B-Day
¡Hola personitas!
Bueno... Disculparme si últimamente he dejado esto de lado, pero no me apetecía... De todos modos, escribo para desearos lo mejor para el próximo año 2006. Sé que es muy típico, pero no podía despedirme sin desearoslo... Y una vez más, quiero daros las gracias a todos por ser como sois, y deciros que ooos quiero muchísimo a todos *_* .
Y bueno, aunque muchos no lo sepan ni os importe XD, hoy es mi cumpleaños... No debería decirlo porque entonces tiene poco mérito, pero nunca me ha gustado hacer cosas normales XD, así que nada, feliz año a todo, felicidades a mí misma, y un besazo a cada uno de vosotros...
Y aquí termina el último post del año 2005*
*Necesitaba decirlo... XD
Anna.
Bueno... Disculparme si últimamente he dejado esto de lado, pero no me apetecía... De todos modos, escribo para desearos lo mejor para el próximo año 2006. Sé que es muy típico, pero no podía despedirme sin desearoslo... Y una vez más, quiero daros las gracias a todos por ser como sois, y deciros que ooos quiero muchísimo a todos *_* .
Y bueno, aunque muchos no lo sepan ni os importe XD, hoy es mi cumpleaños... No debería decirlo porque entonces tiene poco mérito, pero nunca me ha gustado hacer cosas normales XD, así que nada, feliz año a todo, felicidades a mí misma, y un besazo a cada uno de vosotros...
Y aquí termina el último post del año 2005*
*Necesitaba decirlo... XD
Anna.
El mejor regalo
Hace bastante tiempo que soy socia de Amnistía Internacional, cada mes me envían un boletín, pero el de este mes, es sin duda muy emotivo... Quiero compartirlo con vosotros n_n.
Querida amiga,
Acaba un año en el que podemos felicitarnos por el avance en la abolición de la pena de muerte, pero en el que miles de ciudadanos han sido torturados por gobiernos que desprecian los Derechos Humanos.
Por eso nos alegra tanto saber que podremos seguir contando contigo para combatir ésta y otras violaciones, ocurran donde ocurran y las cometa quien las cometa.
Mientras lees estas líneas, Yu Chanaxin (China) y Hammoud Murshid (Yemen) pasan sus días encarcelados por sus ideas y olvidados del mundo. Hazles el mejor regalo. Tu mensaje será una ventana a la esperanza para el año que comienza.
Un fuerte abrazo,
Esteban Beltrán
Director de Amnistía Internacional España
Anna.
Querida amiga,
Acaba un año en el que podemos felicitarnos por el avance en la abolición de la pena de muerte, pero en el que miles de ciudadanos han sido torturados por gobiernos que desprecian los Derechos Humanos.
Por eso nos alegra tanto saber que podremos seguir contando contigo para combatir ésta y otras violaciones, ocurran donde ocurran y las cometa quien las cometa.
Mientras lees estas líneas, Yu Chanaxin (China) y Hammoud Murshid (Yemen) pasan sus días encarcelados por sus ideas y olvidados del mundo. Hazles el mejor regalo. Tu mensaje será una ventana a la esperanza para el año que comienza.
Un fuerte abrazo,
Esteban Beltrán
Director de Amnistía Internacional España
Anna.
la caja del diablo
Crea su capullo,
y duemre unas horas,
y al salir saca la lengua
y la despereza y se araña
quitandose lo que sobra
de su anterior piel.
Él me escondía de este mundo,
me atrapaba en cada noche
y me disfrzaba de mí misma,
sólo para no ser como él.
Occidente ya no quiere ver exotismo en la mirada de Oriente, sino realidad.
Tal vez Occidente tenga miedo.
Anna.
y duemre unas horas,
y al salir saca la lengua
y la despereza y se araña
quitandose lo que sobra
de su anterior piel.
Él me escondía de este mundo,
me atrapaba en cada noche
y me disfrzaba de mí misma,
sólo para no ser como él.
Occidente ya no quiere ver exotismo en la mirada de Oriente, sino realidad.
Tal vez Occidente tenga miedo.
Anna.
Made in Japan
¡Hoola!
Hoy cuando he vuelto de mis clases, me ha pasado algo... Indescriptible.
Entre el frío que hacía, y que mi cabeza andaba entre pensamientos e imaginaciones, me ha costado darme cuenta de que alguien me llamaba.
"Yo no español, ayuda" ... Ha sonado en mi espalda, enseguida me he girado, y allí estaba. Era un chico japonés, con el teléfono de la cabina en la mano y con cara de desesperación. A duras penas le he entendido, al final hemos conluido en que tenía que hablar con la mujer del teléfono y preguntarle cuanto costaba al mes y los metros... La mujer andaba tan despistada como yo, pero al final se lo he apuntado al chico, y me ha dado las gracias.
Puede parecer algo insignificante, pero que me haya escojido a mí de todas las personas que caminaban por la calle, me hace sentir orgullosa.
He vuelto a casa con una tonta sonrisa en la cara, el frío ya no calaba en mis huesos, y he deducido que el chico quería instalar uno de esos Bazares Orientales que venden de todo... Y que tanto me gustan. Siempre escucho a mi madre quejarse de que vienen a invadirnos (Eso provoca grandes discusiones entre ella y yo), pero yo creo que sólo vienen a ganarse la vida, además en esas tienda venden de todo, y casi todo Made in Japan, y a veces ponen algo de CPop o JPop, no lo sé... Creo que soy la única que piensa así aquí, pero poco me importa.
Un beso,
Anna.
Hoy cuando he vuelto de mis clases, me ha pasado algo... Indescriptible.
Entre el frío que hacía, y que mi cabeza andaba entre pensamientos e imaginaciones, me ha costado darme cuenta de que alguien me llamaba.
"Yo no español, ayuda" ... Ha sonado en mi espalda, enseguida me he girado, y allí estaba. Era un chico japonés, con el teléfono de la cabina en la mano y con cara de desesperación. A duras penas le he entendido, al final hemos conluido en que tenía que hablar con la mujer del teléfono y preguntarle cuanto costaba al mes y los metros... La mujer andaba tan despistada como yo, pero al final se lo he apuntado al chico, y me ha dado las gracias.
Puede parecer algo insignificante, pero que me haya escojido a mí de todas las personas que caminaban por la calle, me hace sentir orgullosa.
He vuelto a casa con una tonta sonrisa en la cara, el frío ya no calaba en mis huesos, y he deducido que el chico quería instalar uno de esos Bazares Orientales que venden de todo... Y que tanto me gustan. Siempre escucho a mi madre quejarse de que vienen a invadirnos (Eso provoca grandes discusiones entre ella y yo), pero yo creo que sólo vienen a ganarse la vida, además en esas tienda venden de todo, y casi todo Made in Japan, y a veces ponen algo de CPop o JPop, no lo sé... Creo que soy la única que piensa así aquí, pero poco me importa.
Un beso,
Anna.
For you
Hace unos días que se ha ido una parte de mí...
No quería escribirlo, porque esto significa que me ha afectado más de lo que debería.
Una persona un día me enseñó que las mejores cosas se van para dejar hueco a cosas mejores, hoy por hoy, esa persona es la que se ha marchado, y soy incapaz de pensar que habrá alguien mejor.
Gracias Ana.
Te quiero de todas las formas que se puede querer.
P.D. Ya no me apetece celebrar nada...
Un beso,
Anna.
No quería escribirlo, porque esto significa que me ha afectado más de lo que debería.
Una persona un día me enseñó que las mejores cosas se van para dejar hueco a cosas mejores, hoy por hoy, esa persona es la que se ha marchado, y soy incapaz de pensar que habrá alguien mejor.
Gracias Ana.
Te quiero de todas las formas que se puede querer.
P.D. Ya no me apetece celebrar nada...
Un beso,
Anna.
¡Feliz Navidad!
¡Buenos buenos días!
Vale, hoy por fin puedo decir oficialmente... ¡Feliz Navidad!
Pues nada... Ayer recibí mi cámara digital, que aunque parezca mentira... Me salen todas las fotos movidas... ¬¬UU
Y en fin... Para ser franca no me aptece dar detalles de la cena de ayer, imaginaos una cena familiar con mucha comida, algo aburrida, y ya está n_n.
Sólo era eso, Felices fiestas a todos.
P.D. Estoy deseando que Georgina vuelva de Jaén para ir al Skating de Barcelona a patinar... ¡Y es que con estos tiempos apetece!
Por cierto, me han regalado 3 bufandas... ^_^UU que cosas XD.
Anna.
Vale, hoy por fin puedo decir oficialmente... ¡Feliz Navidad!
Pues nada... Ayer recibí mi cámara digital, que aunque parezca mentira... Me salen todas las fotos movidas... ¬¬UU
Y en fin... Para ser franca no me aptece dar detalles de la cena de ayer, imaginaos una cena familiar con mucha comida, algo aburrida, y ya está n_n.
Sólo era eso, Felices fiestas a todos.
P.D. Estoy deseando que Georgina vuelva de Jaén para ir al Skating de Barcelona a patinar... ¡Y es que con estos tiempos apetece!
Por cierto, me han regalado 3 bufandas... ^_^UU que cosas XD.
Anna.
Layer 08 - The Dream
Buf... Debo decir que a pesar de ser tan corto, es el Layer que más me ha costado escribir. Empezé desde que acabé el séptimo, y tras escribirlo docenas de veces, ya estoy medio satisfecha.
Había echo una serie de cartas que acompañaban al Layer pero están en paradero desconocido (Junto a mi Diario ¬¬), así que hasta que no las encuentre no las podré postear... Así que nada, allí va, y ahora más que nunca pido vuestra opinión del Layer y de el fanfic en general n_n.
Espero que os guste. Porque lo que se dice a mí, no.
Layer 08 (II) - The Dream
"
Present Day, present time.
"
Lain corría. Siguió corriendo hasta llegar agotada hasta el parque más próximo.
La gente miraba su rostro destrozado con lástima, y Lain se avergonzaba y trataba de cubrirse con las manos. Se dejó caer sobre un banco blanco de madera, y mirando al cielo cerró su único ojo.
Por un momento imaginó que nada había ocurrido, que aún se encontraba en casa de sus padres cenando con la televisión encendida. Su hermana Mika hablaba de lo que había echo en el Instituto, y ella se limitaba a observar.
Ahora se encontraba en el estudio junto a su padre. Ya lo había vivido, lo recordaba con bastante detalle. Su padre le hablaba, pero ella no podía escucharlo, le tocaba, quería sentirlo cerca una vez más.
Lain se incorporó, su ojo lloraba, quizás por nostalgia, se limpió las lágrimas y caminó.
Ya no tocaba el suelo cuando caminaba, ya no sentía el aire en sus pulmones, ya no sentía la fragancia de todas esas flores, su vida había dejado de tener sentido... Su mundo se desvanecía por completo. Llevaba tiempo luchando contra la oscuridad, corriendo contra el viento, todo en vano.
Abandonó el pequeño parque con flores y se dirigió a un viejo edificio que por su estado parecía abandonado. Debía haber sido una Biblioteca, porque en el interior quedaban algunas estanterias con libros viejos y llenos de polvo. Subió hasta la azotea de la Biblioteca, no era muy alta, pero podía verse la Tokyo Tower, en realidad podía verse Tokyo en una tarde tranquila. Miró a su alrededor, echó un largo vistazo a todos esos eficios llenos de gente y se acercó al borde.
Traspaso con aigilidad la barandilla y se mostró firme. Estaba cansada, agotada, no físicamente, sino psicologicamente. Llevaba tiempo detrás de una felicidad que no le pertenecía. Observó el cielo, y dejó caer su cuerpo lentamente al vacío. Por un momento flotó en el aire de la ciudad, fue un pájaro en libertad hasta que su cuerpo se golpeó contra el asfalto.
Y entró en el mejor de los sueños.
The End.
Anna.
Había echo una serie de cartas que acompañaban al Layer pero están en paradero desconocido (Junto a mi Diario ¬¬), así que hasta que no las encuentre no las podré postear... Así que nada, allí va, y ahora más que nunca pido vuestra opinión del Layer y de el fanfic en general n_n.
Espero que os guste. Porque lo que se dice a mí, no.
Layer 08 (II) - The Dream
"
Present Day, present time.
