Un dia cualquiera en mi vida
Sin darme cuenta, después de dormir mis seis horas (como mínimo), me veo apagando ese horrible aparato que te rompe por la mitad el momento mas dulce del día, el sueño; y luego la gente se molesta porque tenga muy mal despertar…!!! Acto seguido, y por el lado derecho de la cama me levanto corriendo, porque lógicamente llego tarde a mi segunda y dichosa casa, la facultad. No suelo desayunar en casa, porque entre hora y hora de clases, prefiero ir con mis amigas a desayunar a la cafetería de Ciencias de la Educación, donde nuestra camarera preferida, Berta, nos sirve una buena dosis de ironía mezclada con una pizca de humor negro, de ese que tanto me gusta.
La mañana suele transcurrir sin ningún sobresalto, a no ser que alguien traiga una noticia bomba y la comparta con todos, del tipo: “he roto con mi pareja”, “me ha llamado mi ex”, “he conocido a alguien muy interesante”, etc. (y no se porque, pero me estoy dando cuenta de que el amor es un tema central en mi vida), si no, estamos en clase intentado prestar atención, comprando fotocopias, apuntes y un largo etcétera que hace que el dinero que me manda mi madre cada mes, caiga fulminado en tres días.
Finalizadas las clases, que varían de un día a otro, solemos tomarnos alguna tapa en el centro con su correspondiente cerveza bien fresquita… ¡¡que en una ciudad como Granada, te puedes imaginar como están!! Hasta allí solemos ir en mi coche (cuando no estamos a finales de mes, tieso como la mojama y que ni para gasolina tengo), meto a todos mis amigos en el Ibiza como piojos en costura, debido que nuestra facultad está algo alejada del centro de la ciudad y me da cosa dejar a alguno allí tirado.
Tras tomarnos un par de tapitas, suelo llegar a casa, si es que no tengo clases por la tarde, y me encuentro con la cruda realidad: la casa manga por hombro. Ropa tirada en el sofá, los platos de la comida y noche anterior sin fregar, la toalla de la ducha tirada en el suelo, una lavadora sin poner…ufff!!Madre mía!!! Medio arreglo la casa, (y digo medio, porque lo que realmente hago es fregar los platos para poder cocinar) y me pongo a ver “el tomate” mientras como, que por cierto, no esta demás aclarar que soy muy buen cocinero (herencia de mi padre, por supuesto, porque mi madre…!!). Además, he de decir, que todo esto no me queda más remedio que hacerlo yo, debido a un evidente motivo, vivo solo.
Por la tarde, y una vez que he recogido la mesa, tengo varias opciones:
- Opción 1: Me quedo en casa limpiando mientras escucho música, e imaginándome que la escoba es el pie de micro y las escaleras son el graderío que está abarrotado de gente que me aplaude sin parar y entre las que encuentro a un par de fans que se desmayan por mis huesos, bailo sin parar. Más tarde, hago mi tabla de ejercicios (abdominales, flexiones y pesas) y finalmente me ducho y me tiro en el sofá a disfrutar de mi segundo programa favorito de televisión, “Allá tú”, al cual, como es lógico, llamé para concursar.
- Opción 2: Paso de ponerme a limpiar, y lo que hago, ya que es lo que realmente me gusta, es coger mi tarjeta de crédito y lanzarme a la calle a buscar algún bonito pantalón o camisa para que me suba un poco el ánimo si es que está por los suelos. Normalmente, llamo a dos amigas muy especiales, Marta y Ana. Es cierto que a los tres nos encanta pasar esas tardes en las que dejas de sentir tu propio cuerpo debido a la cantidad de ropa que debes probarte, andar durante horas, reír sin parar, charlar, y sobre todo pagar, ya que los tres, además de ser futuros pedagogos (si es que el futuro nos lo permite), somos consumistas de vocación. Nos encanta comprar, y prueba de ello es la cantidad de ropa que albergamos cada uno de nosotros en nuestro armario, porque además de salir de él, también sirve para guardar esa ropa que te devuelve por unos instantes la autoestima, y empiezas a considerarte como esa persona tan espectacular que debería llevar puesta la banda de Miss o Mister, pero claro, como es evidente, al rato se te pasa ese efecto y vuelves a la realidad, a esa cruda realidad en la que eres uno más del montón, de ese gran montón que día a día se va haciendo más pequeño, puesto que ves que todo el mundo evoluciona, excepto tú. Pero bueno, ese ya es otro tema.
A veces, hay una tercera opción, alternativa a la segunda, y es en vez de salir a comprar, irnos a pasear por las calles granadinas, tomarnos un café, comprobar nuestro correo electrónico en algún ciber-café, o ir a yoga, ya que todos los lunes y miércoles solemos ir a nuestras míticas clases en las que perdemos la noción del tiempo y nos relajamos casi hasta llegar al punto de quedarnos dormidos…
Una vez que ha entrado la noche, vuelvo a casa a cenar, me ducho si no he hecho mi tabla de ejercicios antes, y me dispongo a relajarme en el sofá, sin nadie que me moleste, a no ser que mis vecinos estén haciendo el amor, y entonces la casa se pone a temblar…
Cuando en el reloj de mi cocina, que lo veo desde el salón (ya que no están separados por ningún tabique), marca las 00:30 aproximadamente y he visto un rato Crónicas Marcianas, apago la televisión, me lavo los dientes, y me dispongo a meterme en la cama contando las horas que tengo para dormir, ya que si no son seis como mínimo, empiezo a agobiarme y el sueño tarda en llegar, debido a que esas horas son las que hacen que al día siguiente me convierta en una excelente persona, con buen humor, y no en un joven-viejo cascarrabias con dolor de cabeza. Una vez dormido, sueño, sueño, y sueño…para al día siguiente ver que significado tiene en mi libro de los sueños…
La mañana suele transcurrir sin ningún sobresalto, a no ser que alguien traiga una noticia bomba y la comparta con todos, del tipo: “he roto con mi pareja”, “me ha llamado mi ex”, “he conocido a alguien muy interesante”, etc. (y no se porque, pero me estoy dando cuenta de que el amor es un tema central en mi vida), si no, estamos en clase intentado prestar atención, comprando fotocopias, apuntes y un largo etcétera que hace que el dinero que me manda mi madre cada mes, caiga fulminado en tres días.
