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Diccionario de Tomasadas
Desde la República de los Sueños. Escribo para tolerar el síndrome Stendhal.
Acerca de
Debido a lecturas erróneas creí intuir una amable verdad en las manifestaciones de Borges. Desde su altanera modestia me enamoré de una vez y para siempre de Beatriz Viterbo. Por motivos que desconozco quisé parecerme al joven Werther. Pero como a mi amigo Monsieur Robert el destino me coge siempre indispuesto. Stefan Zweig o Primo Levi son el ejemplo de la ultima dignidad de un caballero. Asi pues, mi biografía carece de interés. Acaso sea preciso añadir que solo me perdí por el brillo dorado de unas mellizas fotografiadas por Lachós y convertidas en la historia más apasionate del mundo por Sergio Pitol. Desde la modestia Borgeana, repito, por favor, no pierdan el tiempo, lean a otros!.
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La metamorfosis
Después de fiebres considerables, rácimos de histeria, sueños abrumadores me levanté con la clara nitidez de haber estado en estado Samuelesco- Ionesco. Es decir, un complicado estado horizontal, absurdo, de burlonas ocurrencias.
Cuando le conté mis sueños a Samuel me dijo que justamente había soñado lo mismo la noche anterior. Esa coincidencia nos hizo reír desbocadadamente, con malicia planeada. Ya se sabe, mientras duermes vas diciendo repetidamente nombres de escritores rusos eslavistas y rusos occidentalistas europeístas del siglo de las luces Gogol, Tolstoy, Lermontov, Turgueniev.
La segunda señal ya no me provocó la misma risa; me preguntaron la dirección y el teléfono y de modo inconsciente cite los datos que correspondían a Samuel.
La tercera señal de la que me encontraba bajo el influjo de una metamorfosis fue encontrarme registrado en la lista de jugadores convocados por el Casetas en el ascenso del 2003. Lo ponía claramente; Tomás, el siete.Suspuse una equivocación de Samuel. Y la cosa empezó a tomar un cariz de agobiada complejidad. Se estaba dando la metamorfosis orgiástica de las almas y el espíritu entre el flaco Tomy y Samuel Tarado. Pero ya no solo afectaba a sueños, a pareceres, a intercambios oportunos entre Sancho y Don Quijote, ya no era solo un quijotismo de sancho sino se veía reflejado en equivocaciones en datos de la realidad, intercambio de Dni, de profesiones y aficiones.
El último momento fue doloroso, angustioso, febril, de inaguantable inestabilidad anímica cerebral. Samuel quedó ingresado en el Colectivo a base de conversaciones con Monsieur Robert para recuperar su verdadera esencia y personalidad. Pero la transición dramática, separarnos durante un periodo de una semana,acabó por ser el desenlaze final. Samuel se convirtió en Tomy y Tomy en Samuel. Se miraron en el espejo y se reconocieron otra persona. De modo que Tomy está alla, en Samuel. Y Samuel ya soy yo. Por eso no sé cómo deciros que todo esto son ocurrencias de Samuel. El mejor de los tarados, el magestuoso amigo de Tomy, que hoy, si no me equivoco andará por Segovia, nuestra ciudad favorita, con su chaqueta tejana, mucha ironía, estado Ionesco, Gogolesco. Porque se sabe de memoria eso de delirar diciendo los nombres de escritoros del siglo de oro ruso. Gogol, Gogol, Gogol...

Para Samuel, ciudadano de Segovia, ionesco y tardo letrado!
 
