logotipo

img_google
MaDe oF sToNe
Enlaces
otros blogs
Sindicación
 
Me hace falta otro empujón
Después de lo último que escribí...la verdad es que me motivé algo más para darle caña a tanto como tengo pendiente, a pesar de mi escasez de ganas... pero aún no he alcanzado velocidad de crucero, sino que avanzo a trancas y barrancas (Como siempre, vamos :P)

Así que necesito otro empujón, a ver si ahora empezamos a ser un poco más constantes. Aún busco algo para empujarme, pero de momento he encontrado un par de cancioncillas para animarle a uno de vez en cuando (Nota: abstenerse amantes en exclusiva del heavy, podría provocarles nauseas)

Belinda Carlisle - Heaven is a place on Earth
Dixie Chicks - Love don't come easy

Poco más. La próxima vez tardaré menos en escribir de nuevo...¿o más? Total, para los que me leeis... :P (Es coña, estoy orgulloso de mis lectores incondicionales ;) )

Lo dicho. Tschüss!! ( = "Adiós", en cierta lengua centroeuropea francamente complicada para un castellanohablante como yo)
 
Una nueva oportunidad.
¿Nunca os habéis preguntado si la situación en la que os movéis a día de hoy responde a aquello en lo que soñábais cuando erais niños? ¿Somos realmente como siempre habíamos deseado ser? ¿Es esto lo que esperábamos?...

Si hay alguien que se sienta lejos de aquellos deseos soy yo, sin ninguna duda. Me falta poco para acabar la carrera que escogí, y estoy lejos de lo que me esperaba, tanto a nivel académico como personal.

No voy a comentar cuales eran mis expectativas o mis sueños, pero sí comentaré que desde que era niño me he considerado alguien ambicioso. Alguien que, cuando deseaba conseguir algo, ponía todo su empeño, todas sus ganas y energías en alcanzarlo. Esta forma de hacer las cosas permite avanzar en algunos ámbitos de forma constante y rápida, siempre que no lleguemos a rebasar los límites que toda persona, por nuestra condición de seres humanos, tenemos y tendremos.

Pero llegado un momento, para alcanzar nuestros objetivos, nuestro esfuerzo personal deja de requerir el 100% de la importancia, y empiezan a entrar en escena las demás personas y el mundo que nos rodea. Es en estos momentos donde se produce el gran salto hacia lo que nosotros deseamos...o donde nos quedamos estancados. En mi mente merodean planes, deseos, ideas (a veces con excesiva frecuencia), y sé que dentro queda algo que, en algunas ocasiones, se manifiesta y me recuerda a esa persona que en algun momento deseé ser. Pero por encima hay una especie de barrera invisible e inevitable, que acaba por relegar aquello a apariciones puntuales o, tan solo, a innumerables ensoñaciones... y que acaba dejándonos en un lugar mediocre, e incluso ridículo (que a veces hace que sintamos vergüenza de cómo nos hemos comportado); que al mirarnos al espejo nos preguntemos ¿por qué? ¿por qué no he hecho nada?¿por qué me he callado?¿qué estoy haciendo mal y por qué lo hago tan mal?

El origen de esa barrera invisible puede que se encuentre en aspectos como descubrir el mundo que nos rodea (que resulta ser mucho peor de lo que nos habíamos imaginado), mirarse al ombligo y no ser capaz de ver más allá de nuestras narices (el egoismo), la timidez, el miedo al ridículo y/o al fracaso, y fundamentalmente, los palos de todo tipo y clase que hemos recibido en esta vida que, si bien muchas veces no se pueden ver externamente, pueden dejar huellas y cicatrices muy profundas en nuestro ser, y que constituyen todo un lastre invisible, que hace pesados nuestros pasos, lentas nuestras reacciones, abotarga nuestra mente y arruina muchos de nuestros sueños.

Todos esos sueños, ilusiones, y los lastres que los oprimen, junto con el resto de cosas que forman parte de una persona concreta, estuvieron anoche a punto de desaparecer para siempre. Esta persona se disponía a cenar en compañía de unos amigos, y por uno de sus incontables defectos se encontraba, una vez más, en la tesitura de correr para llegar a la hora... así que no dudó en no esperar a que el semáforo se pusiese verde para los peatones y cruzó la mitad de la calle, al ver que nadie venía de frente. Al tratar de seguir a la carrera sin mirar en sentido contrario, otra barrera, también invisible pero diferente a la que mencioné anteriormente, lo detuvo, justo en el momento en el que un taxi pasaba a escasos centímetros, y cuyo conductor no habría tenido más tiempo que el de echarse las manos a la cabeza...

"Por tanto, estad en guardia, porque no sabéis el día ni la hora". Mateo 25,13.

No te limites a soñar. Vive. No te limites a pensar. Actúa.

Carpe diem.