Embriaguez ultrapoética, belleza moral y confesionsiones de un bebedor de cerveza
Ocho años atrás se dió el milagro de los tiempos modernos. El lobo estepario y el corazón con ansia impredecible de ilusión de Chiflaco se encontrarón en cualquier esquina para paliar el anhelo de risa obstinada. La obstinación, según los semitratados filosóficos de Hermann Hesse, es obedecer la propia ley a riesgo de ser criticado, de ser llevado a la hoguera. Son las ganas de proponer la risa como sistema filosófico-vital en contra de la seriedad y el agelastos común.
En contra de lo convencional, los personajes con personalidad no tienen que ser engendrados por dios para juntarse. Bastará una imprudencia de la madre del vino, también conocida como Uvita Ojos Preciosos y de la madre que no es Gruesa pero sí Jose. Atrapados en un mundo raro del que no sabían, ni querían aprender , nada decidieron de modo irreversible mudarse a las antípodas de la comprensión. Allí, a parte de buscar su epifanía en complejos y análogos comportamientos a Juan Pablo Castell y padecer repetidos y sistemáticos dolores de síndrome stendhal sufrieron la enfermedad de la alegría y el estupor de los dolores imaginarios. Nada de lo creado por su mente fue grato. Mucho menos, inventar entre los dos la mujer mundial que ,tal vez, nunca existió. Como no existe en la que ustedes creen, grandísimos hijos de puta.
Aspirar el humo del Colectivo influyó lo suficiente para que, en ocasiones, les temblaran la piernas, palidecieran, sintieran la angustiosa presencia del nihilismo total, acompañada de la desidia y el hastío, el maldito frío de vivir. Pero sobrevivieron a los sudores fríos, a los claustrofóficos momentos en salas oscuras de paraísos artificiales.
Anduvieron Saracossa con Italianas enamoradas de Burbujas, entrevieron la claridad del amanecer y a esa chica flaca que hasta el hijo de satanás se hubiera rendido sin remedio y de por vida al puto amor en los tiempos del cólera. Cien años de soledad duraban un segundo, tuvieron los pies fríos, pasaron de la risa al llanto en un segundo, rompieron cristales de la luna, salieron expulsados de la última letra del vocabulario... se quedaron sin palabras ni letras, fueron mutilados tarados, asistieron a conciertos de la mano de mujeres que duraban diecisiete segundos...
Como un promesa, eres tu, como una mañana de verano, eres tu, como una sonrisa, eres tu. Y nadie más que tu. Como el agua de mi fuente. Toda mi esperanza, eres tu. Como lluvia fresca en mis manos, como fuerte brisa, eres tu.... así... eres tu... y nadie más que tu.
Si se encontraban en la esquina o se encontraban en el café, los chicos requetefinos, casi divinos:
-Hola Tarado.
-Hola Paja.
- ¿ Qué cojones haces?
-¿ Tienes los pies fríos?
-Hoy ha sido un punto de inflexión.
Era rubia o era morena. Decidnos, algo malo hicimos?, pecaron nuestros padres?... no es personal el destino?... Eres tu, SAMUEL, soy Yo La Paja...
BUEN VIAJE, todavía me doy golpes de cabeza para evitar reírme en público. GRACIAS POR TODO.
- Hasta luego, comandante Mofletes.
- Hasta luego, comandante Tarado.
NADIE HABLARÁ DE NOSOTROS CUANDO HAYAMOS MUERTO. NO TE OLVIDES DE LAS TETAS. NOSOTROS PUDIMOS REÍR COMO LLORA CHAVELA. SALADAS Y DULCES NOCHES, QUERIDO TARADO! IMPOSIBLE OLVIDARTE!
En contra de lo convencional, los personajes con personalidad no tienen que ser engendrados por dios para juntarse. Bastará una imprudencia de la madre del vino, también conocida como Uvita Ojos Preciosos y de la madre que no es Gruesa pero sí Jose. Atrapados en un mundo raro del que no sabían, ni querían aprender , nada decidieron de modo irreversible mudarse a las antípodas de la comprensión. Allí, a parte de buscar su epifanía en complejos y análogos comportamientos a Juan Pablo Castell y padecer repetidos y sistemáticos dolores de síndrome stendhal sufrieron la enfermedad de la alegría y el estupor de los dolores imaginarios. Nada de lo creado por su mente fue grato. Mucho menos, inventar entre los dos la mujer mundial que ,tal vez, nunca existió. Como no existe en la que ustedes creen, grandísimos hijos de puta.
