La sentencia
Ave Maria purísima,
Queridos todos:
Quiero en primer lugar pedir perdón por lo desatendido que tengo el blog, pero supongo que comprendereis que en mis actuales circunstancias me resulta difícil encontrar tiempo (y un ordenador desde el que escribiros). Me llegan noticias de que Joseph (lo siento pero no me sale lo de llamarle Benedicto) se propone iniciar el proceso de mi beatificación y mi posterior santificación. Me llena de orgullo tal iniciativa si bien Joseph y yo nos conocemos y siempre he sabido que era bastante pelota.
Por otra parte he de decir que de poco o nada sirven aqui las santificaciones terrenales. Es una lástima que haya tardado tanto en enterarme porque sabéis que el menda tiene el record de santificaciones llevadas a cabo por un papa. Y total ¡para qué! Hace unos días me llegaron noticias de las mil desgracias acontecidas a Escrivá de Balaguer a quien como todos sabéis yo mismo elevé a los altares. Pues bien, su vida desde que llegó aquí ha sido toda una cadena de calamidades empezando por la terrible pena que le fue impuesta en el juicio final.
Y aquí es donde quería llegar. Ya tengo sentencia y -como deducireis por el tono de mis palabras- no ha sido demasiado favorable. De momento me han puesto a trabajar alimentando el fuego de las calderas de la sección WHD345 del infierno. Es un trabajo duro por las altas temperaturas que sufro y más duro aún por el hecho de ver arder a mis semejantes en un fuego que no termina de consumirles nunca. También es duro trabajar teniendo que escuchar todo el día el último disco de un tal Bustamante. Os pido por lo que más querais que si aluno de vosotros le conoce le ruege encarecidamente que ponga fin a su carrera musical.
Es el mio un trabajo en prácticas ya que de cómo lleve a cabo su desempeño dependerá el si termino yo también dentro de una de esas grandes cazuelas o si, por el contrario, redimo mis penas y me pasan al purgatorio.
No obstante cabe recurso a mi condena y ya tengo a mi abogado empeñado en presentarlo lo antes posible. Entretanto recen por mí.
Queridos todos:
Quiero en primer lugar pedir perdón por lo desatendido que tengo el blog, pero supongo que comprendereis que en mis actuales circunstancias me resulta difícil encontrar tiempo (y un ordenador desde el que escribiros). Me llegan noticias de que Joseph (lo siento pero no me sale lo de llamarle Benedicto) se propone iniciar el proceso de mi beatificación y mi posterior santificación. Me llena de orgullo tal iniciativa si bien Joseph y yo nos conocemos y siempre he sabido que era bastante pelota.
Por otra parte he de decir que de poco o nada sirven aqui las santificaciones terrenales. Es una lástima que haya tardado tanto en enterarme porque sabéis que el menda tiene el record de santificaciones llevadas a cabo por un papa. Y total ¡para qué! Hace unos días me llegaron noticias de las mil desgracias acontecidas a Escrivá de Balaguer a quien como todos sabéis yo mismo elevé a los altares. Pues bien, su vida desde que llegó aquí ha sido toda una cadena de calamidades empezando por la terrible pena que le fue impuesta en el juicio final.
Y aquí es donde quería llegar. Ya tengo sentencia y -como deducireis por el tono de mis palabras- no ha sido demasiado favorable. De momento me han puesto a trabajar alimentando el fuego de las calderas de la sección WHD345 del infierno. Es un trabajo duro por las altas temperaturas que sufro y más duro aún por el hecho de ver arder a mis semejantes en un fuego que no termina de consumirles nunca. También es duro trabajar teniendo que escuchar todo el día el último disco de un tal Bustamante. Os pido por lo que más querais que si aluno de vosotros le conoce le ruege encarecidamente que ponga fin a su carrera musical.
Es el mio un trabajo en prácticas ya que de cómo lleve a cabo su desempeño dependerá el si termino yo también dentro de una de esas grandes cazuelas o si, por el contrario, redimo mis penas y me pasan al purgatorio.
No obstante cabe recurso a mi condena y ya tengo a mi abogado empeñado en presentarlo lo antes posible. Entretanto recen por mí.





