas. Eso haría que las antenas de colores girasen y parecerían mosquitos exóticos bailando. Los mosquitos de verdad se contagiarían de su ritmo y extenderían las alas para llevar el compás y en ese momento Pablo les haría cosquillas a los mosquitos con las alas de colores. Cuando los mosquitos tuvieran las alas flojas y la boca abierta por las cosquillas y no la pudieran cerrar, apretaría el interruptor, se aflojaría la pinza de la ropa, el néctar pasaría del globo a los tubitos y caería una gota en la boca de los mosquitos.
Pablo probó el aparato. Apretó el freno. Funcionaba. Ahora sólo le quedaba ponerle nombre. Pensó en varios:
Cosquillador de mosquitos, Nectarante para mosquitos, antenillas nectarinas…
No le convencía ninguno. Esa noche se acostó pensando en su invento. Se quedó dormido y soñó que vivía en el país de los mosquitos, paseaba por sus calles y de pronto vio un letrero luminoso del que salían cohetes de todos los colores y en el cielo se dibujaban unas letras: CHUPI-PICA
Un mosquito decía a través de un megáfono: ¡Niño a la vista! ¡Niño a la vista! ¡Juega al CHUPI-PICA!
Un escuadrón de mosquitos se dirigía hacia él y cuando estaba a punto de ser atacado por miles de mosquitos se despertó. Estaba sudando, respiraba muy fuerte y agitaba los brazos para que no le picaran. Abrió los ojos y vio que estaba en su dormitorio y que no había mosquitos.
―¡Uf! ¡De la que me he librado! Era un sueño.
El sueño se fue borrando de su memoria y ya sólo recordaba los cohetes y el nombre. Se levantó apresurado. Tenía que escribirlo en una libreta para no olvidarlo: “CHUPI-PICA DE MOSQUITO”.
Había encontrado el nombre para su invento. Ya sólo quedaba el experimento definitivo, tenía que probarlo con los mosquitos. Quedó con sus amigos al borde del riachuelo donde vivía una colonia de mosquitos. Sus amigos lo vieron venir con un artilugio muy extraño y enseguida le rodearon para saber de qué se trataba. Pablo, orgulloso, les dijo que era un invento fabuloso que haría que los mosquitos no picaran nunca más a nadie en el pueblo. Los amigos empezaron a aplaudir. Ellos también estaban hartos de las picaduras.
Los mosquitos comenzaron a rodearles y los amigos de Pablo movían las manos tan rápido como las hélices de un helicóptero a punto de despegar. Pablo se puso en medio de ellos. Accionó el freno, el motor del ventilador se puso en marcha y las plumas de colores comenzaron a girar y girar. Los mosquitos frenaron en el aire, alguno hasta patinó y chocó con el que volaba delante.
─¿Qué es eso que baila allí delante? ─se preguntaban unos a otros señalando las antenas de colores.
A ningún mosquito se le ocurría qué podía ser, pero hipnotizados por la danza se fueron acercando. El problema fue que las mosquitas de la charca de al lado, que tenían una vista que más de mosquita parecía de lechuza en noche de luna llena, vieron a lo lejos lo que ellas pensaron que era un mosquito muy guapo porque tenía las antenas de colores y ellas, que eran muy coquetas, decidieron ir a lucir su belleza delante de él y si había suerte una de ellas conseguiría que fuera su novio. Un novio con las antenas de colores, qué más podrían pedir. Emprendieron el vuelo como si se tratara de una carrera de aviones
Cuando los amigos de Pablo se dieron cuenta de que una nube de mosquitos, que a su paso cambiaban el color azul del cielo por un gris amenazador, se dirigía hacia ellos, salieron corriendo dejando solo a Pablo. Las mosquitas se lanzaron como auténticas camicaces sobre el artilugio de Pablo. Pablo apenas podía accionar la palanca. Las plumas de colores desaparecieron entre miles de mosquitas nerviosas. Entonces ocurrió algo inesperado. El globo de agua que estaba lleno de néctar estalló y todas las mosquitas que estaban rodeando el CHUPI-PICA se bañaron en esa sustancia pegajosa. Las alas empapadas en néctar pesaban demasiado para moverlas y una a una fueron cayendo al suelo. Los mosquitos, que aunque son pequeños de tamaño son muy inteligentes, al ver lo que pasaba se alejaron del artilugio de Pablo. Las mosquitas lloraban en el suelo y los mosquitos, que no podían ver llorar a las mosquitas, se acercaron a ellas. Eso que les cubría las alas olía muy bien. Un mosquito se atrevió a chupar un poco. Estaba muy bueno. Volvió a chupar y a rechupar. La mosquita comenzó a reírse, le estaba haciendo cosquillas. Los demás mosquitos le imitaron y en poco tiempo todas las mosquitas estaban retorciéndose de risa por las cosquillas.
Pablo se quedó boquiabierto. Miraba su invento. Se había roto pero los mosquitos no le picaban y además se estaban relamiendo con el néctar. ¿Y no era ese su plan? Las mosquitas estaban desternillándose de risa, ¿y no era ese su plan? Bajó el CHUPI-PICA, se rascó la cabeza, dio media vuelta y se fue a su casa, por eso no vio cómo cada mosquita se hizo novia del mosquito que le limpió las alas y le hizo reír.
Los mosquitos no se fueron de su pueblo; tampoco dejaron de jugar al pica-pica durante la mayor parte del año, pero, como el néctar les había gustado tanto lo buscaron en las flores y, cada primavera, cuando los prados que rodeaban el pueblo de Pablo se convierten en una alfombra de colores brillantes tejida por miles de flores, los mosquitos se olvidan de picar y chupan y chupan el néctar de las flores.
 
