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Diccionario de Tomasadas
Desde la República de los Sueños. Escribo para tolerar el síndrome Stendhal.
Acerca de
Debido a lecturas erróneas creí intuir una amable verdad en las manifestaciones de Borges. Desde su altanera modestia me enamoré de una vez y para siempre de Beatriz Viterbo. Por motivos que desconozco quisé parecerme al joven Werther. Pero como a mi amigo Monsieur Robert el destino me coge siempre indispuesto. Stefan Zweig o Primo Levi son el ejemplo de la ultima dignidad de un caballero. Asi pues, mi biografía carece de interés. Acaso sea preciso añadir que solo me perdí por el brillo dorado de unas mellizas fotografiadas por Lachós y convertidas en la historia más apasionate del mundo por Sergio Pitol. Desde la modestia Borgeana, repito, por favor, no pierdan el tiempo, lean a otros!.
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Helena ( Elena)
Cuando despedí a Omar se pusó la mano en el corazón. Antes habíamos estado hablando de Argelia, de Argel. De que en España no se podía practicar el islamismo, no se podía ser musulman. Me estuvo explicando sin titubeos sus problemas en la pronunciación y distinción de nuestras vocales i y e.
Tenía predisposición a hablar y escuchar el castellano con la mejor propiedad, gozaba del entusiasmo y y la aptitud espiritual para transmutarse, transmigrar su alma en busca del aprendizaje de las voces, los ecos, las modulaciones del castellano.
Con Helena ( Elena) mantuvimos la discreta calma de ser educados. Hablamos de centroeuropa, de la disponibilidad del buen gusto y la confirmación de unas correcciones. Hablamos de Stefan Zweig, de su novela de ajedrez y las profundides psicosociales de las personas, de los comportamientos compartidos. De las ayudas sociales a los artistas en Francia y Austria. De la discusión ética de saber servir creveza sin residuos. También hablamos del jazz, de la improvisaciones, de mentiras ajenas y propias. Helena ( Elena) sabía alemán por haber estado viviendo en la refinada y burgues Austria durante cuatro años. La historia del nombre de Helena ( Elena ) se la reveló a un audaz Ross que supo preguntar una intuición. Quien tiene una cicatriz tiene un historia, quien se llama Helena ( Elena ) tiene una historia.
Melv(b)in es dominicano que practica la sal y el baile, que desea copular ardorosamente con una mujer blanquita. Para españolizar su visión del amor y del sexo. Sus afectos y defectos son saber hacer de su vida continuo humor, música y sonrisa. Es menos peligroso que inocente, pese a poseer dos mujeres a un tiempo, y sus mujeres, a dos hombres también. Su exquisitez reside en la más prosaica humanidad; para divertirse solo le hace falta dinero, bebida y son. Aun así, gasta más de lo que tiene y confía en que le tocará la lotería. Mientras eso no suceda, trabaja como todas las personas del mundo. Como Helena ( Elena), como Omar, como yo mismo. Utilizando su ética profesional. Ocho horas de holocausto y a... seguir soñando con un mundo mejor! Me da igual si Omar dice ... a siguer soñando con un mundo mijor!
 
No sé, no pienso

El amor crece o nace o se reproduce con el impedimento. En ocasiones el impedimiento es físico, otras veces, psicológico y ,otras, porque no decirlo, el impedimento es inventado y reúne los otros dos. Es verdad que nacemos y morimos el mismo día, que resucitamos y variamos la identidad, personalidad, motivaciones, que modificamos el humor. También sabemos inventar los problemas para dar mayor intensidad y magia a los momentos de verdadera pasión.


Somos hijos de todos los padres, tenemos muchísmos hermanos, sentimos todas las emociones que han sentido todos los humanos... y por eso es conveniente decir que una historia es, a la vez, la historia de todos nosotros. Y que todas las historias no son la nuestra.


Meditando sobre los inconvenientes o los impedimentos, sobre las barreras provocadas y los incendios del corazón creo que permitimos la intrusión de muchos bomberos en nuestra vida. Unas veces elegimos. Otras, optamos. Pero siempre nos apoyamos en el agua bendita y en el agua salada.


Una nueva canción de Sabina habla de dos chicos de quince años que desaparecen; ella es flaca, él, decidido. Su desaparición tiene que ver con una ilusión; ver el mar. Los dos son del interior, han visto el mar por la tele, les ha gustado y deciden llegar a ver cómo es en realidad. Ellos pasan de las barreras, de los prejuicios, quieren hacer lo que les importa; llegar al mar, besarse allí, contemplar el horizonte, escribir sus nombres entre un corazón...llegar hasta el final del camino, pasear entre el rumor del viento y de las olas. Para ellos, el impedimento acrecenta su pasión, son jóvenes todavía pero demuestran una inusual valentía. Deben decirse, creo, que nos busquen si quieren, que paralicen policía, radios y periódicos. Ellos no saben, ni los periódicos, ni los padres, ni la policía que el amor dura diez segundos y que nace, crece y se reproduce con sus impedimentos. Y entonces él le pregunta junto al mar... ¿ que piensas cuando dices adios?. Y entoces ella le contesta... no sé, no pienso. Y entonces el amor son diez segundos y unas olas. Pero el recuerdo son ocho años sin selinas ni Bournemouths. O sea, los diez segundos se convierten en un para toda la vida.
Mil recuerdos para Selina, Patrick, Corinna... por que en el lugar donde fuiste feliz, no debieras nunca jamás regresar. Arriba Suiza, cojones!

 
El lado oscuro del corazón
No puedo precisar con exactitud si el cielo era grisáceo, blanco, estaba engrisecido por la nubes o si realmente no hay nada que se pueda precisar y el rigor en si mismo es un invento grotesco del que debieramos prescindir. Sé que era más un atardecer que un amanecer y que también había una luminosidad en el horizonte que desquiciaba la vista e impedía ver los barcos del horizonte. Puedo decir, sin rigor ni precisión, que creía ser feliz porque pensaba, en ese momento, que la juventud del espíritu solo es una visión desconocida y nueva. Mientras se puedan descubrir cosas nuevas, percepciones distintas, pense en ese momento, rejuveneceremos eternamente.