Dos de corazones
La última fiebre del sábado noche fue un apoteósico éxtasis, un día de cazadora tejana y gafas para el sol. Buenas cervezas, amigos y movimientos acompasados de las caderas.Las minifalderas exprimían el lejano eco de rock and roll haciendo una suerte de swing, de movimiento de pies hacia un lado y otro.
Me hubiera gustado ser sabio o profeta, haber perdido el respeto por lo prosaico y apostarmelo todo al dos de corazones. Hacer del juego la pasión. Paseé convencido un extraña y serena felicidad. El advenimiento de la clara aurora, del armonioso amanecer, me afino los sentidos.
Me acordaba de las cuerdas de una guitarra, de unos acordes de Ariel Rot. Suspiré decidido a ser siempre joven y feliz, con esa insolencia y provocadora vanidad del que se sabe convencido de la personalidad. El alivio de ser uno mismo en contraposición a los absurdos autómatas, a querer ser pareciendo, a educarse en el aprendizaje de los sentidos del alma, del espíritu, de la íntima formación de abstracciones sobre conceptos y palabras clave.
No dejé de pensar en las costas cantábricas, ni en los Rios Ésera, ni en las mujeres maduras que hacen perder el aliento.
Pensaba en Florencia y en Lisboa. Sobre todo creí que el dolor de la belleza, también conocido como síndrome Stendhal, puede ser parecido al mal de altura. Porque ,como dice Pitol, todo está en todo. Uno es los cuadros que ha visto, las ciudades en las que pasea, las novias a las que lisonjeó, las minifalderas que flirteó, los libros que ha leído y la música que escucha, el cine que mira a media tarde en un video vhs.
Porque eso forma parte del ordinario tedio, del vértigo de saber que estás viviendo. También de los escasos momentos de felicidad posible, de ser tu mismo a pesar de ti mismo. La rara costumbre de ser uno mismo sin querer ni queriendo.
Decía Civi que no es importante saber ser sino saber parecer. Las máscaras, el teatro, el carnaval y el vaiven de mentiras para aclarar que todo es una irresponsable farsa en la que la trama depende de tu propia caracterización de un personaje. No es menos literatura la vida que la literatura. Sospecho que mis novias fueron más reales cuando ni si quiera las besaba. Solo sostenía el privilegio de la sonrisa cuando me mentía a mi mismo. Las construía mientras se construían. Los hilos, los tejidos y sus relaciones provocaron que el mundo siga y siga. Siga pareciendo, siga respetando un cosmos, aportando un orden al caos. La aportación al universo es saber parecer, seguir perpetuando mentiras y errores toda la eternidad. Sin complejos ni sentimientos de culpa. Sonriendo de pena.
Por eso, aunque llueva, quiero ser irresponsablemente joven y feliz. Porque hoy es sábado a la noche, tuve tiempo del placer teórico práctico de la masturbación. Y ya va siendo hora de responderos que todo responde a una lógica, a un orden superior. Y que fui engendrado para cumplir el destino del tedio, y de ráfagas de felicidad. Para ver pasear coquetonas a las chicas hermosas que nos justifican. Así y todo, conozco la verdadera libertad, la verdadera verdad la ven los ciegos.
Hoy quiero ser joven e irresponsablemente feliz. Para eso está la cerveza, los amigos, las cazadoras tejanas... y el universo, el cosmos. Los dioses se pusieron de mi parte. Como dice amranta, la tinta me tomo los dedos, jugué a una carta... y me salió el dos de corazones.

P.D;
Como decía Groucho; nací muy joven, demasiado para mi gusto.
 
