LA MÁQUINA DEL TIEMPO (III)

5. EL PRIMER VIAJE.
Un ruido comenzó a adueñarse de la habitación. Había empezado con el deseo, expresado en voz alta, de ir a la prehistoria; pero estaban tan entusiasmados, soñando con esa posibilidad, que no lo oyeron. ¡De pronto, todo se hizo luz y todo oscuridad! Estaban asustados, entrecruzaron fuertemente sus manos y una sensación de velocidad, pero sin movimiento, se apoderó de ellos. La habitación giraba y giraba, sin poder detenerla. Intentaron bajarse del sofá, pero una fuerza superior los obligaba a permanecer fijos en él, como si estuvieran pegados. Cerraron los ojos. La sensación iba en aumento. Comenzaron a gritar. De repente, igual que había comenzado todo, se fue parando. El miedo les paralizaba todos los músculos. No se atrevían a abrir los ojos. Cuando todo se hubo detenido y lograron reaccionar, fue Ana quien los abrió primero. La oscuridad era completa, no sabía dónde se encontraba. Quizás se había ido la luz y todo era producto de la tensión nerviosa, de haber entrado a hurtadillas en el garaje y haberse sentado en el sofá. ¡Eso era! Se había ido la luz y continuaban en el mismo lugar. Logró soltarse de la mano de Alfonso y éste abrió también los ojos.
- Se ha ido la luz. ¡Que susto he pasado! Lo mejor es que salgamos de aquí y nos acostemos.
-Tienes razón, mi padre dijo que no lo tocáramos, que podía ser peligroso. Menos mal que no hemos tocado nada, solo nos hemos sentado.
Cuando se pusieron de pie notaron algo raro. Parecía como si el suelo fuera de tierra, olía a húmedo. ¡Qué tontería! Los nervios les estaban jugando una mala pasada. Dieron unos pasos y comprobaron que no eran los nervios. Realmente el suelo era de tierra y ellos estaban en, lo que parecía, el interior de una cueva.
Si hasta ese momento habían sentido miedo, ahora el pánico les salía por todos los poros de la piel. La máquina había funcionado, pero ¿cómo?
Un ruido estremecedor, desde el interior de la cueva, hizo que reaccionaran. Corrieron hacia el exterior y allí, un cielo estrellado les dio la bienvenida a... ¿Dónde estaban? No lo sabían. Parecía un bosque muy tupido. El ruido seguía detrás de ellos y lo primero que se les ocurrió fue subirse a uno de los árboles.
Un terrible oso salió en ese momento de la cueva. Lo habían despertado, pero, al parecer, tenía tanto sueño, que volvió a la cueva sin verles. ¡Menos mal!, por poco si no lo contamos, pensaron los dos, pero sin decir ni una palabra en voz alta para no asustar al otro.
Desde lo alto del árbol sólo veían más árboles. Estaban en un bosque pero dónde y, sobre todo, cuándo. Ya no había duda, la máquina funcionaba, pero no sabían a qué época les había llevado. Decidieron bajar del árbol y echar una ojeada. Parecía como si más allá de los árboles se extendiera un pequeño rumor, no era un ruido aterrador, como el del oso, pero eran incapaces de identificarlo. Era un ruido monótono, repetitivo...
- “Bunga bunga, tonka ton. Bunga bunga, tonka ton...”
Giraron la cabeza y dirigieron la mirada hacia un claro del bosque. Bajaron del árbol y se dirigieron hacia el lugar del que parecía provenir el sonido. Iban muy despacio. No sabían lo que podían encontrarse y el instinto de supervivencia les hacía ser precavidos. A medida que se acercaban, las estrellas se escondían tras unas nubes amenazantes, pero ello no interrumpió su marcha. Agazapados detrás de unos árboles, conteniendo la respiración, asomaron sus cabezas para ver lo que ocurría. Unos hombres y mujeres, que cubrían sus cuerpos con pieles, estaban en cuclillas emitiendo esos sonidos. De pronto, un trueno anunció que la tormenta se acercaba a ellos. No parecía que les preocupara, más bien parecía como si la estuvieran esperando. El primer relámpago hizo que se pusieran de pie y acercaran al centro un montón de palos. La tormenta estaba encima. Un rayo cayó cerca y prendió un árbol. Eso hizo que se volvieran como locos. Se acercaban al árbol incendiado intentando coger el fuego.
Ya sabían dónde estaban: En el momento en que el hombre descubrió el fuego. Ellos no lo sabían hacer y dependían de las tormentas para conseguirlo. Era justo la época que quería conocer Alfonso. Cuando la tormenta terminó Ana y Alfonso se bajaron del árbol, pero al bajar rompieron una rama que hizo un ruido seco. Esos hombres y mujeres con pieles se les quedaron mirando, ellos volvían a estar paralizados. Ninguno se movió y ellos comenzaron a dar unos pasos hacia atrás, lentamente, pero no los seguían, es más, no los veían. El viaje los había transportado a otra época donde no eran visibles.