Así que ni estando claramente en Montevideo ni en Buenos Aires escuché claramente, entre rumor del viento, un poema de Mario Benedetti. Sé que era en alemán y no en castellano, que lo pronunciaba Benedetti y no Borges. Por eso hice lo que hice. Por eso, ni estando en Buenos Aires ni en Montevideo me fui rápidamente a la Biblioteca Pública de San Vicente de la Barquera. Ahí estaba Anna, desacostumbradamente despeinda. Le pedí que me abriera el cuarto donde guardaba las películas de Eliseo Subiela y allí encontré el tesoro que buscaba. Sí señor. El tesoro llevaba de título " El lado oscuro del corazón". Lejos de emocionarme, o llorar desesperadamente, decidí enchufar la tele y poner el vídeo. Vi la película con calma, condescendiente a los preciosos y precisos diálogos. La estrategia de Benedetti, la mujer que te hace volar, la que te quiere sin tenerte. La que te obseva en la oscuridad. Acabó la peli. Salí satisfecho. Era Octiembre. No puedo precisar el color del cielo, ni las turbulencias de mi corazón entregado a la niebla y a la pena.

Entonces monologué, me salió el solisoquio de la desesperación; no somos nada, nos apareamos y lloramos, queremos ir a China a descifrar los poemas Haikus, nos embarcamos en las tareas del saber. Creemos en Balzac y jóvenes costureras, nos abandonamos a la belleza, discutimos en lenguajes ridículos, clasificamos los libros en materias inexistentes, nos autoficcionamos, amamos los atardeceres en Montevideo con el sol en el horizonte. Encima, tenemos que seguir viviendo de mentira, de rodillas, con compromisos y horarios, estudiando la forma de catalogar las risas. Afrontamos la culpa,el tedio, la desazón. Nos aplicamos a resolver los teoremas de Pitágoras, hacemos giros Copérnicos e inventamos Tangos. Intentamos evaluar las corrientes, los posmodernismos, las filosofías metafísicas, ontológicas, epistemológicas. Y encima, esperamos toda la vida la mujer que nos hace volar. Solo para que nos diga, perdona chaval. A mi me gusta pasear con otro. Pero mírame, te dejo verme pasear. No pierdas mi perspectiva. Y entonces nos reimos por no llorar. Hemos vuelto a rejuvenecer. Hemos vencido al tiempo. Volvemos a ser Peter Pan, volvemos a creernos Don Quijote. Y damos gracias a la virgen, damos gracias al señor. Porque habiendo perdido tanto, no perdi mi amor al canto ni mi voz... como cantor.

Para Andrés Calamaro, con profundo afecto!!!
 
Dijo Goebbels
Dijo Goebbels que un muerto es un escándalo y cien una estadística. Podría ser valiente, la ignorancia es valiente, tosca y cruel, y afirmar sin criterio que un amor, la imgen de un enamorado es un escándalo, una barbaridad, algo desacostumbradamente loco, descabellado... puesto que el amor es una sentencia, un fuego fatuo que arde, que quema. Pero cien enamorados es una estadística, algo propio de salir en un telediario o en un programa de televisión.
Contaré la historia de un enamorado, de un loco, de un asunto escandaloso, de envergadura desgarradora.
Cuando se vistió con su vieja camiseta ya sabía esa frase repetida de que el amor es eterno mientras dura. Al hilo de ese eterno retono, las historias se repiten siempre. Pero esta no.
Era Miércoles por la tarde. Empezaba Semana Santa y él había comprado unos pendientes para su chivia ( chica-novia). El candente sol de la tarde, casi primaveral, le hacía recordar la esencia del rock en una noche de verano. Se acordaba del tañido de la cuerda de un violín lejano y apagado. Había estado revisando un manuscrito en árabe que le había dejado Nasser. Nasser decía que en Jordania aprendió a perder, a jugárselo todo a la ruleta rusa.
La inmensa Torre de Babel le traía consejos desde Cracovia, Katowice y desde Kiev. Eran palabras lejanas que volavan por el aire. El trató de codificar todas las indicaciones y se puso perfume en las manos.
Cuando apareció su chivia su rostro se enterneció. La vió llegar, dulce y guapa, cruzando el paso de cebra con una cadencia de caderas exenta de torpezas. Se miraron, entre entusiasmados y coquetos suspiros, diez segundos sin decir nada.
Pronto le dijo ella que ya había leído aquel cuentito de Monterroso, el del dinosaurio. El le dijo que había leído En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Así empezaban la conversación, con ironía, con mentiras. Ella era tan breve que ya se había acabado. Y él era eterno, aún no había comenzado.
Pasaron un fin de semana soñando saudades en Lisboa, pensando en las Varsovias posibles de su vida. Sobre todo hablaron del muro de Berlín, de Berlín en si, capital de si misma.
Por fin llegó el Domingo sin haber estado en ningún lugar y en todos. Vencía la fecha, se habían prometido un año de amor loco y ya había terminado. Ella se iría para siempre esa tarde, él seguiría solo de nuevo. Antes de marcharse él leyó en un segundo En busca del tiempo perdido... y ella no pudo acabarse el cuentito del Dinosaurio.
Se besaron sin tristeza y él le dió unos pendientes. Para que su chivia los pudiera perder por el ancho mundo.
 
Eterno retorno
¿Qué sé yo? Los océanos y las tempestades, las olas o tormentas... las viudas que perdieron a su marido en un barco mercante. La idea de eterno retorno es para mi una especie de resignada monotonía, una suerte de costumbre o rutina.

Todo caballero, toda persona educada o pulcra llega un momento en el que no solo conoce una situación, no solo la aprende sino la reconoce, la empieza a comprender. Cuando la imprudencia, la irresponsable enajenación nos aturde no vemos más allá de aquí. Pero con la consciencia o la responsable meditación nos acordamos de recordar; las promesas de ver el mar, una postal de Costa Rica escrita en torpe Español con los tiempos mal conjugados ( el tiempo no existe), compartir un mango o o un puro habano con los revolucionarios, ver retratos del Che, el caballero que lleva un tatuaje de su mujer desde que hiciera la mili, las cartas de nuestros padres a nuestras madres. Son cosas que han pasado y pasarán porque de eso se trata, de nuestro eterno retorno, la viuda que siempre cuenta la misma historia mirando el mismo retrato.

