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Tras el telón de Huma
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COMO EL TURRÓN
Es muy típico de estas fechas volver a ver a amigos que hacía meses, a veces años, que no veías. Vuelven, como el turrón en Navidad. Y así me ocurrió con Rubén. Sólo hizo falta un mensaje cariñoso, y me lancé como loca a proponerle vernos esa misma tarde.
Y mientras me arreglaba, una avalancha de recuerdos vino a mi cabeza, como un video clip bien editado, como el de la boda de unos amigos…

En la etapa de las eternas borracheras y el desfase por las calles de Madrid, Rubén y yo solíamos volver a casa juntos. Recuerdo su melena rizada, ese plumas apestando a tabaco… y nuestra mítica parada en el NH. Nos colábamos como indigentes en una pequeña barra de bar cerrada que ocultaba el hotel y llenábamos nuestros bolsillos de “kikos de los gordos”, como él decía, para salir de allí con la boca llena como si nada hubiera pasado.
… siempre sin dinero, entrábamos en el bar del barrio para encontrarnos con alguna cara conocida que nos invitase a la última que nunca nos sentaba bien, pero que había que tomarla, por compartir ese mal estar en la conversación del día siguiente.
… recuerdo las insistentes llamadas telefónicas de su abuela durante toda la noche. A él y a todo el grupo, para que Rubén volviese a casa de una vez. Esa mujer de vitalidad inusual, que tenía atemorizado a todo el barrio por su mal carácter. Y Rubén hacía oídos sordos, porque no podíamos volver hasta que “cantasen los pajaritos”, como solíamos decir.
... nadie se entendía como nosotros, compartiendo el último cigarro en una parada de autobús, sin ganas de volver a casa y tener que plegar las alas hasta la noche siguiente.
… Y recuerdo entrar en el local de ensayo contemplado su cara de resaca, nuestra risa floja, las broncas del batería porque Rubén no podía ni con la guitarra y a mí se me olvidaban las letras de las canciones
… y las conversaciones en espiral sobre la amistad, y discutir horas sobre música….



Al verle me di cuenta de que el tiempo hace mella en todo, y Rubén no tiene ya el pelo largo, a penas sale, fuma menos que yo y su abuela está demasiado mayor ya para tener ese mal carácter.
Acabamos tomando copas en un bar tranquilo y añorando los años 90, que no volverán como el turrón. A la una de la mañana nos ganaron los bostezos, porque ya no somos “rockeros”, como Rubén solía decir. Y nostálgicos perdidos nos despedimos como si mañana fuésemos a vernos en el ensayo de aquel grupo de colegas que el tiempo deshizo sin preguntar.
 
Comentario:
Por suerte, las cosas cambian, aunque parezcan feas vistas desde el presente, y eso hay que hacer, vivir el momento, o se escapa. Cuídate Huma, y besos.
 
Comentario:
Si por las noches lloras por el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas... Toda edad es buena, y mucho, más allá de lo pasado. La nostalgia no es el recuerdo, recordar puede traernos risas, lo otro, casi siempre lágrimas. Muy buenos tus post, gracias por el rato de buena lectura, y a seguir viviendo!!
 
Comentario:
Ay, los 90.. íbamos pasando páginas que estaban en blanco y, al asomarnos de vez en cuando al balcón, veíamos que Evaristo era el rey de la baraja, que de la ducha de Txus salía alcohol hirviendo, que Dolores se llamaba Lola, que estaba cansada de abrir y de cerrar, que las cintas estaban llenas de monstruos, las camisetas eran negras, los bares pequeñitos, hacíamos pogos y nos sentábamos en el suelo y, como decía Carlitos, todo nos importaba tres cojones.
Pero ya no hay tricas en las ventanas, ni llueven fideos cocidos, ni resuena bulls on parade, derrumbaron el canci y crecimos lo suficiente como para darnos cuenta de que, efectivamente, había otra vida en la zona negativa, pero no era un mundo mejor.
Hay nostalgia hasta en las comas y los puntos de tu post, pero mira, Rubén conserva su sonrisa, no todo está perdido.

YOU KEEP THIS LOVE!!
 
Comentario:
Ay, los perros...
Los 90 fueron grandes años, grandes amigos tras grandes risas.
Creo que aún te quedan unos cuántos años más ya no de rocknroll loco, pero sí de hacer lo que te dé la real gana, que es lo importante del tema.
No