"
Lain corría. Siguió corriendo hasta llegar agotada hasta el parque más próximo.
La gente miraba su rostro destrozado con lástima, y Lain se avergonzaba y trataba de cubrirse con las manos. Se dejó caer sobre un banco blanco de madera, y mirando al cielo cerró su único ojo.
Por un momento imaginó que nada había ocurrido, que aún se encontraba en casa de sus padres cenando con la televisión encendida. Su hermana Mika hablaba de lo que había echo en el Instituto, y ella se limitaba a observar.
Ahora se encontraba en el estudio junto a su padre. Ya lo había vivido, lo recordaba con bastante detalle. Su padre le hablaba, pero ella no podía escucharlo, le tocaba, quería sentirlo cerca una vez más.
Lain se incorporó, su ojo lloraba, quizás por nostalgia, se limpió las lágrimas y caminó.
Ya no tocaba el suelo cuando caminaba, ya no sentía el aire en sus pulmones, ya no sentía la fragancia de todas esas flores, su vida había dejado de tener sentido... Su mundo se desvanecía por completo. Llevaba tiempo luchando contra la oscuridad, corriendo contra el viento, todo en vano.
Abandonó el pequeño parque con flores y se dirigió a un viejo edificio que por su estado parecía abandonado. Debía haber sido una Biblioteca, porque en el interior quedaban algunas estanterias con libros viejos y llenos de polvo. Subió hasta la azotea de la Biblioteca, no era muy alta, pero podía verse la Tokyo Tower, en realidad podía verse Tokyo en una tarde tranquila. Miró a su alrededor, echó un largo vistazo a todos esos eficios llenos de gente y se acercó al borde.
Traspaso con aigilidad la barandilla y se mostró firme. Estaba cansada, agotada, no físicamente, sino psicologicamente. Llevaba tiempo detrás de una felicidad que no le pertenecía. Observó el cielo, y dejó caer su cuerpo lentamente al vacío. Por un momento flotó en el aire de la ciudad, fue un pájaro en libertad hasta que su cuerpo se golpeó contra el asfalto.
Y entró en el mejor de los sueños.
The End.
Anna.
Oh Winter...
Mmmm... Ahora estaba pensando, que hace tiempo que no dedico algunas palabrillas largas al Blog.
Una de las muchas razones, ha sido mi Fanfic de Serial Experiments (Que por cierto, mentí cuando dije que vendría próximamente el último Layer, porque creo que me va a faltar tiempo), que me ha mantenido con la cabeza en otra parte.
De vez en cuando necesito proyectos de este tipo para mantenerme ocupada... Aunque todos los proyectos que he empezado hasta ahora nunca los he acabado.
Tengo cientos de novelas de terribles situaciones sin terminar... Me cuesta bastante centrarme :**.
Y... ¿A vosotros cómo os va la cosa? Espero que bien n__n, será mi Invierno querido que me enternece, pero os deseo lo mejor.
Y es que el Invierno me tiene enamorada... Entre Japón, Barcelona y el Invierno... Tengo una orgía amorosa dentro de mí (Que cosas de decir XD).
Me encantan las luces de las calles... Iluminando los rostros de las personas que como yo, se quedan embobados, casi hipnotizados por las bombillas de colores... Me gusta que el frío se adueñe de mi cuerpo, llegando a casa congelada y con las manos rojas.
¿Y qué me deciís del calor humano? WA... Creo que eso es lo mejor, cada mañana, cuando llego a clase, busco el abrazo de Carolina para entrar en calor....
En fin... Se me han agotado las ideas, no hay mucho de interesante en este Artículo, pero me apetecía pasar un rato ante vosotros.
Anna.
Una de las muchas razones, ha sido mi Fanfic de Serial Experiments (Que por cierto, mentí cuando dije que vendría próximamente el último Layer, porque creo que me va a faltar tiempo), que me ha mantenido con la cabeza en otra parte.
De vez en cuando necesito proyectos de este tipo para mantenerme ocupada... Aunque todos los proyectos que he empezado hasta ahora nunca los he acabado.
Tengo cientos de novelas de terribles situaciones sin terminar... Me cuesta bastante centrarme :**.
Y... ¿A vosotros cómo os va la cosa? Espero que bien n__n, será mi Invierno querido que me enternece, pero os deseo lo mejor.
Y es que el Invierno me tiene enamorada... Entre Japón, Barcelona y el Invierno... Tengo una orgía amorosa dentro de mí (Que cosas de decir XD).
Me encantan las luces de las calles... Iluminando los rostros de las personas que como yo, se quedan embobados, casi hipnotizados por las bombillas de colores... Me gusta que el frío se adueñe de mi cuerpo, llegando a casa congelada y con las manos rojas.
¿Y qué me deciís del calor humano? WA... Creo que eso es lo mejor, cada mañana, cuando llego a clase, busco el abrazo de Carolina para entrar en calor....
En fin... Se me han agotado las ideas, no hay mucho de interesante en este Artículo, pero me apetecía pasar un rato ante vosotros.
Anna.
Notas
Ya me han dado las notas...
¡Ni un suspenso! DIOX... Mis miedos se han esfumado completamente...
Está noche no he podido dormir, no es algo de lo que me gusta hablar, pero estoy feliz feliz feliz...
¡Felices fiestas a tod@s!
Anna.
¡Ni un suspenso! DIOX... Mis miedos se han esfumado completamente...
Está noche no he podido dormir, no es algo de lo que me gusta hablar, pero estoy feliz feliz feliz...
¡Felices fiestas a tod@s!
Anna.
Somiar
¡Hoola!
Bueno, ante todo... Que poquito queda eh :*...
Hoy ha sido mi último día *formal* de clase del 2005. Mañana las notas y ya está.
Estoy entusiasmada, este trimestre se me ha pasado muy rápido, no he podido saborear bien las clases... Pero ya habrá tiempo para ello los dos próximos trimestres.
Físicamente no me encuentro demasiado bien, ayer sufrí una de mis infecciones intestinales... Para variar, y estuve con naúseas toda la mañana, así que no fuí a clase.
Por lo demás... Las cosas van bien, bien sí... Últimamente hablo poco de mi día a día, pero he perdido un poco la ilusión en ello... Para ser franca pocas cosas me asombran ya de mis días, así que sigo aquí, como siempre n_n.
Si demà ja no puc somiar, fes-ho per mi
Traducción*: Si mañana ya no puedo seguir soñando, hazlo por mi
Un beso,
Anna.
Bueno, ante todo... Que poquito queda eh :*...
Hoy ha sido mi último día *formal* de clase del 2005. Mañana las notas y ya está.
Estoy entusiasmada, este trimestre se me ha pasado muy rápido, no he podido saborear bien las clases... Pero ya habrá tiempo para ello los dos próximos trimestres.
Físicamente no me encuentro demasiado bien, ayer sufrí una de mis infecciones intestinales... Para variar, y estuve con naúseas toda la mañana, así que no fuí a clase.
Por lo demás... Las cosas van bien, bien sí... Últimamente hablo poco de mi día a día, pero he perdido un poco la ilusión en ello... Para ser franca pocas cosas me asombran ya de mis días, así que sigo aquí, como siempre n_n.
Si demà ja no puc somiar, fes-ho per mi
Traducción*: Si mañana ya no puedo seguir soñando, hazlo por mi
Un beso,
Anna.
Christmas buys
Buenos días ^^.
Ante todo, quisiera disculparme por no haber llevado el Blog con regularidad... Pero entre los exámenes, las clases y las compras no he tenido tiempo ni para mí.
El Miércoles finalmente ya me dan las notas, y si todo va bien, no habrá ningún suspenso... Y para ser franca, es algo que me ha sorprendido, porque este curso no me ha ido del todo bien.
Por otra parte, ya he comprado los regalos. Para mi padre una camisa nueva muy elegante con rayas verticales. Es preciosa *.*.
A mi madre, un jersey precioso de lana, muy largo, como a ella le gustan y una bufanda de lana también, de un color cobrizo.
Para mi hermana, le he prometido que le invitaría al cine con palomitas incluidas, ya que no quería nada. De todos modos, creo que le compraré una cruz de plata que vimos el otro día en una joyería.
A mi perrita, le he comprado una manta nueva, que va a juego con el sofá que mis padres le han comprado. Es muy suave, y también muy bonita... Aunque eso último no creo que lo note :P.
Y por último, y no menos importante, a Geo le he comprado una falda a cuadros verdes, que hacía tiempo que la quería de Pull&Bear, a mi también me gustaba, aunque como era por encima de las rodillas... Le quedará mejor a ella XD, y a Carolina, le he comprado un anillo naranja que es idéntico al que ella me "regaló" pero en morado, que le tiene mucho cariño y un pañuelo como el que tengo que le encanta. Le iba a comprar un "poncho", pero lo compró justo un día antes de que yo lo hiciera -.-UU.
Y ya está... Buf... Me encanta el espíritu consumista que se me mete aquí, en el estómago xD.
Y con todo esto decir, que no es tanto el regalo, sino el simple echo de acordarme de ellos ^_^.
P.D. Está noche hay plan de cine en casa de Roman: Comida, mantas, una pelicula cualquiera y los amigos... Suena bien ^^.
Un beso,
Anna.
Ante todo, quisiera disculparme por no haber llevado el Blog con regularidad... Pero entre los exámenes, las clases y las compras no he tenido tiempo ni para mí.
El Miércoles finalmente ya me dan las notas, y si todo va bien, no habrá ningún suspenso... Y para ser franca, es algo que me ha sorprendido, porque este curso no me ha ido del todo bien.
Por otra parte, ya he comprado los regalos. Para mi padre una camisa nueva muy elegante con rayas verticales. Es preciosa *.*.
A mi madre, un jersey precioso de lana, muy largo, como a ella le gustan y una bufanda de lana también, de un color cobrizo.
Para mi hermana, le he prometido que le invitaría al cine con palomitas incluidas, ya que no quería nada. De todos modos, creo que le compraré una cruz de plata que vimos el otro día en una joyería.
A mi perrita, le he comprado una manta nueva, que va a juego con el sofá que mis padres le han comprado. Es muy suave, y también muy bonita... Aunque eso último no creo que lo note :P.
Y por último, y no menos importante, a Geo le he comprado una falda a cuadros verdes, que hacía tiempo que la quería de Pull&Bear, a mi también me gustaba, aunque como era por encima de las rodillas... Le quedará mejor a ella XD, y a Carolina, le he comprado un anillo naranja que es idéntico al que ella me "regaló" pero en morado, que le tiene mucho cariño y un pañuelo como el que tengo que le encanta. Le iba a comprar un "poncho", pero lo compró justo un día antes de que yo lo hiciera -.-UU.
Y ya está... Buf... Me encanta el espíritu consumista que se me mete aquí, en el estómago xD.
Y con todo esto decir, que no es tanto el regalo, sino el simple echo de acordarme de ellos ^_^.
P.D. Está noche hay plan de cine en casa de Roman: Comida, mantas, una pelicula cualquiera y los amigos... Suena bien ^^.
Un beso,
Anna.
Layer 07 - Romance
Pronto, octavo y último layer.
Layer 07 (II) - The Romance
"
Las personas que no creen en Dios, es porque les ha fallado.
"
Los meses habían transcurrido con tranquilidad. Ya estaba del todo recuperada, un parche cubría la ausencia en su rostro, la miraban con descaro por la calle, como si de un disfraz de tratase, pero Lain, continuaba andando con la menor seguridad.
El inicio de un romance, se había creado entre Kenji y Lain. Hiroshi le ofreció su casa a Lain para que se recuperará, ya que necesitaba bastante atención.
Dormían juntos, sin llegar a nada, sólo hablaban... A penas unas caricias por debajo de las sábanas o un par de besos en los labios, pero nunca habían llegado a nada más. Los dos necesitaban ese cariño por igual.
La madre de Kenji, se suicidió cuando él cumplió los 7 años, presenció durante más de meses, su adicción a unas pastillas que le quitaron la vida, desde entonces, había trabajado con su padre en el Restaurante, ese era su único entretenimiento. Así que con Lain, se sentía querido, sentía que ella le necesitaba, y además se entendían muy bien... Él era extrovertido, amable y cariñoso, todo lo contrario de Lain, que era introvertida, fría y reacia a las relaciones. Y los dos se complementaban muy bien.