Guardamos la costumbre de los retratos, de la celebración de aniversarios, de viejas novias que te presentan a nuevos novios, otra Copa del Rey del Toro Acuña, con la bufanda Zaragozista de la habitación de Tomasin..sin..sin. .

Y siempre es lo mismo, cabreos, frustaciones, alegrías y recuerdos... la resignación de ser uno mismo, de ser todos muy parecidos, de vivir la monotonía y la rutina. Siempre la misma canción, el mismo espectador. La búsqueda de uno mismo en los demás, en los libros, en las chaladas peluqueras que endulzan los sueños, en los ratitos de comidas en Fabardo, en las barbacoas con botellitas de vino y de champán.

Por eso, queridos amigos, espero con ansia una nueva Semana Santa, una nueva longaniza a la parrilla, una nueva demora cruzando por el puente del Río Ésera que es sabio en si mismo. Pues es el río de nuestra vida, de Javiersito y su caña, de su elixir de la eterna juventud. ¿ qué sé yo?. El eterno retorno es la monotonía del silencioso rumor de la corriente en la noche... mientras susurras a los ojos de una rocanrolera que el río era, es y será.

P. D.
Para amranta, única lectora del dicionario de Tomasadas. Si me dicen que siete años no es nada para qué cojones me preocupé de olvidarme de decir que Robert Walser dejó la herencia de su habitación de poeta para la mujer de letras... "la tinta me tomo los dedos y nacio un poema". Hermosísima frase, hojarasca.
 
Ramona, Mónica y Patrize
Por la fugacidad de una estrella, por el fulgor de sus ojos negros había ascendido hacia el infinito, me había quedado abrumado por el brillo dorado, paralizado sin saber que decir. Había viajado a las tinieblas de las nebulosas, me había perdido en implacables agujeros negros.

Se trataba de mirar las estrellas, de otear los astros, de contemplar sus ojos negros. Ahí está la Osa Mayor, ahí se esconde Casiopea, ahí puedes acertar a ver Orión. Y por ahí se vienen sus ojos almedrados, sus ojos de naranjo en flor. ¿ Verdad que la belleza es poder nombrar las estrellas y señalarlas con el índice? ¿ Verdad que solo Mónica, de perfil frente al piano, puede armonizar aquellos hermosos ojos, dos ojos?.

Pues yo nada de eso sé, soy torpe. Sé expresar la posesión del ayer, el sabor de los besos con sal del cantábrico, aspirar la fragancia y voluptuosidad de unos labios carnosos. Decir adios al carnaval y sí a la Primavera cervecera. Yo no sé descifrar las sonatas de Schubert, reconozco los poemas sinfónicos de Liszt, puedo admirar los cuadros de Dalí, admirar el amor brujo de Manuel de Falla.

Todo eso, todo eso y mucho más veía en las chispas de sus ojos, en el ascenso a la claridad, en el descenso a las brumas y nieblas de sus pupilas...el día que me quieras endulzaran sus cuerdas el pájaro cantor. Los volví a ver, los oí sin escucharlos. Sus ojos volvieron a hablarme. ¿ Sabes, Tomasino?. No, no lo sé. Si nombras mis ojos, si escribes mis ojos con sensibilidad ¿ sabes, Tomasino? si respiras mis ojos, si quieres un segundo de mis ojos.

Pero yo seguí caminando. Por el fulgor de sus ojos, por las entrañas, por los recónditos recovecos de sus ojos me moría de vida. Me volvía sin girar, me hacia maletas todo el tiempo, lloraba a escondidas. Me bebía el néctar de la Orquesta FilarMónica de Hungría. Me leía los libros de Urs Widmer. Por mirarlos y nombrarlos, por todos y cada uno de los destellos, de sus sombrías luminosidades, por su densidad, por su ligereza.

Ahí estaban todos los sótanos de Kafka, todas las nubes del atardecer, todas las sonatas y sus partituras, los violines, los oboes, las trompetas, las teclas del piano. No supe decírselo, por cobardía, por torpeza, por pasar días debajo de la lluvia, por aislarme en Nunca Jamás.

Eternos ojos de Patrize, dime cómo lo hiciste, cómo debiera nombrarlos, en qué Varsovia me perdía, en qué Viena me encontré. Solo pudo codificar tus ojos las melodías de Mónica, sus dedos en el teclado, el perfil inigualable que heredó de la más flaca y hermosa mujer que vieron mis ojos jamás; mi abuela Ramona.

Y todos andamos despistados y frágiles, se nos escapan los trenes, nos vamos por los suburbios y el arrabal con los compadrtitos, escuchamos el tango, creemos la llanura infinita por los Westerns y el gaucho. Pero las teclas son de Mónica, el perfil de Ramona y los ojos de Patrize.

Tomasin.. sin..sin

Para Ramona, para Mónica y para Patrize. Trio de ases. Sal de mis sueños, azúcar de la verdadera armonía, la verdadera libertad!!!
 