TE DICES VIEJO

Te dices viejo
y es la calidez de tus canas las que dan abrigo a mi alma.

Te dices viejo
y es tu frente, apenas arrugada, la que me alisa las veredas que mis pies imaginan.

Te dices viejo
y tu voz, cascada de vida vivida, resuena como un torrente pleno de energía en mis oídos noveles.

Te dices viejo
y tu mirada, iluminada por los soles que velaron tus días, da luz a mis primeros amaneceres.

Te dices viejo
y es el temblor de tus manos el que afianza cada paso titubeante que doy.

Te dices viejo
y es la sensualidad que recorre tus venas la que me enseña que la vida no se abate con los días añejos.

Te dices viejo
y apenas un quejido ha pasado por tu alma y un suspiro por la mía.


 
TE DESEO
Te deseo:

Que el viento que nos acerca los suspiros, peine tus soledades

Que el sol que nos alumbra en ocasos lejanos, dé color bronce a tu
piel clara

Que la luna llena colme tus ilusiones silentes cada atardecer

Que la ambrosía y la miel rieguen tu deseo y embriaguen tu alma

Que los brazos que te rodean te den el calor olvidado de los brazos
expatriados

Que la sonrisa de otros mares bañen tus fatigados pies y te otorguen el descanso anhelado

Que las estrellas de otros cielos dibujen de nuevo sonrisas en tu rostro ausente

Y que en estos días de sosiego seas feliz.


 
YA ES NAVIDAD OTRA VEZ


MUCHAS FELICIDADES Y QUE CADA DÍA DEL AÑO QUE VIENE OS VENGA CON UN DESEO REALIZADO


FELIZ NAVIDAD. BESOS MIL

Hermi
 
UN AÑO MÁS

Un año más y la distancia que nos trajo el olvido no encuentra caminos de vuelta.

Un año más y no habrá llamadas, ni sonrisas, ni deseos.

Un año más viendo pasar tu figura de lejos, a soslayo de otras miradas.

Un año más escudriñando los ecos que traen los vientos lejanos por si tus palabras viajan enredadas en ellos.

Un año más, sí, un año más.
 
ESPEJO


Me miro al espejo y me veo gorda y vieja. No te reconozco. No reconozco tu sonrisa ajada, tu pelo cano, tus ojos arrugados por mil comisuras, jirones de vida entrelazados.

Te miro y apenas veo el brillo que nacía de tu pupila, el aura que lo inundaba todo, la firmeza con que pisabas por caminos sin construir. Tú, yo, la misma persona y tan distantes.

¿Qué queda del anhelo de los pocos años, de los sueños de adolescente, de las esperanzas de un futuro que se ha empeñado en no venir? ¿Y de aquellos que se quedaron atrás? Quizás no fueron ellos, sino yo quien se paró en el camino, quien cansada de subir empinadas cuestas cedió a la tentación de una sombra bajo un álamo, cerca de un río que hoy ha escondido sus aguas.

Ya no quedan hojas, ni el arrullo de la corriente al discurrir, ya no quedan caminos, ni árboles donde cobijarse. Sólo quedo yo y mi sombra es una mala caricatura de tu sombra, mi vida es el chiste malo de la tuya, tu risa una mueca amarga en mi cara.

Me miro al espejo y me veo gorda y vieja y sola y duele, duelen los huesos gastados, los llantos tragados, los olvidos, que por olvidados, nunca existieron. Me duele respirar, vivir, morir, qué más da.

Tú ya no eres yo y yo olvidé que fui tu.

 
SOÑAR

Soñar y no estar dormida
Soñar y no velar
Soñar y cerrar los ojos
Abrir los ojos y soñar

Soñar caminos diferentes
Soñar que el día vuelve a empezar
Soñar que el mar remonta ríos
Bosques rojos y soñar

Soñar veredas escarpadas
Soñar encinas en un secarral
Soñar mariposas doradas
Coronar las cumbres y soñar


 
LA VIDA VA Y VIENE


La vida va y viene en oleadas de risas y llantos:

El niño que llora por mamar
El viejo que se ríe de la muerte

El adiós de dos amigos
El hola de los que se encuentran

La sonrisa que acaricia la mañana
La lágrima que surca mejillas maceradas

El beso a una madre
Un zarpazo de la vida

La caricia de un amante
Un rayo que hiela un corazón

Una canción que templa el alma
El rugido de una traición

Hoy ríes, mañana lloras
y cada día veinticuatro horas vividas y veinticuatro menos por vivir.

Va y viene, viene y va y nosotros con ella.
Dura alfombra de espinas, mullido pedregal de terciopelo.

No quiero parar.
Por siempre seguir caminando hasta el final.

 
MIRADAS
Llevo tu mirada anclada a mi recuerdo. Me desnudas y me acaricias sin palabras, sólo con tus ojos marinos, a la distancia de una brazada que nunca nos acerca.

Me sientes, sabes de mi zozobra, eludes mi mirada pero cuando se encuentra con la tuya en espacios efímeros, quedan ancladas hasta que las olas que nos separan deciden acariciar una vez más nuestras orillas con nuevas mareas, con nuevas miradas.

No me rozas, pones distancia infinita a diez centímetros, siempre a salvo de miradas ajenas, pero cuando el adiós amarga nuestros labios me buscas distraido, deslizas con suavidad casi oculta tu mano sobre mi brazo, acercas tu cara y en ella anida mi beso de despedida.

Espero la siguiente marea y mientras, navego en tu recuerdo.