El historial de Lain, también era bastante pésimo, peor que el de Kenji, pero la falta de afecto, era la misma.
De todos modos, casi nunca hablaban de sus problemas, formaban parte de su pasado y el olvido. Kenji, siempre miraba al futuro con grande ilusión, y Lain, sólo era una espectadora de un presente que no controlaba.
Una mañana de Domingo, Hiroshi se marchó con unos amigos a Osaka. Cuando escucharon el último golpe seco de la puerta, los dos se levantaron y fueron a la sala de la televisión. Era espaciosa, la más grande de aquella casa antigua típica japonesa.
-¿Quieres desayunar? - Preguntó Kenji a Lain mientras ella se había sentado en el suelo y observaba con atención aquél trasto negro y viejo al que llamaban televisión.
-No, aún puedo notar el arroz de anoche, gracias de todos modos. - Contestó amablemente Lain. Kenji, desapareció durante unos segundos y volvió con un baso de té.
-¿Qué dan por televisión a estas horas? - Dijo sentándose junto a ella.
-Nada interesante...
Los dos llevaban poca ropa, estaban en pleno Invierno, pero en aquella casa no entraba ni pizca de frío, había una estable temperatura en el interior. Lain, vestía con un vestido blanco de algodón, que en la luz podían transparentarse sus débiles piernas, en cambio Kenji, llevaba unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes, también blancos.
Permanecieron delante de la televisión un par de horas, cuando la programación empezaba a aburrir sus mentes, Lain se levantó y la apagó.
-Quizás vuelva al hostal. - Dijo sin mirar a Kenji.
-¿Qué? - Kenji se incorporó a gran velocidad.
-Sí... Tu padre ha sido muy hospitalario, y le estoy agradecida - Volvió su mirada hacía el joven. - Pero no me quedaré aquí para siempre, tengo algunos planes en mente.
-¿¿Pero cuando has decidido todo eso Lain?? - Aún trataba de asimilar las palabras de ella.
-Pues estos días...
-¿Ya no me quieres? - Kenji le interrumpió, y en sus ojos se asomaban las primeras lágrimas.
-No es eso Kenji... Pero nada es para siempre, ni siquiera lo nuestro. - Lain pronunciaba con firmeza cada palabra. - Tú mereces a alguien que te pueda ver con precisión... - Sonrió a su broma que para el chico, no tuvo la menor gracia.
-Pero Lain... Yo... Te quiero. Te quiero aquí y te querré siempre... ¿Quieres que nos marchemos? Porque podemos hacerlo ¿Voy a buscar mis cosas? - Kenji perdía seguridad en cada letra de sus palabras, ni siquiera él estaba seguro de lo que quería... Sus ojos explotaron a lágrimas y sus rodillas impactaron contra el suelo.
-Kenji... - Lain, asombrada por la reacción, se acercó y abrazó al chico con todas sus fuerzas. - No pienso dejarte, te lo prometo.
Esa noche, su amor sé consumió.
A la mañana siguiente, un sol despertó tras los edificios de la ciudad de Tokyo. Hiroshi, Lain y Kenji se dirijieron al Restaurante. Muchos, ya se habían acostumbrado a su presencia en esas calles concurridas, y para la vista de extraños, eran una familia unida y que con esfuerzo, llegaban a fin de mes, con ayuda de su Restaurante.
Después de la comida, un grupo de estudiantes entró y sé sentaron en dos mesas del fondo, Lain, salió a atenderlos.
-Buenas tardes. ¿Qué van a tomar? - Dijo con gran amabilidad y felicidad.
-De momento dos botellas de agua. Muy fría a ser posible. - Un chico de unos 20 años aproximadamente bastante atracitvo, pidió fijando su mirada en el parche de Lain.
-Muy bien. - Lain sé retiró y en su espalda, escuchó varios murmullos que imaginó que todos tenían su mismo tema: Su parche.
Los estudiantes comieron bastante, los días de clase iban terminando, y hablaban de sus últimos exámenes, Lain, siempre sentía envidia al escuchar aquellas conversaciones. Siempre le había gustado estudiar, y en un pasado, había soñado con estudiar en una de las Universidades de Japón, ahora, aquellos sueños, sólo eran cenizas consumidas del pasado.
Todos se despidieron al unisono, y cuando iban a cruzar la puerta, el chico que había pedido giró su cabeza hacía Lain.
-¡Ya lo tengo! - Los demás, sorprendidos, le siguieron.
-¿Qué pasa? - Preguntó una chica que le acompañaba.
-¡Es Lain! La Lain de la Wired. - Señaló con su dedo hacía Lain, que permanecía de pie sin moverse. - ¿Verdad que lo eres?
-Déjalo, te habrás equivocado, no puede ser. - La chica que le acompañaba trataba de convencerle.
-Estoy seguro, es ella. Podría reconocerla en cualquier parte, pero el ojo me ha despistado. ¡Te vi en Shibuya! ¿Cómo lo conseguiste? - No paraba de hacer preguntas, y cada vez se acercaba más. Lain no decía nada, seguía permaneciendo de pie, sin decir nada.
-¡Por favor! Vamonos Shito. - La chica insistía cojiendo su brazo.
-Así que los rumores eran ciertos... ¡Lain ha vuelto! - El chico le dedicó una sonrisa casi diabólica a Lain.
-No soy ella. - Gritó Lain. - Ya no.
-¡Pero seguro que aún queda algo de ella en ti! - Había llegado hasta ella, sus ojos se cruzaron, y con intención de acariciar su mejilla, acercó su mano a la cabeza de Lain.
-¡Déjame! - Lain cerró los puños con todas sus fuerzas, y hizo un gesto con intención de golpearlo, aunque algo dentro de ella, le frenó.
En ese insante, Kenji, que limpiaba, apareció por la puerta de la cocina.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué son esos gritos? - Echó un vistazo a la situación, pero no entendió nada. Nadie contestó. Lain seguía con sus puños cerrados, y ahora, con las mejillas enrojecidas por la rábia, ante la desesperación, corrió hacía la puerta, y sé desprendió de su parche, dejando al descubierto ese hueco oscuro, que horrorizaba todas las miradas que encontraba a su paso.
Anna.
Layer 07 (II) - The Romance
"
Las personas que no creen en Dios, es porque les ha fallado.
"
Los meses habían transcurrido con tranquilidad. Ya estaba del todo recuperada, un parche cubría la ausencia en su rostro, la miraban con descaro por la calle, como si de un disfraz de tratase, pero Lain, continuaba andando con la menor seguridad.
El inicio de un romance, se había creado entre Kenji y Lain. Hiroshi le ofreció su casa a Lain para que se recuperará, ya que necesitaba bastante atención.
Dormían juntos, sin llegar a nada, sólo hablaban... A penas unas caricias por debajo de las sábanas o un par de besos en los labios, pero nunca habían llegado a nada más. Los dos necesitaban ese cariño por igual.
La madre de Kenji, se suicidió cuando él cumplió los 7 años, presenció durante más de meses, su adicción a unas pastillas que le quitaron la vida, desde entonces, había trabajado con su padre en el Restaurante, ese era su único entretenimiento. Así que con Lain, se sentía querido, sentía que ella le necesitaba, y además se entendían muy bien... Él era extrovertido, amable y cariñoso, todo lo contrario de Lain, que era introvertida, fría y reacia a las relaciones. Y los dos se complementaban muy bien.
El historial de Lain, también era bastante pésimo, peor que el de Kenji, pero la falta de afecto, era la misma.
De todos modos, casi nunca hablaban de sus problemas, formaban parte de su pasado y el olvido. Kenji, siempre miraba al futuro con grande ilusión, y Lain, sólo era una espectadora de un presente que no controlaba.
Una mañana de Domingo, Hiroshi se marchó con unos amigos a Osaka. Cuando escucharon el último golpe seco de la puerta, los dos se levantaron y fueron a la sala de la televisión. Era espaciosa, la más grande de aquella casa antigua típica japonesa.
-¿Quieres desayunar? - Preguntó Kenji a Lain mientras ella se había sentado en el suelo y observaba con atención aquél trasto negro y viejo al que llamaban televisión.
-No, aún puedo notar el arroz de anoche, gracias de todos modos. - Contestó amablemente Lain. Kenji, desapareció durante unos segundos y volvió con un baso de té.
-¿Qué dan por televisión a estas horas? - Dijo sentándose junto a ella.
-Nada interesante...
Los dos llevaban poca ropa, estaban en pleno Invierno, pero en aquella casa no entraba ni pizca de frío, había una estable temperatura en el interior. Lain, vestía con un vestido blanco de algodón, que en la luz podían transparentarse sus débiles piernas, en cambio Kenji, llevaba unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes, también blancos.
Permanecieron delante de la televisión un par de horas, cuando la programación empezaba a aburrir sus mentes, Lain se levantó y la apagó.
-Quizás vuelva al hostal. - Dijo sin mirar a Kenji.
-¿Qué? - Kenji se incorporó a gran velocidad.
-Sí... Tu padre ha sido muy hospitalario, y le estoy agradecida - Volvió su mirada hacía el joven. - Pero no me quedaré aquí para siempre, tengo algunos planes en mente.
-¿¿Pero cuando has decidido todo eso Lain?? - Aún trataba de asimilar las palabras de ella.
-Pues estos días...
-¿Ya no me quieres? - Kenji le interrumpió, y en sus ojos se asomaban las primeras lágrimas.
-No es eso Kenji... Pero nada es para siempre, ni siquiera lo nuestro. - Lain pronunciaba con firmeza cada palabra. - Tú mereces a alguien que te pueda ver con precisión... - Sonrió a su broma que para el chico, no tuvo la menor gracia.
-Pero Lain... Yo... Te quiero. Te quiero aquí y te querré siempre... ¿Quieres que nos marchemos? Porque podemos hacerlo ¿Voy a buscar mis cosas? - Kenji perdía seguridad en cada letra de sus palabras, ni siquiera él estaba seguro de lo que quería... Sus ojos explotaron a lágrimas y sus rodillas impactaron contra el suelo.
-Kenji... - Lain, asombrada por la reacción, se acercó y abrazó al chico con todas sus fuerzas. - No pienso dejarte, te lo prometo.
Esa noche, su amor sé consumió.
A la mañana siguiente, un sol despertó tras los edificios de la ciudad de Tokyo. Hiroshi, Lain y Kenji se dirijieron al Restaurante. Muchos, ya se habían acostumbrado a su presencia en esas calles concurridas, y para la vista de extraños, eran una familia unida y que con esfuerzo, llegaban a fin de mes, con ayuda de su Restaurante.
Después de la comida, un grupo de estudiantes entró y sé sentaron en dos mesas del fondo, Lain, salió a atenderlos.
-Buenas tardes. ¿Qué van a tomar? - Dijo con gran amabilidad y felicidad.
-De momento dos botellas de agua. Muy fría a ser posible. - Un chico de unos 20 años aproximadamente bastante atracitvo, pidió fijando su mirada en el parche de Lain.
-Muy bien. - Lain sé retiró y en su espalda, escuchó varios murmullos que imaginó que todos tenían su mismo tema: Su parche.
Los estudiantes comieron bastante, los días de clase iban terminando, y hablaban de sus últimos exámenes, Lain, siempre sentía envidia al escuchar aquellas conversaciones. Siempre le había gustado estudiar, y en un pasado, había soñado con estudiar en una de las Universidades de Japón, ahora, aquellos sueños, sólo eran cenizas consumidas del pasado.
Todos se despidieron al unisono, y cuando iban a cruzar la puerta, el chico que había pedido giró su cabeza hacía Lain.
-¡Ya lo tengo! - Los demás, sorprendidos, le siguieron.
-¿Qué pasa? - Preguntó una chica que le acompañaba.
-¡Es Lain! La Lain de la Wired. - Señaló con su dedo hacía Lain, que permanecía de pie sin moverse. - ¿Verdad que lo eres?
-Déjalo, te habrás equivocado, no puede ser. - La chica que le acompañaba trataba de convencerle.
-Estoy seguro, es ella. Podría reconocerla en cualquier parte, pero el ojo me ha despistado. ¡Te vi en Shibuya! ¿Cómo lo conseguiste? - No paraba de hacer preguntas, y cada vez se acercaba más. Lain no decía nada, seguía permaneciendo de pie, sin decir nada.