Mi gato Popi
Dice Mario Bendetti que los uruguayos son argentinos sin sentimiento de superioridad. Lejos de valorar o juzgar dicha afirmación había estado sopesando la posibilidad de crear un personaje educado. Había pensado no darle patria alguna, cosa casi imposible puesto que los elementos de identidad no son solo geográficos ni idiomáticos sino también sentimentales, genealógicos, por afinidades electivas... en fin, distantes de una definición única.
Pero habiendo perdido tanto, habiendo descartado todas las posibilidades creí conveniente que definir defiendo se define.
Asi pues, Popi había sido lo más parecido a un gato. Ronroneaba su feliz desdicha apoyado sobre los radiadores, escudriñando metas lejanas con ojos soñolientos. Hablaba el quechúa, un dialecto lituano y castellano repleto de gerundios y de elevada sonoridad, mostrando elevaciones, haciendo gala de propuestos ademanes de educación y cortesía.
Su vida había sido un barco mercante con naufragios e islas de Robinsones. Anónimas partidas de cartas en tugurgios de los puertos. Había bailado con una rubia loca la milonga del marinero y del capitán. Su afición a la alquimia le había proporcionado ciertas capacidades y aptitudes para la magia. Podía bien disimular su físico siendo gato o un elegante aristócrata del champagne y el caviar. Su esencia siempre permanecía inmutable, vivía y dejaba vivir. Asistía a reuniones literarias en esquinas oscuras, donde las putas de los puertos hacían su agosto cuando bajaban con violentas ganas de deshagor sus impulsos todos los marinos mercantes.
También había sido activista político, revolucionario, pianista de jazz con ojeras y bigotito fino, no vayan ustedes a pensar. De su tranquila espera, de su rostro y de su manera de camiar pude intuir un asomo de impertubable dignidad, de indecible valor por la palabra dada.
Pocas veces pudimos hablar más de cinco o seis horas, las justas para despedirnos con silenciosos pasos después de un intercambio de fotos de Mónica Bellucci o de Liv Taylor, de algunas consideraciones del aleph, de Ricardo Piglia.
La última vez que nos vimos fue, como siempre, de madrugada. Un barco estaba apunto de zarpar en el muelle de Santander. Había hombres cargando muchas cajas a velocidades de vértigo en una cinta transportadora. Tuvimos tiempo de hablar de Pessoa y de Kafka, del nihilismo, del tango que dice que veinte años no es nada.

Pero ese día Popi ya tenía declarado su destino. Sería el gato de casa Tomás, de las caricias de Ramona y el rediador de la cocina. De eso han pasado muchos años. Pero la figura de Popi, desconocida por todos, se representa un gato maúllando a mitad noche por el barrio Coscolla. Solo una noche de eclipse, creí estar en Santander viendo zarpar un barco. Y ese día entendí todas las historias que Popi, maullando, nos quería contar.

 
Primero fue el verbo
Creo que la mesura puede ser desmesurada. Fue el útlimo fin de semana de un Septiembre lejano. Con delicada locura decidí disfrutar de un encierro de cuarenta y ocho horas en busca de lecturas indiscriminadas de diarios, ensayos, novelas y periódicos que pasaron por mis manos. Atareado, en una habitación de reducidas dimensiones paseé mis doloridos ojos por todos los renglones y líneas de los poetas suizos, los ensayistas argentinos, los burgueses de las letras de centroeuropa en el período de entreguerras.

Entregado a dicha tarea permanecí intentando hacer asociaciones inconexas, derivaciones intuitivas del conocimiento del no saber. Pensaba en la modestia del alejamiento, en la soledad del pensamiento subjetivo, en la ayuda de las terapias autoimpuestas para la discriminación de datos. La cabeza funciona como quiere, el alma también, la esencia de una personalidad rara vez se puede contrastar y valorar con juicios convencionales. La teoría de la libertad se representa sabiendola utilizar. Abusando de sustancias embriagadoras. Las letras son el elemento más tóxico, más perjudicial y menos emancipador que conozco. En vano rebasamos los límites éticos de la lectura. Pero el placer es inmenso, la aparición de una modesta felicidad, de la livianidad de espíritu, del acercamiento a desaparecer y no tenerte en cuenta. No eres nadie, no existe el cuerpo, existe la cabeza y el espíritu, eres una sombra que existe y no lo llegas a saber ni notar.

Sería imprudente aconsejar practicar la total enajenación. Pero en momentos de confusión , de crisis postmodernista no está de más intentar activar el principio de la curiosidad desmesurada. La inmensa autonomía de elegir el camino de la desproporción. De la borrachera de palabras, sintaxis, gramática, morfemas, lexemas, superlativos, determinates posesivos.

Hagan la prueba, desconecten sin tener que ir a esquiar con la familia, practiquen el otro amor, el desinteresado, el que no se compara ni se puede valorar. Todo es dinero. Todo es geoestrategia y economía. Pero un fin de semana eres libre. Y puedes llegar a saber qué misterio se esconde en el mar de las palabras, en tu propia y olvidada y lejana esencia. En ese ser más allá de ti mismo. Como dice el Fado. Donde rompen las olas, beso su boca y se entregó.

Dios salve las letras, primero fue el verbo, origen de creación. Gracias por hacerme feliz, palabras!

 
Yogures de fresa y Fanta naranja
Recomendado para mis colegas del Insti de Graus y para menores de 18 años, abstenerse los demás;

Justo antes de reírse se habían mirado con una intensidad inusitada, les brillaban los ojitos y se habían olvidado del resto del mundo. Se habían acariciado con las yemas de los dedos. Cuando pararon de besarse reunieron el dinero de sus bolsillos. Hoy sí, el día era nublado y amenazaba lluvia, hoy les llegaba el dinero. Entraron en la farmacia entre ahogadas risas, imprecisiones al caminar y nervios. Les temblaba la voz. Un caja de preservativos, dijo ella. Dejaron novecientas pelas en el mostrador y se fueron.

Empezó a llover y corrían hacia su casa. Los padres de ella se habían ido, no tenían deberes, era Sábado y tenían unas velitas con fragancias exóticas. Se fueron a la cama de ella entre peluches, fotos de sus amigas y discos de Shakira. Se besaron, hoy es el día, Dulcinea... ya verás como sí, mi campeón. Ella le acercó las manos al ángulo oscuro, las arenas movedizas se iban deshaciendo. Se pusieron entre las sábanas. De repente los ojos de ella se hicieron grandes, se miraron con lejana cercanía, se susurraron motivos de intimidad al oído.

Ella le puso lentamente el condoncito en su pichilinón. Ahora sí, ella le miró con extraño deseo, le cogió la cabeza y se la puso entre sus piernas; bésame de a poquito, bésame mi caramelo, cómelo guarrito...

Le entró poco a poco, entró muy bien, muy bien, poco a poco, se me acaba el aire, bésame, puedes acaricirme, balancéate en mi, dime que me quieres... un murmullo lejano, eterno, apagado, los ojos distraidos, sin mirarse, como en otro mundo... ella se iba, no aguantaba. Respiraban con más fuerza, al borde del delirio, se deshacían... él encima, ella debajo, dos principinates, pero qué maravilla, qué bienestar, cuanta gozosa armonía. Que ya voy, dulcinea, que estoy... que esto es la hostia, me gusta mucho, te quiero mil veces, que no se acabe nunca, sí ...y ahí, el origen y el fin de todo lo bueno se había dejado todo, esa lava del descanso, ese líquido más entrañable de la adolescencia, ese brillo dorado. Ese condóncito con final pesado.