Aspirar el humo del Colectivo influyó lo suficiente para que, en ocasiones, les temblaran la piernas, palidecieran, sintieran la angustiosa presencia del nihilismo total, acompañada de la desidia y el hastío, el maldito frío de vivir. Pero sobrevivieron a los sudores fríos, a los claustrofóficos momentos en salas oscuras de paraísos artificiales.
Anduvieron Saracossa con Italianas enamoradas de Burbujas, entrevieron la claridad del amanecer y a esa chica flaca que hasta el hijo de satanás se hubiera rendido sin remedio y de por vida al puto amor en los tiempos del cólera. Cien años de soledad duraban un segundo, tuvieron los pies fríos, pasaron de la risa al llanto en un segundo, rompieron cristales de la luna, salieron expulsados de la última letra del vocabulario... se quedaron sin palabras ni letras, fueron mutilados tarados, asistieron a conciertos de la mano de mujeres que duraban diecisiete segundos...
Como un promesa, eres tu, como una mañana de verano, eres tu, como una sonrisa, eres tu. Y nadie más que tu. Como el agua de mi fuente. Toda mi esperanza, eres tu. Como lluvia fresca en mis manos, como fuerte brisa, eres tu.... así... eres tu... y nadie más que tu.
Si se encontraban en la esquina o se encontraban en el café, los chicos requetefinos, casi divinos:
-Hola Tarado.
-Hola Paja.
- ¿ Qué cojones haces?
-¿ Tienes los pies fríos?
-Hoy ha sido un punto de inflexión.
Era rubia o era morena. Decidnos, algo malo hicimos?, pecaron nuestros padres?... no es personal el destino?... Eres tu, SAMUEL, soy Yo La Paja...
BUEN VIAJE, todavía me doy golpes de cabeza para evitar reírme en público. GRACIAS POR TODO.
- Hasta luego, comandante Mofletes.
- Hasta luego, comandante Tarado.
NADIE HABLARÁ DE NOSOTROS CUANDO HAYAMOS MUERTO. NO TE OLVIDES DE LAS TETAS. NOSOTROS PUDIMOS REÍR COMO LLORA CHAVELA. SALADAS Y DULCES NOCHES, QUERIDO TARADO! IMPOSIBLE OLVIDARTE!
Memorias de un ochentero que no fue, el espectro de los sueños dantescos de un sonámbulo en la movida madrileña;
Memorias de un ochentero que no fue, el espectro de los sueños dantescos de un sonámbulo en la movida madrileña;
Quisiero ser yo pero con condiciones.Quisiera que la legalidad no me impiediera llevar una vida venturosa y etravagante. Haber podido escribir o imaginar los cuentos que cuenta Sergio Pitol.Poder ver todos los atardeceres de todos las geografías, ver los mares cuando se molesta el agua, cuando cae calabobos y demorarme en la oscuridad en busca de la chica que fue. Poder descubrir entre las sombras aquella mujer madura, de acompasadas caderas, que todavía camina entre sus recuerdos de adolescente ochentera que coquetea entre la heroína y el champagne, entre el salón y el callejón.
Ser mucho más cantábrico que mediterráneo. Jugármela sin remordimientos y vivir en el día. Sin el pasado remoto ni la semana que viene. Poder deshacer las frases en las playas de Sansebastián, ensanchar mis pulmones y respirar el agua del mar de Donostia. Bañarme desnudo en el cantábrico mientras la brisa marina despeina la princesa de los besos de fresa, aquella de la canción de Sabina y la canción de Loquillo, la misma mujer desordenada que se pega un tiro en la canción de Ariel Rot porque no hay nada más triste que recordar los sueños del pasado para comprobar que nada se cumplió de lo que habíamos soñado. Me gustaría encontrar a la mujer mundial, la decadente, a la que le pesan los años y se le ensancharon los pechos y las caderas. La misma que dio pecho a su niña ensangrentada con pasión y desenfreno.Me gustaría haber leído el nuevo libro de Sabino Mendez, curiosear los infiernos dantescos y llegar a los pequeños paraísos artificiales. Hacer del asesinato una de las bellas artes como Thomas De Quencey.