Algo más relajados y sabiendo que no podían ser descubiertos, decidieron quedarse unos días para ver el modo de vida de los primitivos. Se sorprendieron de que las mujeres fueran las encargadas de los trabajos más duros. Tenían que recoger frutos, hierbas comestibles y curativas, curtir las pieles que les protegían del frío, fabricar las puntas de sílex con las que poder cazar, elaboraban la comida, aunque esto le llevaba poco tiempo ya que se limitaban a asar las piezas que traían los hombres, cuidaban a los niños, también eran las encargadas de despiojar a todos los miembros de la tribu. Un largo etcétera componían sus quehaceres, mientras que los hombres se limitaban a cazar y a luchar contra las otras tribus rivales, eso sí, ayudados por las mujeres.
- ¡Esto no es justo! –decía Ana- La inmensa mayoría del trabajo lo hacen las mujeres y apenas descansan. Son las últimas en comer y sólo les dejan las sobras.
- Tienes razón, pero, qué podemos hacer, si ni siquiera nos ven y no podemos hablar con ellos. De todos modos no te preocupes, todo esto ocurrió hace millones de años.
- No te equivoques, esto está pasando ahora y tenemos que intentar algo.
Ana salió disparada de su escondite y se acercó a uno de los hombres que empujaba a una mujer para que no comiera hasta que él terminara. Ana cogió un hueso y le sacudió en la cabeza. El hombre quedó pasmado, pensando que había sido la mujer. El dolor era tan fuerte que se cayó sentado al suelo. Las mujeres que estaban cerca empezaron a gritar y a aullar. Levantaban las manos de su heroína, que por supuesto no era Ana, a ella no la habían visto, y cogiendo otros huesos atacaban a los hombres que, sorprendidos, corrían. No se explicaban por qué sus compañeras les atacaban de esa manera. Cuando se retiraron los hombres, ellas comenzaron a comer. Una de las mujeres acercó una pieza de carne a un hombre y poco a poco, todos estaban comiendo juntos. Al día siguiente y tal vez recordando los porrazos recibidos de las mujeres, las invitaron a comer con ellos.
- ¡Estás loca Ana! ¿Cómo se te ha ocurrido hacer semejante tontería? ¡Te podía haber pasado algo!
- Pero no ha sido así y ahora no comerán las sobras.
Estuvieron estudiando la vida en la prehistoria durante unos días y decidieron volver a su época. Con mucho cuidado, para no despertar al oso, entraron en la cueva y se sentaron de nuevo en el “sofá”. Creo que esto funciona simplemente diciendo la época a la que se quiere ir.
- ¡A casita! –Dijo Ana.
6. ¡QUE NO FALLE NADA!
Dicho y hecho. Sintieron los mismos ruidos y la misma sensación de velocidad, aunque ahora ya no estaban tan asustados. Apenas les dio tiempo a pensar que podía fallar y quedar atrapados en la prehistoria, cuando se encontraron en el garaje de la casa de Ana.
Parecía como si nada hubiera ocurrido, todo permanecía igual. Había funcionado correctamente. Se asomaron al pasillo para ver si Paqui se había despertado, pero seguía profundamente dormida en el sofá. Volvieron al garaje y de nuevo cerraron la puerta.
- ¡Esto es demasiado! ¿Has visto? Hemos viajado en el tiempo. He sido testigo de cómo el hombre comenzó a utilizar el fuego...
- ¡Pues yo, de lo que he sido testigo, es de la injusticia que sufrían las mujeres ya en esa época y, que sin duda, se ha repetido en todas las demás!
- ¡Pero, no te pongas así!
- ¿Cómo quieres que me ponga?
- Anda, tranquilízate un poco. Creo que podríamos usar la máquina para ir a diferentes épocas, tomar notas y luego hacer el trabajo.
- ¿No te da miedo volver al sofá?
- Ya ha funcionado dos veces, así que no, no me da miedo. Estoy seguro que tú tienes tantas ganas como yo, pero esta vez me tienes que prometer que no vas a actuar en otras épocas de ninguna manera, si no..., no voy.
- De acuerdo, sin actuar. ¿Te parece que elija yo ahora? Vamos, siéntate en el sofá...
(continúa...)
Comentario:
es que eres un primor
Comentario:
Esto de poder conectarme tan poco me priva del placer del día a día pero me regala minutos de atracón de tus cosas, gracias preciosa.