Sacó el preservativo y ella le acarició la cabeza. Se besaron de nuevo. Lo hemos conseguido, hemos hecho el amor. Y se quedaron reposando, con el flexo encendido, un kas naranja para la sed, unos yogures de fresa, unas chucherías... En la calle llovía, las sábanas olían distinto. Ella se levantó completamente desnuda. Él la siguió. Probaron de nuevo, se fueron al sofá.

Nunca más han gozado tanto de ese momento. El amor se convirtió en sexo con el cambio de pareja. Por eso, cuando los dos chavales se encuentran se miran distinto, con lejana cercanía. Ya cumplieron su deber en el amor. Lo demás, sus nuevos novios, las nuevas caricias, nunca apagarán el ardor ni el recuerdo de la primera y última vez.


 
Nada es lo mismo, nada es igual
Dichosas son las formas y modos en los que se desencadenan fatales acontecimientos, se desencadena la historia, los intereses individuales o colectivos, la memoria universal, el culto a los dioses.

Siempre ha habido opresores y oprimidos, primeros y terceros mundos, barcos llenos de exclavos de color negro y sudaméricas sometidas a dictaduras, militares, indios exiliados en su propia tierra. También ha habido campos de exterminio, cámaras de gas, bigotones glotones de raza superior avalados por idiomas y mensajes ambigüos..." el trabajo os hará libres", " raza limpia"...

Siempre he sentido simpatía por un caballero de origen judío que vivía apaciblemente en Italia hasta que un vagón de tren repleto de deportados judíos lo llevó a un campo de concentración llamado Auschwich. Dicho calballero se llamaba Primo Levi. Primo Levi sobrevió con vergüenza, con sentimientos de culpa, con atroz desconfianza de si mismo la estancia en el campo de concentración. Quiso vivir para contarlo, para hacer de su experencia personal un documento histórico y asaz aterrador de la condición humana.

En su famosa trilogía primero nos cuanta en "Si esto es un hombre" la experiencia en el campo de concentración, con las cartillas de raciocinio, con sopa que parecía mierda, con asquerosos trozos de pan. El silencio ensordecedor de los guardias, los barracones repletos de gente con escaso sitio para dormir y mucho menos para cascarse una maldita paja. Habla sobre el frío, los pies congelados, malas zapatillas, el maldito hambre encallado en la tripa, en el corazón del pensamiento, sobre las ojeras de críos famélicos que nada sabían de la vida, que nada entendían de ese gran horror.Sobre la suciedad, la desesperación, el olor a carne quemada de los crematorios, la lucha por una supervivencia degradada y vejada, la lucha por la indignidad, por seguir siendo un perro.

Después, en " La Tregua", cuenta el camino de regreso a casa, la liberación, un pequeño rayo de luz en esa oscuridad atroz. Un remota esperanza, un triste consuelo de volver a empezar, de volver a ser digno o valioso y valorado por los demás.

En " Los hundidos y los salvados" trata sobre las consecuencias, sobre recuerdos de gentes que, en esa inmensa tristeza, dolor de espíritu, se convirtienon en algo parecido a amigos, en compañeros de miserias y de incomprensión.

No soy el profesor de nadie, ni quiero decir lo que se debe o no debe hacer, pero a mi Auschwich también me cambió la vida. Me cambió la vida pensar que Primo Levi siguió viviendo y contando hasta que, intentando contar lo que pasaba por la cabeza de los opresores, se tiró voluntariamente por el hueco de su escalera. Ahí acabo Primo Levi, pero ahí no acaba la reflexión, el legado que nos dejó sigue aquí para leerlo.

Todo lo que cuenta existió, fue de verdad, todavía se oyen gritos en su favor, en favor de opresores, todavía se trafica mercancía humana, piernas y manos de futbolistas de sudamérica. Y nada es lo mismo, nada es igual. Pero cuántos problemas de visado y de justicia tienen algunos, qué papel desempeña la humanidad, el desarrollo económico y la sociedad del bienestar. Las grandes riquezas nunca son inocentes, se alimentan de la pobreza, del petróleo ajeno, de los árboles, de los críos famélicos.

Si quieren, queridos amigos, vayan y lean a Primo Levi, vayan y oigan en un campo de fútbol, insultos a negros y árbitros. Estoy ansioso por arbitrar la liga de primavera, para ver como me gritan. Ya lo sé, nada es lo mismo, nada es igual. Por eso quiero querer al prójimo más que ami mismo, entenderlo y razonarlo como forma elevada de mi dignidad. Pero temo acabar por el hueco de una escalera. Nada es lo mismo, nada es igual.

Muchas gracias, Primo Levi, muchas gracias y muchas veces, querido Primo Levi.
 
Elegía a Miguel Mangado
Cuentan que un pianista solitario una noche demoró su última nota tanto que se quedó petrificado y helado frente al teclado. En realidad todos habían dejado de escuchar el sonido. Todo el público que se decía fiel se había marchado pensando que era un extravagancia o una locura seguir esperando a que el pianista se levantara de su sitio.

Ocurrió también algo parecido en clase de Matemáticas con mi amigo Miguel Mangado. Tras una pregunta que se hizo a si mismo se quedo pensativo y encantado en otra visión, en un remoto lugar que nadie de sus alumnos podíamos intuir. En realidad nada de eso fue una extravagancia o un error, en realidad el pianista todavía estaba escuchando esa última nota, se había quedado helada en el fondo de su alma, en los abismos de su lúcida inteligencia musical. A Miguel le pasó lo mismo, había llegado a un profundo conocimiento al que nosotros no teníamos la capacidad de llegar. Debido a nuestras torpezas, a nuestros limitados convencimientos o nuestras presuntas certezas.