-¡Por favor! Vamonos Shito. - La chica insistía cojiendo su brazo.
-Así que los rumores eran ciertos... ¡Lain ha vuelto! - El chico le dedicó una sonrisa casi diabólica a Lain.
-No soy ella. - Gritó Lain. - Ya no.
-¡Pero seguro que aún queda algo de ella en ti! - Había llegado hasta ella, sus ojos se cruzaron, y con intención de acariciar su mejilla, acercó su mano a la cabeza de Lain.
-¡Déjame! - Lain cerró los puños con todas sus fuerzas, y hizo un gesto con intención de golpearlo, aunque algo dentro de ella, le frenó.
En ese insante, Kenji, que limpiaba, apareció por la puerta de la cocina.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué son esos gritos? - Echó un vistazo a la situación, pero no entendió nada. Nadie contestó. Lain seguía con sus puños cerrados, y ahora, con las mejillas enrojecidas por la rábia, ante la desesperación, corrió hacía la puerta, y sé desprendió de su parche, dejando al descubierto ese hueco oscuro, que horrorizaba todas las miradas que encontraba a su paso.
Anna.
Thank you
Gracias por mostrarme que no se puede confiar en los mejores amigos.
Y gracias también, por mentirme...
Tu amistad y los buenos tiempos que tuvimos juntos, te los puedes quedar.
Precioso día... ¿Verdad?
Anna.
Y gracias también, por mentirme...
Tu amistad y los buenos tiempos que tuvimos juntos, te los puedes quedar.
Precioso día... ¿Verdad?
Anna.
Layer 06 - The wound
Sin duda, ya tengo Layer favorito...
Layer 06(II) - The wound
"
Ayúdame a respirar...
"
Los meses pasaban. Los días en el trabajo se hacían más o menos amenos y rápidos, cada vez se llevaba mejor con Kenji, hablaban de un futuro no muy lejano... Pero nunca del pasado. Los dos tenían cosas que ocultarse, pensaban que era mejor así, hay cosas, que jamás deberían ser contadas, pensaba Lain.
Los fines de semana, cuando Lain tenía libre, paseaba por Shibuya, o iba a los distintos parques de Tokyo. Tenía una vida más o menos relajada, aunque siempre pensaba en irse de aquél Hostal, que ahora, le resultaba hasta molesto.
Una tarde, mientras Lain volvía de de casa al trabajo, paró en un centro comercial para comprar su cena. Compraba comida que no tenía que cocinar, o a veces comía en el Restaurante... No llevaba muy buena alimentación y había ganado algo de peso, hasta su pálida piel había cojido un oscuro color, bastante sensual, bromeaba Kenji.
Lain compró sopas precocinadas, y salió del establecimiento a toda prisa para llegar pronto a casa. Empezaba a hacer bastante aire, y un suave frío calaba en sus huesos. Se introducía entre las personas rápidamente y con agilidad, cuando alguien le tocó el hombro.
-¿Iwakura? - Una voz de chico se escuchó a su espalda, pocas personas la llamaban de ese modo.
-¡¿Hayami?! - Lain giró su cuerpo hacía la silueta de Hayami.
-¡Sabía que eras tú! ¿Cómo va todo? - Hayami se mostró sorprendido, y analizó con la mirada el bonito cuerpo de Lain.
-Bien bien, todo me va estupendamente para ser sincera. - Mostró la mejor de sus sonrisas - ¿Y tú qué haces?
-Cuanto me alegro pequeña... Pues mira, ahora estoy en una clínica cerca de la costa trabajando... Me he mudado también.
-Eso suena muy bien.
-Jajaja... Sí, no me puedo quejar... - Permanecían en silencio, frente a frente.
-Disculpa Hayami, pero debo irme... Es tarde y tengo que volver a casa. - Lain miró el reloj que estaba a la espalda de Hayami de una tienda de muebles.
-Claro claro... ¡Disculpa! Te dejo mi número, llámame y tomaremos algo, a veces paseo por aquí, quizá nos encontremos. - Hayami le pasó una pequeña tarjeta donde se leía en grandes letras: Dr. Hayami Ogawa y un número de teléfono móbil.
Lain le guiñó el ojo, y desapareció detrás de un grupo de estudiantes que volvían a casa tras un duro día de estudio.
Lain subió de tres en tres las escaleras antes de llegar a su habitación. Tenía cierta prisa en llegar, Hayami le había entretenido y debía acostarse pronto si quería levantarse mañana para ir a trabajar.
Vertió su sopa en un bol y añadió agua caliente que guardaba en una gran botella. Terminó deprisa, y se metió en la ducha. Millones de pensamientos giraban en su cabeza. Se alegraba de ver a Hayami, pero de alguna forma, había alterado su nueva vida. Hasta ahora había dejado atrás la Wired y el Hospital. Ahora era una chica nueva, alguien con ganas de vivir en el mundo...
Acabó su ducha y se introdujo en su pijama, desde la cama, observó su maleta. Un pequeño brazo sobresalía de ella. Se levantó y se acercó, enseguida reconoció su perrito de peluche que años atrás su padre le había regalado, lo recordaba con bastante precisión porque él mismo le había puesto nombre, Spoke, pronunció con alegría. Lain imaginó que había abandonado su ojo en el largo viaje en autobus. Era el único peluche que no había sacado de la maleta... Lo observó de pie, permeneció en silencio y luego intentó pegarle el ojo pero resultó un trabajo inútil... Entonces Lain recordó que hacía unos meses el ojo se había despegado unos céntimetros y colgaba de su cuerpo con sólo unos hilos. Ahora ya se habían rasgado, entonces sé imaginó que el pequeño Spoke había abandonado aquél ojo que tantos problemas le había traído, y sintió un fuerte escalofrío que le recorrió el cuerpo.
Corrió hasta el baño, cojió sus tijeras afiladas y volvió a la habitación con su muñeco, se sentó junto a él, se tumbo en el suelo, y alargando sus brazos hacía el techo, con las tijeras señaló su ojo izquierdo. El mismo que le faltaba a Spoke.
El tiempo sé detuvó durante largos y eternos segundos, los brazos de Lain cayeron en picado en el abismo de su oscuro ojo, sus tijeras cortaron como prometían en su envoltorio cualquier tipo de textura, grandes gotas de rojiza sangre mancharon el pijama de Lain. Un fuerte gemido, anunció tras él, un silencio.
Ya no veía.
Esa mañana no acudió al trabajo. Aún permanecía tumbada en el suelo, sucia y con sus tijeras entre las manos. No sé movió de allí, tampoco el resto de la semana.
Al principio una nube de dolor la envolvío y la anestesió, a veces golpeaba con el puño cerrado el frío suelo, luego, dormía, cerraba su único ojo y soñaba.
Una mañana, Kenji golpeó la puerta, Lain supuso que al no verse presentado al trabajo, Hiroshi habría mandado a su hijo a buscarla, no se equivocaba. Golpeó con fuerza la puerta y gritaba un "¡¿Estás ahí Lain?!", pero que ella no pudo contestar. Era consciente, lo estaba, pero su boca no emitía ningún sonido. Tardó algunos minutos en escuchar sus pasos alejarse, pero luego volvieron y eran más. Suponía que había ido al conserje para poder entrar. Admiraba su voluntad de seguir intentándolo, y entonces su boca escupió un "Estoy aquí", y la puerta se arrastró con fuerza.
Los dos vieron la situación y su cara mostró sorpresa. Un terrible rostro de preocupación se adueñó de Kenji.
-¡Avise a una ambulancia! - Gritó al conserje. Enseguida desapareció. Volvió su mirada hacía ella y se acercó. - ¡Lain Lain, habla! ¿Estás bien? ¡Oh Dios por favoor! - Lágrimas de desesperación recorrían su rostro.
-Yo... Yo estoy bien. - Intentó mostrar una sonrisa, pero sus fuerzas se habían deshabilitado, había perdido mucha sangre.
-¡Por favoor Lain no me dejes! ¡Te quiero! ¡Por favor! - Se abrazaba a su rostro mientras cubría con su mano la cuenca oscura de sangre que había quedado en lugar de su ojo.
-Estoy bien. - Trataba de decir Lain, aunque su voz perdía intensidad.
-Dios mío... ¿Qué ha pasado? ... Vas a ponerte bien, te lo prometo... - Kenji le seguía hablando, con la intención de que su único ojo no sé desvaneciera en la oscuridad, y allí, con la luz reflejada por el sol, Lain tocó la mano de su salvador y cerró su ojo, suspirando con fuerza, como si de su último suspiro sé tratase.
Anna.
Layer 06(II) - The wound
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Ayúdame a respirar...
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Los meses pasaban. Los días en el trabajo se hacían más o menos amenos y rápidos, cada vez se llevaba mejor con Kenji, hablaban de un futuro no muy lejano... Pero nunca del pasado. Los dos tenían cosas que ocultarse, pensaban que era mejor así, hay cosas, que jamás deberían ser contadas, pensaba Lain.
Los fines de semana, cuando Lain tenía libre, paseaba por Shibuya, o iba a los distintos parques de Tokyo. Tenía una vida más o menos relajada, aunque siempre pensaba en irse de aquél Hostal, que ahora, le resultaba hasta molesto.
Una tarde, mientras Lain volvía de de casa al trabajo, paró en un centro comercial para comprar su cena. Compraba comida que no tenía que cocinar, o a veces comía en el Restaurante... No llevaba muy buena alimentación y había ganado algo de peso, hasta su pálida piel había cojido un oscuro color, bastante sensual, bromeaba Kenji.
Lain compró sopas precocinadas, y salió del establecimiento a toda prisa para llegar pronto a casa. Empezaba a hacer bastante aire, y un suave frío calaba en sus huesos. Se introducía entre las personas rápidamente y con agilidad, cuando alguien le tocó el hombro.
-¿Iwakura? - Una voz de chico se escuchó a su espalda, pocas personas la llamaban de ese modo.
-¡¿Hayami?! - Lain giró su cuerpo hacía la silueta de Hayami.
-¡Sabía que eras tú! ¿Cómo va todo? - Hayami se mostró sorprendido, y analizó con la mirada el bonito cuerpo de Lain.
-Bien bien, todo me va estupendamente para ser sincera. - Mostró la mejor de sus sonrisas - ¿Y tú qué haces?
-Cuanto me alegro pequeña... Pues mira, ahora estoy en una clínica cerca de la costa trabajando... Me he mudado también.
-Eso suena muy bien.
-Jajaja... Sí, no me puedo quejar... - Permanecían en silencio, frente a frente.
-Disculpa Hayami, pero debo irme... Es tarde y tengo que volver a casa. - Lain miró el reloj que estaba a la espalda de Hayami de una tienda de muebles.
-Claro claro... ¡Disculpa! Te dejo mi número, llámame y tomaremos algo, a veces paseo por aquí, quizá nos encontremos. - Hayami le pasó una pequeña tarjeta donde se leía en grandes letras: Dr. Hayami Ogawa y un número de teléfono móbil.
Lain le guiñó el ojo, y desapareció detrás de un grupo de estudiantes que volvían a casa tras un duro día de estudio.
Lain subió de tres en tres las escaleras antes de llegar a su habitación. Tenía cierta prisa en llegar, Hayami le había entretenido y debía acostarse pronto si quería levantarse mañana para ir a trabajar.
Vertió su sopa en un bol y añadió agua caliente que guardaba en una gran botella. Terminó deprisa, y se metió en la ducha. Millones de pensamientos giraban en su cabeza. Se alegraba de ver a Hayami, pero de alguna forma, había alterado su nueva vida. Hasta ahora había dejado atrás la Wired y el Hospital. Ahora era una chica nueva, alguien con ganas de vivir en el mundo...
Acabó su ducha y se introdujo en su pijama, desde la cama, observó su maleta. Un pequeño brazo sobresalía de ella. Se levantó y se acercó, enseguida reconoció su perrito de peluche que años atrás su padre le había regalado, lo recordaba con bastante precisión porque él mismo le había puesto nombre, Spoke, pronunció con alegría. Lain imaginó que había abandonado su ojo en el largo viaje en autobus. Era el único peluche que no había sacado de la maleta... Lo observó de pie, permeneció en silencio y luego intentó pegarle el ojo pero resultó un trabajo inútil... Entonces Lain recordó que hacía unos meses el ojo se había despegado unos céntimetros y colgaba de su cuerpo con sólo unos hilos. Ahora ya se habían rasgado, entonces sé imaginó que el pequeño Spoke había abandonado aquél ojo que tantos problemas le había traído, y sintió un fuerte escalofrío que le recorrió el cuerpo.
