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Relatos, cuentos novelas... todo lo que el genio literario permita.
Sindicación
 
"BEBEN Y BEBEN Y VUELVEN A BEBER"



Las luces de las calles reverberaban en sus córneas. El aire frío acariciaba su sonrojada piel teñida de desalientos. Su paso tambaleante delataba su estado ebrio de soledades y alcohol. De fondo, el condenado villancico sonaba estridentemente en las cavidades más profundas y olvidadas de su alma: “…Beben y beben y vuelven a beber…” como un ciclo que nunca se detenía. No había más música en su cabeza, no había más villancico que colgase el aroma a Navidad que ese. Daba igual las calles que eligiese para pasear su derrota, siempre el mismo villancico servía de eco a sus lamentos.
Era la primera Navidad que paseaba las esquinas maldecido por la soledad del abandono, de la renuncia al amor. El juez implacable de la desesperación y de la angustia etílica le había condenado, al fin, a vagar sin rumbo en busca de lo que había dejado escapar. Esa Navidad no sentiría el calor de la ilusión de sus dos pequeños correteando entre los puestos de juguetes de la plaza, no sentiría el impulso de esconderse entre la gente buscando ese regalo que a ella le devolviese la sonrisa que a base de tragos le había borrado. Era irónico, pensaba, hasta echaría en falta las discusiones que cada Nochebuena, entre risa y risa, entre copa y copa, desunían la paz familiar. Ese año hubiese tocado con su familia, familia, dónde estaba ahora la familia. Él se había encargado de deshacerla poco a poco, de disolverla entre los efluvios pestilentes de los más exquisitos licores. Nadie le había cerrado las puertas pero él se encargó de tapiarlas. Cuando la desesperación levantó muros de palabras no dichas, de desgarros en el alma, de cicatrices en la vida que nunca se cerraban, cuando el daño infligido fue tan grande que hasta le dolió a él, se marchó. Fue el último regalo que les haría a ellos, redimiría la pena otorgándoles la libertad y condenándose él a la soledad extrema de la botella por compañera.
No podía dejarla, primero se negó a sí mismo su compañía, no era su amigo, se la había encontrado, era sólo un día. Después se la negaba a ella: No empieces mujer, estoy ya harto, siempre con la misma historia. Después fueron los besos de sus hijos, las caricias que ya no daba, el amor que se evaporaba entre los vahos destilados por el alambique de su esclavitud.
Caminaba en volandas, arrastrado por caras que no reconocía, por prisas que no sentía, por ilusiones que se desdibujaban, por soledades que echaba de menos. Caminaba distraído, sin rumbo, sin más sonido en su alma que el dichoso villancico. La noche había teñido de oscuridad su paso. El frío acrecentaba su soledad. De una taberna salían las risas que nublaban su alma, sentía el calor de alcoholes lejanos fluir por sus venas, el olor a desesperación le atraía irremediablemente, iba a entrar a calentar soledades con la fría embriaguez que le apremiaba y le repugnaba. El quicio de la puerta era la frontera; en el interior, dicha y olvido, en el exterior destierro y soledad. Un último paso y estaría dentro, el movimiento se enlentecía, la vida discurría a cámara lenta, estaba a punto de traspasar el umbral cuando, al fondo, unos jóvenes vaso en mano y carcajada en el alma, entonaban a gritos: “…pero mira como … los peces en el río, pero mira como … y vuelven a beber. .. y … y vuelven a … “ Su paso detuvo el avance. Él rellenaba huecos con palabras de desesperación, beben, de desdicha, beben, de consuelo marchito, beben, de desaliento, beben, de soledad, beben, de desesperación. Se giró en la noche, retomó un camino incierto de atajos indecisos. Huía de sí. La noche oscureció más su manto. Las calles se deshacían en esquinas que llevaban a ninguna parte. La gente se desdibujaba en hogares que calentaban el frío que para él nacía de la soledad del abandono. No había más risas en las calles, no había más cánticos, no había más luces. Daba tumbos sin sentido. Escapando a su soledad se dio de bruces con una capilla. Tenía frío, penetró en su interior esperando templar el alma. El olor a incienso le embriagó, pero esta vez fue de llanto, de nostalgia por lo que había dejado escapar, de añoranza de tiempos pasados, de risas perdidas, de lamentos salados de lágrimas vertidas al caudal de la desolación. Se sintió más solo que nunca y buscó el aliento en alguna de las figuras que reposaban silentes en sus peanas. No halló consuelo. De pronto una pequeña luz iluminó el nacimiento que adornaba el altar. Se acercó sin saber por qué. El aire respiraba silencios. El niño que descansaba en el portalito le sonreía, le sonreía a él y su sonrisa templó su agonía. Los silencios se deshacían en murmullos, al principio creyó que era su alma que le devolvía la sonrisa al pequeño. El murmullo dio paso a una sola voz. Levantó la mirada y miró de frente por primera vez en muchos días. Al otro lado del altar, más allá del niño, un grupo de personas sentadas, escuchaban con el corazón a José que les decía: Hoy hace una semana que no pruebo el alcohol”. Se quedó enganchado de sus palabras, necesitaba seguir aquella voz y su cuerpo avanzó. Se encontró en el fondo de una pequeña sala cerca de la sacristía, sintió nacer una esperanza que sabía perdida, no lo había buscado pero esa navidad la primera navidad en soledad sería la última que estuviese solo.


