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Tuning
Ahora se habla mucho del “Tuning” pero se desconoce por completo la historia de esta moda.

Nos podríamos remontar al momento en el que se incluyó el claxon a los coches. Un inglés llamado Thomas H. Toon fue sancionado por la legislación de Nottingham a poner una bocina a su automóvil por el peligro que era para la comunidad. No se le dio demasiada importancia al atropello de tres ancianas que venían de la iglesia, pero cuando atropelló a un perro, se reblandeció el corazón del pueblo anglosajón y le obligaron a “tunear” el auto con el pito. Aquí comienzan la contaminación acústica y el “tuning”. Lo del carné por puntos no se instauró en Inglaterra hasta la muerte de Lady-Di.
A lo largo de los años se fueron añadiendo más y más “movidas” (llamados así a los accesorios del vehículo por los expertos) a los coches.
Sebastián Roberto Díaz Calós, llamado “Sebas” en el mundo del motor, nos habla de los comienzos del Tuning. Los situa en el mundo del cine:

-Los profanos de Tuning sitúan los comienzos en la serie “El coche fantástico” donde hay un coche tuneado hasta arriba que habla y todo. Pero la realidad es otra: a parte de las películas de James Bond, hay una película llamada “Chitty chitty bang bang” que va de un tío inglés que se tunea un coche con mil de movidas y al final se hecha novia y todo le va de puta madre gracias al coche tuneado. Esa es la esencia de Tuning: vives por y para el buga, y luego el buga te ayuda a conseguir novia.


¿Cómo empezaste con el tuning?

-Pues empiezas con las pegatas de fuego y tal y luego acabas con un inodoro fluorescente. Es un no parar. Es como las pastillas Mitsubishi, todo va relacionado.


Pero ¿Cuál es la necesidad que lleva a practicar Tuning?

-Lo primero, los colegas que te animan. Y luego, cuando ya lo has tuneado mucho (GPS, posavasos de mini etc...), es lo mejor. A veces pienso que mi coche es más inteligente que yo... (risas). Yo creo que más que una necesidad, es el poder de controlar algo que es más inteligente que tú. Y si tú lo controlas, cuanto más lo tunees más inteligente eres.
 
Saca los cuernos al sol
Soy Ismael Peterson Sánchez y uno de mis sueños era emular a Félix Rodríguez de la Fuente. Un gran hombre. Por eso estudié periodismo. Por eso y porque no me llegaba la nota para veterinaria.
Me apasionó siempre el comportamiento de los caracoles y en especial su lentitud. Los comencé a estudiar desde el principio de mis estudios universitarios (quiero pensar que por eso tarde 12 años en obtener el título).

Ahora por fin puedo hacer lo que siempre he querido: entrevistar a uno de ellos.
Lo primero que hice fue domesticar un caracol común dándole comida sabrosa para ganarme su confianza y poder llegar a sus sentimientos más profundos. Le gustó mucho la comida sabrosa.
Llegó el día de la entrevista:

Ismael:
¿Eres feliz?

El caracol no dijo nada. Se pensaba demasiado la respuesta por lo que deduje que no lo era en exceso. Como dice Lidia Lozano: “El que calla otorga”. No era feliz. Sentí lástima por él.
Al día siguiente leí en un libro de la editorial “colorines” que los caracoles no hablan, así que volví a creer en mi proyecto y cogí un lapicero de fácil manejo y se lo di a el caracol para que escribiera. No lo cogía. Maldito. Intente colocárselo enroscándolo en su cuerpo pero nada. Conseguí meter la punta entre su cuerpo y su cascarón y por fin se sujetó el lapiz.
Si normalmente los caracoles son de pocas muecas, ahora permanecía inmóvil. Había muerto por analfabeto. Me deshice del cadáver.

Conseguí seducir a otro caracol más avispado. Tenía cara de avispado.
Y tras darle comida sabrosa (porque en otro libro de la editorial “Colorines” explican que les gusta mucho la comida sabrosa) me dispuse para la entrevista.
Compré un tablero de Ouija para destruir la barrera del idioma entre especies. Muy inteligentemente se me había ocurrido que sería más cómodo para él ir de letra en letra que escribir con un lapicero.

Ismael: (empece por algo fácil).
¿Te gusta la comida sabrosa?

El caracol estaba sobre la inscripción del tablero que dice: yes (si).
Sólo era una comprobación de que funcionaba el sistema porque yo ya sabía que le gustaba la comida sabrosa.

Ismael:
¿Eres feliz?

El caracol permanecía en el yes. ¡Esto era emocionante!

Ismael:
¿Piensas en la muerte?

Inmutable. Además era un caracol interesante.

Ismael:
¿Cómo es un día normal en tu vida?

El caracol no se movía. No tiene sentido que conteste que si a lo que le había preguntado. Cuando más creía que era inteligente contestaba una patochada como esta. Le zarandeé un poco y comenzó a moverse. Uff, menos mal. Falsa alarma.
Se quería salir del tablero pero le obligué a contestar dándole la vuelta.
¡Qué cachondo!

CONTINUARÁ...