Corrió hasta el baño, cojió sus tijeras afiladas y volvió a la habitación con su muñeco, se sentó junto a él, se tumbo en el suelo, y alargando sus brazos hacía el techo, con las tijeras señaló su ojo izquierdo. El mismo que le faltaba a Spoke.
El tiempo sé detuvó durante largos y eternos segundos, los brazos de Lain cayeron en picado en el abismo de su oscuro ojo, sus tijeras cortaron como prometían en su envoltorio cualquier tipo de textura, grandes gotas de rojiza sangre mancharon el pijama de Lain. Un fuerte gemido, anunció tras él, un silencio.
Ya no veía.
Esa mañana no acudió al trabajo. Aún permanecía tumbada en el suelo, sucia y con sus tijeras entre las manos. No sé movió de allí, tampoco el resto de la semana.
Al principio una nube de dolor la envolvío y la anestesió, a veces golpeaba con el puño cerrado el frío suelo, luego, dormía, cerraba su único ojo y soñaba.
Una mañana, Kenji golpeó la puerta, Lain supuso que al no verse presentado al trabajo, Hiroshi habría mandado a su hijo a buscarla, no se equivocaba. Golpeó con fuerza la puerta y gritaba un "¡¿Estás ahí Lain?!", pero que ella no pudo contestar. Era consciente, lo estaba, pero su boca no emitía ningún sonido. Tardó algunos minutos en escuchar sus pasos alejarse, pero luego volvieron y eran más. Suponía que había ido al conserje para poder entrar. Admiraba su voluntad de seguir intentándolo, y entonces su boca escupió un "Estoy aquí", y la puerta se arrastró con fuerza.
Los dos vieron la situación y su cara mostró sorpresa. Un terrible rostro de preocupación se adueñó de Kenji.
-¡Avise a una ambulancia! - Gritó al conserje. Enseguida desapareció. Volvió su mirada hacía ella y se acercó. - ¡Lain Lain, habla! ¿Estás bien? ¡Oh Dios por favoor! - Lágrimas de desesperación recorrían su rostro.
-Yo... Yo estoy bien. - Intentó mostrar una sonrisa, pero sus fuerzas se habían deshabilitado, había perdido mucha sangre.
-¡Por favoor Lain no me dejes! ¡Te quiero! ¡Por favor! - Se abrazaba a su rostro mientras cubría con su mano la cuenca oscura de sangre que había quedado en lugar de su ojo.
-Estoy bien. - Trataba de decir Lain, aunque su voz perdía intensidad.
-Dios mío... ¿Qué ha pasado? ... Vas a ponerte bien, te lo prometo... - Kenji le seguía hablando, con la intención de que su único ojo no sé desvaneciera en la oscuridad, y allí, con la luz reflejada por el sol, Lain tocó la mano de su salvador y cerró su ojo, suspirando con fuerza, como si de su último suspiro sé tratase.
Anna.
Arigatou!
¡Konban wa!
¡Acaboo de volver del cine. Hoy, Adrián, Roman, Carol, Irene, Georgina y yo, hemos ido al cine. Hemos ido a celebrar mi cumpleaños (Waa n__n), aún falta bastante, pero solemos celebrarlo muy pronto porque luego con las fiestas y demás, la mitad están fuera.
Lo cierto es que podría haber venido más gente... Pero he preferido que sea así, con ellos, solos... Porque digan lo que digan, ellos son mis verdaderos amigos. Y ya está.
Conozco a docenas de caras que seguro que ya me han juzgado sin conocerme... Pero a mi, poco me importa, porque ellos, realmente son ellos, la razón de mi exsistencia.
Ellos son la familia que he podido escojer, ellos son lo mejor de mi vida, los que mejor me conocen.
Después de este mini discurso que tenía que soltar de alguna forma, decir que me han regalado... Muchas muchas cosad (Demasiadas :S), casi todo es de la tienda de Barcelona de Hello! Kitty (Kawaiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii *.* ), peluchitos y más cosas kawaii... Aish, todo ha sido estupendo, pero lo que más me ha emocionado ha sido la tarjeta donde cada uno firma. Eso si que es bonito n_n.
Por lo demás, la película ha sido realmente fabulosa... SaW II, y una vez más, espero las próximas cuatro sagas con inquietud.
Un beso,
P.D. Hoy te he visto, y no me he molestado en apuntarlo en mi dirario.
Anna.
¡Acaboo de volver del cine. Hoy, Adrián, Roman, Carol, Irene, Georgina y yo, hemos ido al cine. Hemos ido a celebrar mi cumpleaños (Waa n__n), aún falta bastante, pero solemos celebrarlo muy pronto porque luego con las fiestas y demás, la mitad están fuera.
Lo cierto es que podría haber venido más gente... Pero he preferido que sea así, con ellos, solos... Porque digan lo que digan, ellos son mis verdaderos amigos. Y ya está.
Conozco a docenas de caras que seguro que ya me han juzgado sin conocerme... Pero a mi, poco me importa, porque ellos, realmente son ellos, la razón de mi exsistencia.
Ellos son la familia que he podido escojer, ellos son lo mejor de mi vida, los que mejor me conocen.
Después de este mini discurso que tenía que soltar de alguna forma, decir que me han regalado... Muchas muchas cosad (Demasiadas :S), casi todo es de la tienda de Barcelona de Hello! Kitty (Kawaiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii *.* ), peluchitos y más cosas kawaii... Aish, todo ha sido estupendo, pero lo que más me ha emocionado ha sido la tarjeta donde cada uno firma. Eso si que es bonito n_n.
Por lo demás, la película ha sido realmente fabulosa... SaW II, y una vez más, espero las próximas cuatro sagas con inquietud.
Un beso,
P.D. Hoy te he visto, y no me he molestado en apuntarlo en mi dirario.
Anna.
Layer 05 (II) - The calmness
Layer 05 (II) - The calmness
"
Estoy aquí. Así que estoy contigo para siempre.
"
Una enfermera ayudó a Lain a llevar la maleta hasta la puerta. Allí le indicó todo lo que necesitaría saber.
-Todo está en el papel que te he dado. Trabajarás durante la semana en un pequeño restaurante muy cerca de Shibuya, te henos dado el suficiente dinero como para sobrevivir una semana... - La chica seguía hablando, aunque Lain tenía la mente en otro lugar. - Por lo demás puedes volver siempre y cuando necesites asistencia, aunque el hospital ya no se hace cargo de ti. Estás curada Lain Iwakura... ¿Alguna pregunta más?
-¿Que ha pasado con el Sr. Hayami Ogawa? - Preguntó Lain, preocupada por no haber estado con él esa mañana.
-Ya no trabaja aquí. - La chica concluyó rápido, Lain estaba entreteniendo su trabajo con los pacientes, bajó su maleta hasta el exterior y luego se marchó a toda prisa.
Lain se quedó durante unos insantes allí parada. Se pusó su gorro de lana en la cabeza para que sus cicatrices se ocultaran, y cojiendo su maleta empezó un trayecto a pie hasta la parada más próxima, que le conduciría a su nuevo hogar.
-Este autobus se dirije al barrio de Shibuya?
-No. Pero te deja muy cerca, sube, sólo deberás andar un par de calles. - Lain asintió con la cabeza y se subió, cargando con su maleta.
Después de seguir las indicaciones del conductor, que se había mostrado amable durante el trayecto, y hasta había intentado entablar una conversación con Lain, aunque ella se mostraba distante... Lain, cargó con la maleta que había parecido haber subido de peso y a duras penas podía con ella, por las abarrotadas calles de Tokyo. Por fin llegó. Justo delante del edificio Kawahara, se encontraba su pequeño Hostal. Era una buena zona, la estación de metro de Shibuya a penas quedaba a cinco minutos a pie, el 109 podía avistarse desde la azotea de su nuevo edificio. Parecía un lugar agradable, algo concurrido, pero así tendría entretenimiento, pensó.
En el hostal, había sido antendida por una señora de tercera edad, que se mostró simpática, hasta que hablaron de dinero. El primer mes había sido pagado por el Hospital, lo demás lo tendría que pagar ella de su bolsillo. A partir de las nueve de la noche, estaba prohibida cualquier salida o entrada, por lo demás, le deseó una feliz estancia.
Cuando llegó hasta su habitación, que constaba de una ventana, cama, televisión y baño, quiso echarse a llorar. Ahora sí, que se sentía sola. Nunca había tenido miedo a la soledad... Era un preciado regalo para ella, el poder disfrutar de horas de pensamientos, pero en esos insantes deseaba tener a alguien para contarle sus eternos pensamientos que rondaban por su cabeza.
La noche llegó, y con ella, una tranquilidad que sumió la calle en desierto de silencios. Sé echó en la cama, y se quedó dormida con facilidad. Sus ojos estaban hinchados de las lágrimas, y sus frágiles huesos, estaban agotados.
Los primeros rayos de luz del día entraban por la ventana que no tenía cortinas. Lain saboreó en su boca, los restos de los dulces que durante el camino en autobus había saboreado. Se aseó, y se vistió con unos jeans y una camiseta verde, que perfilaba su cuerpecito de niña. No aparentaba 17 años. Sé colocó una mochila negra en la espalda y corrió escaleras abajo deseando no llegar tarde su primer día de trabajo.
Mientras caminaba observando esos grandes escaparates, Lain se alejó en el tiempo en sus días de interna, en los que observaba desde su ventana, distante, la ajetreada vida que llevaban estás personas. Ahora, ella misma, era una de esas personitas que se dibujaban en la distancia, sonrió y siguió su trayecto a pie. Minutos después se paró delante de un restaurante, donde se leía en luces de neón "Sakura´s Restaurant". Respiró profundamente, y abrió la pesada puerta de cristal.
-Buenos días. - Le saludó un chico, que debía ser más pequeño que ella. No alcanzaría los 15 años.
Lain se inclinó suavemente.
-¿Eres Lain Iwakura? - Preguntó él
-Sí... ¿Es usted... - Leyó en su papel que le había dado la enfermera - Hiroshi Hisonobu?
-No no - Río sorprendido por la confusión, dibujando en su rostro unos preciosos hoyuelos. - Mi nombre es Kenji Hisonobu, el hijo de Hiroshi, mi padre está en la cocina. Espera aquí. - El chico desapareció detrás de la puerta blanca.
-Mira papá, es Lain Iwakura. - El joven, que no tardó en volver, trajo con sí, un hombre gordo y de pelo canoso pero con expresión simpática.
-¡Bienvenida muchaha! Me llamo Hiroshi, este es mi restaurante... ¡Siéntante!
Lain se sentó con él, mientras Kenji permaneció de pie.
-Bien... - Hablaron durante media hora de horarios y reglas principales. - ¿Tienes experiencia como camarera? Si no es así, Kenji puede ayudarte.
-No... La verdad es que no. Pero resulta fácil. - Lain intentó mostrar una sonrisa.
-Mmm... Bueno... Kenji te ayudará. De todos modos aquí no viene mucha gente, en un par de semanas todo lo tendrás controlado... ¡Kenji! Búscale su uniforme en el almacen y enséñale el establecimiento - Kenji desapareció en segundos. - Y yo, voy a la cocina que pronto será la hora de comer y no tardarán en venir los primeros clientes.
En cuestión de segundos, Lain se quedó sola en ese gran restaurante decorado con bastante buen gusto, aunque con mobiliario bastante viejo. Los dos habían parecido personas agradables, aunque miró con tristeza un futuro trabajando como camarera.
-¡Y estoy aquí! Toma - Kenji le entregó una ropa doblada con astucia, le indicó el baño donde podría cambiarse.
Lain se metió en el baño y se vistió dejando su ropa en su mochila. Se miró frente al espejo. Era el uniforme que llevaba Kenji, salvo por la falda. Tenía bonitas hojas de cerezo dibujadas por la camisa, y un gastado color crema, dibujaba el resto de la camisa. La falda era totalmente crema. Cuando salió, Kenji le esperaba con una escoba entre sus ágiles brazos.
-Jajaja ¡Te sienta bien! - Le observó de arriba a abajo, anlizando su pequeño cuerpo.
