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Diccionario de Tomasadas
Desde la República de los Sueños. Escribo para tolerar el síndrome Stendhal.
Acerca de
Debido a lecturas erróneas creí intuir una amable verdad en las manifestaciones de Borges. Desde su altanera modestia me enamoré de una vez y para siempre de Beatriz Viterbo. Por motivos que desconozco quisé parecerme al joven Werther. Pero como a mi amigo Monsieur Robert el destino me coge siempre indispuesto. Stefan Zweig o Primo Levi son el ejemplo de la ultima dignidad de un caballero. Asi pues, mi biografía carece de interés. Acaso sea preciso añadir que solo me perdí por el brillo dorado de unas mellizas fotografiadas por Lachós y convertidas en la historia más apasionate del mundo por Sergio Pitol. Desde la modestia Borgeana, repito, por favor, no pierdan el tiempo, lean a otros!.
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El viaje a ninguna parte
El viaje a ninguna parte;

Si el olor a Septiembre no tiene un hueco en el diccionario será porque está en venta el jardin de los cerezos. Todos los Septiembres revuelven las nivolas de Unamuno. Aparece como una sombra la tentación de los caminantes, los vividores del camino pausado, los andantes errantes que precisan del tiempo húmedo adherido a las botas, la ceniza sobre el pantalón arrugado.

Estamos de celebración aquellos artistas cuentistas de lo cotidiano, los baudelaires conseguimos el premio del sentido preciso de justicia poética y, por fin, el poeta fatal, el cetrino Monsieur Robert, el mismo varón acribillado de bilis y desisidia, ha conseguido ir becado a Paris en busca de reminiscencias inspiradoras, de la búsqueda insensata de la vida y circustancias de Baudelaire y las flores del mal. Buscará en el Sena algún suicidio ejemplar, paraísos artificiales donde dejarse llevar por las enfermedades de transmisión sexual. Por fin estará justificado contraer la sífilis poética, la enfermedad del fatalismo, el paso de las confesiones de un fumador de Opio. Es verdad que dejará huérfano de poemas al Colectivo, que se marcha uno de los artistas en mayúsculas que, probablemente, vaya a conocer en toda su extensión. La desproporción, el traje que le viene grande, esos ojos azules e hirientes, como los de Pedro Cortés, que tantos beneficios aportan a sus compañeros de andanzas.

Monsieur es, en si mismo, el ejemplo de Max Estrella, los espejos deformantes de un generación perdida con un potencial ultrapoético, filosófico, existencial en la desencadena y atormentada vida de los viejos poetas que malviven este principio de siglo entre el deseo y el pánico, entre ese miedo esencial por si viviendo entre la inspiración, la locura, el sexo y el rock and roll hayamos pecado en exceso y estemos condenados al sentimiento de culpa perpetua o a la progresiva y evolutiva gama de bifurcaciones para que nuestros hijos, si los tenemos, crean en la verdadera libertad.

Léase, verdadera libertad; poder leer en paz, ir a conciertos, beber cervezas hasta la cirrosis mental, hasta perder la cuenta para perder la conciencia y la voz ante rubias, morenas o pelirrojas. Perder la voz, la coherencia, pero no el alma. El alma no se pierde puesto que pervive el halo místico celestial del deseo de mejorar, de mostrar la actitud positiva ante la vida. Disfruta y haz disfrutar. Porque también Tona y Samuel hacen algo por todos siendo indeseables y pedorros. El amor, la revolución, la evolución brota de ojos bondados que brillan y dicen barbarides. Incluso son ejemplo para poner sapos y culebaras de sus bocas que nunca dijeron.

No sé dónde vamos, lo confieso. Pero ahí estará Monsieur y Baudelaire para retratar tanta desdichada felicidad, para decir que la salvación puede existir. Que estamos solos, solitarios, en soledad. Para expresar una esperanza de trotamundos, de polvo en los andenes, de miradas entre trenes de cercanís. Entre guitarritas y chicas del cuatripatismo simpático, de las pornostars y las rockstars y las novelistas que nos acompañan con cariño. La guapa Carmen, Claire, la francesita bondadosa que me tapa cuando tengo frío y va a tener un hijito precioso con Grossman.

Pues eso, Monsieur; nadie como tu para justificar a Tona, a Samuel, a Juanan, los goles de los Ninons y su idiosincracia. Nadie como tu para hablar del Puré y de Rosa- Linda. Hazlo por nosotros, díles al mundo que todo lo malo que hicimos era resentimiento. Que queremos a Eloísa aunque a veces nos equivoquemos en los procedimiento. Que queremos a Aurora de la manera más sincera. Que queremos a todo el mundo. Por eso nos escuece el alma. Y para no llorar todos los días no unimos con Tona. Y nos equivocamos de rumbo y de risas. Mas lo hacemos sin querer. Lo hacemos pensando que el mundo no puede ser tan gris, ni nosotros tan asquerosos!