Hablar de fracasos o éxitos, de locos o cuerdos es expresar un desconocimiento, una simplona irreverencia por los demás, por sus posibibilidades como persona, como artista, como individualidad expuesta a individuales y únicas revelaciones, a mensajes provenientes de lugares desconocidos, de la mezcla de sentidos, intuiciones, preguntas que dan respuesta para nuevas preguntas que desvelan una verdad, un segundo de adivinación, de anticipo de una insospechada e inesperada experiencia con el conocimiento total. El acercamiento a una nueva visión, un contacto con el cielo y el infierno .

La soledad es necesaria, el ausentarse es encontrarse a si mismo, a ese fondo necesario y constructivo donde no existe el tiempo ni las dudas. Se habla del amor cuando los amantes se besan. Se obvia todo lo demás. En la ausencia prolongada, cuando la loca del muelle de San Blas lleva mil años esperando su amor hay un vínculo con ese lejano amor, una probabilidad entre un millón de un acercamiento a esa epifanía que Ros busca en las púpilas de las muchachas. La necesidad de percibir ese olor lejano, esa voz rajada de armoniosa y rotunda sonoridad. Esa nota maravillosa del pianista, esas profundidades e infinitas precisiones matemáticas.

La palabra fracaso necesita de un mayor respeto por los solitarios, a los que llaman locos, a los que dicen majaras. En ocasiones el beso de una mujer, el verdadero significado, el abrazo que le distes, la comida que una noche te preparó necesitan de mil años de mares y mareas para poner a los locos en su sitio. Tal vez el verdadero éxito está tan alcanze de pocas personas que los que más probabilidades de llegar a conseguirlo sean aquellos que se quedaron helados ante el piano y ante sus alumnos. Porque por una vez rozaron lo que los gilipollas como yo no alcanzaremos en la vida. La inconcebible perfeción, la foto imposible, la Rosa tatuada en el hombro. La valentía de ser uno mismo, de llegar al final, de poder admirar el más allá, de buscar una salida el gris laberinto.

Te admiro y te recuerdo, Miguel. Vivirás en mi memoria para siempre.
 
Dos de Corazones; Peter Pan y la bella Wendi.
A los amigos que se hacen fotos imposibles, a los que representan la belleza, la amistad y el amor, a los que en cinco minutos justifican mi vida, agradecimiento sincero a Peter Pan y la bellísima Wendi;

Deberé deciros que mi vida será la celebración constante de un sueño cumplido; haberos conocido, quereros siempre... haber sido deudor de vuestra sonrisa, de vuestra brisa fresca, de vuestro comportamiento con migo.Gracias por tener la determinación, la dignidad necesaria de ser elegantes, de desmerecer a las mises y a los místers, de cumplir con el destino de los dioses, de los chavales honrados, de cogerme el teléfono, de colgarme, de decirme basta, de empezar de nuevo, de saber que lo bueno de Tomasino es lo malo de los demás. De decirme y de callarme, de escucharme y de cansaros de la repetición de los desconsuelos, de los lamentos, de acercaros a la verdad y a la mentira con migo.

De no aguantar mi cervezera. De sostener mis empachos de palabras que no llevan a ningún sitio, de saber ignorar verdades para no considerar los males, por dejarme ser inocente, por decirme que no se puede vivir del amor, decirme que hay que pensar bien aunque me equivoque. Por ser el arte y el compás, por ponerte faldas Wendi y por no llevar reloj ni móvil Peter Pan. Por ser dos de corazones los dos, por ese abrazo que os distéis para que pasara a la eternidad en una caja de zapatillas, por darme un segundo que guardare la eternidad. Por usar el regate Peter, por usar el historia y el arte Wendi. Por ser demasiado en todo, por el tiempo que no estoy con vosotros y por el tiempo que estaré. Por los cinco minutos que os pedí al año. Por aceptar los libros, los desengaños y los helados. Por esa chaqueta tejana y ese par de tetas, por vestirte tan elegante, por ese olor a perfume en el corazón del cerebro, por la embriagez y el ardiente secreto. Por esa apuesta por el rock and roll, por los pendintes que se perdieron, por nunca haber visto los tres juntos el mar, por esa foto. Por ese partido que perdimos, por esa noche calurosa en la que pasé tanto frío.
Porque siempre quedarán los momentos. Porque la vida que me queda son los cinco minutos que me regalaís cada año, cada siglo, cada eternidad. Gracias a vosotros soy yo. Gracias a encontraros sin buscaros, a que aparecdistéis de casualidad y escuchastéis el Jazz de mi Papá y le besatéis en la frente. La frende de mi Padre es el consuelo, la desinteresada bondad, la memoria de un hombre común que por darlo todo se quedo con algún desengaño. Por los regalos que me haciáis y yo compartía en el Colectivo. Porque siempre seréis nunca jamás, siempre seréis guapos y jóvenes, vosotros sí, por inventar ese momento, por dármelo desinteresadamente. Por querer ir contracorriente, por hablar de vosotros pensando en mi. Por vosotros decidí no perder las ganas de ganar.

Pedidme lo que no tenga porque os lo daré. Cinco minutos resultó ser la eternidad. Larga vida a las chaquetas tejanas y el rock de Peter Pan.
 
Gillermito tenía razón
Sobre la casa de los náufragos;

El día que Guillermo Rosales dejó su Cuba querida ya sabían todos que había enloquecido. En realidad, oía voces que no existían, veía imágenes inventadas por él. Su aburguesada familia lo iba a esperar con los brazos abiertos en Miami. Un exilio voluntario a ninguna parte, a olvidar lo que era, lo que había sido.