-Gracias... - Añadió ella sonrojando sus pálidas mejillas.
Kenji le enseñó el restaurante, la cocina y el almacén. Parecía un trabajo simple, además durante toda la mañana no había aparecido nadie. Sólo a la hora de la comida, unos estudiantes se presentaron, pidieron poco y se marcharon deprisa. El resto del día fué bastante tranquilo y similar. A la hora de cerrar, Lain se despidió de Kenji, y satisfecha, se marchó a su hostal, no sin antes pasar por un pequeño supermercado. No había comido nada durante el día, y ahora, como trabajaba necesitaba comer mucho más de lo que lo hacía.
Compró pan, leche, refrescos y latas envasadas. Una vez en la habitación de su hostal, se duchó, comió pan y sopa envasada, y se quedó dormida observando unos cuervos que se habían acercado a su ventana.
La ciudad se dibujaba en la espalda de Lain, que durante unos segundos sé había callado, acariciando el suave murmullo que emitía Lain al dormir.
Anna.
"
Estoy aquí. Así que estoy contigo para siempre.
"
Una enfermera ayudó a Lain a llevar la maleta hasta la puerta. Allí le indicó todo lo que necesitaría saber.
-Todo está en el papel que te he dado. Trabajarás durante la semana en un pequeño restaurante muy cerca de Shibuya, te henos dado el suficiente dinero como para sobrevivir una semana... - La chica seguía hablando, aunque Lain tenía la mente en otro lugar. - Por lo demás puedes volver siempre y cuando necesites asistencia, aunque el hospital ya no se hace cargo de ti. Estás curada Lain Iwakura... ¿Alguna pregunta más?
-¿Que ha pasado con el Sr. Hayami Ogawa? - Preguntó Lain, preocupada por no haber estado con él esa mañana.
-Ya no trabaja aquí. - La chica concluyó rápido, Lain estaba entreteniendo su trabajo con los pacientes, bajó su maleta hasta el exterior y luego se marchó a toda prisa.
Lain se quedó durante unos insantes allí parada. Se pusó su gorro de lana en la cabeza para que sus cicatrices se ocultaran, y cojiendo su maleta empezó un trayecto a pie hasta la parada más próxima, que le conduciría a su nuevo hogar.
-Este autobus se dirije al barrio de Shibuya?
-No. Pero te deja muy cerca, sube, sólo deberás andar un par de calles. - Lain asintió con la cabeza y se subió, cargando con su maleta.
Después de seguir las indicaciones del conductor, que se había mostrado amable durante el trayecto, y hasta había intentado entablar una conversación con Lain, aunque ella se mostraba distante... Lain, cargó con la maleta que había parecido haber subido de peso y a duras penas podía con ella, por las abarrotadas calles de Tokyo. Por fin llegó. Justo delante del edificio Kawahara, se encontraba su pequeño Hostal. Era una buena zona, la estación de metro de Shibuya a penas quedaba a cinco minutos a pie, el 109 podía avistarse desde la azotea de su nuevo edificio. Parecía un lugar agradable, algo concurrido, pero así tendría entretenimiento, pensó.
En el hostal, había sido antendida por una señora de tercera edad, que se mostró simpática, hasta que hablaron de dinero. El primer mes había sido pagado por el Hospital, lo demás lo tendría que pagar ella de su bolsillo. A partir de las nueve de la noche, estaba prohibida cualquier salida o entrada, por lo demás, le deseó una feliz estancia.
Cuando llegó hasta su habitación, que constaba de una ventana, cama, televisión y baño, quiso echarse a llorar. Ahora sí, que se sentía sola. Nunca había tenido miedo a la soledad... Era un preciado regalo para ella, el poder disfrutar de horas de pensamientos, pero en esos insantes deseaba tener a alguien para contarle sus eternos pensamientos que rondaban por su cabeza.
La noche llegó, y con ella, una tranquilidad que sumió la calle en desierto de silencios. Sé echó en la cama, y se quedó dormida con facilidad. Sus ojos estaban hinchados de las lágrimas, y sus frágiles huesos, estaban agotados.
Los primeros rayos de luz del día entraban por la ventana que no tenía cortinas. Lain saboreó en su boca, los restos de los dulces que durante el camino en autobus había saboreado. Se aseó, y se vistió con unos jeans y una camiseta verde, que perfilaba su cuerpecito de niña. No aparentaba 17 años. Sé colocó una mochila negra en la espalda y corrió escaleras abajo deseando no llegar tarde su primer día de trabajo.
Mientras caminaba observando esos grandes escaparates, Lain se alejó en el tiempo en sus días de interna, en los que observaba desde su ventana, distante, la ajetreada vida que llevaban estás personas. Ahora, ella misma, era una de esas personitas que se dibujaban en la distancia, sonrió y siguió su trayecto a pie. Minutos después se paró delante de un restaurante, donde se leía en luces de neón "Sakura´s Restaurant". Respiró profundamente, y abrió la pesada puerta de cristal.
-Buenos días. - Le saludó un chico, que debía ser más pequeño que ella. No alcanzaría los 15 años.
Lain se inclinó suavemente.
-¿Eres Lain Iwakura? - Preguntó él
-Sí... ¿Es usted... - Leyó en su papel que le había dado la enfermera - Hiroshi Hisonobu?
-No no - Río sorprendido por la confusión, dibujando en su rostro unos preciosos hoyuelos. - Mi nombre es Kenji Hisonobu, el hijo de Hiroshi, mi padre está en la cocina. Espera aquí. - El chico desapareció detrás de la puerta blanca.
-Mira papá, es Lain Iwakura. - El joven, que no tardó en volver, trajo con sí, un hombre gordo y de pelo canoso pero con expresión simpática.
-¡Bienvenida muchaha! Me llamo Hiroshi, este es mi restaurante... ¡Siéntante!
Lain se sentó con él, mientras Kenji permaneció de pie.
-Bien... - Hablaron durante media hora de horarios y reglas principales. - ¿Tienes experiencia como camarera? Si no es así, Kenji puede ayudarte.
-No... La verdad es que no. Pero resulta fácil. - Lain intentó mostrar una sonrisa.
-Mmm... Bueno... Kenji te ayudará. De todos modos aquí no viene mucha gente, en un par de semanas todo lo tendrás controlado... ¡Kenji! Búscale su uniforme en el almacen y enséñale el establecimiento - Kenji desapareció en segundos. - Y yo, voy a la cocina que pronto será la hora de comer y no tardarán en venir los primeros clientes.
En cuestión de segundos, Lain se quedó sola en ese gran restaurante decorado con bastante buen gusto, aunque con mobiliario bastante viejo. Los dos habían parecido personas agradables, aunque miró con tristeza un futuro trabajando como camarera.
-¡Y estoy aquí! Toma - Kenji le entregó una ropa doblada con astucia, le indicó el baño donde podría cambiarse.
Lain se metió en el baño y se vistió dejando su ropa en su mochila. Se miró frente al espejo. Era el uniforme que llevaba Kenji, salvo por la falda. Tenía bonitas hojas de cerezo dibujadas por la camisa, y un gastado color crema, dibujaba el resto de la camisa. La falda era totalmente crema. Cuando salió, Kenji le esperaba con una escoba entre sus ágiles brazos.
-Jajaja ¡Te sienta bien! - Le observó de arriba a abajo, anlizando su pequeño cuerpo.
-Gracias... - Añadió ella sonrojando sus pálidas mejillas.
Kenji le enseñó el restaurante, la cocina y el almacén. Parecía un trabajo simple, además durante toda la mañana no había aparecido nadie. Sólo a la hora de la comida, unos estudiantes se presentaron, pidieron poco y se marcharon deprisa. El resto del día fué bastante tranquilo y similar. A la hora de cerrar, Lain se despidió de Kenji, y satisfecha, se marchó a su hostal, no sin antes pasar por un pequeño supermercado. No había comido nada durante el día, y ahora, como trabajaba necesitaba comer mucho más de lo que lo hacía.
Compró pan, leche, refrescos y latas envasadas. Una vez en la habitación de su hostal, se duchó, comió pan y sopa envasada, y se quedó dormida observando unos cuervos que se habían acercado a su ventana.
La ciudad se dibujaba en la espalda de Lain, que durante unos segundos sé había callado, acariciando el suave murmullo que emitía Lain al dormir.
Anna.
Layer 04 - Exit
Layer 04 (II) - Exit
"
¿También quieres hacerte daño a ti misma?
¿Quieres senir la mente destrozada por chirridos?
Si eso es lo que quieres, jamás vuelvas la mirada.
"
Esa mañana Hayami se había despertado unas horas antes. Ahora, sentado en el tren, como cada mañana, no hacía más que pensar en Lain. Estos días, sin su presencia, se le habían echo eternos, en el Hospital no respiraba el mismo aire. Hoy, por fin, Lain salía de la clínica de Osaka y llegaba al Hospital.
La esperó toda la mañana, intentaba mantenerse ocupado adelantando tareas, al fin y al cabo, con el tiempo, Lain se había convertido en su única paciente, y sin ella... Su puesto de trabajo como voluntario podía peligrar. A la hora de comer, justo cuando Hayami volvió de comer remen en un pequeño restaurante no muy lejos de allí, una enfermera le comunicó que Lain había vuelto.
-Justo cuando usted se marchó la trajeron. Está en su habitación.
Al oir esas palabras, los ojos de Hayami se iluminaron, y corrió escaleras arriba hasta la tercera planta. Golpeó la puerta, y sin esperar respuesta, abrió. Allí estaba, su presencia frenó su euforia, estaba en la cama, tumbada y mirando hacia la ventana. Un vendaje le cubría gran parte de la cabeza y tenía algunas heridas en el rostro. Los dos premanecieron en silencio, mirándose el uno al otro. Se alegraban de verse, se notaba en el ambiente.
-Dios... ¿Cómo estás? - Soltó por fin Hayami.
-Ahora bien. - Lain sonrió dibujando una algre sonrisa en su rostro, sus ojos se cerraron a la vez, y después de un largo suspiro, dejó caer su cuerpo en la cama.
-¿Có...mo ha ido todo?
-Supongo que como van estás cosas. Han sido cinco días eternos. Cinco malditos días... - Se incorporó en la cama. - ¿Por qué no viniste a verme? ¿Estuve en Osaka, verdad? ¿Tan lejos estaba?
-No me dejaron... Si no lo hubiera echo. - Se rascó la cabeza y se sentó junta a ella.
-Entiendo... - Un largo silencio se hizo entre los dos.
Hayami rompió el silencio. - ¿Y esas heridas en el rostro a qué se deben?
Lain negó con la cabeza, como si no quisiera hablar de ello.
-Dímelo Iwakura... ¿Qué te ha pasado? - Le cojió la muñeca para tranquilizarla, pero ella enseguida la apartó susurrando un gemido. - ¡Oh no! ¿Qué te has echo? ¿Lo has vuelto a hacer? ¡Juraste que no volverías a hacerte daño jamás! - Hayami parecía furioso.
-¡Pues sí! ¡Lo hice! ¡Y a ti que más te da! No has venido ni un sólo día a verme... ¿Cres que voy a creerme esa tonteria de que no te dejaron? ¡Claro que no! Para ti todo esto resulta muy fácil, yo sólo soy tu paciente enferma y lunática... ¡Qué más te da lo que me haga! No estabas allí para ayudarme...! - La voz de Lain se iba apagando cada vez más, y en segundos, su rostro se inundó de lágrimas... Se dejó caer contra el suelo, y Hayami le abrazó fuertemente. - Te necesito conmigo - Susurró Lain en su oído.
Las semanas pasaron con rápidez. El alta de Lain, a pesar de los incidentes, aún seguía en pie, la habían atrasado durante un par de semanas para que pudiera recuperarse del todo. Dos días antes de que Lain Iwakura abandonase el Hospital, Hayami se presentó en su habitación cuando atardecía.
-Buenas tardes pequeña.
-A este paso serán buenas noches. - Sonrío con una dulce e inocente sonrisa.
-Sí. - Dijo observando la ventana. - ¡Ey! Tú vendaje... ¿Cuando te lo han quitado? - Se acercó para poder observar su cabeza con más detalle.
Una cicatriz de grandes proporciones partía su cabeza en media luna. El cabello había sido cortado con poco hablidad, y lo tenía como anteriormente lo llevaba.
