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Sindicación
 
¿YA NO TE RÍES DANIEL? (PRIMERA PARTE)
Daniel siempre estaba riendo: cuando su amigo Enric hacía el payaso en el patio del recreo y giraba y giraba y acababa tirado en el suelo, se reía; cuando Virgi, que era muy despistada, se ponía un zapato negro y otro marrón para ir al cole, se reía; cuando le hacían cosquillas, se reía y cuando él intentaba contar un chiste, nunca podía acabarlo porque se reía.
-¡Qué simpático es Daniel!-decían unos -Siempre tiene dibujada una sonrisa en la cara.
Pero Daniel también se reía cuando alguien se caía en la calle, cuando un señor despistado chocaba contra una farola, cuando alguien se atragantaba y estaba a punto de ahogarse, cuando se perdieron en la excursión de la montaña y todos estaban preocupados porque tenían que hacer noche en un refugio, o cuando le escondía los deberes a May y May, que era un poco llorón, lloriqueaba porque la seño le iba a regañar por no llevar la tarea.
-¡Qué maleducado es Daniel!-decían otros –Se ríe de las desgracias de los demás.
Y May, muy bajito, decía:
-Algún día deberían reírse de él como él se ríe de los demás.
Daniel no se pasaba todo el día riendo, también tenía tiempo para muchas otras cosas como jugar al fútbol, tirar garbanzos con el tirachinas a los cristales de la casa que estaba al otro lado de su jardín, jugar con la consola, quedar en el parque con sus amigos, pero, sobre todo, Daniel tenía tiempo para dibujar.
-¡Es un artista! –decía su madre, que le quería mucho.
-¡Es un artista! –decía su tía Florita, que de eso sabía un rato porque trabajaba como vigilante en un museo y veía todos los días muchos cuadros.
-¡Es un artista! –le decía la seño a los otros niños de la clase.
Y Daniel sonreía orgulloso, como un pavo real con la cola desplegada en mil colores, pero lo que todos veían era la risa dibujada en su cara, una risa burlona que les decía:”Yo soy mejor que vosotros y nunca dibujaréis como yo”. Y no les gustaba su sonrisa.
A Daniel le encantaba coger sus pinturas, su cuaderno, su goma de borrar y salir a la calle a dibujar. Si veía un jilguero encerrado en una jaula, él lo dibujaba; si era una maceta con flores de colores, él la dibujaba; si veía un perro correteando y saltando por el parque, él lo dibujaba; o un guardia con silbato y porra dirigiendo el tráfico, o una ambulancia con las luces de emergencia girando, o un árbol enorme que acariciaba la panza de las nubes, o el edificio de correos con su reloj en la torre…Él lo dibujaba todo, todo menos la casa de May porque en esa casa había algo que le daba miedo, algo que le erizaba el pelo cuando pasaba cerca de ella y entonces aligeraba el paso y no se detenía a mirarla, ni a dibujarla porque le parecía que la casa se reía de él y a él no le gustaba que nadie ni nada se riera de él.
May vivía con su abuela, una señora muy viejecita, un poco corta de vista, con una voz un poco temblorosa, o eso es lo que parecía, porque la abuela guardaba un gran secreto: ¡Tenía poderes! Sí, tenía poderes y ensayaba sus hechizos en el sótano cuando May no estaba en la casa. May no sabía que su abuela tenía poderes, si no, le hubiese pedido que, por lo menos, una vez, todos se rieran de Daniel. Pero a la abuela no le hacía falta que May le pidiera ningún deseo, ella los sabía, para eso tenía poderes.
Una tarde, cuando el sol se iba escondiendo detrás de los tejados y las primeras estrellas encendían sus luces, Daniel no tuvo más remedio que pasar delante de la casa de May. Iba a felicitar a su tía Florita que cumplía años. Por primera vez en su vida iba solo. Ya era mayor, no hacía falta que papá o mamá le acompañara. Lo malo es que se había entretenido con sus amigos en el parque y se le había hecho tarde. El camino más corto pasaba por delante de la casa de May. Tenía que armarse de valor y atajar por allí. Pero ese día, precisamente ese día, se había reído de May con todas sus fuerzas: Esa mañana, tenían que entregar el cuaderno con todos los dibujos del trimestre, y todos sabían que si alguien no lo presentaba, se ganaría un cero patatero. Sí, un cero redondo, grande, como un donut gigante, un cero de esos que cuando te cae encima casi te ahoga porque pesa tanto que te aplasta. Todos lo sabían. A May le había costado mucho trabajo hacer todos los dibujos porque él no pintaba muy bien y estaba muy contento porque le había dado tiempo a acabarlos todos. Al llegar al cole, dejó la mochila en un rincón para jugar al fútbol. Era temprano y siempre echaban un partidillo antes de empezar la clase. Daniel lo vio y pensó en reírse de él un rato. Cogió el cuaderno y lo escondió debajo de un banco del patio con tan mala suerte que Virgi, tan despistada como siempre, al ir a sentarse precisamente en ese banco, derramó su batido de cacao y manchó el cuaderno de May. ¡Y ahora qué podía hacer!, pensaba Daniel. Lo mejor era no decir nada, él no sabía nada. May, al ir a recoger su mochila, notó que estaba medio abierta y que faltaba el cuaderno de dibujo. Como un loco se puso a buscarlo por todo el patio y cuando lo encontró y vio que estaba lleno de batido de chocolate se puso a llorar. Con todo el trabajo que le había costado y no servía para nada, así no lo podía entregar. La seño le puso el cero patatero por descuidado y no quiso escuchar las explicaciones que intentaba darle. En ese momento, sólo Daniel se reía.
Pero ahora esas risas de por la mañana le pesaban como un saco de patatas a la espalda. Se acercaba a la casa de May. Sentía que toda ella tomaba vida: el color ocre de las paredes se asemejara al color de la piel, las ventanas parecían parpadear como si fueran ojos, las tejas del tejado parecían ondularse como se ondula el pelo cuando hace viento, la puerta se arrugaba, pero ya no era una puerta, era una enorme boca con una horrible mueca que le hablaba. ¿Le hablaba? No estaba seguro. Aligeró el paso, pero la acera que llevaba a la entrada de la casa de May se replegaba y no le dejaba avanzar, era como la lengua de una rana que atrapase una mosca y él era la mosca. No quería morir. Tenía miedo y no quería morir tragado por una casa-rana.
-Ja, ja, ja-oyó una risa áspera desde dentro -.Ja, ja, ja.





Continuará...
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Comentario:
Para cuándo la seguna entrega??
besitos
vir
 
Comentario:
Querida White:
Como bien sabes, mañana me caso... y voy a estar fuera 15 días. Espero que perdones mis ausencias y que ello no signifique que no vengas a verme a mi casa como acostumbras. Hazte cargo.
Volveré y vendré a verte, como siempre.
Un beso.
Iván.
Salud/OS!!
 
Comentario:
Pues creo que Daniel se tiene merecido un buen susto, así dejará de reirse vanamente y guardará sus risas para mejor ocasión.

Besos muchos
No