logotipo

img_google
Diccionario de Tomasadas
Desde la República de los Sueños. Escribo para tolerar el síndrome Stendhal.
Acerca de
Debido a lecturas erróneas creí intuir una amable verdad en las manifestaciones de Borges. Desde su altanera modestia me enamoré de una vez y para siempre de Beatriz Viterbo. Por motivos que desconozco quisé parecerme al joven Werther. Pero como a mi amigo Monsieur Robert el destino me coge siempre indispuesto. Stefan Zweig o Primo Levi son el ejemplo de la ultima dignidad de un caballero. Asi pues, mi biografía carece de interés. Acaso sea preciso añadir que solo me perdí por el brillo dorado de unas mellizas fotografiadas por Lachós y convertidas en la historia más apasionate del mundo por Sergio Pitol. Desde la modestia Borgeana, repito, por favor, no pierdan el tiempo, lean a otros!.
Enlaces
Amigos
Mujeres de letras
Sindicación
 
Resentimiento lejano; tratado del pueblerino triste
De haberme llamado Eduardo nada de lo que pasó habría pasado. De no estar a dieta de pan integral y ensalada ni haber nacido en Graus, de no tener una biografía propia y de no ser porque el tiempo, si lo hay, es lineal y de que somos personas que nos distribuímos en espacios, en contextos, hubiera salido en la carrera con las mismas oportunidades.
Pero contamos con el azar de compañero de viaje. Nacemos sin poder elegir geografías ni circustancias, sin poder trazar un plan específico para estar preparado para la gran carrera. Para cuando llega el momento, cuando se reparten la gloria y las capacidades, cuando se distribullen los roles de perdedores o ganadores, de teatreros, cantantes, músicos, poetas, taxistas llevamos un retraso considerable... tal vez por la educación en un colegio de obediencias, de religiones y sentimientos de culpa, de sobornos y amenazas, de dar importancia a las campanas el domingo por la mañana, de la tradición judeo-cristiana, de los libros repartidos en la biblioteca, de los cuentos que no nos contaban, de las películas que no se vieron en el momento adecuado.
Cualquiera es cualquiera, cada uno es cada uno, a uno le definen determinados momentos que le harán entrever un destino. Una profesora que cometió sin darse cuenta un agravio comparativo en un día gris y limitó tus posibilidades para siempre. Un mal entendido, un remordimiento de una chica que se fue con un amigo, un resentimiento de fuego mal apagado, un currusco de pan sin nocilla, una tarde de soledad en el sofá... un despiste del profesor de Judo.
Esa tristeza de pueblo provinciano del tipo Belver o Ansó, una pelota vieja y la leyenda de un borracho que enfermó de amor y al que solo con un poco de sensibilidad uno ya podía entender. La señora a la que todos los niños le hacían enfadar desconociendo su hipersensibilidad y sus excitadísimos nervios y uno se quedaba al margen intuyendo que la tristeza existía, que se debía callar y tragar, callar y tragar.
Y así empiezan los destinos, las vida; con una pena, con una alegría, con intuiciones de lo que puede ser, una niña que va de la mano de su padre y la que Rosetas le cuanta la historia del perro que le mordió y la piedra que se tragó y por eso tiene nuez. Y un día empieza la gran carrera. Ves por la calle a franceses que saben comprar en el supermercado lo que tu quisieras comprar pero no se te ocurre, ves personas vestidas como siempre soñaste pero no te atrevistes, conversas con porteñas exiliadas con sus niñas y sus artificios vitales, hablas de sus gatos y sus esperanzas, de filosofía y Borges.
Y ésas nómadas, esos amigos de Francia nos dan mil vueltas en cuanto a esos ancestrales sentimientos de culpa, a esa dependencia de aferrarse a una geografía y un contexto. Tratas de entenderlos... y los entiendes... pero saliste de la meta con desventaja proletaria, su burguesía les hizo llegar descansados a los momentos fundamentales de la carrera, puedes pasar a su lado casi sin aliento, respirando fuerte, aceptan tus torpezas pero, perdidas las fuerzas, acabas escuchando unas campanas y unos agravios comparativos en un colegio público. Acabas entendiendo el primer suspenso en religión o en ética, en filosofía o en realidad. Acabas yendo al bar y hablando de baloncesto y fútbol, en discusiones banales para distraer un resentimiento lejano, unos dientes apretados por nunca haber estado en Granada, de no tener ni puta idea de la historia Suecia, de la sensación de ensoñación y libertad de los criollos, ni de saber tocar la guitarra y llevar chanclas con soltura, de no saber tener la determinación de mandar todo a tomar por el culo y ser libre.
Por eso, tal vez, de haberme llamado Eduardo nada de lo que pasó hubiera pasado. De haberme llamado Eduardo no hubiera llorado cuando Monsieur, un artista, tenía que ir a trabajar en un horario inoportuno. De haberme llamado Eduardo no hubiera sentido la misma emocion y lejanía cuando Paula me explicó sus proyectos, su nomadismo, su entusiasmo, su manera de tener a su niña sin campanas ni agravios comparativos.
Pero ya es tarde para volver a nacer, ya es tarde para estar preparado en el momento de la salida, ya es tarde para llamarse Eduardo y tener una biografía distinta.