Me gustaría saber el idioma vasco, el euskera, y poder ver crecer a Luxía junto a su mama Idoia. Pero soy principalmente cobarde, la legalidad me impide ser venturoso y coquetear con ochenteras entre dosis de heroína, pericazos de reina del sur, tener hijas y cuidarlas, ser el funambulista de las noches perdidas, de los vacíos existenciales. Aun así, perder la estabilidad, la conciencia y la risa, que vengan las nubes negras de la conciecia, no me impeden decir que yo no supe ser lo que quise. Que el miedo me impidió galopar de Zaragoza con Paula a la Palma de Mallorca.Nonca supe estar entre Charles Baudelaire y Edgar Allan Poe. No me perdí pero tampocó me encontré como Joseph Roth o Stefan Zweig. Nunca pudé escribir las confesiones de un fumador de Opio. Nunca pude ver todos los atardeceres por estar entre Sintra y Lisboa, vi pasar a la mujer de mi vida y no le dije nada.
Y estas son las declaraciones de un amigo que nunca tuve, son las sombras de la noche, son los Urquijos que perdieron la vida, los Julianes Infantes y las sobredosis de locura, de amor y de vidas al límite. Finalmente todo se acaba. Samuel se va a jugar a Alicante y Tomasin se queda solo; recordando a Urquijo, a Julito Infante y a la revoluvionaria Idoia.
A todos ustedes os salve la memoria y la dicha fugaz.
Quisiero ser yo pero con condiciones.Quisiera que la legalidad no me impiediera llevar una vida venturosa y etravagante. Haber podido escribir o imaginar los cuentos que cuenta Sergio Pitol.Poder ver todos los atardeceres de todos las geografías, ver los mares cuando se molesta el agua, cuando cae calabobos y demorarme en la oscuridad en busca de la chica que fue. Poder descubrir entre las sombras aquella mujer madura, de acompasadas caderas, que todavía camina entre sus recuerdos de adolescente ochentera que coquetea entre la heroína y el champagne, entre el salón y el callejón.
Ser mucho más cantábrico que mediterráneo. Jugármela sin remordimientos y vivir en el día. Sin el pasado remoto ni la semana que viene. Poder deshacer las frases en las playas de Sansebastián, ensanchar mis pulmones y respirar el agua del mar de Donostia. Bañarme desnudo en el cantábrico mientras la brisa marina despeina la princesa de los besos de fresa, aquella de la canción de Sabina y la canción de Loquillo, la misma mujer desordenada que se pega un tiro en la canción de Ariel Rot porque no hay nada más triste que recordar los sueños del pasado para comprobar que nada se cumplió de lo que habíamos soñado. Me gustaría encontrar a la mujer mundial, la decadente, a la que le pesan los años y se le ensancharon los pechos y las caderas. La misma que dio pecho a su niña ensangrentada con pasión y desenfreno.Me gustaría haber leído el nuevo libro de Sabino Mendez, curiosear los infiernos dantescos y llegar a los pequeños paraísos artificiales. Hacer del asesinato una de las bellas artes como Thomas De Quencey.
Me gustaría saber el idioma vasco, el euskera, y poder ver crecer a Luxía junto a su mama Idoia. Pero soy principalmente cobarde, la legalidad me impide ser venturoso y coquetear con ochenteras entre dosis de heroína, pericazos de reina del sur, tener hijas y cuidarlas, ser el funambulista de las noches perdidas, de los vacíos existenciales. Aun así, perder la estabilidad, la conciencia y la risa, que vengan las nubes negras de la conciecia, no me impeden decir que yo no supe ser lo que quise. Que el miedo me impidió galopar de Zaragoza con Paula a la Palma de Mallorca.Nonca supe estar entre Charles Baudelaire y Edgar Allan Poe. No me perdí pero tampocó me encontré como Joseph Roth o Stefan Zweig. Nunca pudé escribir las confesiones de un fumador de Opio. Nunca pude ver todos los atardeceres por estar entre Sintra y Lisboa, vi pasar a la mujer de mi vida y no le dije nada.
Y estas son las declaraciones de un amigo que nunca tuve, son las sombras de la noche, son los Urquijos que perdieron la vida, los Julianes Infantes y las sobredosis de locura, de amor y de vidas al límite. Finalmente todo se acaba. Samuel se va a jugar a Alicante y Tomasin se queda solo; recordando a Urquijo, a Julito Infante y a la revoluvionaria Idoia.
A todos ustedes os salve la memoria y la dicha fugaz.