Recién desembarcado en Miami solo su tia quisó reconocerlo. Había cambiado considerablemente. Los devastadores años habían obrado de forma irrespetuosa con él. El mismo lo decía; no creo en dios, no creo en el hombre, tampoco creo en las ideologías. Contaba uno de sus recurrentes sueños; una casa derruida con Fidelito Castro dentro, huían con un coche, era la revolución... entonces miraba fijo a Fidel... ¡oye Fidel! ¿ tú no eres comunista?... Claro que no, Guillermo... tampoco el Che es revolucionario y le importa una mierda todo!!! Llegado a Miami la tia había decidido abandonarlo en una casa de náufragos, un boarding home, un lugar para desheredados, para locos, para cubanos exiliados, para apátridas y marginados. Viejas decrépitas, esquizofrénicos meándose encima, putas venidas a menos. Y ahí fue agotando todos sus escrúpulos, abandonandose en los instintos primarios, en el cigarrillo para hoy, pedir para mañana, en sobarle las tetas a una vieja con santa impunidad, en hacer de tripas corazón. Viejos poetas y escritores Cubanos lo conocían, sabían que era el mejor de todos los escritores Cubanos. Pero la falta de vanidad, ese desencanto esencial con todo, también con la literatura, le habían hecho romper todo lo que había escrito. Pensaba, allí, en su lucidez total. Pobres chavales, les darán camisetas del Che, les dirán que Maradona es Dios, les hablarán de James Joyce, de Baudelaire, de las sonatas de primavera, de los lunes al sol, de las noches de rock and roll. Y no creo en dios, yo no creo en el hombre, yo no creo en las ideologías. Yo creo en Guillermito Rosales, esquizofrénico, oigo voces y veo sombras. Y ninguno de Ustedes va a leer lo que yo escribí, grandísimos hijos de puta!!!.

Y en esa boarding home acabó sus días Guillermito Rosales. Podría haber sido una leyenda, podría haber contado la revolución y su decadencia. Tenía todo para ser el más grande. Y se quedo en nada, por desencanto, porque no le consoló ser más revolucionario que Fidel, tampoco le consoló ser más burgués que la burguesía, ni más Hitleriano que Hitler, ni más Papista que el Papa. Bien pensado, Guillermito tenía razón. Yo también oigo voces y veo sombras. Ninguna de ellas ha acabado por convencerme.
 
El País de los Cuentacuentos. Honore de Rosetas.
Honore de Rosetas, Ross Beret;

Pese a tener descendencia aristocrática la biografía de Ross es contradictoria. Decidió voluntariamente prescindir de sus títulos nobiliarios, quiso desprenderse de su noble escudo y el que pudiera haber sido su carruaje. También decidió abandonarse a una suerte más prosacia y ser una persona de linaje común, exento de los propiciatorios beneficios de su pasado quisó sobrevivir en pisos subalquilados de tercera categoría, buhardillas de París, pensiones de Madrid donde desarrollar su epicureísmo exacerbado, a saber; dedicar su vida a la contemplación estética, al gusto por lo vulgar y dar cabida a sus deseos de manifestar sin culpa sus repetidos sonidos estentóreos y guturales, sus gases más pedestres e insolentes. Acompañar, cómo no, todos sus platos de abundante chorizo y morcilla.

En la República de la Dejadez vivió en un gran castillo ( nueve semanas y media) donde las Brujas inventaban fórmulas para hacer mondongo, chorizo, aceite vegetal ( oro líquido). Pero su gran personalidad, su forma desenfadada de tocar la guitarra provocaba iracundas controversias en el Reino de los bien Pensantes.

A base de mentiras se fue labrando un futuro en el País de los Cuentacuentos. Habiendo encontrado a Caperucita Curman se expresó en términos bufonescos y poco piadosos sobre una existencia cubierta de sucesos seudo-mágicos. Es decir, bolsas que te siguen por la calle cuando el viento va en contra, princesas que llevan en su ojo la imagen de tu muerte. Nacimientos de hijos en un Renault 6 destartalado en gasolineras de carreteras provinciales con baches y muchas curvas. Definía estos sucesos con notable misterio y después adornaba su historias añadiendo que todo eso eran extraños sucesos en busca de una explicación lógica.

Honore de Rosetas, diplomático del sentido común, de su extraño sentido común, vagabundea por los antros vendiendo literatura a tres Euros la unidad. Su dignidad superior le hace reírse de si mismo, del mundo, de los trenes a los que limpia gustosamente las colillas. Esos mismos trenes en los que se queda misteriosamente atrapado los días de Noche Vieja. No creo que sea digno de comentar sus perpetuas ganas de beber cerveza de gorra, si la que sirve es Caperucita Curman, of course. También es indecible sus ilimitadas ganas de deglutir tocino con tranchetes, bebidas gaseosas que provocan las expansión infinita de una úlcera que ocupa exactamente la mitad de la huella dactilar del Gato con botas.

Resumiendo, los desafortunados amigos de Rosetas contamos con el, muchas veces, indudable honor de asistir a repertorios encadenados de grandes mentiras de la Humanidad. Sin embargo, ciertas manifestaciones le rehabilitan para ser único y ejemplar, por esa manera de comprender y juzgar con propiedad extraños hechos... por saber tener ilimitado interés por engañarnos para hacernos comprender que las aperiencias son más explicativas que las esencias, que la teatralización y las máscaras son menos dolorosas y más instructivas que la profundidad y la maldita verdad de los hombres. Todos sabemos que se sabe más del cuentista que del presunto honesto con impulsos de estúpida e innecesaria sinceridad.

Valga decir que Rosetas tiene mesa y vino en la Taberna de Oz. Ahí se reunen todos los chalados, borrachos, sonámbulos, excéntricos. Algunos le llaman loco, otros visionario. Y en una ocasión casi conoció a Michi Panero.

Todos los honores para Rosa Hermosa y Rosa Linda. De rodillas me tienes, puto millonario ulceroso!!!
 
Por el sabor de dos ojos, por el olor de la lluvia, por el sabor de la derrota
Historia de un hombre triste contada por el mismo;

Recuerdo haber olvidado muchas de las múltiples noches en las que me ha tocado soñar. También he comparado los sueños que recuerdo con cuentos que me gusta imaginarme. En realidad me dejo vivir para tener el consuelo de convertir mi vida en historias que contarme. De este modo la literatura, los sueños,tienden a magnificar, ensanchar y falsear la realidad para dejar un provecho gozoso en mi triste alma y mi joven espíritu. Lo que ahora sigue no es sino resultado de de una historia mezclada de olvido, de fantasia y muy poca realidad. Si uno duda de las certezas, si uno no cree firmemente en las odiosas convenciones solo le queda fantasear.