ESTE RELATO ES MI PEQUEÑA APORTACIÓN AL CONCURSO DE CUENTOS DE NAVIDAD QUE PODRÉIS SEGUIR EN EL BLOG DE ISTHAR:

http://reflexionesenblancoynegro.blogspot.com
 
SIEMPRE HAY UNA EXCUSA PARA DESEAR FELICIDAD






QUÉ TENGÁIS TANTA FELICIDAD COMO DESEÉIS.




 
SI TU SUPIERAS...



Estoy aquí, sentada tras los cristales opacos de mis sueños, con la mirada perdida en pasados que no fueron y futuros que no han de venir. Estoy sola, una taza de café humeante me sirve de consuelo, el murmullo de tu risa silente es la melodía que templa mi corazón consumido de esperas sin final.

Tú no estás, tú nunca estás. Tu imagen se refleja en el cristal velado de mis deseos marchitos, amarillentos, manoseados por un recuerdo que no recuerda, que inventa imágenes para reflejar, imágenes que no existen, que nunca existieron.

Espero, como cada mañana, que tu figura se materialice en mi deseo, que tus ojos se reflejen en mi ventana, que tu mirada siga mi estela y me encuentres rendida a tu esencia. Y como cada mañana, la bruma de otro amanecer me acerca tu aroma, me acerca tus risas, me acerca el calor de tu cuerpo que nunca me abrigó. Pero, como cada mañana, el frío cristal se interpone entre nosotros y tu sombra se diluye con los primeros rayos de sol.
 
Y AHORA QUÉ ME QUEDA



Y ahora qué me queda si tengo que abandonar tu orilla y alejarme, en esta barca de olvido, allá donde el sol se funde con el horizonte desgarrador.

Y ahora qué me queda si el húmedo recuerdo de tu cuerpo navegando por mi costa se va secando con el tórrido extravío del rencor.

Y ahora qué me queda si hasta del recuerdo tengo que apartar tu mirada, si hasta me niego que tus ojos fueran la tabla a la que me asía en mi desesperación.

Y ahora qué me queda si tu voz apagada vaga por mis sueños y despierto angustiada por la ausencia, aterida de frío sombrío, temblorosa de melodías ausentes, estremecida de silencios, desterrada de las notas de tu canción.

Y ahora qué me queda si el aroma de tu cuerpo se difumina con el salitre de las olas rompientes en las rocas ariscas de nuestra expirada unión, si tu piel no exhala vahos de delirio o pasión, si la esencia de tu alma apenas llega para embalsamar mi desalentado corazón.

Y ahora qué me queda si he sido expulsada de mis propios sueños, si del azar desdichado emana separación, si el sonido de tus pasos nunca más retumbará en algún recóndito rincón.

Y ahora apenas me queda gritarte mi adiós.
 
EL LOBO...




Cuando la abuelita se sentó a la mesa camilla y encendió la televisión su sonrisa se dibujó de oreja a oreja:
- Para lo que ha quedado, je je je.
"El lobo que gran turrón"






Esta es mi pequeña aportación al juego de Calibres de Navidad de El Cuentista Resurrección
 
MIRADAS 2


Tu mirada zarpa de pasados que no fueron y navega por mares de olvido translúcido, opacado, casi muerto.

Boga sin rumbo, sin brújula, siguiendo la estela de los siete mares, atracando en litorales desiertos. Navega perdida en los rasos de cielos tersos que la ciegan desdibujando el horizonte perdido de sus senos.

Se eleva con la marea, atraviesa las olas del deseo, se encumbra a las crestas, bordea la agonía de sueños y yace empapado de espumas, de pasión y desconsuelo.

Surca el infinito en pos de nuevos rumbos, de otros puertos, de otros fondeaderos pero sabe que, si pilota el corazón, el rumbo estará eternamente supuesto.