Anna
Hoy once de julio es el cumpleaños de Anna. Ella misma me contó en una de sus cartas que la perseverancia tiene mil formas. Y una de esas mil formas de persevernacia es el agradecimiento.
Creo que Anna es la única persona que me conoce sin hablarme, que me define después de cuatro años sin verme y sabe las evoluciones que muestra mi variable carácter.
Sé que cambiamos sin querer, bajo los estímulos y el calentamiento global del planeta, por la irremediable e ineludible ingestión de cervezas, por las benditas cosas de la vida.
Pero es justo decir que la señora nannes siempre confió en mi más que yo mismo, que me llegó a decir por carta cosas que provocaron mi sonrisa y la emoción, las lágimas sinceras por lo que fuimos y podríamos haber sido. Que elevar el estado de autoestima es fácil ojeando su caligrafía perfecta, su ortografía rigurosa y la poesía hecha de chaque-tetas verdes, esa rapidez y frescura bajando por el barrichós, esa irreverencia, esa autoridad, esa punzada de alegría y esa traición con ojos de resiganción, sabes que yo nunca lo hice, oscuras golondrinas, niebla que nos envuelve, destinos, tiempos que pasan y sorpresas, variaciones en los tonos y en las líneas que son de una sensibilidad ajena a convenciones.
Anna supo intuir en los detalles lo que nadie puede entrever. Que la risa, la felicidad, se componen de improcedencias, de alegrías de vivir, de promesas incumplidas, de extrañas perezas de ir a verla, de muchos años ajenos, de memorias que flaquean.
Pero nannes me ha enseñado con cordial paciencia a dar importancia a los cumpleaños, a querer a la gente porque sí, a decir sinceridades y no considerar los males.Me ha ayudado a comprender involuntariamente mi propio síndrome stendhal..
Hoy la he llamado por teléfono y no ha contestado nadie. Solo quería decirle que se me escapa la alegría y la risa de pensar en ella y en sus cartas. Que formó parte de mi educación sentimental. Y que si no la hubiera conocido nadie me habría podido decir quién soy, qué hago aquí.
Por cierto ,nannes, el tiempo consume. De vez en cuando engordo, no soy tan ligero ni rápido, tengo un esguince que me jode el pie. Ya no creo en ilusiones políticas ni utopías. Acabé por creer en las personas. Tu eres una de ellas.
Creo que Anna es la única persona que me conoce sin hablarme, que me define después de cuatro años sin verme y sabe las evoluciones que muestra mi variable carácter.
Sé que cambiamos sin querer, bajo los estímulos y el calentamiento global del planeta, por la irremediable e ineludible ingestión de cervezas, por las benditas cosas de la vida.
Pero es justo decir que la señora nannes siempre confió en mi más que yo mismo, que me llegó a decir por carta cosas que provocaron mi sonrisa y la emoción, las lágimas sinceras por lo que fuimos y podríamos haber sido. Que elevar el estado de autoestima es fácil ojeando su caligrafía perfecta, su ortografía rigurosa y la poesía hecha de chaque-tetas verdes, esa rapidez y frescura bajando por el barrichós, esa irreverencia, esa autoridad, esa punzada de alegría y esa traición con ojos de resiganción, sabes que yo nunca lo hice, oscuras golondrinas, niebla que nos envuelve, destinos, tiempos que pasan y sorpresas, variaciones en los tonos y en las líneas que son de una sensibilidad ajena a convenciones.
Anna supo intuir en los detalles lo que nadie puede entrever. Que la risa, la felicidad, se componen de improcedencias, de alegrías de vivir, de promesas incumplidas, de extrañas perezas de ir a verla, de muchos años ajenos, de memorias que flaquean.
Pero nannes me ha enseñado con cordial paciencia a dar importancia a los cumpleaños, a querer a la gente porque sí, a decir sinceridades y no considerar los males.Me ha ayudado a comprender involuntariamente mi propio síndrome stendhal..
Hoy la he llamado por teléfono y no ha contestado nadie. Solo quería decirle que se me escapa la alegría y la risa de pensar en ella y en sus cartas. Que formó parte de mi educación sentimental. Y que si no la hubiera conocido nadie me habría podido decir quién soy, qué hago aquí.
Por cierto ,nannes, el tiempo consume. De vez en cuando engordo, no soy tan ligero ni rápido, tengo un esguince que me jode el pie. Ya no creo en ilusiones políticas ni utopías. Acabé por creer en las personas. Tu eres una de ellas.