Conocí a una chica que conocía a una chica que me quería conocer una noche de invierno cuando tenía decinueve años. Me engañé a mi mismo y procedía conocer a la chica que me quería conocer cuando yo sólo estaba gustoso de conocer a la chica que había conocido primero. La primera me dijo que su nombre no importaba, que tampoco importaba si bebía cerveza. Así que deceidí acompañarla a casa por dos cuestiones que ahora refiero;

- Tenía los ojos negros y grandes y el pelo rizado y limpio.

- Poseía una agilidad verbal que me conmovió.

Supe que debía abrazarla cuando ella puso su cabeza sobre mi hombro. Como era muy tarde y yo soy un caballero triste le despedí con un beso en la mano y me marche sin mirar atrás. Otro día volví a encontrarla en el mismo lugar del primer día. Mismo lugar, distinto tiempo. Esta vez le acompañé a casa y me hizo recitarle unos versos muy conocidos que no me da la gana repetir. Ese día sí la bese a la manera de los jóvenes, con pasión, desenfreno, lujuria, sensualidad y también mucha ternura, ¿ por qué no?, con mucho ánimo de saliva y rock and roll. De ese espacio, nacieron más tiempos, íntimas conversaciones acerca de los momentos poéticos, de la belleza de los días de lluvia, de los futuros posibles pero improbables junto al mar. La gente, por entonces, no tenía móviles. O, al menos, no era un dios tan extendido. Se creía más en el teléfono de casa. Ella me pidió el teléfono. Se lo dí. Al día siguiente hablamos cinco minutos de mis hábitos de los domingos, de sus hábitos de los domingos y de los hábitos de los domingos de mis amigos. Era domingo y llovía.

Después, sin previo aviso, ese teléfono lo debió perder y nunca más le vi en ese espacio. Puedo decir a día de hoy que yo sé lo que hace y que aspecto tiene. Se tiñó el pelo de rubio y se puso unas lentillas de color azul. Frecuenta una calle de Zaragoza de la que no voy a decir el nombre. Pasea por ella altiva, inusitadamente bella y con una cadencia triste en su hermoso caminar. Lleva tacones altos. Sé como se llama su novio y como se llama ella.Pero ella no sabe nada de mí porque ni siquiera me reconoce. Me mira sin verme, sin reconocer nada de nada. Sospecho que me ha crecido el pelo y la barba, que me he vuelto más feo de lo que entonces era, ya no llevo gorra y he cambiado los hábitos de mis domingos. Es gracioso, pero es mejor, que no me conozca. Yo le digo a mis amigos que esa chica me puso su cabeza en mi hombro y que yo supe que la tenía que abrazar. Pero nadie de mis amigos da fe esta mentira que acabo de contar.

Para Patrize, por sus ojos. Por existir, por tener el tacto de los días y la belleza
 
Escribo para que los sueños no se conviertan en pesadillas
Perdonen mis errores, improbables lectores de Tomasino Gondolero;

Escribir es un error que ocurre en mi cerebro. En ocasiones, la musa aparece de forma inesperada y provoca reacciones y corotcircuitos mentales, depravaciones inconexas. Te asaltan unas voces y texturas de palabras aleatorias, casi siempre, improcedentes.

Debo decir que me asaltan las dudas, me aturde y me abruma una niebla de una intensidad arrebatadora. De ahí, nacen todas estas mentiras sin escrúpulos. Cualquier acierto es del lector, puesto que Tomasino carece de los elementos necesarios para lo que los escribidores llaman coherencia en el texto, adecuación gramatical y estructura. Yo no sé nada de eso. Me muevo por impulsos incongruentes, demandas inesperadas de las teclas, aproximaciones a certeras pulsaciones que no derivan en algo concreto. Mi afición por redactar es insensata, incompresible e improcedente pero tengo la disculpa del bienestar personal, de esa maldita vanidad de querer contar, que interesen tus amables caricias con las mentiras piadosas, con las presuntas justificaciones de uno mismo.

Miren, dijo Borges que escribir es menos interesante que leer, puesto que leer necesita de una mayor abstracción, de una capacidad de empatía mayúscula, de un acertado arrobamiento, distanciamiento, de soledad, de ganas de abordar textos indescifrables. Debo añadir que sospecho que siempre me equivoco, que nunca salí satisfecho de un frase. Pero necesito de esta asistencia médica para mis delirios, para derrotar fantasmas, para adorar a esa musa impertinente que aparece en cualquier estación de tren, en el anden más inesperado de la vida. Recrearme en este pasatiempo es como comer pipas; distraerme con mis amigos mientras veo el fútbol.

Haber cometido todas las equivocaciones no me salva, puesto que de los errores es mentira que se aprenda. Se aprende de ustedes, que tomaron la decisión de salvar a un tarado de las letras, a un admirador de los escritores exiliados en si mismos. Afortunadamente Tabucchi dijo un día que habían dicho que desconfiaramos de quien no desconfía de si mismo. Aprovecharé para decir que las equivocaciones, las distracciones, los mal entendidos son producto de la ilusión. No deseo vencer, ni convencer sino todo lo contrario... vencerme y convencerme, reírme un rato, descreer un poco de mi mismo y admirar a todos los que definitivamente sois los protagonistas del mundo y de las historias posibles.

Cuando uno pasea se da cuenta de lo frágil que es, de la incompresión que provocan las certezas ajenas, de la gracia y agilidad de personas cercanas que tocan la trompeta. Si Ustedes son tan amables, no me hagan caso, desoigan las inoporutnas ocurrencias que aquí se suscitarán. Si alguien le molestó alguna afirmación sepa que él es el poseedor de la verdad, la contracrónica será la acertada. Nunca busqué una verdad y siempre que escribí una línea deseé con todas mis fuerzas escribir la contraria. Así que gracias por haber dignificado las palabras queriéndolas saborear. Ellas tendrán la razón, ellas os dirán el camino de Roma. Tomasino no, Tomasino es inseguro y duda. El Tomy, por mucho que lo quiera, lo digo con toda sinceridad, simpre se equivoca. El Tomy, Tomaso Lapuj, el esquizofrénico for ever... NUNCA TIENE RAZÓN.

Admirado lector, me complace haber llegado al principio del final.