Lejano eco de rock and roll
La ausencia de cordura provoca el aislamiento, la soledad. La ausencia de novias provoca el salto al vacío, las conversaciones de literatura y rock and roll. Sin embargo, de todos es sabido que sólo sé que no sé nada y que la primera de todas las virtudes es nuestro principal defecto.
Desde siempre he creido que la justicia es el mayor de los atrevimientos a lo que queremos sacar provecho. De hecho, los actos injustos son los verdaderos, los que suceden naturalmente y los justos, la rara excepción que confirma una regla.
Ni si quiera sé todavía si mis principales sueños ocurren en la vigila, en el estado semiinconsciente de sonámbulismo o cuando duermo. Pero sé que es de rigor no ser riguroso. Por eso la última vez que esperé al destino sentado en un banco de la Plaza San Francisco sabía que estaba esperando un anhelo imposible. Me puse las gafas de sol por si todavía alguien se cree que un impostor puede ser rocanrolero.
Estuve pensando, no más, en lo que me había dicho Ros; las personas se definen por contraposición. También pensaba si Samuel estaría en lo cierto cuando amablemente me dijo que se acaba la pasión pero no el amor. Que el amor se modifica pero sigue existiendo como enfermedad del alma.
Así, ni más ni menos, pasé mi tarde libre, esperando que algo pasará, . Me dediqué a la contemplación estética sin culpa. Los miércoles ver caer el sol no me provoca sentimiento de culpa ni incomprensión. De hecho podría no llevar gafas puesto que mis ojos no denotan ni afectación ni entusiasmo.
También demoré un triste pensamiento a esa pobreza de la casas de Graus y de Belver y de Ansó, esa nebera vacía, esa tristeza de no tener muebles a los que sacar el polvo, esa soledad, la incomprensión, la pena de saberse derrotado de antemano, exiliado en ti mismo, la incomprensible miseria, pan con pan, comida de tristes.
Un sistema de enseñanza que en vez de hacernos libres nos quisó hacer subordinados, autómatas, obedientes, siempre implicándonos en un modesto trabajo para perpetuar la mentira social, la rabia de no ser nadie, los remordimientos y resentimiento.
Pero, gracias a la suerte, a un imprevisto giro del destino supimos hacernos personas con equivocados criterios pero propios. Por lo menos podemos contar y cantar nuestra equivocación, no exenta de pena ni rabia. Nuestro destino consiste en la ausencia de novias, en la ausencia de cordura. En contar muchísimas mentiras para robarle risas a Samuel. Siempre contando con el apoyo fundamental, con la armonía de todos los días; Mucha literatura y un poquito de rock and roll.
 
Expulsado al paraíso, Ok perdón
Un mañana de Octubre del 2000 salió el Salmón a la venta. No lo traían desde Galicia ,donde vive Conchi y Óscar, sino desde la Argentina mundial. El gran Andrés Calamaro reaparecía con un milagro de la exageración y la irreverencia, volvía con una extraña náusea oxidada, la clautrofóbica e indisciplina versión roquera de una locura. Un quíntuple disparate, monumento a la espontánea inspiración, al fuego fatuo que le quema el corazón.

Me acerqué apropósito hacia al Fnac para adquirir semejante capricho de la inteligencia del subsuelo, de las raíces del canallismo, de la rareza inaudita de un mago del piano y de la voz nasalizada por la mala vida, por inhalar la maldita dama blanca que lo hizo subir a los cielos y bajar a los infiernos como a su fiel amigo don Dieguito Maradona; ya sabéis, lo mitos de la Argentina; los peloteros y los roqueros.

En dichos discos, cinco toros cinco, queda lugar para versiones marginales de tango, improvisaciones de blues, mágicas apariciones de ármonica y piano; pero sobre todo hay un personalísimo escupitajo al buen gusto, hay canciones que parecen inacabadas, minutos y medio de dolores de vientos que te expulsan al paraíso de sotanos kafkianos. De todo y para todos, soledad, sexo, drogas, amores y rock and roll.

Mi opinión es la siguiente; es el mejor trabajo, por personal, exclulyente y exclusivo que he oído jamás. No tengo mucha idea de música pero sí de emociones, de tentaciones, de algo espontáneo. Los blogs se escriben en diez minutos o no se escriben. La miscelánea espontánea deja de serlo cuando se transforma en los estudios de grabación. Las faltas de ortogrfía son necesarias aunque no me las perdonéis.

A Calamaro no hay que perdonarle que hiciera canciones perfectas como la de la flaca que le clavaba los puñales por la espalda, hay que perdonarle que sea excéntrico, solitario y genial. Hay que perdonarle que fuera mejor que Bunbury en el concierto de Saragossa buenas noches, no woman, no cry.Y que los maños no se dieran maldita cuenta.