Finalizadas las clases, que varían de un día a otro, solemos tomarnos alguna tapa en el centro con su correspondiente cerveza bien fresquita… ¡¡que en una ciudad como Granada, te puedes imaginar como están!! Hasta allí solemos ir en mi coche (cuando no estamos a finales de mes, tieso como la mojama y que ni para gasolina tengo), meto a todos mis amigos en el Ibiza como piojos en costura, debido que nuestra facultad está algo alejada del centro de la ciudad y me da cosa dejar a alguno allí tirado.
Tras tomarnos un par de tapitas, suelo llegar a casa, si es que no tengo clases por la tarde, y me encuentro con la cruda realidad: la casa manga por hombro. Ropa tirada en el sofá, los platos de la comida y noche anterior sin fregar, la toalla de la ducha tirada en el suelo, una lavadora sin poner…ufff!!Madre mía!!! Medio arreglo la casa, (y digo medio, porque lo que realmente hago es fregar los platos para poder cocinar) y me pongo a ver “el tomate” mientras como, que por cierto, no esta demás aclarar que soy muy buen cocinero (herencia de mi padre, por supuesto, porque mi madre…!!). Además, he de decir, que todo esto no me queda más remedio que hacerlo yo, debido a un evidente motivo, vivo solo.
Por la tarde, y una vez que he recogido la mesa, tengo varias opciones:
- Opción 1: Me quedo en casa limpiando mientras escucho música, e imaginándome que la escoba es el pie de micro y las escaleras son el graderío que está abarrotado de gente que me aplaude sin parar y entre las que encuentro a un par de fans que se desmayan por mis huesos, bailo sin parar. Más tarde, hago mi tabla de ejercicios (abdominales, flexiones y pesas) y finalmente me ducho y me tiro en el sofá a disfrutar de mi segundo programa favorito de televisión, “Allá tú”, al cual, como es lógico, llamé para concursar.
- Opción 2: Paso de ponerme a limpiar, y lo que hago, ya que es lo que realmente me gusta, es coger mi tarjeta de crédito y lanzarme a la calle a buscar algún bonito pantalón o camisa para que me suba un poco el ánimo si es que está por los suelos. Normalmente, llamo a dos amigas muy especiales, Marta y Ana. Es cierto que a los tres nos encanta pasar esas tardes en las que dejas de sentir tu propio cuerpo debido a la cantidad de ropa que debes probarte, andar durante horas, reír sin parar, charlar, y sobre todo pagar, ya que los tres, además de ser futuros pedagogos (si es que el futuro nos lo permite), somos consumistas de vocación. Nos encanta comprar, y prueba de ello es la cantidad de ropa que albergamos cada uno de nosotros en nuestro armario, porque además de salir de él, también sirve para guardar esa ropa que te devuelve por unos instantes la autoestima, y empiezas a considerarte como esa persona tan espectacular que debería llevar puesta la banda de Miss o Mister, pero claro, como es evidente, al rato se te pasa ese efecto y vuelves a la realidad, a esa cruda realidad en la que eres uno más del montón, de ese gran montón que día a día se va haciendo más pequeño, puesto que ves que todo el mundo evoluciona, excepto tú. Pero bueno, ese ya es otro tema.
A veces, hay una tercera opción, alternativa a la segunda, y es en vez de salir a comprar, irnos a pasear por las calles granadinas, tomarnos un café, comprobar nuestro correo electrónico en algún ciber-café, o ir a yoga, ya que todos los lunes y miércoles solemos ir a nuestras míticas clases en las que perdemos la noción del tiempo y nos relajamos casi hasta llegar al punto de quedarnos dormidos…
Una vez que ha entrado la noche, vuelvo a casa a cenar, me ducho si no he hecho mi tabla de ejercicios antes, y me dispongo a relajarme en el sofá, sin nadie que me moleste, a no ser que mis vecinos estén haciendo el amor, y entonces la casa se pone a temblar…
Cuando en el reloj de mi cocina, que lo veo desde el salón (ya que no están separados por ningún tabique), marca las 00:30 aproximadamente y he visto un rato Crónicas Marcianas, apago la televisión, me lavo los dientes, y me dispongo a meterme en la cama contando las horas que tengo para dormir, ya que si no son seis como mínimo, empiezo a agobiarme y el sueño tarda en llegar, debido a que esas horas son las que hacen que al día siguiente me convierta en una excelente persona, con buen humor, y no en un joven-viejo cascarrabias con dolor de cabeza. Una vez dormido, sueño, sueño, y sueño…para al día siguiente ver que significado tiene en mi libro de los sueños…
Comentario:
hola tone, el texto no me parece que está mal, pero creo que deberías de contar otras cosas ya que pienso que de esta manera no vas a poder olvidar tus movidas y seguiras martirizandote como un masoquista. Deberías escribir sobre cosas inventadas, que no digo que ecribir sobre los sentimientos de uno esté mal, pero siempre es mejor reirse de las situaciones que llorarlas. besitos