-Está mañana, queda feo. - Hizo una mueca y se acarició la cabeza. - ¿Qué pensarán de mí cuando salga?
-¡No van a decir nada! Además, con el tiempo tu cabello lo cubrirá, para entonces, lo puedes llevar con un gorro.
Lain asintó dando la razón a sus palabras.
Pasaron la tarde hablando sobre la vida de Hayami, algo que a Lain pareció interesarle mucho. Antes de marcharse, Hayami le preguntó desde la puerta.
-¿Qué es lo que más te asusta de irte de aquí?
-Ellos. - Dijo sin pensarlo.
Hayami no terminó de entenderla. Probablemente se esperaba que contestará algo relacionado con él... Quería ver por una vez, si Lain sentía algo por él, pero no, su respuesta fué muy distinta. Extraña, que no entendió. Hayami desapareció entre las luces del pasillo con un suave golpe de puerta.
Aquella fué el último día que Lain vió a Hayami. Al día siguiente no se presentó, en su lugar vino una chica que hizo su trabajo, a la que Lain, a penas prestó atención. Parecía simpática, pero no le iba a contarle a una desconocida su nerviosísimo ante el gran abismo que llegaba. Horas más tarde, por fin llegaba la hora de abandonar el que había sido su hogar durante más de año y medio. Preparó su maleta. A penas algunas camisetas, pantalones, ropa interior y dos vestidos. Recogió sus muñecos, todo ordenadamente, y, cuando hubo terminado, se sentó en el escritorio, desde donde observaba la ventana. No faltaban muchas horas para que la noche cayera en la deslumbrante ciudad de Tokyo. Y, esperando lo que se espera en estos casos, Lain perdió la vista en un cielo rosado que le abría las puertas hacía la libertad y le dejaba paso ante el mundo que en su día, le había vuelto completamente, loca.
Anna.
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¿También quieres hacerte daño a ti misma?
¿Quieres senir la mente destrozada por chirridos?
Si eso es lo que quieres, jamás vuelvas la mirada.
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Esa mañana Hayami se había despertado unas horas antes. Ahora, sentado en el tren, como cada mañana, no hacía más que pensar en Lain. Estos días, sin su presencia, se le habían echo eternos, en el Hospital no respiraba el mismo aire. Hoy, por fin, Lain salía de la clínica de Osaka y llegaba al Hospital.
La esperó toda la mañana, intentaba mantenerse ocupado adelantando tareas, al fin y al cabo, con el tiempo, Lain se había convertido en su única paciente, y sin ella... Su puesto de trabajo como voluntario podía peligrar. A la hora de comer, justo cuando Hayami volvió de comer remen en un pequeño restaurante no muy lejos de allí, una enfermera le comunicó que Lain había vuelto.
-Justo cuando usted se marchó la trajeron. Está en su habitación.
Al oir esas palabras, los ojos de Hayami se iluminaron, y corrió escaleras arriba hasta la tercera planta. Golpeó la puerta, y sin esperar respuesta, abrió. Allí estaba, su presencia frenó su euforia, estaba en la cama, tumbada y mirando hacia la ventana. Un vendaje le cubría gran parte de la cabeza y tenía algunas heridas en el rostro. Los dos premanecieron en silencio, mirándose el uno al otro. Se alegraban de verse, se notaba en el ambiente.
-Dios... ¿Cómo estás? - Soltó por fin Hayami.
-Ahora bien. - Lain sonrió dibujando una algre sonrisa en su rostro, sus ojos se cerraron a la vez, y después de un largo suspiro, dejó caer su cuerpo en la cama.
-¿Có...mo ha ido todo?
-Supongo que como van estás cosas. Han sido cinco días eternos. Cinco malditos días... - Se incorporó en la cama. - ¿Por qué no viniste a verme? ¿Estuve en Osaka, verdad? ¿Tan lejos estaba?
-No me dejaron... Si no lo hubiera echo. - Se rascó la cabeza y se sentó junta a ella.
-Entiendo... - Un largo silencio se hizo entre los dos.
Hayami rompió el silencio. - ¿Y esas heridas en el rostro a qué se deben?
Lain negó con la cabeza, como si no quisiera hablar de ello.
-Dímelo Iwakura... ¿Qué te ha pasado? - Le cojió la muñeca para tranquilizarla, pero ella enseguida la apartó susurrando un gemido. - ¡Oh no! ¿Qué te has echo? ¿Lo has vuelto a hacer? ¡Juraste que no volverías a hacerte daño jamás! - Hayami parecía furioso.
-¡Pues sí! ¡Lo hice! ¡Y a ti que más te da! No has venido ni un sólo día a verme... ¿Cres que voy a creerme esa tonteria de que no te dejaron? ¡Claro que no! Para ti todo esto resulta muy fácil, yo sólo soy tu paciente enferma y lunática... ¡Qué más te da lo que me haga! No estabas allí para ayudarme...! - La voz de Lain se iba apagando cada vez más, y en segundos, su rostro se inundó de lágrimas... Se dejó caer contra el suelo, y Hayami le abrazó fuertemente. - Te necesito conmigo - Susurró Lain en su oído.
Las semanas pasaron con rápidez. El alta de Lain, a pesar de los incidentes, aún seguía en pie, la habían atrasado durante un par de semanas para que pudiera recuperarse del todo. Dos días antes de que Lain Iwakura abandonase el Hospital, Hayami se presentó en su habitación cuando atardecía.
-Buenas tardes pequeña.
-A este paso serán buenas noches. - Sonrío con una dulce e inocente sonrisa.
-Sí. - Dijo observando la ventana. - ¡Ey! Tú vendaje... ¿Cuando te lo han quitado? - Se acercó para poder observar su cabeza con más detalle.
Una cicatriz de grandes proporciones partía su cabeza en media luna. El cabello había sido cortado con poco hablidad, y lo tenía como anteriormente lo llevaba.
-Está mañana, queda feo. - Hizo una mueca y se acarició la cabeza. - ¿Qué pensarán de mí cuando salga?
-¡No van a decir nada! Además, con el tiempo tu cabello lo cubrirá, para entonces, lo puedes llevar con un gorro.
Lain asintó dando la razón a sus palabras.
Pasaron la tarde hablando sobre la vida de Hayami, algo que a Lain pareció interesarle mucho. Antes de marcharse, Hayami le preguntó desde la puerta.
-¿Qué es lo que más te asusta de irte de aquí?
-Ellos. - Dijo sin pensarlo.
Hayami no terminó de entenderla. Probablemente se esperaba que contestará algo relacionado con él... Quería ver por una vez, si Lain sentía algo por él, pero no, su respuesta fué muy distinta. Extraña, que no entendió. Hayami desapareció entre las luces del pasillo con un suave golpe de puerta.
Aquella fué el último día que Lain vió a Hayami. Al día siguiente no se presentó, en su lugar vino una chica que hizo su trabajo, a la que Lain, a penas prestó atención. Parecía simpática, pero no le iba a contarle a una desconocida su nerviosísimo ante el gran abismo que llegaba. Horas más tarde, por fin llegaba la hora de abandonar el que había sido su hogar durante más de año y medio. Preparó su maleta. A penas algunas camisetas, pantalones, ropa interior y dos vestidos. Recogió sus muñecos, todo ordenadamente, y, cuando hubo terminado, se sentó en el escritorio, desde donde observaba la ventana. No faltaban muchas horas para que la noche cayera en la deslumbrante ciudad de Tokyo. Y, esperando lo que se espera en estos casos, Lain perdió la vista en un cielo rosado que le abría las puertas hacía la libertad y le dejaba paso ante el mundo que en su día, le había vuelto completamente, loca.
Anna.
Never
Llegan rápido.
Una sacudida, y a veces acompaña un gemido... Nada más, intento sujetar mis piernas antes de perder el equilibrio.
Me caigo en las esquinas al escuchar tu nombre, una sacudida recibe mi estómago cuando te siento... Entonces sólo una sonrisa, una palabra, un roce son suficientes...
Ojalá supiera cantar tu canción favorita y dejases de una vez de una vez de mirar el reloj. Tengo una buena y una mala noticia. La mala es que te quiero, la buena que no tengo valor.
Sólo puedo decir... Que a pesar de todo, me doy asco al seguir dirijiéndome a ti.
...Ya hay demasiadas mentiras en las canciones de amor ...
Anna.
Una sacudida, y a veces acompaña un gemido... Nada más, intento sujetar mis piernas antes de perder el equilibrio.
Me caigo en las esquinas al escuchar tu nombre, una sacudida recibe mi estómago cuando te siento... Entonces sólo una sonrisa, una palabra, un roce son suficientes...
Ojalá supiera cantar tu canción favorita y dejases de una vez de una vez de mirar el reloj. Tengo una buena y una mala noticia. La mala es que te quiero, la buena que no tengo valor.
Sólo puedo decir... Que a pesar de todo, me doy asco al seguir dirijiéndome a ti.
...Ya hay demasiadas mentiras en las canciones de amor ...
Anna.
Present day. Present time
Sólo puedo describirlo como impresionante... Para todos aquellos que nunca han tenido la oportunidad de ver la serie de Serial Experiments Lain, aquí va un montaje donde aparecen muy buenos momentos...
http://video.google.com/videoplay?docid=881517019496809580&q=Serial+Experiments+Lain
Espero que os guste.
Anna.
http://video.google.com/videoplay?docid=881517019496809580&q=Serial+Experiments+Lain
Espero que os guste.
Anna.
You're Beautiful
Si os contará la verdad, no me ibais a creer, así que pensar que me ha quitado Internet y que estoy aquí. Y ya está.
Todo me irrita, me irrita estar con ellas... Hoy hemos ido a unas de esas discotecas de Pedralbes, donde los chicos examinan a sus presas y como perros ambierntos corren a alcanzar su recompensa a una noche de rituales en la pista de baile.
La gente, cuando baila a lo bestia, cuando baila sintiendo lo que baila, es increíble. Me gusta pensar que veo a esa gente en estado puro. Y que yo también lo estoy. Y mucha gente bailando la misma canción, cada uno a su estilo, a su ritmo, y cada uno sintiendo una cosa distinta... No importa. Lo mejor es dejarse llevar. Hacer lo que quieres hacer cuando quieres hacerlo. Yo sólo me atrevo a ser asi cuando bailo. Ahi si estoy en estado puro. Ojalá tuviera cojones de ser asi siempre. Pero lo cierto es que se que eso solo me traeria mas problemas. Quizá por eso yo tambien me contengo.
Lo peor de las noches como está es el olor a tabaco que se escapa entre los poros de mis manos, y el saber realmente lo que le importas a tus amigos. Gracias /Ironía/.
You're beautiful. You're beautiful.
You're beautiful, it's true.
Podría escuchar esta canción durante el resto que me queda de vida.
Anna
Todo me irrita, me irrita estar con ellas... Hoy hemos ido a unas de esas discotecas de Pedralbes, donde los chicos examinan a sus presas y como perros ambierntos corren a alcanzar su recompensa a una noche de rituales en la pista de baile.
La gente, cuando baila a lo bestia, cuando baila sintiendo lo que baila, es increíble. Me gusta pensar que veo a esa gente en estado puro. Y que yo también lo estoy. Y mucha gente bailando la misma canción, cada uno a su estilo, a su ritmo, y cada uno sintiendo una cosa distinta... No importa. Lo mejor es dejarse llevar. Hacer lo que quieres hacer cuando quieres hacerlo. Yo sólo me atrevo a ser asi cuando bailo. Ahi si estoy en estado puro. Ojalá tuviera cojones de ser asi siempre. Pero lo cierto es que se que eso solo me traeria mas problemas. Quizá por eso yo tambien me contengo.
Lo peor de las noches como está es el olor a tabaco que se escapa entre los poros de mis manos, y el saber realmente lo que le importas a tus amigos. Gracias /Ironía/.
You're beautiful. You're beautiful.
You're beautiful, it's true.
Podría escuchar esta canción durante el resto que me queda de vida.
Anna
Layer 03 - Fall
Bla bla... Ya sabeis.
Layer 03 (II) - Fall
"
Si puedes leer esto, entonces está dirigido a ti.
Si puedes ver esto, entonces esto es tuyo...