Desviará nortes y los ponientes anunciarán amaneceres nuevos. La estrella polar se vestirá de trópico y su anhelo disfrazará alientos deshechos.

Sorteará abismos abisales y corrientes engañosas. Surcará océanos de algas y rendirá mares de desconfiadas arenas. Timón firme, velas al viento, atravesando tornados o varado en calma chicha no cederá ante los elementos porque sabe que en otra orilla su vehemencia espera consuelo.

La travesía parece sellada. Su corazón agotado así lo desea. Desde el mástil se oye: Tierra y su alma rendida despierta. Se despejan brumas, aflora de nuevo la mirada inquieta. Galopa a lomos de deseos negados buscando de nuevo a su dueña y recorre otros ojos y navega en otras imprudencias y todo lo aparta de su mundo cuando con sus ojos tropieza.

Se ancla a su mirada y sus cegueras desertan pues amarrado a sus ojos para siempre en tierra queda.
 
MIRADAS


Tu mirada zarpa de pasados que no fueron y navega por los mares de olvido translúcido.

Boga sin rumbo, sin brújula, siguiendo la estela de los siete mares, perdida en los rasos de cielos tersos que la ciegan desdibujando el horizonte perdido de su piel.

Se eleva con la marea, surca las olas del deseo, se eleva en las crestas bordeando la agonía de sueños empapados de espumas de pasión y agonía.

Surca el infinito en pos de nuevos rumbos, de otros puertos, de otros mares pero sabe que, si pilota el corazón, el rumbo estará eternamente trazado.

Desviará nortes y los ponientes anunciarán amaneceres, la estrella polar se vestirá de trópico y su anhelo disfrazará esperanzas. Sorteará abismos abisales y corrientes traicioneras.

Surcará océanos de algas y vencerá mares de arena

 
HOY ME HAGO PASAR POR... (juego propuesto por Bito)



PALABRAS

La vida se puede ver de muchas maneras y yo la veo llena de palabras. Palabras de encuentros, de felicidad de despedidas, de amor de odios, palabras, palabras, palabras...

A nosotros nos unió la palabra cuando sólo éramos palabras. Palabras sin cuerpo, sonidos sin cara. Coincidíamos en los mismos lugares a destiempo. Pisábamos las mismas baldosas sin reparar en las huellas que dejábamos. Las ondas de nuestras voces se entremezclaban el los aires de nuestra ausencia. No nos conocíamos, no nos necesitábamos, sólo éramos voces a tiempos dispares que llenaban huecos de soledades ajenas.

Pero las palabras se cruzan y entretejen frases, frases que se alían en conversaciones, conversaciones que se fusionan en vidas soñadas, y el sueño nos alcanzó.

Soñábamos silencios imposibles, soñábamos huellas paralelas, soñábamos palabras a dúo en charlas infinitas. Soñábamos que los sueños nos despertarían en una hermosa realidad.

El sueño no dejaba rastro de dolor, las heridas se desdibujaban, las realidades las dormíamos para borrarlas, pero el camino de espinas se adueñó de los sueños. Las palabras borraron sus sonidos, los silencios arañaron nuestras almas, la sangre que bombeaba los corazones se derramó manchando los sentimientos.

Quise creer que la vida en silencio no tenía sentido.
Quisiste creer que hasta el dolor tenía su sonido agradable.
Quise creer que tu ausencia era una pausa, un aliento.
Quisiste creer que el rumor acallaría los latidos.
Quise creer que nadie nos podría silenciar.
Quisiste creer que la huída era la única salida.


Descubrí que sin ti la voz me salía ronca.
Descubrí que la cobardía acallaría para siempre la voz.
Descubrí que tus palabras se las llevaba el viento.
Descubrí que mi voz se puede acompasar a otra voz.
Descubrí que la envidia es el peor enemigo.
Descubrí que, a pesar del dolor, no fue tiempo perdido.
Descubrí que sólo nos faltó decir adiós.

Ahora vivo la vida con sonidos nuevos. Tiño de sonrisas mi rostro aún compungido. El maquillaje que se ancla en mi rostro pronto lo hará en mi corazón. El tono de mi voz ha cambiado y a pesar de todo creo reconocer la belleza que en ella un día habitó.


¿Quién soy? Eso es lo que tenéis que averiguar aunque creo que lo he puesto algo difícil, ya dije que lo de imitar se me da mal.



La imagen es de un poema de ANgélica Guerra "Coré" que podéis encontrar en:

www.mentestorcidas.com/corep.htm