Pero lo mejor de Calamaro es lo que menos le gusta a todos. Lo mejor de Don Andrés es que se equivoca queriendo, que escupe y caga en el mar. Si es rápido y es gratis... entonces Why not?. Y, por cierto, faltas y errores cometemos todos. Y a quien no les gusten, que se jodan y se vaya a ver a Bunbury y a leer a Camilo José Cela.

Te espero con la guitarra en el ropero, mañana en la suit cacho Fontana. Me voy a dormir y soñar con ella, mientras los aviones pasan por afuera. Supongo que dolió un poco si fue la primera vez pero hay que ser fuerte contra la corriente también. La quiero como algunas mujer quieren a sus tetas, no te metas.

Graciás Andrés, no son tan buenos aires. Las canciones las compongo caminando y entonces me doy cuenta que el tiempo se me va.

Tomasino Gondolero, herencia de Tomaso.

P.D.: Este blog hay clara intertextualidad de canciones de Andrés, hay transmigración de almas, lobotomías, transubjetividad de abstracciones y sentimientos. Pero sobre todo hay reconocimiento a un trabajo mal hecho.
 
Gélido, Siberiano
El penoso estado de angustia y de insatisfacción se reflejaba en el rostro; la borrachera le hacía olvidarse de sí mismo aunque su brillante oralidad no le abandonaba. Tenía la sensación de urgencia, de tristeza cósmica incomprensible. Nunca podría leer todos los libros del mundo, nunca habría tanto tiempo para ganarle la batalla definitiva a su conciencia.
Aquella noche estaba cansadísimo, el trabajo era agotador, indeciblemente terrible. Se sabía modestamente excluido de la vida por el tiempo, sin tiempo no podría ver todas la películas, ni adorar a los teatreros, ni ir a todos los conciertos de rock.
El puto dinero, el puto trabajo, la puta vida de urgencias, de malvadas rutinas que te devoran esa última personalidad, la del solitario lector, del agobiado entusiasta de todas las músicas, los pensamiento o reflexiones y meditaciones.
Esta noche me emborracho, decía el tango. Cambalache, el mundo es y será una porquería, en el 506 y en el 2000 también. No podía quitarse a Discépolo de la cabeza, que bien dijo que el tango era una tristeza que se balia. Ni Ariel Rot, que cada día firma el testamento.
Iba borracho, situación angustiosa, mucha niebla y poca claridad. Pero las palabras y las frases, los recuerdos y las intuiciones no le abandonaban.
Por lo pronto empezó a hablar con Julia, una porteña de ojos azules, gélidos y siberianos, diría Beret. Entonces empezó a hablar de tango, de Borges y de Buenos Aires. Bromearon sobre la posibilidad de que los cuervos del cementerio de Ginebra fueran los mismo de Edgar Allan Poe. Sobre el azúcar casi intolerable de la borra del café de Benedetti.
Pensó que sería profesora de Español para extranjeros.Que estaba de paso y aprovecho para contarle el amor a sus ojos, a ella como mujer, a todas las mujeres y a la mujer cósmica. Sus ojos contenían la inmensidad de la sabiduría epicúrea, estoica. Su melosa pronunciación y acierto en los comentarios provocaba el aliento, perder el penoso estado de angustia, de enajenación, de aproximación a la locura.
Hablaron brillantemente desde la oscura luminosidad de la filosofía y la realidad. Pareció un tiempo eterno pero ella tenía que marchar. Se fue; ni una dirección, ni correo electrónico, un mar de por medio, intuiciones inacabadas y extrañeza antes de decir la última palabra. La conversa no acabo en un buzón del tiempo de Benedetti, ni en lados oscuros del corazón. La conversa acabó lamentablemente en un nuevo estado de malestar físico, dolor de cabeza, de angustia. Ella se va y yo nunca podré leer todos los libros del mundo.
Se quedó sin un beso de Julia, con una tristeza inmensa, irremediable e irreversible. Borges salve a Julia. Amén!