"
Una tenue luz entraba a través de las cortinas. Lain llevaba horas despierta, esperando la inspiración ante una hoja en blanco.
La mañana concurrió con tranquilidad, Shimizu hizo su trabajo, y minutos después, Hayami le dió los buenos días a Lain.
-¿Cómo va todo? - Dijo mientras subía la cortina, dejando entrar la luz.
-Todo bien, todo bien. - Respondió Lain cerrando los ojos ante la luz cegadora.
-Hace un hermoso día, mira - Hizo un gesto para que se acercará, ella lo hizo. Desde la ventana podían observarse grandes edificios que seguramente pertenecían a los hombres más ricos de Japón. También podía verse el jardín del Hospital. Un precioso parque donde varios enfermos paseaban bajo los grandes árboles de cerezos, olvidando por un momento donde se encontraban. - Hace un hermoso día de primavera... ¿No crees?
-Sí... Lo és. - Concluyó acercando su mano al frío cristal.
Permanecerion así durante largos minutos.
-¿Qué te parece si salímos? - Propuso Hayami.
Lain permaneció callada durante unos segundos. - No creo que me dejen hacerlo.
-Hablaré con el Director, espera aquí. - Y Hayami desapareció tras la puerta blanca.
Lain esperó sentada en el suelo, justo delante de la puerta. Nunca había hablado con el Director, sólo el primer día que llegó, intercambiaron algunas palabras, pero nada más. Era un hombre con el pelo canoso y unas grandes gafas, lo recuerda con bastante detalle, porque le había recordado a su padre. Hayami no tardó en volver.
-Cambiáte. Nos vamos. - Sonrió Hayami guiñando su ojo.
Ella, se puso en pie, y con una gran sonrisa se dirjio al armario. Cojió uno de sus vestidos blancos, de algodón, unas medias y unos brillante zapatos negros. Lo cierto es que con esa ropa, aprentaba mucho menos de 17 años, además siempre había sido más bajita de lo normal... Sus 160 céntimetros, siempre le provocaron confusiones de edad. Pero Hayami siempre había pensado, que seguía siendo dos años más pequeña, al fin y al cabo ese tiempo no lo había vivido. Satisfecha por fin con su indumentaria, Lain siguío a Hayami por los pasillos del Hospital, hasta llegar a la puerta trasera que conducía al jardín.
Él, abrió la puerta y fué el primero en salir, Lain se quedó atrás, respirando el aire profundamente. Hacía tiempo que no había salido de esa habitación, y todo eso era nuevo para ella, como una niña, observó todo lo que había a su alrededor. Tras un breve paseo, llegaron a un banco de piedra que se encontraba en una zona apartada, allí se sentaron.
-¿Cómo te lo estás pasando Iwakura? . - Preguntó Hayami.
-Increíblemente bien... Todo es tan hermoso aquí... No sé como agradecerte todo lo que haces por mi.
-No debes porque agradecerme nada pequeña. - Dijo acariciando su cabeza. - Sé que puedes hacerlo perfectamente. Confío en ti.
Aquellas palabras se clavaron en la cabeza de Lain... "Confío en ti" era la primera vez en mucho tiempo que alguien lo decía. Sin mediar palabra, se tiró a los brazos de Hayami y los dos, permanecieron callados.
Después de comer, Hayami entró excitado a la habitación de Lain.
-¡Traigo buenas noticias! ¡Muy buenas noticias! - Gritó cojiendo a Lain entre sus largos brazos.
-¡Jajajaja! ¿Qué ocurre Hayami? - Estaba claro que le había contagiado su felicidad.
-¡Puedes irte Iwakura! ¡Puedes salir de aquí! - Ante la sorpresa de Hayami, Lain no se lo tomó como hubiera imaginado, y le pidió por favor, que la dejará en el suelo.
-¿De qué hablas? Explicamelo por favor.
-Veras... Ayer hice una consulta, y dicen que más o menos en los próximos 15 días puedan darte el alta... ¡Estás curada pequeña! - Lain seguía mostrando enfado en su cara. - ¿Qué ocurre pequeña?
Lain se echó las manos a la cara, ocultando las primeras lágrimas que se habían asomado a su rostro, Hayami no acababa de entender su reacción.
-¿Qué pasa? ¿Qué pasa? - Insistía.
-¡Déjame! - Lain apretó sus puños y se levantó.
-No te entiendo... ¿Qué ocurre? - Hayami seguía insistiendo.
-¡He dicho que me dejes! - Lain golpeó la mesa de su escritorio y hizo caer algunos libros.
Hayami se marchó, después de escuchar el sonido de la puerta, Lain cayó en redondo contra el suelo, golpeando su cabeza contra la silla.
A la mañana siguiente, el cielo, como si hubiera visto todo lo que había ocurrido, se tiñó de gris, y llovió durante las primeras horas de la mañana. Hayami cogió el primer tren, como de costumbre, caminó por las grandes calles de la ciudad, y después de media hora, llegó hasta el Hospital.
-Buenos días Sr. Ogawa. - Le dijo la recepcionista cuando asomó su cabeza. Él sé inclinó levemente y tras cambiarse, subió hasta la tercera planta con la intención de arreglar las cosas con Lain, antes de que la enfermera subiera a darle el desayuno.
Subía lentamente cada escalón, siempre había tenido pánico a los ascensores, giro el picaporte, y arrastró la puerta. Un vistazo a la habitación y enseguida avistó el pálido cuerpo de Lain. su rostro hacía un gesto parecido a una mueca. Un pequeño charco de sangre rodeaba su cabeza. Hayami tardó varios segundos en reaccionar, y sin acercarse aviso a una enfermera. Tenía pánico a que le pasará algo, pero no se atrevía a tocar aquél cuerpo que parecía roto. Nunca la había visto así, ni siquiera cuando llegó, que a pesar de tener mal aspecto, no estaba del todo grave. Hayami permaneció el resto del día en el banco donde la pasada mañana, habían estado. Justo en el insante que una hoja de cerezo le rozaba la mano, se dió cuenta de lo que realmente sentía por Lain. Algo, que traspasaba las fronteras del cariño hacía un enfermo, un sentimiento, que le llegó a asustar.
Anna.
Layer 03 (II) - Fall
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Si puedes leer esto, entonces está dirigido a ti.
Si puedes ver esto, entonces esto es tuyo...
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Una tenue luz entraba a través de las cortinas. Lain llevaba horas despierta, esperando la inspiración ante una hoja en blanco.
La mañana concurrió con tranquilidad, Shimizu hizo su trabajo, y minutos después, Hayami le dió los buenos días a Lain.
-¿Cómo va todo? - Dijo mientras subía la cortina, dejando entrar la luz.
-Todo bien, todo bien. - Respondió Lain cerrando los ojos ante la luz cegadora.
-Hace un hermoso día, mira - Hizo un gesto para que se acercará, ella lo hizo. Desde la ventana podían observarse grandes edificios que seguramente pertenecían a los hombres más ricos de Japón. También podía verse el jardín del Hospital. Un precioso parque donde varios enfermos paseaban bajo los grandes árboles de cerezos, olvidando por un momento donde se encontraban. - Hace un hermoso día de primavera... ¿No crees?
-Sí... Lo és. - Concluyó acercando su mano al frío cristal.
Permanecerion así durante largos minutos.
-¿Qué te parece si salímos? - Propuso Hayami.
Lain permaneció callada durante unos segundos. - No creo que me dejen hacerlo.
-Hablaré con el Director, espera aquí. - Y Hayami desapareció tras la puerta blanca.
Lain esperó sentada en el suelo, justo delante de la puerta. Nunca había hablado con el Director, sólo el primer día que llegó, intercambiaron algunas palabras, pero nada más. Era un hombre con el pelo canoso y unas grandes gafas, lo recuerda con bastante detalle, porque le había recordado a su padre. Hayami no tardó en volver.
-Cambiáte. Nos vamos. - Sonrió Hayami guiñando su ojo.
Ella, se puso en pie, y con una gran sonrisa se dirjio al armario. Cojió uno de sus vestidos blancos, de algodón, unas medias y unos brillante zapatos negros. Lo cierto es que con esa ropa, aprentaba mucho menos de 17 años, además siempre había sido más bajita de lo normal... Sus 160 céntimetros, siempre le provocaron confusiones de edad. Pero Hayami siempre había pensado, que seguía siendo dos años más pequeña, al fin y al cabo ese tiempo no lo había vivido. Satisfecha por fin con su indumentaria, Lain siguío a Hayami por los pasillos del Hospital, hasta llegar a la puerta trasera que conducía al jardín.
Él, abrió la puerta y fué el primero en salir, Lain se quedó atrás, respirando el aire profundamente. Hacía tiempo que no había salido de esa habitación, y todo eso era nuevo para ella, como una niña, observó todo lo que había a su alrededor. Tras un breve paseo, llegaron a un banco de piedra que se encontraba en una zona apartada, allí se sentaron.
-¿Cómo te lo estás pasando Iwakura? . - Preguntó Hayami.
-Increíblemente bien... Todo es tan hermoso aquí... No sé como agradecerte todo lo que haces por mi.
-No debes porque agradecerme nada pequeña. - Dijo acariciando su cabeza. - Sé que puedes hacerlo perfectamente. Confío en ti.
Aquellas palabras se clavaron en la cabeza de Lain... "Confío en ti" era la primera vez en mucho tiempo que alguien lo decía. Sin mediar palabra, se tiró a los brazos de Hayami y los dos, permanecieron callados.
Después de comer, Hayami entró excitado a la habitación de Lain.
-¡Traigo buenas noticias! ¡Muy buenas noticias! - Gritó cojiendo a Lain entre sus largos brazos.
-¡Jajajaja! ¿Qué ocurre Hayami? - Estaba claro que le había contagiado su felicidad.
-¡Puedes irte Iwakura! ¡Puedes salir de aquí! - Ante la sorpresa de Hayami, Lain no se lo tomó como hubiera imaginado, y le pidió por favor, que la dejará en el suelo.
-¿De qué hablas? Explicamelo por favor.
-Veras... Ayer hice una consulta, y dicen que más o menos en los próximos 15 días puedan darte el alta... ¡Estás curada pequeña! - Lain seguía mostrando enfado en su cara. - ¿Qué ocurre pequeña?
Lain se echó las manos a la cara, ocultando las primeras lágrimas que se habían asomado a su rostro, Hayami no acababa de entender su reacción.
-¿Qué pasa? ¿Qué pasa? - Insistía.
-¡Déjame! - Lain apretó sus puños y se levantó.
-No te entiendo... ¿Qué ocurre? - Hayami seguía insistiendo.
-¡He dicho que me dejes! - Lain golpeó la mesa de su escritorio y hizo caer algunos libros.
Hayami se marchó, después de escuchar el sonido de la puerta, Lain cayó en redondo contra el suelo, golpeando su cabeza contra la silla.
A la mañana siguiente, el cielo, como si hubiera visto todo lo que había ocurrido, se tiñó de gris, y llovió durante las primeras horas de la mañana. Hayami cogió el primer tren, como de costumbre, caminó por las grandes calles de la ciudad, y después de media hora, llegó hasta el Hospital.
-Buenos días Sr. Ogawa. - Le dijo la recepcionista cuando asomó su cabeza. Él sé inclinó levemente y tras cambiarse, subió hasta la tercera planta con la intención de arreglar las cosas con Lain, antes de que la enfermera subiera a darle el desayuno.
Subía lentamente cada escalón, siempre había tenido pánico a los ascensores, giro el picaporte, y arrastró la puerta. Un vistazo a la habitación y enseguida avistó el pálido cuerpo de Lain. su rostro hacía un gesto parecido a una mueca. Un pequeño charco de sangre rodeaba su cabeza. Hayami tardó varios segundos en reaccionar, y sin acercarse aviso a una enfermera. Tenía pánico a que le pasará algo, pero no se atrevía a tocar aquél cuerpo que parecía roto. Nunca la había visto así, ni siquiera cuando llegó, que a pesar de tener mal aspecto, no estaba del todo grave. Hayami permaneció el resto del día en el banco donde la pasada mañana, habían estado. Justo en el insante que una hoja de cerezo le rozaba la mano, se dió cuenta de lo que realmente sentía por Lain. Algo, que traspasaba las fronteras del cariño hacía un enfermo, un sentimiento, que le llegó a asustar.
Anna.