Que le den por culo al Euro, a la desunión Europea, a los campos de exterminio y a los números redondos. Y alguna impúdica maestra que limita para siempre el poder llevar chanclas con soltura!
 
Pienso en torpezas; en desafinadas cuerdas de guitarra
De modo que el arte era eso, que habiendo conversado durante muchos días sin llegar a ninguna conclusión acertada se vió que no valía la tristeza ni las lágrimas, que el síndrome stendhal no se puede sentir con predisposición a vivir de él.
El síndrome stendhal ocurre, se da en uno mismo a pesar de él. El arte también, el arte nace de una intuición, de un sueño, de una predisposición íntima a entender algo, una nueva revelación. De una nueva comprensión y aprehensión de la realidad.
Pero el arte, la estética, la poesía se legitima moralmente si se vive con él, si se disfruta íntimamente y en determinados momentos se comparte.
Cuenta Ignacio, el pintor ansotano que me llama Tomasín ,que él trabaja proponiéndose una finalidad, una fecha, una exposición; y que se deshace de los cuadros que no le gustan , se despoja de los lienzos que no le acabaron de convencer. Mantiene los que le salieron del alma, los que crearon una nueva verdad, los de caligrafía imperfecta pero con un fondo con profundidades agradablemente sobrecogedoras , puesto que lo más íntimo, vivir con arte, forma parte de cada persona con individual alegría, con presencia de esa sensación de libertad que cada uno experimenta en raros momentos de inspiración divina.
Ros dice que piensa en palabras, Iganacio piensa en imágenes. Yo pienso en torpezas. En ese déficit de atención que se me lleva a los abismos, que me impide acordarme de las cometidos que se me impusieron hace diez segundos. Ser despistado es otro abismo, un complejo fondo de dificultades añadidas. Medicamente se invetarán complejos términos y literatura prosacica. Los trastornos psicológicos nos pondran nombres y alerta, identificaran algo fuera de lo común y lo devolveran a otro estado dentro de lo común que no es común.
Un habla de lo que siente y de lo que vive. Vivimos abrumados y abordados por muchísima información. Por reglas de la oferta y la demanta, por justicia social... nos debiéramos escuchar todos, debiéramos predisponer nuestros oídos, nuestra sensibildad, capacidad de empatía, nuestro asombro y nuestras caras receptivas.
Pero hay otro mundo en este mundo. Los despistados se aparean, lloran a menudo, monologan, sienten el síndroma stendhal pero no viven de el, se estan muriendo por el, estan rompiéndose el corazón, la sensibilidad crea dolores extraños en la tripa, el estómago se desintegra. Saltan las lágrimas irreprimibles en mares saldos por los mofletes de los mofletudos.
Y uno habla de lo que puede, de lo que oye por ahí y le esperan otros contenidos de voces y de texturas que flotan en el aire, que te despistan... las frases de shopenhauer están volando por el aire a la espera de un afortunado despistado que la quiso recoger obviando todo lo demás. Es en si injusto. Uno quiere hablar y que le escuchen, uno quiere ir al doctor para recuperarse, uno intenta hacer y parecer pero es imposible, se te llevan fuerzas ajenas a ti, te impulsan a estados de torpeza, se te cae el boli en el trabajo.
Y como cojones quieres decirle al jefe; Vivo bajo el influjo de la belleza total, estoy todo el día en éxtasis imaginativo. Me pide prudencia, me pide atención. Señor jefe, señor doctor, le sugiero que cure a otro paciente. Yo vivo bajo la afectación de otro arte, de otros abismos, de otros mundos. Y cada vez es más tarde para vender ese cuadro que es mi preferido y del que no me pienso despojar en toda mi vida; de mi mismo, de mis despistes. Hay quien pide justicia pero eso, es demasiado.
Borges salve a Paula, Cortazar salve al nombre de su esposa y lo haga reposar en el cielo!